Cuba. «Sobe­ra­na», la vacu­na que desa­fía a los gigan­tes farmacéuticos

Por Ed Augus­tin, Nai­ma Bou­teld­ja, Roma­ne Y Fra­chon, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 7 de mar­zo de 2021. 

De las 70 vacu­nas con­tra la Covid-19 que se encuen­tran actual­men­te en fase de ensa­yo clí­ni­co, cua­tro son cubanas.

A Gerar­do Gui­llén le «encan­ta el cho­co­la­te». Pero el direc­tor de inves­ti­ga­ción bio­mé­di­ca del Cen­tro de Inge­nie­ría Gené­ti­ca y Bio­tec­no­lo­gía no recuer­da la últi­ma vez que lo pro­bó. «La esca­sez exis­tía inclu­so antes de la cri­sis de Covid ‑explica‑, pero la situa­ción ha empeorado».

La esca­sez que afec­ta al país des­de el comien­zo de la pan­de­mia ha alcan­za­do pro­por­cio­nes espan­to­sas. A pri­me­ra hora de la maña­na, la gen­te se apre­su­ra a ir a los mer­ca­dos agrí­co­las a la caza de los camio­nes y sus esca­sos car­ga­men­tos de fru­tas y ver­du­ras. Sue­len irse con­tra­ria­dos, ya que las entre­gas no siem­pre lle­gan a su des­tino por fal­ta de com­bus­ti­ble. Des­de el año pasa­do, la com­pra de arroz al mar­gen de las cuo­tas de racio­na­mien­to está pena­li­za­da. Pro­duc­tos emble­má­ti­cos, como el ron, están ago­ta­dos. El pan esca­sea en todo el país.

Pero mien­tras el país atra­vie­sa una de las cri­sis eco­nó­mi­cas más gra­ves de su his­to­ria, la isla de Cuba va camino de con­ver­tir­se en el pri­mer país lati­no­ame­ri­cano en desa­rro­llar su pro­pia vacu­na anti­ví­ri­ca. De las 70 vacu­nas con­tra la Covid-19 que se encuen­tran actual­men­te en fase de ensa­yo clí­ni­co, cua­tro son cuba­nas. Sobe­ra­na 02 pasa­rá a la fase III el pró­xi­mo mes [para estu­diar la efi­ca­cia y segu­ri­dad de la vacu­na a gran escala].

Si las auto­ri­da­des regu­la­do­ras cuba­nas dan su apro­ba­ción, la cam­pa­ña de vacu­na­ción masi­va comen­za­rá el pró­xi­mo mes de abril y los inves­ti­ga­do­res cuba­nos espe­ran poder vacu­nar a toda la pobla­ción ‑11 millo­nes de per­so­nas- antes de fina­les de año y los labo­ra­to­rios cuen­tan con pro­du­cir 100 millo­nes de dosis.

Lin­da Ven­czel, vacu­nó­lo­ga de PATH (ONG sani­ta­ria inter­na­cio­nal), ha esta­do super­vi­san­do la evo­lu­ción de la vacu­na. No le sor­pren­de «en abso­lu­to» que Cuba haya sido capaz de desa­rro­llar una vacu­na. «He vivi­do en Cuba, por lo que sé que el Ins­ti­tu­to Fin­lay exis­te des­de hace más de 80 años. [Los cuba­nos] fabri­can vacu­nas de gran cali­dad con­tra la rabia, la virue­la, el tifus, entre otras enfermedades».

En Cuba no exis­ten movi­mien­tos anti­va­cu­nas simi­la­res a los que han flo­re­ci­do en Euro­pa y Esta­dos Uni­dos, aun­que miem­bros de gru­pos mino­ri­ta­rios como los Acua­rios (comu­ni­dad cuba­na cuyos inte­gran­tes sólo se tra­tan con agua) se nie­gan a ser vacu­na­dos. El doc­tor Gui­llén ase­gu­ra que «se res­pe­ta­rán sus deseos». Para dar ejem­plo, Gui­llén se ha ino­cu­la­do una de las cua­tro vacu­nas en desa­rro­llo [la vacu­na Abda­la, que lle­va el nom­bre de un poe­ma de José Mar­tí], lo que le con­vier­te en una de las pri­me­ras per­so­nas del país en reci­bir una vacu­na con­tra el coronavirus.

Para Gail Reed, edi­to­ra de MEDICC Review, una revis­ta de revi­sión por pares dedi­ca­da a la salud públi­ca en Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be, la gran ven­ta­ja de las vacu­nas cuba­nas es que uti­li­zan «ingre­dien­tes simi­la­res» a los con­te­ni­dos en las vacu­nas ya pro­du­ci­das por Cuba en el pasa­do. Vacu­nas que han demos­tra­do ser «extra­or­di­na­ria­men­te segu­ras y efi­ca­ces» para aca­bar con enfer­me­da­des como la hepa­ti­tis B y la menin­gi­tis B. «Así que no se tra­ta de una tec­no­lo­gía nue­va, y creo que ten­drá eco en otros gobier­nos, e inclu­so en per­so­nas del extran­je­ro que pue­dan tener reser­vas sobre las vacunas».

Ade­más de sus músi­cos, artis­tas y depor­tis­tas, el sis­te­ma socia­lis­ta cubano con­si­de­ra héroes a los cien­tí­fi­cos. Y, algo poco cono­ci­do en Euro­pa, en las últi­mas cua­tro déca­das la isla cari­be­ña ha desa­rro­lla­do una poten­te indus­tria biotecnológica.

El sis­te­ma sani­ta­rio uni­ver­sal ya esta­ba sóli­da­men­te implan­ta­do en aque­lla épo­ca, pero fal­ta­ban medi­ca­men­tos y equi­pos sofis­ti­ca­dos. ¿Cómo se podían obte­ner cuan­do los sumi­nis­tros esta­ban obs­ta­cu­li­za­dos por el embar­go esta­dou­ni­den­se des­de 1962? El gobierno apos­tó por inten­tar ser lo más auto­su­fi­cien­te posible.

Así, con­tra todo pro­nós­ti­co, en los años 90, cuan­do la eco­no­mía cuba­na se hun­día tras el cata­clis­mo del blo­que sovié­ti­co, el sec­tor de la bio­tec­no­lo­gía expe­ri­men­tó un extra­or­di­na­rio auge. La idea, expli­ca el doc­tor Mit­chell Val­dés-Sosa, direc­tor del Cen­tro Cubano de Neu­ro­cien­cias y miem­bro del Comi­té Covid, «era que la alta tec­no­lo­gía era nues­tra for­ma de salir de la cri­sis. Era una for­ma de apro­ve­char todos los esfuer­zos que el país ya había hecho en el cam­po de la educación».

La indus­tria bio­tec­no­ló­gi­ca cuba­na es aho­ra un gigan­te. John Kirk, espe­cia­lis­ta en Cuba de la Uni­ver­si­dad de Dalhou­sie (Cana­dá), lo lla­ma «el Sili­con Valley del sur glo­bal». La vein­te­na de empre­sas e ins­ti­tu­tos de inves­ti­ga­ción que la com­po­nen emplean actual­men­te a unas 20.000 per­so­nas que tra­ba­jan en estre­cha colaboración.

Los medi­ca­men­tos que desa­rro­llan son fabri­ca­dos, dis­tri­bui­dos y sub­ven­cio­na­dos por el Esta­do, y se ven­den a pre­cios ase­qui­bles para todos los bol­si­llos. «En com­pa­ra­ción con los gigan­tes del extran­je­ro, la comu­ni­dad cien­tí­fi­ca no es tan gran­de aquí», dice Val­dés-Sosa, cuyo cen­tro de neu­ro­cien­cia ha esta­do fabri­can­do hiso­pos y res­pi­ra­do­res des­de el comien­zo de la pan­de­mia. «Los estre­chos víncu­los con el sis­te­ma uni­ver­si­ta­rio, los cen­tros de inves­ti­ga­ción y los hos­pi­ta­les hacen que la inves­ti­ga­ción avan­ce más rápi­da­men­te. Tra­ba­ja­mos todos juntos».

Des­de hace más de 30 años, Cuba expor­ta sus vacu­nas y otros medi­ca­men­tos al extran­je­ro, a menu­do a los paí­ses veci­nos, a pre­cios muy infe­rio­res a los del mer­ca­do. El país tie­ne una de las tasas de inmu­ni­za­ción infan­til más altas del mun­do y pro­du­ce 8 de las 12 vacu­nas que se admi­nis­tran a este gru­po de edad. El país «ha desa­rro­lla­do la pri­me­ra vacu­na efi­caz del mun­do con­tra la hepa­ti­tis B, una vacu­na con­tra la fie­bre tifoi­dea y la úni­ca vacu­na tera­péu­ti­ca del mun­do con­tra el cán­cer, actual­men­te some­ti­da a ensa­yos clí­ni­cos en Esta­dos Uni­dos», pre­ci­sa Di Fabio.

Pero el sec­tor bio­tec­no­ló­gi­co cubano, que des­de hace tiem­po irri­ta a su pode­ro­so vecino del nor­te, se ve aho­ra espe­cial­men­te afec­ta­do por el régi­men de san­cio­nes de Esta­dos Unidos.

En 2002, John Bol­ton, enton­ces sub­se­cre­ta­rio de Esta­do de Geor­ge W. Bush, ya acu­só a la isla de desa­rro­llar un pro­gra­ma «limi­ta­do de gue­rra bio­ló­gi­ca ofen­si­va». Dos años más tar­de, un docu­men­to 3 del Depar­ta­men­to de Esta­do de EE.UU. (des­ti­na­do a la pla­ni­fi­ca­ción de una era cuba­na post Cas­tro) afir­ma­ba que «los cen­tros de bio­cien­cia [no] son apro­pia­dos en tér­mi­nos de esca­la y cos­to para una nación tan fun­da­men­tal­men­te pobre». Y aña­día: «La inver­sión en el sec­tor de la bio­tec­no­lo­gía no se ha tra­du­ci­do en una afluen­cia sig­ni­fi­ca­ti­va de capi­tal y sus­ci­ta dudas sobre el tipo de acti­vi­da­des realizadas».

El peso de las san­cio­nes estadounidenses

Decir que los pro­ble­mas de la eco­no­mía cuba­na se ven agra­va­dos por las san­cio­nes esta­dou­ni­den­ses es que­dar­se corto.

A sim­ple vis­ta, el embar­go pare­ce sim­ple­men­te impe­dir que Cuba comer­cie con Esta­dos Uni­dos. En el ámbi­to de la sani­dad, una excep­ción per­mi­te inclu­so a las empre­sas esta­dou­ni­den­ses expor­tar a Cuba. Pero en la prác­ti­ca, obte­ner este per­mi­so del Depar­ta­men­to del Teso­ro impli­ca un pro­ce­so tan com­pli­ca­do que las empre­sas sani­ta­rias esta­dou­ni­den­ses sue­len pre­fe­rir evi­tar cual­quier inter­cam­bio comercial.

De este modo, la isla se ve pri­va­da de las impor­ta­cio­nes de un socio comer­cial geo­grá­fi­ca­men­te cer­cano y se ve obli­ga­da a bus­car más lejos.

Tras una rela­ja­ción de las san­cio­nes con Barack Oba­ma como pre­si­den­te, la admi­nis­tra­ción Trump impu­so más san­cio­nes que cual­quier otro gobierno esta­dou­ni­den­se en los últi­mos 50 años [en un solo man­da­to se adop­ta­ron 240 medi­das con­tra la isla]. Todos los prin­ci­pa­les flu­jos de entra­da de divi­sas en el país fue­ron obje­to de ata­ques: los via­jes aéreos de Esta­dos Uni­dos a Cuba –y las divi­sas en dóla­res corres­pon­dien­tes– se redu­je­ron drás­ti­ca­men­te, las reme­sas se res­trin­gie­ron y lue­go se cor­ta­ron, y los petro­le­ros pro­ce­den­tes de Vene­zue­la eran dete­ni­dos antes de lle­gar a la cos­ta cubana.

El embar­go pri­va a Cuba del dere­cho de adqui­rir mate­rias pri­mas, reac­ti­vos, herra­mien­tas de diag­nós­ti­co, medi­ca­men­tos, equi­pos y pie­zas de repues­to de Esta­dos Uni­dos, que es uno de los líde­res del mer­ca­do. Una ley esti­pu­la que no se pue­de ven­der a Cuba nin­gún equi­po o mate­rial del que «más del 10% de los com­po­nen­tes pro­ce­dan de Esta­dos Unidos».

El Cen­tro de Inge­nie­ría Gené­ti­ca y Bio­tec­no­lo­gía, don­de tra­ba­ja el Dr. Gui­llén, alber­ga el úni­co espec­tró­me­tro de masas del país, impres­cin­di­ble para rea­li­zar los aná­li­sis de las vacu­nas (que per­mi­ten obte­ner la auto­ri­za­ción de las auto­ri­da­des regu­la­do­ras). La máqui­na que se uti­li­za actual­men­te para pro­bar las cua­tro vacu­nas cuba­nas se adqui­rió hace más de 20 años.

Los espec­tró­me­tros «que tie­nen mayor sen­si­bi­li­dad de detec­ción son de tec­no­lo­gía ame­ri­ca­na», expli­ca Gui­llén. Su cen­tro pidió a la empre­sa euro­pea Bru­ker que le ven­die­ra un nue­vo espec­tró­me­tro, peti­ción que fue recha­za­da por con­si­de­rar que más del 10% de los com­po­nen­tes de la máqui­na pro­ce­den de Esta­dos Uni­dos. Tam­bién es impo­si­ble com­prar pie­zas de repues­to para el anti­guo espec­tró­me­tro, cons­trui­do ori­gi­nal­men­te por la empre­sa bri­tá­ni­ca Micro­mass, pero en estos momen­tos en manos de la com­pa­ñía esta­dou­ni­den­se Waters.

Pocos días antes de dejar su car­go en enero, el secre­ta­rio de Esta­do Mike Pom­peo inclu­yó a Cuba en la lis­ta de Esta­dos Uni­dos de paí­ses que «apo­yan el terro­ris­mo» (sin apor­tar nin­gu­na prue­ba que res­pal­da­ra esta afir­ma­ción). Según los ana­lis­tas, dicha inclu­sión esta­ba moti­va­da por el doble obje­ti­vo de recom­pen­sar a los polí­ti­cos cubano-ame­ri­ca­nos de dere­chas de Flo­ri­da y de soca­var cual­quier futu­ra nor­ma­li­za­ción de las rela­cio­nes entre Esta­dos Uni­dos y Cuba que pudie­ra empren­der la nue­va admi­nis­tra­ción de Joe Biden.

La inclu­sión de Cuba en la lis­ta esta­dou­ni­den­se de terro­ris­tas, jun­to con el endu­re­ci­mien­to de las san­cio­nes por par­te de Trump, «ha hecho que los ban­cos des­con­fíen aún más de los pagos vin­cu­la­dos a Cuba», dijo Emily Morris, eco­no­mis­ta bri­tá­ni­ca del Uni­ver­sity Colle­ge de Lon­dres espe­cia­li­za­da en Cuba. «Como resul­ta­do de ello, las empre­sas euro­peas o cana­dien­ses que quie­ren lle­var a cabo rela­cio­nes comer­cia­les y finan­cie­ras con Cuba se ven blo­quea­das o se enfren­tan a retra­sos y a mayo­res cos­tos de transacción».

En abril de 2020, el empre­sa­rio chino Jack Ma no pudo enviar guan­tes, más­ca­ras y res­pi­ra­do­res a Cuba por­que la aero­lí­nea Avian­ca, con sede en Colom­bia, que su fun­da­ción había con­tra­ta­do para hacer el envío y que es en gran par­te pro­pie­dad de inver­so­res esta­dou­ni­den­ses, se negó a entre­gar la car­ga a la isla.

Ese mis­mo mes, la Ofi­ci­na del Alto Comi­sio­na­do de las Nacio­nes Uni­das para los Dere­chos Huma­nos pidió a Esta­dos Uni­dos que levan­ta­ra el embar­go, seña­lan­do que, dada la mag­ni­tud de la pan­de­mia, nadie debe­ría ver­se pri­va­do de una aten­ción médi­ca vital. En vano.

Sin embar­go, a pesar de estas pri­va­cio­nes, el país ha con­se­gui­do evi­tar has­ta aho­ra una catás­tro­fe sanitaria.

Cuba pre­sen­ta la ratio médi­co-pacien­te más ele­va­da del mun­do. Des­de el comien­zo de la pan­de­mia, todas las maña­nas un ejér­ci­to de médi­cos de fami­lia, enfer­me­ras y estu­dian­tes lla­ma a las puer­tas y ras­trea los sín­to­mas de la Covid-19 entre la población.

Cual­quier per­so­na que dé posi­ti­vo es auto­má­ti­ca­men­te hos­pi­ta­li­za­da. El gobierno ha pues­to en mar­cha un estric­to régi­men de segui­mien­to de los con­tac­tos: duran­te los pri­me­ros meses de la pan­de­mia, todos los con­tac­tos de los casos con­fir­ma­dos fue­ron envia­dos a «cen­tros de ais­la­mien­to» públi­cos (nor­mal­men­te escue­las, ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res u hote­les) don­de per­ma­ne­cie­ron duran­te dos semanas.

Estas medi­das efi­ca­ces y drás­ti­cas han dado sus fru­tos; el año pasa­do, Cuba regis­tró 12.225 casos con­fir­ma­dos de coro­na­vi­rus y 146 muer­tes, una de las tasas más bajas del hemis­fe­rio norte.

Lue­go, tras la deci­sión de reabrir los vue­los inter­na­cio­na­les en noviem­bre, des­pués de sie­te meses de cie­rre, el núme­ro de casos se dis­pa­ró. Las auto­ri­da­des están luchan­do aho­ra con­tra la peor cri­sis sani­ta­ria des­de el ini­cio de la pan­de­mia, con más casos regis­tra­dos en enero que en todo el año pasa­do. Por pri­me­ra vez des­de febre­ro de 2020, los hos­pi­ta­les de La Haba­na están alcan­zan­do su capa­ci­dad máxi­ma. Recien­te­men­te se intro­du­jo en la capi­tal el toque de que­da a las 9 de la noche.

En el ámbi­to inter­na­cio­nal, la res­pues­ta de la isla no ha pasa­do des­aper­ci­bi­da. A prin­ci­pios de 2020, Cuba ya con­ta­ba con 28.500 per­so­nal sani­ta­rio tra­ba­jan­do en 48 paí­ses. Des­de enton­ces, otros 4.000 médi­cos y enfer­me­ras han via­ja­do a 40 paí­ses para luchar con­tra el virus. Cuba tie­ne una polí­ti­ca de pre­cios esca­lo­na­dos: envía per­so­nal médi­co gra­tui­to a los paí­ses más pobres (como Gam­bia), pero cobra a los paí­ses que pue­den pagar.

La expor­ta­ción de pro­fe­sio­na­les médi­cos es aho­ra la prin­ci­pal fuen­te de divi­sas del país. En 2019, el últi­mo año del que se dis­po­ne de datos, la expor­ta­ción de médi­cos apor­tó 5.400 millo­nes de dóla­res a las arcas cuba­nas, el doble que el turismo.

Por lo tan­to, la expor­ta­ción de la vacu­na podría ayu­dar al país a salir de la cri­sis eco­nó­mi­ca que lo ame­na­za. Pero los cien­tí­fi­cos cuba­nos no des­car­tan la idea de mos­trar «soli­da­ri­dad médi­ca» con los paí­ses pobres.

Una situa­ción eco­nó­mi­ca peligrosa

Varios paí­ses ya han mani­fes­ta­do su inte­rés por las vacu­nas cuba­nas. Entre ellos están Jamai­ca, Irán, Viet­nam, Ser­bia, India y Pakis­tán. Sobe­ra­na 02 comien­za aho­ra la fase III de los ensa­yos clí­ni­cos, con­jun­ta­men­te en Cuba e Irán. Méxi­co está en con­ver­sa­cio­nes con el Gobierno cubano para par­ti­ci­par tam­bién en la ter­ce­ra fase de los ensa­yos clínicos.

Y mien­tras muchas vacu­nas deben con­ge­lar­se a tem­pe­ra­tu­ras muy bajas (Moder­na a ‑20 gra­dos, Pfi­zer-BioN­Tech a −80÷60 gra­dos), las vacu­nas cuba­nas se con­ser­van mejor entre 4 y 8 gra­dos. Por tan­to, pare­cen más ade­cua­dos para los paí­ses cáli­dos o con menor capa­ci­dad de refrigeración.

La pan­de­mia ha sido desas­tro­sa para el turis­mo y ha impe­di­do que los esta­dou­ni­den­ses de ori­gen cubano, cuyos dóla­res sus­ten­tan gran par­te de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca, visi­ten el país. El Gobierno ha seña­la­do que los ingre­sos en divi­sas repre­sen­ta­ron sólo el 55% de los nive­les pre­vis­tos el año pasado.

Los cien­tí­fi­cos cuba­nos han apren­di­do a salir ade­lan­te con muy poco. El embar­go nun­ca les ha impe­di­do desa­rro­llar, pro­du­cir y expor­tar sus medi­ca­men­tos y vacu­nas a cual­quier par­te del mun­do. Mit­chell Val­dés-Sosa expli­ca qué tres ele­men­tos han per­mi­ti­do a Cuba hacer fren­te a la situa­ción: el capi­tal edu­ca­ti­vo, el apo­yo de su gobierno y con bue­na «maña».

Su labo­ra­to­rio fue el pri­me­ro de la isla en tener un escá­ner de reso­nan­cia mag­né­ti­ca, dona­do por una uni­ver­si­dad holan­de­sa que iba a tirar­lo. Lo repa­ra­ron: «Los cuba­nos no sólo son capa­ces de hacer fun­cio­nar coches vie­jos… tam­bién pue­den hacer fun­cio­nar equi­pos viejos».

El doc­tor Gerar­do Gui­llén, uno de los prin­ci­pa­les artí­fi­ces del pro­gra­ma de vacu­na­ción cubano, cobra 300 euros al mes y aún se des­pla­za en un vie­jo Lada. Pero está con­ven­ci­do de que «las difi­cul­ta­des son un rega­lo para la inno­va­ción». «Cuan­do lo tie­nes todo, no tie­nes que pen­sar tan­to. Pero cuan­do debes hacer fren­te a difi­cul­ta­des, tie­nes que pen­sar en nue­vas for­mas de innovar».

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