Eco­lo­gía Social. Shell con­de­na­da tras 13 años de liti­gio por con­ta­mi­nar el del­ta del Níger

Por Oier Zebe­rio, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 25 de febre­ro de 2021.

Los derra­mes de petró­leo y de otros con­ta­mi­nan­tes han gene­ra­do una catás­tro­fe ambien­tal en el del­ta del Níger, don­de la impu­ni­dad ha sido la nor­ma has­ta la fecha. Esta deci­sión ha abier­to la puer­ta a que otros afec­ta­dos pre­sen­ten sus demandas.

A fina­les de enero de este año, la filial de la petro­le­ra Shell en Nige­ria fue con­de­na­da por un Tri­bu­nal neer­lan­dés a pagar una indem­ni­za­ción a cua­tro habi­tan­tes del del­ta del Níger por los ver­ti­dos de petró­leo regis­tra­dos en la zona. Esta deci­sión his­tó­ri­ca lle­ga 13 años des­pués de que comen­za­ra el pro­ce­so con­tra el gigan­te petro­le­ro. Los derra­mes de petró­leo y de otros con­ta­mi­nan­tes han gene­ra­do una catás­tro­fe ambien­tal en el del­ta del Níger, don­de la impu­ni­dad ha sido la nor­ma has­ta la fecha. Esta deci­sión ha abier­to la puer­ta a que otros afec­ta­dos pre­sen­ten sus deman­das. Por otro lado, tam­bién ha pro­vo­ca­do que se deba­ta sobre las res­pon­sa­bi­li­da­des de las cor­po­ra­cio­nes euro­peas fue­ra de la UE. Unas res­pon­sa­bi­li­da­des tras las que en dema­sia­das oca­sio­nes se escon­de una oscu­ra reali­dad que ha des­tro­za­do la vida de miles de per­so­nas, y más si cabe en un país como Nige­ria don­de las mul­ti­na­cio­na­les petro­le­ras tie­nen un ele­va­do poder y hacen y des­ha­cen a su anto­jo lo que con­si­de­ren oportuno.

El del­ta del río Níger es una de las mayo­res fuen­tes de “oro negro” en Áfri­ca. Sin embar­go, su rique­za ha sido tam­bién una mal­di­ción para par­te de la pobla­ción nige­ria­na, que ha sufri­do los ver­ti­dos y la con­ta­mi­na­ción duran­te dece­nas de años.

STS61C-42-72

Del­ta del Níger. Fuen­te: Wikipedia

Ema­dee Roberts Kpai, de 83 años, es agri­cul­tor de Keg­ba­ra Dere (Ogo­ni­nald), y su vida se divi­de en el antes (de que lle­ga­ra la petro­le­ra Shell) y el des­pués. “Ya no hay peces en el agua. Plan­ta­mos los cul­ti­vos; cre­cen, pero la cose­cha es pobre”, denun­cia­ba el anciano a Ami­nis­tía Inter­na­cio­nal hace ocho años. Sus que­jas, como las de tan­tos agri­cul­to­res y orga­ni­za­cio­nes de dere­chos huma­nos, pare­cían caer siem­pre en saco roto.

«La fra­se David con­tra Goliat ha sido uti­li­za­da a lo lar­go de la his­to­ria para des­cri­bir la vic­to­ria del peque­ño fren­te al gran­de, del des­va­li­do fren­te al pode­ro­so, como recor­da­to­rio de que, aun­que ten­ga­mos todo en nues­tra con­tra, hay posi­bi­li­dad de salir triun­fan­te. Y esto es pre­ci­sa­men­te lo que ocu­rrió a fina­les de enero en Nige­ria: la Jus­ti­cia neer­lan­de­sa con­si­de­ró a la filial nige­ria­na de la mul­ti­na­cio­nal petro­le­ra Shell (Shell Petro­leum Deve­lop­ment Com­pany Nige­ria – SPDC) “res­pon­sa­ble” de varios derra­mes de cru­do en el del­ta del Níger.»

Aun­que la matriz bri­tá­ni­co-neer­lan­de­sa fue absuel­ta, el Tri­bu­nal dic­tó indem­ni­za­cio­nes para cua­tro agri­cul­to­res y pes­ca­do­res nige­ria­nos que pre­sen­ta­ron la denun­cia para com­pen­sar la pér­di­da de ingre­sos por la con­ta­mi­na­ción de las tie­rras y vías flu­via­les en el sur­es­te de Nige­ria. Ade­más, Shell debe­rá ins­ta­lar un sis­te­ma de detec­ción de fugas en el oleo­duc­to de Oru­ma, uno de los epi­cen­tros de los derra­mes de petróleo.

El Tri­bu­nal de Ape­la­cio­nes neer­lan­dés dio la razón a la orga­ni­za­ción Mili­eu­de­fen­sie, el nodo neer­lan­dés de Ami­gos de la Tie­rra, que repre­sen­tó a los denun­cian­tes en este caso ante la Jus­ti­cia de los Paí­ses Bajos. “Has­ta esta maña­na (por el vier­nes 29 de enero), las mul­ti­na­cio­na­les holan­de­sas podían actuar con impu­ni­dad en los paí­ses en desa­rro­llo […] y eso ha cam­bia­do aho­ra”, sub­ra­yó el direc­tor de Mili­eu­de­fen­sie Donal Pols des­pués del fallo judicial.

Los cua­tro agri­cul­to­res y pes­ca­do­res nige­ria­nos que debe­rán ser indem­ni­za­dos por la filial de Shell per­die­ron todas sus tie­rras agrí­co­las y sus cul­ti­vos, así como los estan­ques de peces don­de fae­na­ban hace 16 años, debi­do a las fugas de petró­leo que des­tru­ye­ron la fau­na y las tie­rras de la zona.

Sin embar­go, dos de los agri­cul­to­res que denun­cia­ron el caso han falle­ci­do en los últi­mos años, con­vir­tién­do­se así en el ejem­plo de que, a veces, la jus­ti­cia y la repa­ra­ción lle­gan tar­de para algu­nos. “Es agri­dul­ce, ya que dos de los deman­dan­tes, inclui­do mi padre, no vivie­ron para ver el final de este jui­cio. Pero este vere­dic­to trae espe­ran­za para el futu­ro de la gen­te del del­ta del Níger”, sub­ra­yó Eric Dooh, de la loca­li­dad de Goi y uno de los cua­tro demandantes.

Los deman­dan­tes denun­cia­ron los derra­mes que se pro­du­je­ron cer­ca de las aldeas de Oru­ma, Goy, y Ikot Ada Udo, en el sur­es­te de Nige­ria. Tam­bién exi­gie­ron a la empre­sa anglo­ho­lan­de­sa que lim­pia­ra los daños en sus aldeas.

Por su par­te, la matriz defen­dió que no era res­pon­sa­ble de los erro­res que come­tió su filial nige­ria­na y afir­mó que el caso no corres­pon­día a la Jus­ti­cia neer­lan­de­sa. Sin embar­go, debi­do a que la mul­ti­na­cio­nal Shell tie­ne el 100% de las accio­nes de su sub­si­dia­ria y tie­ne su sede en La Haya, los neer­lan­de­ses se decla­ra­ron com­pe­ten­tes para pro­nun­ciar­se sobre el caso.

«Esta sen­ten­cia reafir­ma el dere­cho y la capa­ci­dad de los ciu­da­da­nos de los paí­ses en desa­rro­llo a exi­gir ante ter­ce­ros Esta­dos res­pec­to a sus dere­chos huma­nos y a su medio ambien­te fren­te a las mul­ti­na­cio­na­les. Es tam­bién un pre­ce­den­te judi­cial para que otros afec­ta­dos recla­men una indem­ni­za­ción – Ima­ne Rachi­di, EFE «

Años de lucha

Los derra­mes de petró­leo se pro­du­je­ron prin­ci­pal­men­te en el del­ta del Níger entre los años 2004 y 2007, aun­que los pro­ble­mas ambien­ta­les, socia­les y eco­nó­mi­cos deri­va­dos de la acti­vi­dad indus­trial de Shell en Nige­ria, que se remon­ta a los años 50, aún no se han resuel­to en el área. Las denun­cias ase­gu­ran que las con­se­cuen­cias de los ocu­rri­do siguen visi­bles por­que deja­ron «una zona cubier­ta de barro negro y malo­lien­te, y las aguas del río son visi­ble­men­te grasientas».

«Shell con­ta­mi­nó con impu­ni­dad y des­tru­yó nues­tro sus­ten­to. Tas varios años de ocu­rri­dos los derra­mes, aún pode­mos ver y oler el petró­leo, y en algu­nas comu­ni­da­des la mitad de la pobla­ción sufre afec­cio­nes res­pi­ra­to­rias – Eic Dooh (uno de los deman­dan­tes) en un tes­ti­mo­nio reco­gi­do por Ami­gos de la Tie­rra hace 10 años.«

«Des­de que ocu­rrió el derra­me he per­di­do la mayor par­te de mis ingre­sos. Aho­ra vivo al día: a veces voy al mon­te a pro­veer­me de lo nece­sa­rio, otras veces la empre­sa me da un día de tra­ba­jo por 500 Nai­ras (3 euros) – Alai Enfen­da, otro de los deman­dan­tes«

La deman­da con­tra Shell por el caso men­cio­na­do comen­zó en 2008. Cin­co años des­pués, la Jus­ti­cia neer­lan­de­sa deci­dió que la sub­si­dia­ria de Shell en Nige­ria debía pagar a uno de los cua­tro agri­cul­to­res afec­ta­dos de esta deman­da de com­pen­sa­ción, aun­que no a los otros tres denun­cian­tes. Debi­do a este hecho, todos inclui­da la pro­pia Shell, ape­la­ron la deci­sión judi­cial. Los denun­cian­tes, ade­más de res­pon­sa­bi­li­zar a Shell del daño cau­sa­do, exi­gie­ron que se detu­vie­ran los derra­mes de petró­leo y pidie­ron que se movi­li­za­ra para evi­tar nue­vos derra­mes y para que lim­pia­ra el desas­tre medioam­bien­tal pro­vo­ca­do en el delta.

Sin embar­go, la mul­ti­na­cio­nal argu­men­tó que los derra­mes se deben a los “sabo­tea­do­res loca­les”. Siem­pre ha defen­di­do que no es el res­pon­sa­ble direc­to de los daños cau­sa­dos por el cru­do en el del­ta y ha seña­la­do a los ladro­nes que pro­vo­can agu­je­ros en los oleo­duc­tos para con­se­guir el petró­leo. Ade­más, ha mar­ca­do dis­tan­cia con la con­ta­mi­na­ción que es visi­ble en el río Níger, seña­lan­do que la ges­tión del día a día está en manos de la filial nigeriana.

Sin embar­go, a fina­les de enero, la Jus­ti­cia neer­lan­de­sa con­si­de­ró que Shell debía demos­trar “más allá de cual­quier duda razo­na­ble” que los derra­mes se deben a las acti­vi­da­des de sabo­ta­je rea­li­za­das por ladro­nes de la zona. El infor­me peri­cial no fue lo sufi­cien­te­men­te con­vin­cen­te para los jue­ces, hecho que ha pro­vo­ca­do que al menos la sub­si­dia­ria sí sea responsable.

Por otro lado, los jue­ces defen­die­ron que la com­pa­ñía debe­ría haber ins­ta­la­do un sis­te­ma de detec­ción de fugas en la tube­ría de Oru­ma para enfren­tar­se a los derra­mes con más faci­li­dad, y al no haber­lo hecho has­ta la fecha, se le aña­dió el agra­van­te de negli­gen­cia por lo ocurrido.

«Para los habi­tan­tes del del­ta del Níger es cru­cial que se lim­pien sus tie­rras y se com­pen­se la pér­di­da de cose­chas y medios de sub­sis­ten­cia por la par­te cul­pa­ble, Shell. Esta vic­to­ria supo­ne el comien­zo de una nue­va era en la que las gran­des mul­ti­na­cio­na­les como Shell ya no pue­den rea­li­zar sus nego­cios sin ley, sino que son res­pon­sa­bles de todas sus ope­ra­cio­nes, inclu­so a nivel inter­na­cio­nal – Donald Pols, direc­tor de Mili­eu­de­fen­sie«

Un desas­tre medioambiental

La con­ta­mi­na­ción del del­ta del Níger ha con­ti­nua­do a pesar de años de pro­me­sas de los suce­si­vos gobier­nos de Nige­ria de lim­piar­lo. En 2016, el Pre­si­den­te Muham­ma­du Buha­ri lan­zó una ambi­cio­sa ope­ra­ción de lim­pie­za en la región de Ogo­ni­land. Según los resi­den­tes, se ha avan­za­do poco en el pro­ce­so de restauración.

Un estu­dio fecha­do en 2011 del Pro­gra­ma de las Nacio­nes Uni­das para el Medio Ambien­te (PNUMA) mos­tró de mane­ra deta­lla­da los altos índi­ces de polu­ción en la zona afec­ta­da. La inves­ti­ga­ción detec­tó un sub­sue­lo “seve­ra­men­te con­ta­mi­na­do” y nive­les de hidro­car­bu­ro en el agua uti­li­za­da para beber que supo­nían una “sería ame­na­za” para al menos diez comu­ni­da­des ogo­ni (como se cono­ce al pue­blo autóctono).

El infor­me seña­la­ba tam­bién a varios res­pon­sa­bles de las agre­sio­nes medioam­bien­ta­les, entre ellos, el gobierno nige­riano y las com­pa­ñías explo­ta­do­ras de las refi­ne­rías de petró­leo, entre las que des­ta­ca Shell a tra­vés de su enti­dad bri­tá­ni­co-holan­de­sa SPDC (Shell Petro­leum Deve­lop­ment Com­pany of Nigeria).

Según un infor­me publi­ca­do en 2017 por el PNUMA, en una comu­ni­dad, en Nisi­sio­ken Oga­le, las fami­lias beben agua de pozos que están con­ta­mi­na­dos con ben­ceno, un car­ci­nó­geno cono­ci­do, a nive­les 900 veces supe­rio­res a las pau­tas de la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud. El empla­za­mien­to se encuen­tra cer­ca de un oleo­duc­to de la Com­pa­ñía Nacio­nal de Petró­leo de Nigeria.

Los cien­tí­fi­cos del PNUMA encon­tra­ron una capa de 8 cm de petró­leo refi­na­do flo­tan­do en el agua sub­te­rrá­nea que abas­te­ce a los pozos. Según los infor­mes, esto esta­ba rela­cio­na­do con un derra­me de petró­leo que ocu­rrió hace más de seis años.

«La gen­te está murien­do, hay enfer­me­da­des extra­ñas y las muje­res están tenien­do abor­tos espon­tá­neos por la con­ta­mi­na­ción – Celes­ti­ne Akpo­ba­ri, acti­vis­ta ambien­tal de Ogo­ni«

El infor­me de 2017 aña­día las siguien­tes con­clu­sio­nes gene­ra­les, esca­lo­frian­tes des­de una pers­pec­ti­va huma­na y ambiental:

  • El impac­to del petró­leo en la vege­ta­ción de los man­gla­res ha sido desas­tro­so. La con­ta­mi­na­ción por hidro­car­bu­ros en muchos arro­yos inter­ma­rea­les ha deja­do a los man­gla­res (vive­ros de peces y fil­tros de con­ta­mi­na­ción natu­ral) des­pro­vis­tos de hojas y tallos con raí­ces recu­bier­tas de una capa de sus­tan­cia bitu­mi­no­sa, a veces de un cen­tí­me­tro o más de espesor.
  • Las cin­co con­cen­tra­cio­nes más altas de hidro­car­bu­ros tota­les de petró­leo detec­ta­das en las aguas sub­te­rrá­neas supe­ran el millón de micro­gra­mos por litro (µg /​l), en com­pa­ra­ción con el están­dar nige­riano para aguas sub­te­rrá­neas de 600 µg /​l.
  • Cuan­do ocu­rre un derra­me de petró­leo en tie­rra, a menu­do se pro­du­cen incen­dios que matan la vege­ta­ción y crean una cos­tra sobre la tie­rra, lo que difi­cul­ta la reme­dia­ción o la reve­ge­ta­ción. En algu­nos sitios, se ha for­ma­do una cos­tra de ceni­za y alqui­trán duran­te varias décadas.
  • El agua super­fi­cial a lo lar­go de los arro­yos en Ogo­ni­land y sus alre­de­do­res con­tie­ne hidro­car­bu­ros. Las capas flo­tan­tes de acei­te varían des­de acei­te negro espe­so has­ta bri­llos finos.
  • La comu­ni­dad de Ogo­ni está expues­ta a los hidro­car­bu­ros todos los días a tra­vés de múl­ti­ples rutas. Si bien el impac­to de los sitios terres­tres con­ta­mi­na­dos indi­vi­dua­les tien­de a ser loca­li­za­do, la con­ta­mi­na­ción del aire rela­cio­na­da con las ope­ra­cio­nes de la indus­tria petro­le­ra es omni­pre­sen­te y afec­ta la cali­dad de vida de cer­ca de un millón de per­so­nas.
  • La refi­na­ción arte­sa­nal (una prác­ti­ca median­te la cual el petró­leo cru­do obte­ni­do ile­gal­men­te de las ope­ra­cio­nes de la indus­tria petro­le­ra se refi­na en alam­bi­ques pri­mi­ti­vos) está ponien­do en peli­gro vidas y, en últi­ma ins­tan­cia, está cau­san­do focos de devas­ta­ción ambien­tal en Ogo­ni­land y áreas vecinas.

La ONU con­clu­ye que se nece­si­ta­rían entre 25 y 30 años para eli­mi­nar las gran­des can­ti­da­des de con­ta­mi­nan­tes en el del­ta del Níger. Se han regis­tra­do al menos 40 derra­mes de petró­leo de los oleo­duc­tos de Shell des­de 1989, según los abo­ga­dos que reve­lan los regis­tros de Shell. Mien­tras, según el PNUMA, los niños que nacen den­tro de un radio de 10 kiló­me­tros de área con­ta­mi­na­da tie­nen casi el doble de posi­bi­li­da­des de morir antes de cum­plir un mes.

«El hábi­tat se ha ido, el río en el que solía­mos nadar se ha ido. Para una comu­ni­dad cos­te­ra cuya vida vira­ba en torno al agua, todo ha des­apa­re­ci­do. No creo que el dine­ro pue­da recu­pe­rar lo que hemos per­di­do. Inclu­so si quie­ren revi­vir el man­glar, lle­va­rá más de 30 años, que es mucho tiem­po – Damie­te Sani­pe, agri­cul­tor«

Res­pon­sa­bi­li­dad tam­bién fue­ra de la Unión Europa

Para la ONG Ami­gos de la Tie­rra este caso pone de relie­ve la nece­si­dad de que la Unión Euro­pea adop­te nue­vas leyes estric­tas para garan­ti­zar que se pue­da res­pon­sa­bi­li­zar a empre­sas como Shell por los daños que come­ten en el extranjero.

“Los derra­mes de petró­leo de los que Shell es res­pon­sa­ble en Nige­ria nun­ca serían acep­ta­dos en la UE. Pero la fal­ta de leyes para res­pon­sa­bi­li­zar a las empre­sas por sus daños en el extran­je­ro les ha per­mi­ti­do salir­se con la suya con un doble rase­ro”, seña­lan des­de Ami­gos de la Tierra.

“Las deci­sio­nes de hoy deter­mi­na­rán si con el tiem­po las empre­sas extrac­ti­vas trans­na­cio­na­les se verán obli­ga­das a res­pon­der ante las deman­das de los paí­ses recep­to­res por los impac­tos ambien­ta­les de sus accio­nes”, seña­ló por su par­te la direc­to­ra eje­cu­ti­va inte­ri­na de Ami­gos de la Tie­rra Nige­ria (Envi­ron­men­tal Rights Action) Chi­ma Williams.

A fina­les de enero, a tra­vés de un pro­yec­to de ini­cia­ti­va legis­la­ti­va, el Par­la­men­to Euro­peo apro­bó pedir a la Comi­sión Euro­pea que pre­sen­te una ley que garan­ti­ce que las empre­sas euro­peas rin­dan cuen­tas cuan­do dañen o per­ju­di­quen el medioam­bien­te, los dere­chos huma­nos y el buen gobierno fue­ra de las fron­te­ras de la Unión Europea.

«Esta­mos en la direc­ción correc­ta, pero para que sea real­men­te útil, la UE debe ase­gu­rar que su nor­ma­ti­va es vin­cu­lan­te y pro­por­cio­nal a los daños que cau­san las empre­sas. Nece­si­ta­mos un mar­co regu­la­to­rio que ase­gu­re que tam­bién hay jus­ti­cia para las víc­ti­mas de Shell y otras cor­po­ra­cio­nes y para el medioam­bien­te – Cris­ti­na Alon­so, res­pon­sa­ble de Jus­ti­cia Cli­má­ti­ca de Ami­gos de la Tie­rra«

Nue­vas sen­ten­cias: se con­so­li­da la lucha

El 12 de febre­ro, el Tri­bu­nal Supre­mo de Rei­no Uni­do falló, en la cau­sa Okpa­bi et al vs Royal Dutch Shell et al, en favor de dos comu­ni­da­des del del­ta del Níger que piden jus­ti­cia por los daños medioam­bien­ta­les cau­sa­dos por Shell. El Tri­bu­nal deter­mi­nó que las comu­ni­da­des de Oga­le y Bille pue­den pre­sen­tar sus recla­ma­cio­nes de lim­pie­za e indem­ni­za­ción con­tra Royal Dutch Shell plc (RDS) y su filial nige­ria­na, la Shell Petro­leum Deve­lop­ment Com­pany (SPDC).

La sen­ten­cia sien­ta, tam­bién en este caso, un impor­tan­te pre­ce­den­te para hacer ren­dir cuen­tas a otras mul­ti­na­cio­na­les. Al res­pec­to, Mark Dum­mett, direc­tor del Pro­gra­ma de Asun­tos Glo­ba­les de Amnis­tía Inter­na­cio­nal, mani­fes­tó lo siguiente:

«Esta sen­ten­cia his­tó­ri­ca podría supo­ner el fin de un lar­go capí­tu­lo de impu­ni­dad de Shell y de otras mul­ti­na­cio­na­les que comen­ten abu­sos con­tra los dere­chos huma­nos en el extran­je­ro. Los regis­tros mis­mos de Shell mues­tran la mag­ni­tud de los ver­ti­dos de petró­leo que con­ti­núan devas­tan­do la tie­rra de las comu­ni­da­des Oga­le y Bille, con­ta­mi­nan­do su agua y des­tru­yen­do sus medios de vida.

Pero has­ta aho­ra Shell había logra­do librar­se de lim­piar o de pagar una indem­ni­za­ción ale­gan­do que no es res­pon­sa­ble de las acti­vi­da­des de su filial nige­ria­na, que posee en su tota­li­dad. Shell no duda en obte­ner inmen­sos bene­fi­cios de la tie­rra nige­ria­na, pero se des­en­tien­de por com­ple­to cuan­do se le pide que abor­de el cos­te humano. La sen­ten­cia de hoy ha sacu­di­do los cimen­tos de un mode­lo de nego­cio basa­do en elu­dir la responsabilidad.

La bata­lla no está gana­da aún, pero esta sen­ten­cia es un impor­tan­te avan­ce en la con­se­cu­ción de jus­ti­cia. Es un tes­ti­mo­nio de la insis­ten­cia y valen­tía de las comu­ni­da­des Oga­le y Bille, que se han nega­do a acep­tar las excu­sas de Shell y han lucha­do duran­te años para lle­var­la a los tri­bu­na­les. Lo logra­do hoy podría pre­pa­rar el terreno para que se haga jus­ti­cia a las muchas otras comu­ni­da­des que sufren las con­se­cuen­cias de la con­ta­mi­na­ción de Shell. Tras dece­nios de impu­ni­dad, las comu­ni­da­des del del­ta del Níger pue­den ver por fin a Shell en el ban­qui­llo – Mark Dum­mett, direc­tor del Pro­gra­ma de Asun­tos Glo­ba­les de Amnis­tía Inter­na­cio­nal«

En 2015, 40.000 per­so­nas de las comu­ni­da­des Oga­le y Bille del del­ta del Níger enta­bla­ron accio­nes judi­cia­les con­tra Shell en Rei­no Uni­do por pre­sun­tos gra­ves daños cau­sa­dos a los dere­chos huma­nos y a su bien­es­tar. Dos años des­pués, el Tri­bu­nal Supe­rior de Lon­dres deter­mi­nó que RDS no ejer­cía nin­gún con­trol sobre las ope­ra­cio­nes de su filial nige­ria­na y no tenía, por lo tan­to, nin­gún deber de dili­gen­cias para con las comu­ni­da­des afec­ta­das. Un año des­pués, en 2018, el Tri­bu­nal de Ape­la­ción con­si­de­ró que los tri­bu­na­les bri­tá­ni­cos no tenían juris­dic­ción sobre las deman­das, pero per­mi­tió que las comu­ni­da­des Oga­le y Bille recu­rrie­ran ante el Tri­bu­nal Supremo.

Mien­tras, Shell sigue afir­man­do que “los derra­mes en cues­tión ocu­rrie­ron en comu­ni­da­des muy afec­ta­das por el robo de petró­leo, la refi­na­ción ile­gal de petró­leo y el sabo­ta­je de oleo­duc­tos”. Afir­mó que, a pesar de las cau­sas de la con­ta­mi­na­ción, su sub­si­dia­ria había tra­ba­ja­do duro para lim­piar y pre­ve­nir derrames.

Este es el últi­mo de una serie de deman­das lega­les nacio­na­les e inter­na­cio­na­les sobre la extrac­ción de petró­leo de Shell en Nige­ria. En 2015, acep­tó la res­pon­sa­bi­li­dad de los derra­mes y acor­dó pagar 55 millo­nes de libras a la comu­ni­dad de Bodo y ayu­dar en la lim­pie­za. Nue­ve años antes, un tri­bu­nal nige­riano orde­nó a la empre­sa y sus socios a pagar 1.500 millo­nes de dóla­res al pue­blo Ijaw del esta­do de Bayel­sa por la degra­da­ción ambien­tal del área.

David con­tra Goliat

El ámbi­to de los con­flic­tos socio-ambien­ta­les es uno de esos en el cual en muchas oca­sio­nes los des­va­li­dos (par­ti­cu­la­res, aso­cia­cio­nes veci­na­les etc.) se tie­nen que enfren­tar a los pode­ro­sos (gran­des cor­po­ra­cio­nes, mul­ti­na­cio­na­les etc.) para que se haga jus­ti­cia. Ante casos de con­ta­mi­na­ción ambien­tal o desas­tres, cons­truc­ción de gran­des infra­es­truc­tu­ras etc. miles de per­so­nas se han movi­li­za­do a lo lar­go de la his­to­ria recien­te con­tra las gran­des cor­po­ra­cio­nes en todas las par­tes del mun­do con resul­ta­dos diver­sos: se han regis­tra­do vic­to­rias his­tó­ri­cas y derro­tas aplastantes.

Sin embar­go, en este tipo de luchas, hay quie­nes tie­nen más posi­bi­li­da­des de ganar den­tro del colec­ti­vo mun­dial de afec­ta­dos. En los paí­ses del pri­mer mun­do, debi­do a que exis­ten nor­mas ambien­ta­les más estric­tas, los afec­ta­dos tie­nen más posi­bi­li­da­des de que sus deman­das lle­guen a buen puer­to. Mien­tras, en la mayo­ría de los paí­ses en vías de desa­rro­llo, la nor­ma­ti­va ambien­tal es mucho más laxa y las gran­des cor­po­ra­cio­nes, occi­den­ta­les en muchos casos, tie­nen el poder de hacer y des­ha­cer lo que con­si­de­ren opor­tuno. Exis­te una impu­ni­dad abso­lu­ta y en muchas oca­sio­nes los afec­ta­dos se ven obli­ga­dos a pade­cer la injus­ti­cia callados.

Fuen­te: Euli­xe, Kao­sen­la­red.

Itu­rria /​Fuen­te

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