Vene­zue­la. Agro­eco­lo­gía para la pro­duc­ción cam­pe­si­na con las comu­nas urbanas

Por Miche­le de Mello. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 18 de febre­ro de 2021.

En cin­co años, se dis­tri­bu­ye­ron 1,5 mil tone­la­das de ali­men­tos a más de 300 mil fami­lias del país.

«Sólo el pue­blo sal­va al pue­blo». Par­tien­do de esta idea, la Fun­da­ción Pue­blo a Pue­blo bus­ca apli­car en la reali­dad la unión y la soli­da­ri­dad entre el cam­po y la ciu­dad. El pro­yec­to se basa en lle­var los ali­men­tos pro­du­ci­dos por las comu­nas rura­les vene­zo­la­nas a las comu­nas urba­nas. La pro­pues­ta con­sis­te en supri­mir los inter­me­dia­rios y garan­ti­zar la divi­sión social de la pro­duc­ción: ase­gu­rar que el agri­cul­tor no pier­da su cose­cha y que el con­su­mi­dor ten­ga acce­so a una canas­ta de ali­men­tos diver­si­fi­ca­da y a un pre­cio justo.

«El plan Pue­blo a Pue­blo sur­ge con este enfo­que prin­ci­pal de tra­ba­jar esta dimen­sión de la agro­eco­lo­gía: crear alian­zas con movi­mien­tos popu­la­res del cam­po y la ciu­dad para dis­tri­buir ali­men­tos salu­da­bles», dice el coor­di­na­dor del pro­yec­to, Gabriel Gil.

Son 90 peque­ños pro­duc­to­res aso­cia­dos que, des­de 2015, han rea­li­za­do alre­de­dor de 250 jor­na­das de dis­tri­bu­ción, ven­dien­do más de 1,5 mil tone­la­das de ver­du­ras, hor­ta­li­zas, fru­tas y hace poco comen­za­ron a criar cabras y cer­dos y pro­du­cir lác­teos y pro­teí­na ani­mal. El pro­yec­to está estruc­tu­ra­do en ocho esta­dos del país y en el Dis­tri­to Capital.

La dife­ren­cia de la ini­cia­ti­va se nota en la cali­dad y el pre­cio de la comi­da. Mien­tras que el pre­cio medio de los pro­duc­tos de Pue­blo a Pue­blo está alre­de­dor de US$ 0,40 por kilo, en los super­mer­ca­dos y mer­ca­dos mayo­ris­tas la media sube a unos US$ 1,50 por kilo. Entre un 15% y un 30% del valor final del pro­duc­to se des­ti­na a pagar el com­bus­ti­ble, los gas­tos de los vehícu­los y los suel­dos de quie­nes cola­bo­ran con la Fundación.

Pese a la pan­de­mia, el plan lle­gó a unas 53.000 fami­lias sólo en el pri­mer semes­tre de 2020. Con una eco­no­mía muy debi­li­ta­da en el país, con una varia­ción de cam­bio del dólar del 2.642%, una tasa de infla­ción del 1.460% y una pér­di­da glo­bal del 50% del poder adqui­si­ti­vo de los vene­zo­la­nos, el plan man­tu­vo los pre­cios esta­bles y muy por deba­jo de los mer­ca­dos duran­te todo el año.

Pero la cri­sis gene­ra­da por el coro­na­vi­rus tam­bién afec­tó al pro­yec­to. Antes de la pan­de­mia, las dis­tri­bu­cio­nes eran men­sua­les, pero aho­ra los camio­nes de Pue­blo a Pue­blo pue­den tar­dar has­ta dos meses en lle­gar a la capi­tal venezolana.

En Cara­cas, uno de los socios es la comu­na Panal 2021, que alber­ga a 14.000 per­so­nas y está situa­da en la barria­da 23 de Enero. «Nues­tros com­bos tie­nen 12 pro­duc­tos: toma­te, cebo­lla, pepino, cebo­lle­ta, pue­rro, cilan­tro, pata­ta, apio, y si hace­mos una com­pa­ra­ción con los pre­cios que hay por ahí, solo una de estas hor­ta­li­zas cos­ta­ría más que lo que esta­mos ofre­cien­do», expli­ca Lilian Gar­cía, una de las por­ta­vo­ces de la comu­ni­dad duran­te la pri­me­ra feria agro­eco­ló­gi­ca de 2021.

«Sólo el pue­blo sal­va al pue­blo, aho­ra con este blo­queo y esta infla­ción, tene­mos que encon­trar la mane­ra de pro­du­cir y ayu­dar­nos», sos­tie­ne García.

En la dis­tri­bu­ción en la comu­na Panal 2021, en Cara­cas, un com­bo con 12 pro­duc­tos cues­ta unos 2 dóla­res, mien­tras que en los mer­ca­dos de la capi­tal, un kilo de toma­tes pue­de cos­tar unos 3 dóla­res. Foto: Miche­le de Mello

Auto­no­mía para producir

Sin ayu­das esta­ta­les, Lau­ra Loren­zo, una de las fun­da­do­ras de Pue­blo a Pue­blo, expli­ca que la cla­ve está en com­par­tir de for­ma trans­pa­ren­te los gas­tos del pro­duc­tor, para valo­rar el tra­ba­jo del cam­pe­sino, sin explo­tar a los con­su­mi­do­res fina­les. Ade­más, el acuer­do esta­ble­ce que el pago debe lle­gar al pro­duc­tor rural en un pla­zo de ocho días a par­tir de la dis­tri­bu­ción, y una par­te del impor­te se des­ti­na a un fon­do común entre las comunas.

«Se pue­de, por­que hay orga­ni­za­ción, sobre todo en un país con una his­to­ria de lucha por la tie­rra como el nues­tro. Siem­pre ha habi­do dispu­ta y explo­ta­ción, siem­pre ha habi­do terra­te­nien­tes, espe­cu­la­do­res, quie­nes se apro­ve­chan del tra­ba­jo del cam­pe­sino, y eso ha obli­ga­do a nues­tros cam­pe­si­nos, en todos los rin­co­nes de nues­tro país, a tener ese deseo de orga­ni­zar­se, y sobre todo de orga­ni­zar­se para la pro­duc­ción», cuenta.

En Cara­che, esta­do de Tru­ji­llo, Lau­ra Loren­zo, Daniel Velás­quez y otros comu­ne­ros se reúnen cada sema­na para pla­ni­fi­car la cose­cha /​Miche­le de Mello/​Brasil de Fato

No por casua­li­dad, el plan se creó el mis­mo año en que Esta­dos Uni­dos impu­so un blo­queo eco­nó­mi­co a Vene­zue­la. En ese momen­to, un gru­po de seis ex fun­cio­na­rios deci­dió vol­ver a tra­zar la ruta que toma­ron los gue­rri­lle­ros vene­zo­la­nos en la déca­da de 1960, unien­do las comu­nas de la zona mon­ta­ño­sa que conec­ta los esta­dos cen­tro-occi­den­ta­les de Tru­ji­llo, Lara y Portuguesa.

«Empe­za­mos cele­bran­do reunio­nes con los pro­duc­to­res, escu­chan­do lo que nece­si­ta­ban, para ver cómo podía­mos solu­cio­nar­lo. Y así empe­za­mos a tra­ba­jar con ellos: a pla­ni­fi­car la cose­cha, cómo íba­mos a dis­tri­buir­la, dón­de íba­mos a dis­tri­buir­la y a quié­nes iba a lle­gar esta pro­duc­ción. Siem­pre dejan­do cla­ro que sería el tra­ba­jo social el que nos per­mi­ti­ría tener un equi­li­brio orga­ni­za­ti­vo tan­to en el cam­po como en la ciu­dad», expli­ca Ana Dávi­la, que tra­ba­ja en la fun­da­ción des­de 2015.

Hoy el pro­yec­to tie­ne un cen­tro de sumi­nis­tro en Bar­qui­si­me­to, capi­tal del esta­do de Lara, en una fábri­ca de trac­to­res expro­pia­da por la revo­lu­ción boli­va­ria­na, y dis­tri­bu­ye pro­duc­tos en nue­ve esta­dos del país a comu­nas urba­nas, ins­ti­tu­cio­nes edu­ca­ti­vas y otras orga­ni­za­cio­nes populares.

«Tene­mos que demos­trar, de for­ma autó­no­ma, que pode­mos hacer­lo. Está cla­ro que será mucho más difí­cil. La [gue­rra impe­ria­lis­ta con­tra Vene­zue­la] es mul­ti­di­men­sio­nal y la lucha debe ser tam­bién mul­ti­di­men­sio­nal», decla­ra Gabriel Gil.

Ante la impo­si­bi­li­dad de man­te­ner los trac­to­res, los pro­duc­to­res del plan Pue­blo a Pue­blo vol­vie­ron a uti­li­zar la trac­ción ani­mal. Foto: Miche­le de Mello

Difi­cul­ta­des en el camino

De 2019 a 2020, los via­jes de dis­tri­bu­ción se han redu­ci­do casi a la mitad. La razón: la fal­ta de com­bus­ti­ble. «Pro­duz­co cala­ba­ci­nes, beren­je­nas, cebo­llas y zanaho­rias. Lamen­ta­ble­men­te, el año pasa­do, por el pro­ble­ma de la gaso­li­na, per­dí par­te de la pro­duc­ción de beren­je­nas y cala­ba­ci­nes. Con la fal­ta de gaso­li­na no había for­ma de movi­li­zar­se», dice Luis Loyo, pro­pie­ta­rio de una peque­ña fin­ca de 7 hec­tá­reas en Humo­ca­ro Alto, en el esta­do de Lara.

Loyo infor­ma de que algu­nos pro­duc­to­res han aban­do­na­do cier­tos cul­ti­vos, como el maíz y el café, por­que el pre­cio final no cubre los cos­tes de producción.

Con la esca­sez y la auto­ri­za­ción para ven­der com­bus­ti­ble en dóla­res, el con­tra­ban­do y el mer­ca­do negro impe­ran en el inte­rior de Vene­zue­la. Para com­prar un litro de dié­sel o gaso­li­na, un agri­cul­tor pue­de pasar tres días en la cola de una gaso­li­ne­ra y no con­se­guir lle­nar el tan­que o inclu­so pagar has­ta 2 dóla­res por litro de combustible.

«Aquí, en gene­ral, el pro­duc­tor ven­de a un inter­me­dia­rio. Es la úni­ca opción que tie­ne. Y si tie­ne un coche para lle­gar al sitio, es aún más fácil, por­que el pro­duc­tor nun­ca tie­ne un camión para ven­der su pro­duc­ción en la ciu­dad. El inter­me­dia­rio se lle­va la pro­duc­ción y paga cuan­do tie­ne que pagar. Es mejor así que per­der todo el esfuer­zo rea­li­za­do», dice Kei­ner Pera­za, que dejó la ciu­dad hace diez años y regre­só a su pue­blo natal en el inte­rior de Venezuela.

Con la Fun­da­ción Pue­blo a Pue­blo, los agri­cul­to­res comen­za­ron a pro­du­cir sus pro­pios insu­mos agro­eco­ló­gi­cos. Foto: Miche­le de Mello

Agro­eco­lo­gía x Agronegocio

Los fun­da­do­res del plan des­ta­can cómo los gobier­nos cha­vis­tas reto­ma­ron un pro­ce­so de refor­ma agra­ria en el país, otor­gan­do tie­rras a los cam­pe­si­nos que las tra­ba­ja­ban. La redis­tri­bu­ción de las tie­rras pro­duc­ti­vas vino acom­pa­ña­da de la crea­ción o expro­pia­ción de una serie de empre­sas agrí­co­las que con­for­ma­ron una estra­te­gia de lucha con­tra el ham­bre, que ade­más fue ala­ba­da por la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das para la Agri­cul­tu­ra y la Ali­men­ta­ción (FAO).

En 2017, el pre­si­den­te Nico­lás Madu­ro auto­ri­zó la crea­ción del con­glo­me­ra­do Agro­sur, que aglu­ti­nó a todas las empre­sas esta­ta­les vin­cu­la­das a la agri­cul­tu­ra. Pero con las san­cio­nes y el embar­go eco­nó­mi­co de las poten­cias extran­je­ras, las empre­sas per­die­ron la capa­ci­dad de impor­tar y sub­ven­cio­nar insu­mos para la pro­duc­ción agrí­co­la, lo que hizo que el país man­tu­vie­ra nive­les de impor­ta­ción de alre­de­dor del 70% de la canas­ta básica.

«Si pudié­ra­mos acti­var el P del CLAP [Comi­té Local de Abas­te­ci­mien­to y Pro­duc­ción], que sig­ni­fi­ca pro­duc­ción, sería extra­or­di­na­rio, por­que enton­ces la canas­ta del CLAP ten­dría las par­ti­cu­la­ri­da­des loca­les. Y que haya esta pro­pues­ta de inte­gra­ción entre la comu­ni­dad cam­pe­si­na pro­duc­to­ra, el gobierno y los con­su­mi­do­res», expli­ca el agró­no­mo Gabriel Gil.

Los Comi­tés Loca­les de Abas­te­ci­mien­to y Pro­duc­ción (CLAP) son un pro­yec­to del gobierno para dis­tri­buir canas­tas de ali­men­tos en todo el terri­to­rio nacio­nal y bus­ca orga­ni­zar a la pobla­ción vene­zo­la­na para com­ba­tir la espe­cu­la­ción de los pre­cios de los ali­men­tos. Perió­di­ca­men­te, los ciu­da­da­nos del país ins­cri­tos en el pro­gra­ma reci­ben ayu­das del CLAP, como una canas­ta bási­ca de pro­duc­tos esenciales.

Por otro lado, des­de 2019, en el mar­co de la cri­sis, el Minis­te­rio de Agri­cul­tu­ra y Tie­rras ha revi­sa­do su estra­te­gia de recu­pe­ra­ción pro­duc­ti­va, orien­tan­do los recur­sos a las gran­des pro­pie­da­des. El plan Siem­bra 2020 libe­ró cer­ca de 200 millo­nes de dóla­res en insu­mos, trac­to­res y otros mate­ria­les: todo para la agroindustria.

«Noso­tros deci­mos, con todo res­pe­to al pre­si­den­te Nico­lás Madu­ro, pero hay intere­ses con la impor­ta­ción de ali­men­tos. La mafia impor­ta­do­ra de la opo­si­ción ha sali­do y ha entra­do una nue­va mafia, que en par­te está for­ma­da por mili­ta­res. Y este plan­tea­mien­to de la bur­gue­sía revo­lu­cio­na­ria, de ayu­dar a los gran­des y no a los peque­ños, es lo que nos está afec­tan­do», cri­ti­ca Gil.

El plan reco­rre la ruta de Arge­mi­ro Gabal­dón, que lle­va el nom­bre de uno de los gue­rri­lle­ros que en los años 60 luchó con­tra la dic­ta­du­ra orga­ni­zan­do a los cam­pe­si­nos de la zona mon­ta­ño­sa del país. Foto: Miche­le de Mello

Sobe­ra­nía ali­men­ta­ria y política

Ade­más de la gaso­li­na, los fer­ti­li­zan­tes e inclu­so las semi­llas se han vuel­to inac­ce­si­bles para los peque­ños pro­duc­to­res. Un saco de 35 kilos de fer­ti­li­zan­te, por ejem­plo, pue­de cos­tar 35 dóla­res, mien­tras que una lata de 450 gra­mos de semi­llas de cebo­lla se ven­de a 80 dólares.

Por eso, los crea­do­res del plan Pue­blo a Pue­blo ofre­cen talle­res para pro­du­cir sus pro­pios insu­mos agro­eco­ló­gi­cos y res­ca­tar semi­llas nati­vas vene­zo­la­nas. Para el año 2021, la pro­pues­ta es crear una agro­es­cue­la en la región de Humo­ca­ro Alto, en el inte­rior del esta­do Lara, para pro­mo­ver la agro­eco­lo­gía como mode­lo de pro­duc­ción y de vida.

«Estar con el Pue­blo a Pue­blo es otra expe­rien­cia. Antes nos sen­tía­mos apar­ta­dos, aho­ra tene­mos las reunio­nes y eso nos da más con­fian­za, más trans­pa­ren­cia para la pro­duc­ción», dijo Daniel Velás­quez, un agri­cul­tor del esta­do de Tru­ji­llo, don­de se ori­gi­nó el plan.

Ade­más de la orga­ni­za­ción social de la pro­duc­ción, tam­bién se pro­po­ne crear con­di­cio­nes para que los cam­pe­si­nos per­ma­nez­can en las zonas rura­les: garan­ti­zar el acce­so a la edu­ca­ción, fomen­tar el depor­te, recu­pe­rar los cami­nos para el flu­jo de las cose­chas y crear pun­tos fijos de ven­ta de hor­ta­li­zas y arte­sa­nías en el inte­rior y en la capital.

«Ya hemos demos­tra­do que somos capa­ces de pro­du­cir lo que nos ali­men­ta­rá. Aho­ra tene­mos que enten­der que sólo la uni­dad, la con­cien­cia de cla­se: saber de dón­de veni­mos, quié­nes somos, con quié­nes debe­mos estar. Por todo ello, este es el men­sa­je que nos dejó Chá­vez: esta­mos aquí, en pie de lucha. Segui­mos avan­zan­do con fuer­za y cree­mos en la uni­dad regio­nal, nacio­nal y lati­no­ame­ri­ca­na, por­que cree­mos en la Patria Gran­de de Bolí­var y Chá­vez», con­clu­yó Lau­ra Loren­zo, una de las fun­da­do­ras del Pue­blo a Pueblo.

Tra­duc­ción: Lui­za Mançano

Fuen­te: Bra­sil de Fato

Itu­rria /​Fuen­te

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