Uru­guay. El Fren­te Amplio y su laberinto

Por Alber­to Gri­lle, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 16 de febre­ro de 2021.

SOBRE AUTOCRÍTICAS, PRESIDENTES, CONSENSOS Y OPORTUNIDADES

No nos enga­ñe­mos. Aun­que redo­blen las cam­pa­nas con­vo­can­do a des­nu­dar los erro­res, será muy difí­cil hallar un momen­to opor­tuno para deba­tir auto­crí­ti­ca­men­te el pasa­do recien­te del Fren­te Amplio y sus tres gobiernos.

Me temo, que aun­que se haya hecho mucho bom­bo con esto, no habrá auto­crí­ti­ca en el horizonte.

¿Por qué? Por­que la res­pon­sa­bi­li­dad de lo que hizo o no hizo el Fren­te Amplio en todos estos años pasa­dos de gobierno, la tuvie­ron los cua­dros diri­gen­tes y como la auto­crí­ti­ca la debe­rán hacer ellos mis­mos, la mis­ma no escar­ba­rá dema­sia­do ni será dema­sia­do dura ni se aven­tu­ra­rá más allá de la prudencia.

Es más, muchos de quie­nes diri­gen en el Fren­te Amplio o inte­gran las secre­ta­rías, los comi­tés cen­tra­les y los orga­nis­mos de direc­ción de las dos doce­nas de par­ti­dos o gru­pos polí­ti­cos que inte­gran la fuer­za polí­ti­ca no per­ci­ben la auto­crí­ti­ca como una nece­si­dad y, por el con­tra­rio la con­si­de­ran incon­ve­nien­te o por lo menos per­tur­ba­do­ra. Por eso se pos­ter­ga, un día por una cosa otro día por otra. La ban­de­ra de la auto­crí­ti­ca no es una aspi­ra­ción real, es solo una ense­ña que se enar­bo­la para dis­traer­nos de nues­tra debi­li­dad para enfren­tar el futuro.

Todo se pos­ter­ga has­ta des­pués de la auto­crí­ti­ca, la tác­ti­ca, la estra­te­gia, la elec­ción del pre­si­den­te, la defi­ni­ción de la cúpu­la, las comi­sio­nes temá­ti­cas, los cen­tros polí­ti­cos, las pro­pues­tas pro­gra­má­ti­cas, las defi­ni­cio­nes impos­ter­ga­bles de la pro­pa­gan­da, las finan­zas y la comunicación.

La pos­ter­ga­ción reite­ra­da, es para evi­tar daños con­tin­gen­tes, por­que se nece­si­ta poner dis­tan­cia de los hechos, por el verano, el car­na­val, las vaca­cio­nes o la pandemia.

No nos enga­ñe­mos, siem­pre habrá una bue­na opor­tu­ni­dad para no hacer la tan men­ta­da auto­crí­ti­ca que, aún si se hicie­re, no será dema­sia­do tras­cen­den­te y mucho menos fermental.

Nada hay nada más inopor­tuno que una auto­crí­ti­ca, por recien­te o por tardía.

Tal vez sería dife­ren­te si pudie­ra hacer­se una auto­crí­ti­ca espe­cial­men­te cen­tra­da en los demás, pero como una vez comen­za­da, si es en serio, sería de hacha y tiza, más vale ni empe­zar, implo­ran­do para que los erro­res no se reiteren.

Obvio que en algu­nos erro­res muy evi­den­tes, todos, al menos en los pape­les, esta­rán más o menos de acuer­do en corre­gir­los o al menos mencionarlos.

Pare­ce­ría que si revi­sá­ra­mos en serio estos pun­tos, que son cla­ves para pro­yec­tar­se al futu­ro, esta­ría­mos hacien­do bas­tan­te, aun­que pro­ba­ble­men­te no sea suficiente.

Pare­ce haber acuer­do en que el gobierno no se debió tra­gar al par­ti­do, aun­que al final se con­clu­ya que fue inevi­ta­ble, tam­bién en que se debi­li­ta­ron los lazos con el movi­mien­to social por­que la fuer­za polí­ti­ca se desdibujó.

Casi todos con­cor­da­mos en que se con­du­jo des­de una visión mon­te­vi­dea­na y se sub­es­ti­ma­ron las polí­ti­cas enfo­ca­das en el res­to del país, se menos­pre­ció el papel de los medios y se faci­li­tó su con­cen­tra­ción sin polí­ti­cas enér­gi­cas para su demo­cra­ti­za­ción, no pudi­mos poner­nos de acuer­do en la refor­ma de la edu­ca­ción, se debi­li­tó el papel de los orga­nis­mos de base de la fuer­za polí­ti­ca y se los aban­do­nó a la deri­va, se for­ta­le­ció una estruc­tu­ra buro­crá­ti­ca enrai­za­da en la admi­nis­tra­ción públi­ca, se igno­ró el cre­ci­mien­to de una amplia fuer­za social en el cam­po, con pro­pues­tas anti­es­ta­ta­les y libe­ra­les muy enfren­ta­da a los gobier­nos fren­team­plis­tas. Asi­mis­mo, se care­ció de una polí­ti­ca de prin­ci­pios en rela­ción con las Fuer­zas Arma­das y se pos­ter­gó la idea de una fuer­te for­ma­ción demo­crá­ti­ca en ellas, se igno­ró un noto­rio debi­li­ta­mien­to de la inci­den­cia de la izquier­da en sec­to­res de las capas medias, sobre todo en los pro­fe­sio­na­les, edu­ca­do­res y en los peque­ños y media­nos empre­sa­rios, se menos­pre­ció la polí­ti­ca y se sobre­va­lo­ró la ges­tión, se ser­pen­teó sin polí­ti­cas cla­ras en el tema de la segu­ri­dad, se per­dió la bata­lla de la comu­ni­ca­ción y se retro­ce­dió varios casi­lle­ros en la con­for­ma­ción de la hege­mo­nía cul­tu­ral, se per­mi­tió que aumen­ta­ra la des­igual­dad, se igno­ró la deman­da social de que los diri­gen­tes fue­ran aus­te­ros, humil­des y acce­si­bles y se deja­ron cre­cer ten­den­cias bur­gue­sas en la con­duc­ción de la fuer­za polí­ti­ca en aras de pare­cer tole­ran­tes y libe­ra­les, se sub­es­ti­mó el papel de las bases y de los inde­pen­dien­tes, hubo aco­mo­dos y clien­te­lis­mo, gas­tos super­fluos y bas­tan­te insen­si­bi­li­dad social.

Las dudas, las dife­ren­cias y las fata­li­da­des que­da­rán por el camino para que las resuel­van otros que ven­drán y que bue­nos te harán.

Pen­sa­re­mos que si la fuer­za esta­ba ausen­te, no había como rela­cio­nar­la fuer­te­men­te con el movi­mien­to social, que si los diri­gen­tes esta­ban cla­va­dos en la admi­nis­tra­ción del Esta­do, no podían tri­llar el inte­rior, que éra­mos débi­les para enfren­tar a los medios hege­mó­ni­cos, que no sabía­mos o no que­ría­mos cons­truir poder, que no per­ci­bi­mos lo que esta­ba pasan­do con las capas medias, que el mun­do ha cam­bia­do, que las ideo­lo­gías están vigen­tes u obso­le­tas, que las encues­tas están mani­pu­la­das como los medios, la pro­pa­gan­da y la opi­nión públi­ca por los más pode­ro­sos, que el sen­ti­do común es el menos común de los sen­ti­dos, que no hubo clien­te­lis­mo, sino nece­si­dad de con­tar con gen­te de con­fian­za. Para todo habrá excu­sas y opi­nio­nes y cada quien, al final, se que­da­rá con la suya. Pero cuan­do aca­be­mos con las pero­ra­tas, lo apues­to cien a uno, los diri­gen­tes serán más o menos los mis­mos decan­ta­dos por el tiem­po, por­que ellos son los más tena­ces, los que tie­nen más ganas y tam­bién, muchas veces, los más capaces.

Tal vez, este­mos de acuer­do en eso y no dis­cu­ta­mos más, aun­que qui­zás el lis­ta­do sea dema­sia­do exhaus­ti­vo y en muchos pun­tos de los men­cio­na­dos habrá dis­cre­pan­cias en los énfa­sis y en lo sus­tan­cial. Qui­zás lo mejor y más equi­li­bra­do sería acor­dar sobre los acuer­dos y renun­ciar a deba­tir sobre las diver­gen­cias. Pero de cual­quier for­ma, hága­se una cosa o la otra, la auto­crí­ti­ca no será nun­ca más que una ilu­sión, una adver­ten­cia, una ame­na­za o tal vez un deba­te, un fru­gal inter­cam­bio de opi­nio­nes, evi­tan­do herir sus­cep­ti­bi­li­da­des, ero­sio­nar afec­tos y egos aboyados.

Por las mis­mas razo­nes que yo pien­so que no habrá auto­crí­ti­ca en el Fren­te Amplio, afir­mo que no la hay en nin­gún par­ti­do polí­ti­co triun­fan­te o derrotado.

En gene­ral se opta por el camino de con­ver­tir derro­tas en vic­to­rias hacien­do balan­ces tru­chos o jerar­qui­zan­do más lo bueno que pasó que lo malo que nos pasó y no pudi­mos evitar.

Si asu­mié­ra­mos que no habrá la tal auto­crí­ti­ca ni la reite­ra­da­men­te pro­cla­ma­da actua­li­za­ción ideo­ló­gi­ca, mejor sería que el Fren­te Amplio se dedi­ca­ra a hacer polí­ti­ca, defen­der logros de los gobier­nos ante­rio­res y nue­vos dere­chos y pro­cu­rar recon­quis­tar el gobierno para hacer­lo mejor y para cons­truir un país más prós­pe­ro, demo­crá­ti­co y jus­to. Para ganar habrá que ser mejo­res, los diri­gen­tes tie­nen que reman­gar­se e ir a apren­der lo que pasa en don­de no hay un man­go, hay que recor­dar que la lucha de cla­ses no se detie­ne en la puer­ta de los cuar­te­les, hay que ir al asen­ta­mien­to y escu­char, hay que ir al cam­po y apren­der cómo viven y que es lo que pien­san allí, hay que ir al club del barrio y a la feria, hay que jugar un tru­co con un des­ocu­pa­do, ayu­dar en las ollas popu­la­res, hablar y escu­char, con­vi­vir con los pobres, aus­cul­tar lo que pien­san las capas medias, aten­der las deman­das jus­ti­fi­ca­das de los peque­ños pro­duc­to­res, de los comer­cian­tes, de los pro­fe­sio­na­les, hablar con ellos, per­sua­dir, infor­mar, con­ven­cer, reto­mar la ini­cia­ti­va y ense­ñar a luchar, a nego­ciar y gol­pear si es nece­sa­rio, unir­nos noso­tros, ais­lar al adver­sa­rio, poten­ciar nues­tras for­ta­le­zas y redu­cir nues­tras debilidades.

¿Por dón­de empe­zar esta obra que no es tan com­ple­ja por­que al final de cuen­tas ya la hici­mos y gana­mos? Lo pri­me­ro es unir­nos en la diver­si­dad, apren­der de nue­vo a poner­nos de acuer­do, tole­rar nues­tras diver­gen­cias, redu­cir nues­tras ape­ten­cias y aspi­ra­cio­nes y uni­fi­car nues­tros propósitos.

Para eso se nece­si­ta una con­duc­ción sóli­da, una direc­ción ver­da­de­ra, una cúpu­la con auto­ri­dad y un pre­si­den­te de todos. Uno solo, no tres, res­pe­ta­do, repre­sen­ta­ti­vo, leal y de con­sen­so, por­que si se pres­cin­de del con­sen­so y hay elec­cio­nes inter­nas, va a haber com­pa­ñe­ros con lógi­cas y legí­ti­mas aspi­ra­cio­nes que van a ter­mi­nar revol­ca­dos y, lo peor, ‘al cue­te’. Una cúpu­la que man­de y un pre­si­den­te que la expre­se y que con­duz­ca. No es tan difí­cil, no se nece­si­ta un líder, ni un ora­dor bri­llan­te, ni un estra­te­ga genial, ni un filó­so­fo ni un sabio. Alcan­za con que una direc­ción fuer­te, enér­gi­ca, lúci­da y alta­men­te repre­sen­ta­ti­va lo res­pal­de, lo empu­je y lo frene.

Sin cúpu­la no habrá pre­si­den­te, ni polí­ti­ca ni Fren­te Amplio ni vic­to­ria. Hace unos días, alguien que sabe y sabe me dijo que tie­nen que poder sen­tar­se en el living , no deben ser más de ocho.

Si no pode­mos poner­nos de acuer­do entre ocho, no pode­mos poner­nos de acuer­do en nada.

De pron­to Civi­la, Juan Cas­ti­llo, Yaman­dú, Caro­li­na, Ber­ga­ra, el Pacha, Kechi­chian y Asti podrían repre­sen­tar­nos a todos.

Hay que ele­gir sie­te u ocho que man­den y un pre­si­den­te o pre­si­den­ta que nos repre­sen­te a todos. Con todo res­pe­to, más allá de las bue­nas inten­cio­nes, lo demás, si no es con­sen­so, es cháchara.

fuen­te: Caras y Caretas

Itu­rria /​Fuen­te

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