Nación Mapuche.Avanza el jui­cio en Esquel: esta vez el acu­sa­do es un ofi­cial de poli­cía y los mapu­ches espe­ran justicia

Pablo Quin­ta­na /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 15 de febre­ro de 2021

Mapu­ches: Inte­gran­tes del Lof en Resis­ten­cia Cusha­men, en los tri­bu­na­les de Esquel duran­te inter­va­lo del jui­cio (Foto­gra­fía Nico­lás Palacios) .

En la sala del segun­do piso de los tri­bu­na­les de Esquel se pue­de obser­var la pre­sen­cia de mapu­ches. Sin embar­go, no están en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos. Su ima­gen con­tra­di­ce a la recien­te his­to­ria puni­ti­va.

En el asien­to del acu­sa­do ante el tri­bu­nal, ubi­ca­do a la dere­cha del peque­ño salón, está el inte­gran­te de la Infan­te­ría de la Poli­cía de Chu­but, el ofi­cial Javier Solor­za. Es el úni­co impu­tado de la cau­sa que inten­ta dilu­ci­dar la feroz repre­sión del 11 de enero del 2017 en el Pu Lof Resis­ten­cia Cusha­men. El pro­ce­so judi­cial ya cum­plió una sema­na des­de que se ini­ció y con­ti­nua­rá tras el fin de sema­na largo.

Es un jui­cio atí­pi­co en tiem­pos com­ple­jos. Atí­pi­co por­que se invir­tie­ron los roles y quie­nes sue­len ser los acu­sa­dos son víc­ti­mas que espe­ran jus­ti­cia del Esta­do por los hechos atro­ces come­ti­dos con­tra la comu­ni­dad a lo lar­go de ese verano vio­len­to, que pre­sa­gia­ba hechos de enor­me gra­ve­dad, como lo que sería más ade­lan­te la des­apa­ri­ción de San­tia­go Mal­do­na­do. Com­ple­jo por­que las medias sani­ta­rias modi­fi­can todo el escenario.

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En la cará­tu­la del expe­dien­te judi­cial pue­de leer­se «Pcia. del Chu­but c/​Solorza Javier Alber­to. Deli­to: Lesio­nes leves y gra­ves agra­va­das por abu­so poli­cial». La estra­te­gia de la defen­sa es cla­ra: que fue­ron embos­ca­dos y ata­ca­dos con pie­dras por los mapu­ches y ante esa situa­ción reac­cio­na­ron. El segun­do pun­to de la defen­sa es que cada uni­for­ma­do fue res­pon­sa­ble de los dis­pa­ros diri­gi­dos a la cara de las víc­ti­mas. De esta mane­ra inten­ta evi­tar que recai­ga todo el peso sobre la figu­ra de Solor­za como autor de las atro­ci­da­des come­ti­das esa tar­de de enero.

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Solor­za está acom­pa­ña­do por su abo­ga­do defen­sor, Daniel San­do­val, luce una cami­sa blan­ca impo­lu­ta y nota­bles tatua­jes en su cuer­po. Se lo ve dis­ten­di­do, dia­lo­ga a menu­do con su ase­sor letra­do, le mues­tra su telé­fono y en los inter­va­los pare­cie­ra inter­cam­biar men­sa­jes con su celular.

Mapu­ches: en pri­mer plano se pue­de ver a la abo­ga­da Sonia Iva­noff y de fon­do el juez José Luis Ennis (Foto­gra­fía Nico­lás Palacios) .

Enfren­te tie­ne a la fis­cal María Bot­ti­ni; Pao­la Bag­na­to por la Defen­sa Públi­ca, que inter­vie­ne como que­re­llan­te; y la abo­ga­da Sonia Iva­noff que tam­bién asis­te a las víc­ti­mas. A su dere­cha y en el cen­tro del salón se encuen­tra el juez José Luis Ennis.

Como públi­co asis­ten­te están las pro­pias víc­ti­mas, tres de las cua­les no pasan des­aper­ci­bi­das. Fer­nan­do y Faus­to Jones Hua­la, ambos her­ma­nos del pre­so polí­ti­co y lon­ko de la comu­ni­dad Facun­do Jones Hua­la, jun­to a Emi­lio Jones (pri­mo del líder que está encar­ce­la­do en Chi­le) lucen tra­ri­lon­cos en sus cabe­zas. Esas vin­chas rea­li­za­das con lana de ove­ja, con dise­ños geo­mé­tri­cos o figu­ras de aves u otros ani­ma­les. Detrás de ellos está Mal­vi­na Enci­nas, la cuar­ta víc­ti­ma de la repre­sión, que sufrió un gol­pe físi­co en la cara inter­na del ante­bra­zo izquier­do. Fue la más leve de las lesio­nes de quie­nes sopor­ta­ron el accio­nar vio­len­to de los efec­ti­vos poli­cia­les. Des­pués, es visi­ble la pre­sen­cia de un inte­gran­te de la Asam­blea por los Dere­chos Huma­nos. La ONG es la úni­ca que asis­te como vee­do­ra del jui­cio que se desa­rro­lla sin dema­sia­da reper­cu­sión mediática.

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Algo más que la huma­ni­dad de Solor­za está en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos. Está en dis­cu­sión la vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal en una pro­vin­cia como Chu­but, que acu­mu­la un tris­te his­to­rial. Qui­zás el hecho más emble­má­ti­co fue el que vivió la comu­ni­dad de Cor­co­va­do entre el 8 y el 15 de mar­zo del 2009, cuan­do un gru­po de la GEOP irrum­pió y gene­ro un cua­si esta­do de sitio en el lugar. O la des­apa­ri­ción de Iván Ela­dio Torres a manos de la poli­cía en octu­bre de 2003 en Como­do­ro Riva­da­via, que le valió al Esta­do argen­tino una con­de­na de par­te de la Cor­te Inter­ame­ri­ca­na de Dere­chos Humanos.

Esas con­duc­tas se repi­ten a lo lar­go de la recien­te his­to­ria pro­vin­cial. El pre­sen­te se mate­ria­li­za en la figu­ra del polé­mi­co minis­tro de Segu­ri­dad de Mariano Arcio­ni, Fede­ri­co Mas­so­ni. Sólo habría que recor­dar que la Secre­ta­ría de Dere­chos Huma­nos de la Nación tuvo que inter­po­ner un habeas cor­pus colec­ti­vo y pre­ven­ti­vo en medio de la pan­de­mia para que el gobierno de Chu­but se abs­tu­vie­ra de cer­ce­nar más allá de lo ade­cua­do la liber­tad ambu­la­to­ria de los ciu­da­da­nos. El hecho fue escan­da­lo­so, por­que pre­via­men­te se había difun­di­do un audio del jefe de la poli­cía tre­le­wen­se que lla­ma­ba a «meter gen­te en cana» a pedi­do del ministro.

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A pesar de ser con­si­de­ra­do un jui­cio oral y públi­co, poco de esto tie­ne. La cues­tión sani­ta­ria impi­de la pre­sen­cia de medios de comu­ni­ca­ción en esa peque­ña sala. En la pri­me­ra jor­na­da, sólo repor­te­ros grá­fi­cos pudie­ron tomar algu­nas mues­tras foto­grá­fi­cas y por un bre­ve ins­tan­te estu­vo pre­sen­te quien rea­li­za la cober­tu­ra de pren­sa por par­te del Minis­te­rio Públi­co Fis­cal. La APDH-Regio­nal Esquel pre­sen­tó un escri­to ante el Direc­tor Ofi­ci­na Judi­cial, Rodol­fo Barro­so, en el que expre­san preo­cu­pa­ción «aten­to que, so pre­tex­to de medi­das de segu­ri­dad por Covid19, no se ha per­mi­ti­do el ingre­so de la pren­sa o se ha res­trin­gi­do suma­men­te su par­ti­ci­pa­ción, vul­ne­ran­do el dere­cho a la infor­ma­ción públi­ca, jus­ta­men­te res­pec­to de un jui­cio don­de se ven­ti­lan hechos muy gra­ves que lle­va­ron apa­re­ja­dos «lesio­nes gra­ves»: tra­tos crue­les y degra­dan­tes por par­te de efec­ti­vos poli­cia­les sobre miem­bros de una Comu­ni­dad Mapu­che- Pu lof en Resis­ten­cia Cusha­men que a su vez tra­je­ron apa­re­ja­das situa­cio­nes muy gra­ves acae­ci­das en años siguientes».

Mapu­ches: El ofi­cial Javier Solor­za, acom­pa­ña­do por el abo­ga­do Daniel San­do­val, úni­co impu­tado en la cau­sa (Foto­gra­fía Nico­lás Palacios).

El escri­to sos­tie­ne que «es un dere­cho de la comu­ni­dad toda, en el con­tex­to de un Jui­cio Oral y Públi­co como este, con­tar con la infor­ma­ción de pro­fe­sio­na­les de pren­sa que pue­dan rea­li­zar su tra­ba­jo de la mejor y más ade­cua­da for­ma posi­ble, siem­pre siguien­do los pro­to­co­los establecidos».

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La pri­me­ra jor­na­da con­tó con el tes­ti­mo­nio de quie­nes resul­ta­ron con gra­ves heri­das y del pro­pio impu­tado. El inte­gran­te de Infan­te­ría que esta­ba a car­go del gru­po de ope­ra­cio­nes que ata­có a los mapu­ches leyó un escri­to pre­via­men­te ela­bo­ra­do. Pidió que haya jus­ti­cia para las víc­ti­mas, pero agre­gó que se pue­da «deter­mi­nar de mane­ra téc­ni­ca, pre­ci­sa y cien­tí­fi­ca quien ha sido el ver­da­de­ro res­pon­sa­ble de las lesio­nes sufri­das». «En aque­lla inter­ven­ción – se ata­jó Solor­za – se uti­li­za­ron al menos cin­co esco­pe­tas y cada efec­ti­vo poli­cial debe res­pon­der por su arma­men­to». Ese verano de 2017 el poli­cía se pre­sen­tó en la fis­ca­lía de Esquel don­de denun­ció que habían sido embos­ca­dos, pero la acu­sa­ción se des­es­ti­mó por inadmisible.

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Las defi­cien­cias para poder escu­char a los tes­ti­gos de las par­tes onli­ne son nota­bles. La fal­ta de una bue­na conec­ti­vi­dad en los tri­bu­na­les pro­vo­ca que las cone­xio­nes por momen­tos sean engo­rro­sas, poco cla­ras. Una con­tra­ca­ra inclu­so de lo que suce­de en los tri­bu­na­les fede­ra­les de Esquel. La ima­gen del tes­ti­go se con­ge­la en la pan­ta­lla. Con­tes­ta, pero la cone­xión defec­tuo­sa, pro­vo­ca ‘delay’ en la comu­ni­ca­ción y las imá­ge­nes se dis­tor­sio­nan. Es nece­sa­rio hacer una lla­ma­da tele­fó­ni­ca para ter­mi­nar con el tes­ti­mo­nio. Des­de la que­re­lla ven con preo­cu­pa­ción estas limi­ta­cio­nes téc­ni­cas por­que pre­su­men que esto pue­da favo­re­cer al úni­co impu­tado ante la duda que logre oca­sio­nar. De los más de 70 tes­ti­mo­nios, muchos de ellos se inten­tan rea­li­zar de mane­ra virtual.

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El jui­cio evo­ca los hechos. Refres­ca la memo­ria de unos y otros. Los vio­len­tos hechos ocu­rri­dos en torno al terri­to­rio recu­pe­ra­do por los mapu­ches vuel­ven como dia­po­si­ti­vas. Es impo­si­ble no pro­lon­gar los recuer­dos y reme­mo­rar la figu­ra de San­tia­go Mal­do­na­do; el men­tón des­tro­za­do de Emi­lio Jones y su san­gre en el ros­tro; la infor­ma­ción del tras­la­do de urgen­cia de Faus­to Jones Hua­la hacia Bari­lo­che con trau­ma­tis­mo de crá­neo y per­di­da del habla. Todo es muy recien­te y sen­si­ble. La médi­ca Elvi­ra Gau­na se quie­bra por momen­tos en su tes­ti­mo­nio. Recuer­da las lesio­nes, el stress pos­trau­má­ti­co, los niños, las muje­res en el terri­to­rio. Afue­ra de Tri­bu­na­les un puña­do de mapu­ches cobi­ja­dos bajo la som­bra de un árbol en tar­des de inten­so calor pata­gó­ni­co aguar­dan resul­ta­dos. Espe­ran una vez más que la jus­ti­cia win­ka les devuel­va algo de todo lo sufri­do y lo que les han quitado.

FUENTE: El extre­mo sur de la Patagonia

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