Vene­zue­la. Cla­ves del infor­me pre­li­mi­nar de la Rela­to­ra Espe­cial de la ONU sobre Venezuela

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 14 de febre­ro de 2021.

La visi­ta de la rela­to­ra espe­cial de la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das (ONU) envia­da a Vene­zue­la para inves­ti­gar de pri­me­ra mano el impac­to nega­ti­vo de las medi­das coer­ci­ti­vas uni­la­te­ra­les y su con­se­cuen­te vio­la­ción de los dere­chos huma­nos, Ale­na Douhan, arro­jó un infor­me pre­li­mi­nar publi­ca­do en el sitio web de la Ofi­ci­na de la Alta Comi­sio­na­da de los Dere­chos Huma­nos de la ONU.

En su mayo­ría, los ele­men­tos del infor­me pre­li­mi­nar ya han sido des­cri­tos y denun­cia­dos pre­via­men­te por las auto­ri­da­des del Esta­do vene­zo­lano, orga­ni­za­cio­nes no guber­na­men­ta­les (ONG) y agen­cias mediá­ti­cas (como esta tri­bu­na); sin embar­go, por pri­me­ra vez se refie­ren las con­se­cuen­cias des­truc­ti­vas para la pobla­ción vene­zo­la­na del blo­queo eco­nó­mi­co-finan­cie­ro-comer­cial en una ins­tan­cia mul­ti­la­te­ral con gran impac­to en la opi­nión públi­ca glo­bal, algo que se debe valo­rar en su jus­ta medida.

Ale­na Douhan, oriun­da de Bie­lo­rru­sia, fue nom­bra­da Rela­to­ra Espe­cial sobre los efec­tos nega­ti­vos de las medi­das coer­ci­ti­vas uni­la­te­ra­les en el dis­fru­te de los dere­chos huma­nos por el Con­se­jo de Dere­chos Huma­nos de la ONU en mar­zo de 2020.

Tie­ne una amplia expe­rien­cia en los ámbi­tos del dere­cho inter­na­cio­nal y los dere­chos huma­nos, es pro­fe­so­ra de dere­cho inter­na­cio­nal en la Uni­ver­si­dad Esta­tal de Belo­rru­sia (Minsk), pro­fe­so­ra invi­ta­da en el Ins­ti­tu­to de Dere­cho Inter­na­cio­nal de la Paz y los Con­flic­tos Arma­dos (Bochum, Ale­ma­nia) y direc­to­ra del Cen­tro de Inves­ti­ga­ción para la Paz (Minsk).

Reci­bió su doc­to­ra­do en la Uni­ver­si­dad Esta­tal de Bie­lo­rru­sia en 2005 y obtu­vo el Dr.hab. en Dere­cho Inter­na­cio­nal y Dere­cho Euro­peo en 2015 (Bie­lo­rru­sia). Los intere­ses aca­dé­mi­cos y de inves­ti­ga­ción de Douhan se encuen­tran en los cam­pos del dere­cho inter­na­cio­nal, las san­cio­nes y el dere­cho de los dere­chos huma­nos, el dere­cho de la segu­ri­dad inter­na­cio­nal, el dere­cho de las orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les, la solu­ción de con­tro­ver­sias inter­na­cio­na­les y el dere­cho ambien­tal internacional.

Los Rela­to­res Espe­cia­les for­man par­te de lo que se cono­ce como Pro­ce­di­mien­tos Espe­cia­les del Con­se­jo de Dere­chos Huma­nos, sien­do el orga­nis­mo más gran­de de exper­tos inde­pen­dien­tes en el sis­te­ma de Dere­chos Huma­nos de la ONU. Pro­ce­di­mien­tos Espe­cia­les es el nom­bre gene­ral de los meca­nis­mos inde­pen­dien­tes de inves­ti­ga­ción y moni­to­reo del Con­se­jo que abor­dan situa­cio­nes espe­cí­fi­cas de paí­ses o cues­tio­nes temá­ti­cas en todo el mun­do. Los exper­tos de los Pro­ce­di­mien­tos Espe­cia­les tra­ba­jan de for­ma volun­ta­ria, no son per­so­nal de la ONU y no reci­ben un sala­rio por su tra­ba­jo. Son inde­pen­dien­tes de cual­quier gobierno u orga­ni­za­ción y sir­ven a títu­lo individual.

Vis­to así, el tra­ba­jo de Ale­na Douhan en Vene­zue­la tie­ne un carác­ter huma­ni­ta­rio en sí mis­mo y deve­la una con­cien­cia en el seno del Con­se­jo de Dere­chos Huma­nos de la ONU dife­ren­te a la exten­di­da por la ideo­lo­gía des­truc­ti­va de Esta­dos Uni­dos en dicha ins­tan­cia. Se podría decir que la visi­ta y la inves­ti­ga­ción de la Rela­to­ra Espe­cial de la ONU es real­men­te inde­pen­dien­te y no fue­ron coac­cio­na­das por nin­gún Esta­do ni orga­ni­za­ción públi­ca o privada.

Vis­ta pano­rá­mi­ca de la investigación

Con­tex­to de la visi­ta de Ale­na Douhan, rela­to­ra espe­cial de la ONU

Des­de el comien­zo del tex­to pre­sen­ta­do por Douhan se expli­ci­ta que se tra­tan de «obser­va­cio­nes son de carác­ter pre­li­mi­nar, resul­ta­do de exten­sas con­sul­tas con una amplia gama de inter­lo­cu­to­res. El infor­me com­ple­to se pre­sen­ta­rá al Con­se­jo de Dere­chos Huma­nos de las Nacio­nes Uni­das en sep­tiem­bre de 2021». Es decir, que todo lo des­cri­to aquí aún es sus­cep­ti­ble de ser amplia­do y no es más que una vis­ta pano­rá­mi­ca de la investigación.

La rela­to­ra espe­cial de la ONU recuer­da que la emi­sión de medi­das coer­ci­ti­vas uni­la­te­ra­les de Esta­dos Uni­dos con­tra Vene­zue­la comen­zó en el año 2005 «cuan­do intro­du­jo san­cio­nes selec­ti­vas con­tra per­so­nas y enti­da­des pre­sun­ta­men­te impli­ca­das en el trá­fi­co de dro­gas». Lue­go Washing­ton, en 2006, impu­so un embar­go de armas «por con­si­de­rar que el Gobierno no coope­ra­ba sufi­cien­te­men­te en los esfuer­zos antiterroristas».

Para dar­le con­tex­to, se debe recor­dar que en 2005 el pre­si­den­te Hugo Chá­vez había decla­ra­do la cul­mi­na­ción de toda ope­ra­ción con­jun­ta e inter­cam­bio mili­tar con el Pen­tá­gono, una medi­da que no fue del agra­do de Washing­ton y que daba al tras­te con los pla­nes de pene­tra­ción mili­tar en la zona cari­be­ña de Suda­mé­ri­ca, usan­do de cabe­za de pla­ya el lla­ma­do Plan Colombia.

El infor­me pre­li­mi­nar lue­go reme­mo­ra el papel de la Ley de Defen­sa de Dere­chos Huma­nos y Socie­dad Civil de Vene­zue­la del año 2014 pro­mul­ga­da por el Con­gre­so esta­dou­ni­den­se, que fue la base pre­li­mi­nar para la desig­na­ción del deno­mi­na­do Decre­to Oba­ma de 2015, que decla­ra a Vene­zue­la como una «ame­na­za inusual y extra­or­di­na­ria para la segu­ri­dad de los Esta­dos Uni­dos». A esta orden eje­cu­ti­va se le suma­ron seis más con­tra nues­tro país, todas emi­ti­das por la admi­nis­tra­ción de Donald Trump.

Des­de 2017 se han emi­ti­do medi­das coer­ci­ti­vas uni­la­te­ra­les des­de Washing­ton que han mina­do por com­ple­to la eco­no­mía vene­zo­la­na y, por ende, la cali­dad de vida de la pobla­ción. El infor­me pre­li­mi­nar es des­crip­ti­vo en torno a todas las legis­la­cio­nes pro­mul­ga­das por la Casa Blan­ca y el Depar­ta­men­to del Teso­ro, asi­mis­mo todas las accio­nes de blo­queo (eco­nó­mi­co, finan­cie­ro, comer­cial, polí­ti­co y diplo­má­ti­co), reso­lu­cio­nes del Gru­po de Lima y el Tra­ta­do de Río y secues­tro de fon­dos en enti­da­des inter­na­cio­na­les como los 1 mil 200 millo­nes de dóla­res con­ge­la­dos por Novo Ban­co de Por­tu­gal y los cer­ca de 2 mil millo­nes en oro depo­si­ta­dos en el Ban­co de Ingla­te­rra y que no son retor­na­dos a las arcas del Esta­do venezolano.

Situa­ción eco­nó­mi­ca y huma­ni­ta­ria en Venezuela

Lue­go de una sucin­ta des­crip­ción del fun­cio­na­mien­to de la eco­no­mía vene­zo­la­na, depen­dien­te de los ingre­sos esta­ta­les del petró­leo («eco­no­mía mono­orien­ta­da») y de las impor­ta­cio­nes de «la mayo­ría de los pro­duc­tos, des­de la maqui­na­ria y las pie­zas de repues­to has­ta los ali­men­tos y los medi­ca­men­tos», afir­ma que «el decli­ve de la eco­no­mía comen­zó en 2014 con la caí­da de los pre­cios del petró­leo» para lue­go citar otros fac­to­res de afec­ción como la «mala ges­tión» y la «corrup­ción».

Pero no duda en con­fir­mar que «las san­cio­nes uni­la­te­ra­les impues­tas cada vez más por Esta­dos Uni­dos, la Unión Euro­pea y otros paí­ses han agra­va­do los pro­ble­mas» de la eco­no­mía vene­zo­la­na que ya venían demos­trán­do­se, sobre todo des­de 2013 con la muer­te del Coman­dan­te Chá­vez y la asun­ción de Nico­lás Madu­ro a la Pre­si­den­cia de la Repú­bli­ca Bolivariana.

Tam­bién se citan los datos publi­ca­dos por la Pre­si­den­cia: «los ingre­sos del Gobierno se han redu­ci­do en un 99%» y «el país vive actual­men­te con el 1% de sus ingre­sos ante­rio­res a las san­cio­nes». Men­cio­na que «las reme­sas pro­ce­den­tes del extran­je­ro han dis­mi­nui­do debi­do al blo­queo de los acti­vos del Esta­do y a la com­ple­ji­dad de las trans­fe­ren­cias ban­ca­rias y a los impe­di­men­tos para rea­li­zar­las» y que la hiper­in­fla­ción de los últi­mos cua­tro años ha pul­ve­ri­za­do los sala­rios de las inti­tu­cio­nes públicas.

Inme­dia­ta­men­te hace una con­si­de­ra­ción: aun­que en 2018 el Gobierno Boli­va­riano intro­du­jo refor­mas eco­nó­mi­cas con la inten­ción de supe­rar los obs­tácu­los men­cio­na­dos, «el endu­re­ci­mien­to de las san­cio­nes a las que se enfren­ta el país des­de 2015 soca­va el posi­ble impac­to posi­ti­vo de las actua­les refor­mas, así como la capa­ci­dad del Esta­do para man­te­ner las infra­es­truc­tu­ras y eje­cu­tar pro­yec­tos socia­les», tenien­do en cuen­ta que ha sido el Esta­do, sobre todo des­de el año 2000, el que ha finan­cia­do con ingen­tes can­ti­da­des de dine­ro en inver­sión social y desa­rro­llo eco­nó­mi­co nacional.

Las cifras y rela­cio­nes en mate­ria de infra­es­truc­tu­ra, migra­ción y ser­vi­cios bási­cos para la pobla­ción son demo­le­do­ras. A con­ti­nua­ción cita­mos solo unas cuan­tas rela­cio­na­das con «la indis­po­ni­bi­li­dad de recur­sos finan­cie­ros y la reti­cen­cia de las empre­sas extran­je­ras a comer­ciar con las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas vene­zo­la­nas y, a menu­do, con las privadas»:

  • «(…) las líneas eléc­tri­cas pue­den tra­ba­jar hoy en día a menos del 20% de su capacidad»;
  • «la mayo­ría de los ser­vi­cios públi­cos se han vis­to mer­ma­dos entre un 30% y un 50% de su per­so­nal, inclui­do el más cua­li­fi­ca­do (médi­cos, enfer­me­ras, inge­nie­ros, maes­tros, pro­fe­so­res, jue­ces, poli­cías, etc.), lo que ha pro­vo­ca­do una des­or­ga­ni­za­ción inter­na, un aumen­to de la car­ga de tra­ba­jo para el per­so­nal res­tan­te, una reduc­ción de los ser­vi­cios y una dis­mi­nu­ción de su calidad»;
  • (…) nume­ro­sos hoga­res denun­cian cor­tes fre­cuen­tes debi­do a los cor­tes de elec­tri­ci­dad que afec­tan a las bom­bas de agua y al man­te­ni­mien­to de las infra­es­truc­tu­ras, y a la esca­sez de per­so­nal de man­te­ni­mien­to cualificado»;
  • «debi­do a los impe­di­men­tos comer­cia­les, el uso de agen­tes quí­mi­cos para tra­tar y puri­fi­car el agua para hacer­la pota­ble se ha redu­ci­do en un 30%»;
  • «los impe­di­men­tos a la impor­ta­ción de ali­men­tos, que cons­ti­tu­yen más del 50% del con­su­mo nacio­nal, han pro­vo­ca­do el cre­ci­mien­to cons­tan­te de la malnu­tri­ción en los últi­mos 6 años, con más de 2,5 millo­nes de per­so­nas en situa­ción de inse­gu­ri­dad ali­men­ta­ria grave»;
  • «el pro­gra­ma de cajas de ali­men­tos CLAP, ini­cia­do como ini­cia­ti­va guber­na­men­tal en 2017 y que abar­ca 6 millo­nes de hoga­res en todo el país, dis­mi­nu­ye la diver­si­dad de artículos»;
  • «Los impe­di­men­tos para la aten­ción sani­ta­ria inclu­yen la fal­ta o la gra­ve insu­fi­cien­cia de medi­ca­men­tos y vacu­nas; el aumen­to de los pre­cios; la esca­sez de elec­tri­ci­dad para abas­te­cer a los equi­pos; la esca­sez de agua y los pro­ble­mas de sanea­mien­to que afec­tan a la higie­ne; el dete­rio­ro de la infra­es­truc­tu­ra debi­do a la fal­ta de man­te­ni­mien­to, la ausen­cia de pie­zas de repues­to, la fal­ta de dis­po­ni­bi­li­dad de nue­vos equi­pos debi­do a la ausen­cia de recur­sos o a la nega­ti­va a ven­der­los o entre­gar­los; la degra­da­ción de las con­di­cio­nes de tra­ba­jo y la fal­ta de equi­pos de pro­tec­ción con­tra las enfer­me­da­des infec­cio­sas; la pér­di­da de per­so­nal en todas las áreas médi­cas debi­do a los bajos sala­rios; y la fina­li­za­ción de la cons­truc­ción de hos­pi­ta­les y cen­tros de aten­ción primaria»;
  • «las pla­zas de per­so­nal médi­co en los hos­pi­ta­les públi­cos están vacan­tes en un 50 – 70%. Solo alre­de­dor del 20% de los equi­pos médi­cos están actual­men­te en funcionamiento»;
  • «la edu­ca­ción esco­lar y uni­ver­si­ta­ria se ha enfren­ta­do a una gra­ve dis­mi­nu­ción del apo­yo guber­na­men­tal des­de 2016, inclu­yen­do la ter­mi­na­ción o la reduc­ción del sumi­nis­tro de uni­for­mes esco­la­res, zapa­tos, mochi­las y mate­rial de ofi­ci­na; y la reduc­ción del núme­ro de comi­das dia­rias en la escue­la (de 2 a 1), la dis­mi­nu­ción de su can­ti­dad y diver­si­dad de ali­men­tos o su can­ce­la­ción total».

Ante todo esto la Rela­to­ra Espe­cial de la ONU comen­ta que el Gobierno boli­va­riano man­tie­ne ins­tan­cias de coope­ra­ción con el «PNUD, UNICEF, ONUSIDA, la OPS, otras agen­cias inter­na­cio­na­les, así como con la igle­sia, el sec­tor pri­va­do y las ONG huma­ni­ta­rias que pres­tan ayu­da, faci­li­tan­do cier­ta recons­truc­ción de los sis­te­mas de agua y el sumi­nis­tro de vacu­nas, medi­ca­men­tos, prue­bas, reac­ti­vos, mate­rial esco­lar y alimentos».

Y denun­cia que «los inten­tos de libe­rar los fon­dos con­ge­la­dos en el Ban­co de Ingla­te­rra para la com­pra de medi­ca­men­tos, vacu­nas, kits de pro­tec­ción y equi­pos médi­cos a tra­vés del PNUD y la OPS en 2020 han fra­ca­sa­do. No se han libe­ra­do fon­dos para la com­pra de COVAX a tra­vés de la OPS en 2020−2021», dan­do a enten­der que la situa­ción eco­nó­mi­ca y huma­ni­ta­ria en Vene­zue­la ha sido tor­pe­dea­da por el blo­queo de mane­ra visi­ble, aun cuan­do la pro­pa­gan­da occi­den­tal encu­bra sus accio­nes y efectos.

Eva­lua­ción de la base legal para la impo­si­ción de sanciones

En el infor­me pre­li­mi­nar se afir­ma que el Decre­to Oba­ma es bási­ca­men­te ile­gal a los ojos del Dere­cho Internacional:

«(…) no se corres­pon­de con los requi­si­tos del art. 4 del Pac­to Inter­na­cio­nal de Dere­chos Civi­les y Polí­ti­cos, tales como la exis­ten­cia de una ame­na­za para la vida de la nación, la limi­ta­ción de las medi­das a las exi­gen­cias de la situa­ción, una dura­ción limi­ta­da, la ausen­cia de dis­cri­mi­na­ción, la prohi­bi­ción de dero­gar el dere­cho a la vida y la prohi­bi­ción de cas­ti­gar una acti­vi­dad que no cons­ti­tu­ya un deli­to, como se men­cio­na en la comu­ni­ca­ción de los exper­tos en dere­chos huma­nos de 29 de enero de 2021″.

Con rela­ción a las «san­cio­nes» sobre los sec­to­res estra­té­gi­cos de la eco­no­mía vene­zo­la­na (petro­le­ro, aurí­fe­ro, mine­ro, etc.), dice que:

«(…) cons­ti­tu­yen una vio­la­ción del dere­cho inter­na­cio­nal, y no se exclu­ye su ili­ci­tud con refe­ren­cia a las con­tra­me­di­das. El pro­pó­si­to anun­cia­do de la cam­pa­ña de «máxi­ma pre­sión» ‑cam­biar el Gobierno de Vene­zue­la- vio­la el prin­ci­pio de igual­dad sobe­ra­na de los Esta­dos y cons­ti­tu­ye una inter­ven­ción en los asun­tos inter­nos de Vene­zue­la que tam­bién afec­ta a sus rela­cio­nes regionales».

En defi­ni­ti­va, todo el entra­ma­do de las medi­das coer­ci­ti­vas uni­la­te­ra­les de Esta­dos Uni­dos con­tra Vene­zue­la vio­la los dere­chos fun­da­men­ta­les con­sa­gra­dos por las leyes inter­na­cio­na­les. Cita­mos in exten­so y resal­ta­mos con negri­tas lo nodal:

«Refi­rién­do­se a las nor­mas con­sue­tu­di­na­rias sobre la inmu­ni­dad de los bie­nes del Esta­do, la Rela­to­ra Espe­cial recuer­da que los acti­vos del Ban­co Cen­tral y los bie­nes uti­li­za­dos para las fun­cio­nes públi­cas per­te­ne­cen al Esta­do de Vene­zue­la y no a su Gobierno o a cual­quier indi­vi­duo. Por lo tan­to, la con­ge­la­ción de los acti­vos del Ban­co Cen­tral de Vene­zue­la por no reco­no­cer a su Gobierno, así como la adop­ción de las san­cio­nes per­ti­nen­tes, vio­la los dere­chos sobe­ra­nos del país e impi­de que su gobierno efec­ti­vo ejer­za su deber de garan­ti­zar las nece­si­da­des de la pobla­ción.

«La Rela­to­ra Espe­cial sub­ra­ya que la inclu­sión de fun­cio­na­rios del Esta­do en la lis­ta de ofi­cio con­tra­di­ce la prohi­bi­ción de cas­ti­gar una acti­vi­dad que no cons­ti­tu­ye un deli­to, impi­de a los fun­cio­na­rios la posi­bi­li­dad de repre­sen­tar los intere­ses de Vene­zue­la en los tri­bu­na­les inter­na­cio­na­les y otras ins­ti­tu­cio­nes inter­na­cio­na­les, y soca­va el prin­ci­pio de igual­dad sobe­ra­na de los Esta­dos. Asi­mis­mo, seña­la que las reite­ra­das nega­ti­vas de los ban­cos de Esta­dos Uni­dos, Rei­no Uni­do y Por­tu­gal a libe­rar acti­vos vene­zo­la­nos inclu­so para la com­pra de medi­ca­men­tos, vacu­nas y kits de pro­tec­ción, bajo el con­trol de orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les, vio­la el men­cio­na­do prin­ci­pio e impi­de la capa­ci­dad de Vene­zue­la de res­pon­der a la emer­gen­cia COVID-19.

«A la Rela­to­ra Espe­cial le preo­cu­pa que las san­cio­nes selec­ti­vas uni­la­te­ra­les en su for­ma actual vio­len, como míni­mo, las obli­ga­cio­nes que se des­pren­den de los ins­tru­men­tos uni­ver­sa­les y regio­na­les en el ámbi­to de los dere­chos huma­nos, muchas de las cua­les son de carác­ter perentorio.

(…)

«El Rela­tor Espe­cial sub­ra­ya que la apli­ca­ción de la juris­dic­ción extra­te­rri­to­rial a nacio­na­les y empre­sas de ter­ce­ros Esta­dos por la coope­ra­ción con las auto­ri­da­des públi­cas, nacio­na­les y empre­sas de Vene­zue­la, y las supues­tas ame­na­zas a dichos ter­ce­ros Esta­dos, no se jus­ti­fi­ca en vir­tud del dere­cho inter­na­cio­nal y aumen­ta los ries­gos de exce­so de cum­pli­mien­to de las san­cio­nes. El Rela­tor Espe­cial obser­va con preo­cu­pa­ción las pre­sun­tas ame­na­zas a empre­sas pri­va­das y a donan­tes, socios y orga­ni­za­cio­nes huma­ni­ta­rias de ter­ce­ros países».

Lo que refle­ja que los ins­tru­men­tos de coer­ción y ame­na­zas por par­te de Washing­ton y sus socios con­tra fun­cio­na­rios vene­zo­la­nos y quie­nes comer­cien con el Esta­do vene­zo­lano son cla­ra­men­te ile­ga­les, exce­den los acuer­dos inter­na­cio­na­les y vio­lan los dere­chos huma­nos fun­da­men­ta­les de la población.

Impac­to en el dis­fru­te de los dere­chos humanos

Debi­do a todo el anda­mia­je esta­dou­ni­den­se para indu­cir una cri­sis eco­nó­mi­ca y social sobre Vene­zue­la, las con­clu­sio­nes de la Rela­to­ra Espe­cial de la ONU son con­tun­den­tes ya que «han exa­cer­ba­do la situa­ción eco­nó­mi­ca y huma­ni­ta­ria pre­exis­ten­te al impe­dir la obten­ción de ingre­sos y el uso de recur­sos para desa­rro­llar y man­te­ner la infra­es­truc­tu­ra y para los pro­gra­mas de apo­yo social, lo que tie­ne un efec­to devas­ta­dor en toda la pobla­ción de Venezuela».

Asi­mis­mo, Douhan obser­va que «las exen­cio­nes huma­ni­ta­rias exis­ten­tes son inefi­ca­ces e insu­fi­cien­tes, están suje­tas a pro­ce­di­mien­tos lar­gos y cos­to­sos, y no cubren la entre­ga de repues­tos, equi­pos y maqui­na­ria nece­sa­rios para el man­te­ni­mien­to y la res­tau­ra­ción de la eco­no­mía y los ser­vi­cios públi­cos». Es por ello que la pre­sun­ción huma­ni­ta­ria de Esta­dos Uni­dos y la Unión Euro­pea no han sido capa­ces de tra­du­cir­se en la reali­dad, sino que más bien han ser­vi­do de muni­ción pro­pa­gan­dís­ti­ca con el fin de demo­ni­zar las medi­das toma­das por el Gobierno boli­va­riano para pro­te­ger a la pobla­ción de los ata­ques eco­nó­mi­cos foráneos.

En el infor­me pre­li­mi­nar se cue­lan las preo­cu­pa­cio­nes de la inves­ti­ga­do­ra ya que la apli­ca­ción del blo­queo eco­nó­mi­co-finan­cie­ro-comer­cial impi­den «al gobierno de Vene­zue­la, a su sec­tor públi­co y a las empre­sas pri­va­das adqui­rir maqui­na­ria, repues­tos, medi­ca­men­tos, ali­men­tos, sumi­nis­tros agrí­co­las y otros bie­nes esen­cia­les, inclu­so den­tro de las licen­cias con­ce­di­das por el gobierno de los Esta­dos Uni­dos, y tam­bién dan lugar a un núme­ro cre­cien­te de dene­ga­cio­nes de trans­fe­ren­cias ban­ca­rias, a la amplia­ción de los pla­zos de las trans­fe­ren­cias ban­ca­rias (de 2 a 45 días), al aumen­to de los cos­tes de entre­ga, segu­ro y trans­fe­ren­cia ban­ca­ria, así como a las subi­das de pre­cios comu­ni­ca­das para todos los bie­nes (espe­cial­men­te los importados)».

Ade­más, el blo­queo, como se ha denun­cia­do cien­tos de veces, «se tra­du­ce en la impo­si­bi­li­dad de com­prar los equi­pos médi­cos y tec­no­ló­gi­cos nece­sa­rios, los reac­ti­vos y las pie­zas de repues­to para la repa­ra­ción y el man­te­ni­mien­to de los sis­te­mas de elec­tri­ci­dad, gas, agua, trans­por­te públi­co, telé­fono y comu­ni­ca­cio­nes, escue­las, hos­pi­ta­les, vivien­das y otras ins­ti­tu­cio­nes públi­cas, lo que menos­ca­ba el dis­fru­te de muchos dere­chos huma­nos, inclui­do el dere­cho a una vida digna».

Tam­bién se reco­no­cen los efec­tos nega­ti­vos de las medi­das coer­ci­ti­vas uni­la­te­ra­les en el aumen­to de la migra­ción, la pul­ve­ri­za­ción del sala­rio, la fal­ta de com­bus­ti­ble para el mer­ca­do interno vene­zo­lano, el des­me­jo­ra­mien­to de los ser­vi­cios bási­cos para la pobla­ción «ponen en peli­gro el ejer­ci­cio del dere­cho a la edu­ca­ción», «afec­tan el acce­so a la infor­ma­ción y la liber­tad de expre­sión» y, a su vez, «al dere­cho a la edu­ca­ción, a las liber­ta­des aca­dé­mi­cas y a los dere­chos cul­tu­ra­les, e impi­den la pres­ta­ción de ayu­da huma­ni­ta­ria» y el dere­cho a la propiedad.

Inclu­so, la Rela­to­ra Espe­cial de la ONU «obser­va que, debi­do a la nece­si­dad de garan­ti­zar las nece­si­da­des huma­nas esen­cia­les para la super­vi­ven­cia, el Gobierno habría sus­pen­di­do todos los pro­gra­mas des­ti­na­dos a alcan­zar los Obje­ti­vos de Desa­rro­llo Sostenible».

Una aco­ta­ción dis­tin­ti­va del infor­me pre­li­mi­nar tie­ne que ver con que se «reco­no­ce que las san­cio­nes selec­ti­vas y secun­da­rias vio­lan los dere­chos a un jui­cio jus­to, las garan­tías pro­ce­sa­les, la liber­tad de cir­cu­la­ción, los dere­chos de pro­pie­dad y el dere­cho a la repu­tación», adhi­rien­do que a los fun­cio­na­rios vene­zo­la­nos se les «vio­lan su dere­cho a tener y expre­sar opi­nio­nes, y a par­ti­ci­par en los asun­tos públi­cos», tra­yen­do al recuer­do el caso con­tra Alex Saab en Cabo Ver­de y las ges­tio­nes esta­dou­ni­den­ses para enjui­ciar­lo en sue­lo nor­te­ame­ri­cano, de mane­ra total­men­te ile­gal, como lo demues­tra la Rela­to­ra Espe­cial de la ONU:

«(…) seña­la que no se garan­ti­za el acce­so a la jus­ti­cia en lo que res­pec­ta a las san­cio­nes de los Esta­dos Uni­dos, espe­cial­men­te en vis­ta de las nume­ro­sas nega­ti­vas denun­cia­das por par­te de abo­ga­dos esta­dou­ni­den­ses a pre­sen­tar casos ante la OFAC debi­do a las supues­tas ame­na­zas del gobierno de los Esta­dos Uni­dos o al temor a hipo­té­ti­cas sanciones».

Es una gue­rra de exter­mino polí­ti­ca con mati­ces en los dife­ren­tes pla­nos de la vida la que ejer­ce Esta­dos Uni­dos con­tra Vene­zue­la. Estas son otras pala­bras con las que se des­cri­ben las con­clu­sio­nes del infor­me pre­li­mi­nar en este apartado:

«La Rela­to­ra Espe­cial con­clu­ye que las san­cio­nes impues­tas con­tra Vene­zue­la, sus ciu­da­da­nos y empre­sas afec­tan a las per­so­nas de Vene­zue­la y de fue­ra de su terri­to­rio, tan­to en el sec­tor públi­co como en el pri­va­do; a los nacio­na­les de ter­ce­ros paí­ses y a los emplea­dos de empre­sas de ter­ce­ros paí­ses afec­ta­dos por las san­cio­nes secun­da­rias o por el temor a las mis­mas; a los donan­tes y a las ONG huma­ni­ta­rias inter­na­cio­na­les; a los bene­fi­cia­rios de la asis­ten­cia de las orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les tra­di­cio­nal­men­te finan­cia­das por Vene­zue­la; mien­tras que las per­so­nas de bajos ingre­sos, las muje­res, los niños y las per­so­nas con nece­si­da­des espe­cia­les o con enfer­me­da­des cró­ni­cas o gra­ves son los más afec­ta­dos con res­pec­to a todo el ámbi­to de los dere­chos huma­nos, inclui­dos los dere­chos civi­les, polí­ti­cos, eco­nó­mi­cos, socia­les y cul­tu­ra­les y el dere­cho al desarrollo».

Final­men­te, con res­pec­to a las reco­men­da­cio­nes que Ale­na Douhan hace en rela­ción al blo­queo, ins­ta «a los gobier­nos del Rei­no Uni­do, Por­tu­gal y los Esta­dos Uni­dos y a los ban­cos corres­pon­dien­tes a que des­con­ge­len los acti­vos del Ban­co Cen­tral de Vene­zue­la (BCV) para adqui­rir medi­ca­men­tos, vacu­nas, ali­men­tos, equi­pos médi­cos y de otro tipo, repues­tos y otros bie­nes esen­cia­les para garan­ti­zar las nece­si­da­des huma­ni­ta­rias del pue­blo de Vene­zue­la y el res­ta­ble­ci­mien­to de los ser­vi­cios públi­cos en cola­bo­ra­ción con el PNUD y otros orga­nis­mos de las Nacio­nes Uni­das y median­te meca­nis­mos de coope­ra­ción y super­vi­sión acordados».

En ese sen­ti­do, lo que se pide es el fin del blo­queo tal como exis­te sobre Vene­zue­la. Se soli­ci­te el fin de la gue­rra con­tra un país que bus­ca supe­rar los esco­llos exis­ten­cia­les por los que atra­vie­sa actual­men­te. Este docu­men­to es un examen de con­cien­cia sobre la situa­ción de los dere­chos huma­nos en Vene­zue­la, dere­chos que son vio­la­dos por un hege­món en decan­den­cia al que solo le intere­sa su super­vi­ven­cia a cos­ta de crí­me­nes de lesa huma­ni­dad sobre una pobla­ción que tie­ne el dere­cho, asi­mis­mo, a existir.

Fuen­te: Misión Verdad

Itu­rria /​Fuen­te

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