Pen­sa­mien­to crí­ti­co. Espa­ña, ni para los españoles

Por Jose Mari Espar­za Zaba­le­gi. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 14 de febre­ro de 2021.

Es posi­ble que haya dos Espa­ñas, como decía Macha­do, pero siem­pre aflo­ró una: los mis­mos bor­bo­nes, espa­do­nes, oli­gar­cas y obis­pos, bien ceba­dos por un vasa­lla­je ser­vil de pren­sa, jue­ces, par­ti­dos y sindicatos.

A veces inten­to poner­me en la piel de un hom­bre hon­ra­do naci­do en cual­quier barria­da obre­ra de Madrid, que sue­ña y vota por una Espa­ña decen­te. Sin duda vivi­rá escan­da­li­za­do por­que su Rey, al que miró espe­ran­za­do cuan­do apro­bó la Cons­ti­tu­ción, esté seña­la­do como caco voraz y pute­ro públi­co. Y se pre­gun­ta­rá, ton­to no es, si su suce­sor y actual monar­ca no sabría nada de cuan­to ocu­rría en su pro­pio hogar, ni nun­ca vio la máqui­na con­ta­do­ra de bille­tes, ni se pre­gun­tó jamás de dón­de saca­ban sus padres tan­to ama­si­jo de pla­ta. Nues­tro buen hom­bre dedu­ci­rá que si no lo sabía, ni nun­ca vio, ni oyó, ni sos­pe­chó nada de los teje­ma­ne­jes pater­nos, demues­tra tener unas enten­de­de­ras tan ende­bles que lo inha­bi­li­tan has­ta para optar a una con­ce­ja­lía en Aldea­nue­va de Came­ros, per­do­ne su vecin­da­rio por la insi­nua­ción. Y al com­pro­bar que la gran mayo­ría de par­ti­dos espa­ño­les aplau­den a rabiar a la Monar­quía, nues­tro hom­bre, humil­de pero sagaz, dedu­ci­rá que lo hacen por­que son tal para cual. Compinches.

Ima­gino una cam­pe­si­na de la Alca­rria, toda su vida incul­can­do hon­ra­dez a su pro­le, para aca­bar vien­do a «sus» polí­ti­cos, con las manos prin­ga­das en cajo­nes y gave­tas públi­cas. Y qué dirá cual­quier autó­no­mo pro­bo de Sala­man­ca, vien­do entre­gar 50.000 millo­nes para res­ca­tar los mis­mos ban­cos que jamás tuvie­ron con él la menor misericordia.

Me ima­gino a un peón anda­luz, anta­ño niño yun­te­ro, que espe­ra­ba con la demo­cra­cia un futu­ro para su gen­te, sin tener que hacer­se guar­dia­ci­vil o depen­der toda la vida del sub­si­dio PER, el de las peo­na­das humi­llan­tes. Tras cua­ren­ta años de demo­cra­cia y socia­lis­mo anda­lu­sí, y vien­do a los seño­ri­tos con más tie­rra si cabe que antes, qui­zás se pre­gun­te si esa soli­da­ri­dad «entre espa­ño­les» que se exi­ge uni­di­rec­cio­nal­men­te a cata­la­nes y vas­cos (que no pade­cen lati­fun­dios, val­ga recor­dar) no esta­rá des­ti­na­da a miti­gar el paro endé­mi­co de esas pro­vin­cias escla­vi­za­das para, en defi­ni­ti­va, garan­ti­zar la paz social en las pro­pie­da­des de los duques de Alba y tan­tos otros guillotinables.

Me ape­nan esas bue­nas gen­tes de Redes Cris­tia­nas y Comu­ni­da­des Cris­tia­nas Popu­la­res, aver­gon­za­das al ver sus obis­pos como fora­ji­dos, roban­do bie­nes públi­cos a los pue­blos con el ardid de las inma­tri­cu­la­cio­nes y escan­da­li­zan­do a los cre­yen­tes hon­ra­dos con su hipo­cre­sía. Y cuan­do el nue­vo Gobierno «pro­gre­sis­ta» pro­me­tía que iba a encen­der la luz sobre el mayor robo de la His­to­ria de Espa­ña, resul­ta que optan por callar, ocul­tar los datos, hacer­se cóm­pli­ces por­que, en el fon­do, todos tie­nen una tra­pa­ce­ría que ocultar.

Y qué decir de los millo­nes de espa­ño­les que per­die­ron la gue­rra, cre­yen­tes en la Tran­si­ción modé­li­ca, que pen­sa­ban vivir en una demo­cra­cia y, de pron­to, des­cu­bren que el Ejér­ci­to y la Poli­cía, que diz­que esta­ban para defen­der­les, están col­ma­dos de fas­cis­tas que anun­cian su fusi­la­mien­to, en tan­das de 26 millo­nes, en aras a lo mis­mo por lo que fusi­la­ron a sus abue­los: exter­mi­nar el rojoseparatismo.

Es posi­ble que haya dos Espa­ñas, como decía Macha­do, pero siem­pre aflo­ró una: los mis­mos bor­bo­nes, espa­do­nes, oli­gar­cas y obis­pos, bien ceba­dos por un vasa­lla­je ser­vil de pren­sa, jue­ces, par­ti­dos y sin­di­ca­tos. Una Espa­ña «de ladi­nos y fan­to­ches, cuya leyen­da negra es su pro­pia his­to­ria», dijo Valle-Inclán.

Por eso es tan tris­te ser espa­ñol en Espa­ña: por­que no tie­nen esca­pa­to­ria. Un vas­co, un galle­go, un cata­lán, un cana­rio, inclu­so un patrio­ta anda­luz, pue­de sopor­tar el car­net de iden­ti­dad espa­ñol por­que tie­ne una ilu­sión y un plan de futu­ro en el bol­si­llo. Se sien­te libre por­que escu­cha el rui­do de sus cade­nas cuan­do se movi­li­za. Cono­ce su opre­sión y espe­ra su hora aga­za­pa­do, «en el sur­co, como el ara­do espe­ra», has­ta que opta por zafar­se y se levan­ta –Cata­lun­ya ayer– con los suyos, su cla­se y su pai­sa­na­je, bus­can­do un aco­mo­do más ami­ga­ble en el mun­do. Ya seña­la­ron los clá­si­cos que el pri­mer paso hacia la soli­da­ri­dad inter­na­cio­na­lis­ta es la pro­pia libe­ra­ción nacional.

Hoy, en el Esta­do espa­ñol, ser inde­pen­den­tis­ta es más que una legí­ti­ma opción polí­ti­ca: es un acto de dig­ni­dad colec­ti­va, una rebel­día liber­ta­ria, una espe­ran­za social. Más aún, es la mejor for­ma de ser soli­da­rio con los espa­ño­les que anhe­lan zafar­se del yugo que arras­tran des­de gene­ra­cio­nes y que, pese a lo que soña­ra Miguel Her­nán­dez, no tie­ne nin­gún viso de cam­biar den­tro de la jau­la esta­tal. Más cer­te­ro andu­vo el galle­go Cas­te­lao, para quien Espa­ña era la antí­te­sis de Repú­bli­ca, jus­ti­cia social, demo­cra­cia, lai­cis­mo y decen­cia polí­ti­ca. «Cuan­to antes sean libres uste­des, antes lo sere­mos noso­tros», nos dijo un diri­gen­te del Sin­di­ca­to de Obre­ros del Cam­po anda­luz hace tiem­po. En ello anda­mos, cada día más gen­te. Y es que esta Espa­ña no la mere­cen ni los españoles.

Fuen­te: Gara

Itu­rria /​Fuen­te

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