Nica­ra­gua. Entre las tor­men­tas de ham­bre, con­ti­núa la resis­ten­cia en el Cari­be Norte

Por Julio López. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 14 de febre­ro de 2021.

La pan­de­mia del Covid 19, los hura­ca­nes Eta e Iota, la insu­fi­cien­te res­pues­ta guber­na­men­tal suma­da a los des­pla­za­mien­tos for­zo­sos por la inva­sión de colo­nos, han azo­ta­do los sis­te­mas de pro­duc­ción ali­men­ta­ria que se nie­gan a des­apa­re­cer en los terri­to­rios indí­ge­nas de la Cos­ta Cari­be Nor­te de Nicaragua.

El Plan Nacio­nal de Pro­duc­ción, Con­su­mo y Comer­cio de Nica­ra­gua, ciclo 2020 – 2021, pre­sen­ta­do el 28 de mayo de 2020 por el titu­lar del Minis­te­rio Agro­pe­cua­rio, Edward Cen­teno, se pro­pu­so sem­brar 1 millón 50,000 hec­tá­reas de gra­nos bási­cos: maíz blan­co (333,200 hec­tá­reas), fri­jol rojo (79,100 hec­tá­reas), arroz de rie­go (69,300 hec­tá­reas) y arroz de secano (650 quintales).

Según Cen­teno, este plan garan­ti­za la “Segu­ri­dad Ali­men­ta­ria y Nutri­cio­nal”, con las fina­li­da­des de que las fami­lias ten­gan acce­so a “ali­men­tos sanos, ino­cuos y segu­ros”, garan­ti­zar el abas­te­ci­mien­to nacio­nal y avan­zar en las expor­ta­cio­nes de pro­duc­tos como café, car­ne y pro­duc­tos lácteos. 

No obs­tan­te, el plan del gobierno no tomó en cuen­ta la adver­ten­cia de que la Covid 19 está ponien­do en peli­gro los “sis­te­mas ali­men­ta­rios” en el mun­do, tam­po­co men­cio­na las medi­das a tomar con rela­ción a la pan­de­mia. Antes de la COVID-19, según la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das para la Ali­men­ta­ción y la Agri­cul­tu­ra (FAO), el ham­bre seguía en aumen­to. En 2019, casi 690 millo­nes de per­so­nas pasa­ron ham­bre. De acuer­do con el Esta­do de la Segu­ri­dad Ali­men­ta­ria y la Nutri­ción en el mun­do 2020, la pan­de­mia pudo haber lle­va­do a otros 130 millo­nes de per­so­nas a sufrir de ham­bre cró­ni­ca en 2020. En Amé­ri­ca Lati­na, cer­ca de 14 millo­nes de per­so­nas esta­ban en con­di­ción de “inse­gu­ri­dad ali­men­ta­ria agu­da”. De ellas, 4.5 millo­nes son de Cen­troa­mé­ri­ca, seña­la el infor­me de Oxfam “Aquí lo que hay es ham­bre – Ham­bre y pan­de­mia en Cen­troa­mé­ri­ca y Venezuela”. 

De acuer­do con el mapa de Pre­do­mi­nio de Des­nu­tri­ción (POU), por sus siglas en inglés, de la FAO, Nica­ra­gua es el ter­cer país de Cen­troa­mé­ri­ca que, en 2019, pre­sen­tó el mayor núme­ro de per­so­nas con des­nu­tri­ción (1,1 millo­nes), sólo atrás de Hon­du­ras (1,3 millo­nes) y Gua­te­ma­la (2,8 millones). 

El Plan Estra­té­gi­co para Nica­ra­gua 2019 – 2023 del Pro­gra­ma Mun­dial de Ali­men­tos (PMA) ges­tio­na­do por la Orga­ni­za­ción de Nacio­nes Uni­das (ONU), reco­no­ce que Nica­ra­gua había logra­do un cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co sos­te­ni­do en los últi­mos cin­co años ‑antes de 2018- y una reduc­ción en la pre­va­len­cia de la pobre­za que, en 2014 se situa­ba en apro­xi­ma­da­men­te el 30 % y de la pobre­za extre­ma situa­da en el 8 %. Sin embar­go, aler­ta que los bajos ingre­sos, el pre­do­mi­nio del empleo infor­mal, la fra­gi­li­dad socio­eco­nó­mi­ca, las des­igual­da­des de géne­ro, el cam­bio cli­má­ti­co y los even­tos natu­ra­les siguen ame­na­zan­do la segu­ri­dad ali­men­ta­ria. Agre­ga que, Nica­ra­gua sigue sien­do uno de los paí­ses más pobres de la región, con una pobre­za que afec­ta en par­ti­cu­lar a los meno­res de 17 años. Ade­más, pre­vé que, debi­do al aumen­to de la ines­ta­bi­li­dad social, Nica­ra­gua se enfren­ta aho­ra a una rece­sión eco­nó­mi­ca, que pue­de lle­var a un aumen­to de la pobre­za y ame­na­zar los medios de sub­sis­ten­cia de las per­so­nas más vulnerables.

Para cum­plir las metas del Plan Nacio­nal de Pro­duc­ción, Con­su­mo y Comer­cio del ciclo 2020 – 2021, las auto­ri­da­des agro­pe­cua­rias nica­ra­güen­ses cen­tra­ban sus espe­ran­zas en un buen invierno. Sin embar­go, los hura­ca­nes Eta e Iota, arra­sa­ron con estas expec­ta­ti­vas. Un infor­me pre­li­mi­nar del Gobierno de Nica­ra­gua, pre­sen­ta­do por Denis Mon­ca­da, can­ci­ller de Nica­ra­gua e Iván Acos­ta, minis­tro de Hacien­da y Cré­di­to Públi­co (MHCP), esti­ma que los hura­ca­nes oca­sio­na­ron daños por 742 millo­nes de dóla­res. Las pér­di­das en el sec­tor pro­duc­ti­vo aún no han sido cuan­ti­fi­ca­das, pero sólo en el sec­tor pes­que­ro, se esti­man en casi 20 millo­nes de dólares.

Sem­brar para repo­ner­se de los huracanes

La Cos­ta Cari­be Nor­te es una de las dos regio­nes autó­no­mas de Nica­ra­gua, cuen­ta con una super­fi­cie de 33,106 kiló­me­tros cua­dra­dos. Su cabe­ce­ra regio­nal es Puer­to Cabe­zas. Es una región mul­ti­lin­güe y mul­ti­cul­tu­ral, habi­ta­da mayo­ri­ta­ria­men­te por mis­ki­tos y mayag­na con una cos­mo­vi­sión pro­pia en su rela­ción con el medio ambien­te. Cuen­ta con un gobierno regio­nal y auto­ri­da­des comu­na­les. Acá la pro­pie­dad de la tie­rra es colec­ti­va. Viven de la agri­cul­tu­ra de auto­con­su­mo, la casa y la pesca.

El Cari­be Nor­te de Nica­ra­gua es una zona rica en recur­sos natu­ra­les: bos­ques, mares, sue­los, tie­rras, ríos y, mine­ra­les. A pesar de esto, es una de las regio­nes más pobres de Nica­ra­gua y alta­men­te vul­ne­ra­ble a even­tos natu­ra­les como los huracanes.

El Plan estra­té­gi­co para Nica­ra­gua (2019−2023) del PMA mani­fies­ta que, las tasas de pobre­za son ele­va­das en la zona cen­tral, en la Región Autó­no­ma de la Cos­ta Cari­be Nor­te (RACCN) y la Región Autó­no­ma de la Cos­ta Cari­be Sur (RACCS). Los gru­pos indí­ge­nas mayag­na, mis­ki­tos, ramas, creo­les y garí­fu­nas repre­sen­tan el 9% de la pobla­ción e his­tó­ri­ca­men­te han vivi­do el aban­dono del Esta­do. El Cari­be nica­ra­güen­se cuen­ta con un régi­men de auto­no­mía que, en la prác­ti­ca, ha sido soca­va­da por el Gobierno Cen­tral, según el tex­to de Dole­ne Miller y Pablo Gui­llén, “Auto­no­mía de las regio­nes de la Cos­ta Cari­be de Nica­ra­gua (1987−2019)”.

El Cari­be Nor­te que­dó sumer­gi­do en la incer­ti­dum­bre tras el impac­to de los hura­ca­nes Eta (3 de noviem­bre, cate­go­ría 4) e Iota (16 de noviem­bre, cate­go­ría 5), dejan­do des­truí­da sus redes de pro­duc­ción ali­men­ta­rias. Ambos hura­ca­nes toca­ron tie­rra en el lito­ral sur del Cari­be Nor­te, gol­pean­do a las comu­ni­da­des de Wawa Bar, Hau­lo­ver y Woun­ta. Tam­bién cau­só daños en Puer­to Cabe­zas, Yulú, San­gni­la­ya, Fran­cia Sir­pi, Was­pam y otras comu­ni­da­des del Trián­gu­lo Mine­ro (Siu­na, Rosi­ta y Bonanza). 

Hau­lo­ver es una comu­ni­dad cos­te­ra for­ma­da por una barra de tie­rra ubi­ca­da entre el Mar Cari­be y la Lagu­na de Hau­lo­ver. Los comu­ni­ta­rios la des­cri­ben como un lugar para­di­sía­co, con árbo­les de coco a lo lar­go de la cos­ta y en los patios de las casas de tam­bo, cons­trui­das con made­ra. Es uno de los prin­ci­pa­les des­ti­nos turís­ti­cos del Cari­be Nor­te. Las fami­lias de esta comu­ni­dad mis­ki­ta se dedi­can prin­ci­pal­men­te a la pes­ca arte­sa­nal y a la agri­cul­tu­ra fami­liar. Esta com­bi­na­ción de agua y tie­rra les gene­ra gran diver­si­dad ali­men­ta­ria. Pero, con el paso de los hura­ca­nes Eta e Iota, Hau­lo­ver ya no es la mis­ma, que­dó total­men­te des­trui­da. Las casas y los cocos fue­ron arra­sa­dos. La comu­ni­dad que­dó par­ti­da en dos, aho­ra un caño une a la lagu­na con el mar. A pesar de ser una zona pro­pen­sa a los hura­ca­nes, sus fami­lias han empe­za­do a regre­sar de los refu­gios para recons­truir­la y recu­pe­rar sus medios de vida.

New Gallery 2021/​1/​26

Jomary Budier, de 23 años, recons­tru­ye su casa con latas y made­ra. Hace una pau­sa y acep­ta con­ver­sar. Dice que la base prin­ci­pal de la ali­men­ta­ción en Hau­lo­ver es la yuca, todo lo que pro­du­cen es para el con­su­mo de la casa. “En febre­ro sem­bra­mos con mi fami­lia unas yucas, pero el hura­cán se lo lle­vó todo. Mi papá fue a ver el cul­ti­vo cuan­do ter­mi­nó el hura­cán Eta y dijo que no que­dó nada, que lo per­di­mos todo”.

En la lagu­na y el mar, tenían otras fuen­tes de ali­men­ta­ción. No obs­tan­te, la diná­mi­ca de la pes­ca tam­bién cam­bió, no sólo por­que los hura­ca­nes arra­sa­ron con sus botes y chin­cho­rros. El eco­sis­te­ma sufrió alte­ra­cio­nes y los peces han migra­do a otros luga­res, deján­do­les sin posi­bi­li­dad de pes­car en las zonas don­de habi­tual­men­te lo hacían. Las comu­ni­da­des bus­can repo­ner­se, han empe­za­do a sem­brar arbo­les de cocos por­que no pue­den fal­tar en las cos­tas y en los patios de sus casas. Onda Local visi­tó estas comu­ni­da­des lue­go del pri­mer hura­cán (Eta) y pudo com­pro­bar que, ante la fal­ta de agua lim­pia, bebían agua de coco. Ade­más, deman­dan al gobierno cen­tral les apo­ye para recu­pe­rar sus herra­mien­tas de pesca.

En Woun­ta Bar, la pes­ca es la prin­ci­pal fuen­te de ali­men­ta­ción. Foto: Julio López

En la comu­ni­dad cos­te­ra mis­ki­ta de Woun­ta Bar, aun­que fue menos afec­ta­das que Hau­lo­ver, tam­bién pasan ham­bre. Las fami­lias casi no tie­nen nada para comer. Hacen un tiem­po de comi­da. Sobre­vi­ven con la poca ayu­da que les ha lle­ga­do de par­te de algu­nas orga­ni­za­cio­nes. Los hura­ca­nes tam­bién arrui­na­ron sus ins­tru­men­tos de pes­ca. “Antes saca­ba bas­tan­te pes­ca­do. Con ata­rra­ya y chin­cho­rro sacá­ba­mos bas­tan­te pes­ca­do, cha­ca­li­nes. Pero el hura­cán se lle­vó todo y no hay nada”, ase­gu­ra Manuel Andrews, comu­ni­ta­rio de Wounta.

Manuel, de 60 años, es ori­gi­na­rio de Prin­za­pol­ka, Cari­be Nor­te. Des­de hace 35 años vive en Woun­ta Bar. La pes­ca arte­sa­nal es su prin­ci­pal fuen­te de ali­men­ta­ción. El idio­ma de Manuel es el mis­ki­to, y ama­ble­men­te nos habla en espa­ñol para rela­tar que su vida y la de su fami­lia ya no es igual des­pués de los hura­ca­nes. Él cul­ti­va­ba yuca; y sobre el bor­de del río tenía sem­bra­do gui­neos, que­quis­ques y malan­gas. En la par­te más alta, arroz. “El hura­cán se lle­vó todo. Ya no pode­mos sacar ni un peda­ci­to de yuca, todo se pudrió”, dice Manuel.

Manuel Andrews, pobla­dor de la comu­ni­dad de Woun­ta, Cos­ta Cari­be Nor­te. Foto: Cris­topher Mendoza

Des­de el bote se obser­va una pun­ta de tie­rra que­ma­da. Es par­te de lo que que­dó de la comu­ni­dad mis­ki­ta de Wawa­bar, seve­ra­men­te afec­ta­da por los hura­ca­nes. Los comu­ni­ta­rios afir­man que ahí era el lugar don­de cul­ti­va­ban papa­ya, arroz, fri­jo­les, yuca, gui­neo, que­quis­que, entre otros pro­duc­tos de con­su­mo local. El nivel del mar cre­ció al pun­to de que las olas inun­da­ron los cul­ti­vos. Las cose­chas se per­die­ron y el nivel de sal en la tie­rra difi­cul­ta reto­mar la pro­duc­ción. La comu­ni­dad tie­ne la espe­ran­za que con las llu­vias se dis­mi­nu­ya la can­ti­dad de sal y el lugar vuel­va a ser apto para cul­ti­var. Mien­tras tan­to, explo­ran otros terre­nos para sembrar.

“Mien­tras no ten­gan ayu­da de par­te del gobierno y de las igle­sias o de la socie­dad civil, no van a poder sobre­lle­var esta situa­ción tan difí­cil aho­ri­ta, por­que todas las fin­cas o plan­ta­cio­nes han sido afec­ta­das”, seña­la la soció­lo­ga Arely Barbeito.

Los cul­ti­vos tam­bién fue­ron devas­ta­dos total­men­te en las comu­ni­da­des situa­das al nor­te del muni­ci­pio de Puer­to Cabe­zas. “No tene­mos espe­ran­za aho­ri­ta de poder sacar algo de nues­tras par­ce­las para poder ali­men­tar­nos, gene­rar ingre­sos y sol­ven­tar otras nece­si­da­des que tene­mos. En las par­ce­las todo lo que tenía­mos sem­bra­do ha sido daña­do: los plá­ta­nos, los bana­nos, han sido tum­ba­dos, daña­dos y ya no hay como vol­ver a reha­bi­li­tar eso, por­que nece­si­ta­mos aho­ra el mate­rial para vol­ver a sem­brar”, dice Pater­son Dixon, pro­mo­tor de salud de la comu­ni­dad mis­ki­ta de Yulú.

Peter­son Dixon, comu­ni­ta­rio de Yulú, en su par­ce­la de arroz y fri­jo­les. Foto: Julio López

En esta comu­ni­dad viven de la agri­cul­tu­ra. Los gra­nos bási­cos como arroz, fri­jol, maíz; la pro­duc­ción de musá­ceas: plá­ta­nos, bana­nos, jun­to a la yuca, que­quis­que, malan­ga y algu­nos fru­ta­les, son el sos­tén de su sobe­ra­nía ali­men­ta­ria. Pro­du­cen para el con­su­mo fami­liar y el comer­cio local, lo que les per­mi­te acce­der a otros pro­duc­tos de con­su­mo bási­co como azú­car, acei­te, entre otros. Pero des­pués de los hura­ca­nes toda esa diná­mi­ca ha sido afec­ta­da, expli­ca Este­la Ideen Praia, par­te­ra de la comu­ni­dad de Yulú. “La yuca uno pue­de ir a arran­car y todo está podri­do. Ni los ani­ma­les quie­ren con­su­mir de eso, por­que ya está daña­do. Los plá­ta­nos todos están tumbados”.

Las yucas se pudrie­ron lue­go de los hura­ca­nes Eta e Iota Foto /​Julio López

En Yulú, lamen­tan la fal­ta de ayu­da ali­men­ta­ria de par­te del gobierno y orga­nis­mos de coope­ra­ción, la poca que han reci­bi­do es insu­fi­cien­te ya que las fami­lias son nume­ro­sas. “Han dado apo­yo a otras comu­ni­da­des, no tan­to aquí, hemos reci­bi­do tres veces, pero la ali­men­ta­ción es por 10 días. En cada casa hay has­ta 10 per­so­nas”, refie­re Pater­son Dixon.

Este­la, agre­ga que la poca ayu­da que han reci­bi­do ha sido por par­te del Sis­te­ma Nacio­nal para la Pre­ven­ción, Miti­ga­ción y Aten­ción de Desas­tres (SINAPRED), el Pro­gra­ma Mun­dial de Ali­men­tos (PMA) y de algu­nas orga­ni­za­cio­nes que les han lle­va­do diez libras de arroz, nue­ve de fri­jo­les. La pro­vi­sión entre­ga­da, se las han dado para una sema­na, agre­ga. Pero hay vivien­das don­de viven de 10 a 15 per­so­nas. Lo que les han dado ape­nas da para tres días por­que no tie­nen ni yuca ni plá­ta­nos para acom­pa­ñar y que la pro­vi­sión les rin­da más.

Este­la Ideen, comu­ni­ta­ria de Yulú, Cos­ta Cari­be Nor­te Foto /​Saul Donaire

Las par­ce­las están dis­tan­tes de la comu­ni­dad de Yulú, para lle­gar a ellas se debe cami­nar has­ta tres horas; por aho­ra son inac­ce­si­bles debi­do a la can­ti­dad de árbo­les caí­dos. Por eso, deman­dan al gobierno, les pro­por­cio­ne moto­sie­rras para abrir los caminos.

Este­la seña­la que el gobierno, a tra­vés del Ins­ti­tu­to Nica­ra­güen­se de Tec­no­lo­gía Agro­pe­cua­ria, INTA, les ha pro­por­cio­na­do has­ta 20 libras de semi­lla de fri­jol para reac­ti­var la pro­duc­ción de apan­te, un perío­do espe­cial de cul­ti­vo que se rea­li­za entre el 15 de noviem­bre y el 15 de diciem­bre. Los ali­men­tos que se cul­ti­van duran­te la siem­bra de apan­te son prin­ci­pal­men­te: fri­jo­les, maíz y hor­ta­li­zas. La cose­cha de apan­te sale en los meses de mar­zo y abril. Des­pués de los efec­tos devas­ta­do­res de los hura­ca­nes, la cose­cha de apan­te se ve con espe­ran­za, pero en las comu­ni­da­des del Cari­be Nor­te no hay muchas expec­ta­ti­vas debi­do a la fal­ta de semi­lla y por la difi­cul­tad de acce­so a las par­ce­las. “Como fue­ron tan­tos los daños, no hay acce­so a las par­ce­las. Tene­mos que meter moto­sie­rra para abrir camino por­que hay palos cru­za­dos que no dejan tener acce­so hacia eso”, dice Estela.

José Gómez, téc­ni­co del Ins­ti­tu­to de Inves­ti­ga­ción y Ges­tión Social (INGES), orga­ni­za­ción que ha impul­sa­do los huer­tos diver­si­fi­ca­dos y bio­fin­cas, con el lide­raz­go de las muje­res seña­la que apro­xi­ma­da­men­te el 80% de la pro­duc­ción en el cari­be nor­te es para con­su­mo de las fami­lias. El res­to se ven­de en Puer­to Cabe­zas para garan­ti­zar otros ali­men­tos que no son pro­du­ci­dos en las comu­ni­da­des. “Con los hura­ca­nes, las fami­lias se que­da­ron sin semi­lla para vol­ver a sem­brar y tra­ba­jar en el siguien­te ciclo pro­duc­ti­vo (apan­te). Por fal­ta de semi­lla aho­ra están con los bra­zos cru­za­dos. Es una situa­ción que vie­ne a afec­tar seria­men­te la sobe­ra­nía ali­men­ta­ria”, seña­la Gómez.

En Yulú, la par­ce­la de Pater­son Dixon es una de las más cer­ca­nas. Está ubi­ca­da a unos cin­co kiló­me­tros de su casa. Para lle­gar se debe atra­ve­sar un camino fan­go­so. Pater­son ha empe­za­do a sem­brar fri­jo­les, maíz y yuca. Al lle­gar a su par­ce­la, mues­tra una mati­ta de fri­jol. Para él ger­mi­na la espe­ran­za de poder cose­char algo en los meses de mar­zo y abril. Pero, en su comu­ni­dad no todos tie­nen esa posi­bi­li­dad, afirma.

En la par­ce­la de Peter­son Dixon, el fri­jol empie­za a nacer. Foto /​Julio López

Vale­ria Manuel Pitt, es juez segun­da en la estruc­tu­ra comu­ni­ta­ria de San­gni­la­ya, comu­ni­dad Mis­ki­tu del Cari­be Nor­te. Esta comu­ni­dad vive de la agri­cul­tu­ra y no esca­pó a las afec­ta­cio­nes de los hura­ca­nes, todos los cul­ti­vos fue­ron daña­dos, manifiesta.

“Tra­ba­ja­mos prin­ci­pal­men­te con gra­nos bási­cos: fri­jo­les, maíz, arroz; tam­bién piji­bay, agua­ca­tes, man­go, peras; musá­ceas como plá­tano, banano, gui­neos fili­pi­tas y cua­dra­do. Yuca que la sem­bra­mos en gran medi­da y tam­bién malan­ga y que­quis­que. Todo ha sido afec­ta­do, dañado”.

Vale­ria Pitt, Jue­za segun­da de la comu­ni­dad de San­gni­la­ya. Foto /​Saul Donaire

Las fami­lias no cuen­tan con semi­llas de fri­jol, maíz y arroz. El gobierno apo­yó con un poco de semi­llas, pero no todas las fami­lias reci­bie­ron. Ade­más, las semi­llas no ger­mi­na­ron total­men­te, expre­sa Vale­ria. “El pro­ble­ma serio que tene­mos aho­ra con las semi­llas, nece­si­ta­mos el mate­rial vege­ta­ti­vo de yuca, que­quis­que y plá­tano. Hace­mos el lla­ma­do como comu­ni­dad, como líder comu­ni­ta­ria al gobierno que nos apo­ye con la semi­lla y el mate­rial vege­ta­ti­vo que sem­bra­mos en la comunidad”.

Igual pro­ble­má­ti­ca viven en la comu­ni­dad Segu­ra, terri­to­rio de Bil­was­kar­ma, Was­pam. Esta comu­ni­dad es fron­te­ri­za con Hon­du­ras y la mayor par­te de las fami­lias tra­ba­jan del otro lado del Río Coco. Alfre­do Tole­do es anciano de la comu­ni­dad, cuen­ta que los hura­ca­nes no cau­sa­ron tan­tos daños en las vivien­das, pero sí en los cul­ti­vos. “Todo lo que sem­bra­mos acá ha sido afec­ta­do en su tota­li­dad por las inun­da­cio­nes. Los árbo­les fru­ta­les han sido daña­dos. Aquí tene­mos 252 fami­lias, más de 900 habi­tan­tes. Las fami­lias siem­bran de una a tres hec­tá­reas. Sem­bra­mos plá­tano, banano, gui­neo feli­pi­ta, yuca, que­quis­que, malan­ga, arroz, fri­jol y maíz, principalmente”. 

Alfre­do Tole­do, anciano de la comu­ni­dad Segu­ra, terri­to­rio de Bil­was­kar­ma, Was­pam. Foto /​Saul Donaire

En noviem­bre y diciem­bre siem­bran fri­jol y maíz. Este ciclo, no pudie­ron sem­brar por­que los sue­los siguen inun­da­dos y lodo­sos. “Hay par­te que toda­vía tie­ne agua, por lo tan­to, no pode­mos ni siquie­ra tra­ba­jar y has­ta el día de hoy sigue lloviendo”.

En 2019 tam­bién hubo afec­ta­cio­nes en los cul­ti­vos de fri­jol y las fami­lias no saca­ron semi­lla. “Tene­mos serios pro­ble­mas con la dis­po­ni­bi­li­dad de semi­lla. El INTA nos apo­yó con cier­ta can­ti­dad de semi­lla de fri­jol (20 libras), mache­te y botas de hule, pero has­ta el momen­to no hemos podi­dos sem­brar por­que los terre­nos siguen inun­da­dos, algu­nos han pro­ba­do y las semi­llas no todas ger­mi­nan”. Con la semi­lla entre­ga­da, dice Alfre­do, ape­nas logran sem­brar una tarea, equi­va­len­te a “0.2 hectáreas”.

Tole­do agre­ga que su comu­ni­dad no hay tra­ba­jo. Todas las fami­lias se dedi­can a la agri­cul­tu­ra para gene­rar ali­men­ta­ción e ingre­sos eco­nó­mi­cos. “Con la ven­ta de fri­jol, com­pra­mos la ropa de los niños, para el cole­gio y com­prar el res­to de la comi­da que no pro­du­ci­mos en la comunidad”.

En esta comu­ni­dad, algu­nas fami­lias acos­tum­bran el cul­ti­vo en los patios de sus casas. Siem­bran gui­neos, cocos, malan­gas, que­quis­ques, ayo­tes, entre otros productos.

En el terri­to­rio de Bil­was­kar­ma, Was­pam, algu­nas fami­lias han imple­men­ta­do estos huer­tos de patio. Foto/​Saul Donaire
La res­pues­ta del gobierno 

Nica­ra­gua cuen­ta con la Estra­te­gia Nacio­nal de Pro­mo­ción de la Agri­cul­tu­ra Fami­liar para la Segu­ri­dad Ali­men­ta­ria y Nutri­cio­nal 2019 – 2021. Como su nom­bre lo indi­ca está enfo­ca­da en la segu­ri­dad ali­men­ta­ria y no en la sobe­ra­nía ali­men­ta­ria, esta últi­ma enten­di­da como el dere­cho de las comu­ni­da­des a pro­du­cir sus pro­pios ali­men­tos, lo cual impli­ca prio­ri­zar la pro­duc­ción local, garan­ti­zar el acce­so a la tie­rra, al agua, a la semi­lla y al cré­di­to. Tam­bién tie­ne que ver con el dere­cho de las per­so­nas con­su­mi­do­ras a poder deci­dir lo qué quie­ren con­su­mir, cómo y quién se lo produce.

Según la estra­te­gia del gobierno, la agri­cul­tu­ra de las fami­lias nica­ra­güen­ses repre­sen­ta un com­po­nen­te impor­tan­te en la segu­ri­dad ali­men­ta­ria y nutri­cio­nal, por su apor­te sig­ni­fi­ca­ti­vo en la pro­duc­ción de ali­men­tos para el auto­con­su­mo y la gene­ra­ción de ingresos.

Con esta estra­te­gia, el gobierno bus­ca ampliar la pro­duc­ción para mejo­rar la dis­po­ni­bi­li­dad de ali­men­tos, pro­mo­ver hábi­tos de con­su­mo sanos y nutri­ti­vos en las fami­lias, así como la gene­ra­ción de ingre­sos a par­tir de la comer­cia­li­za­ción de los exce­den­tes de la pro­duc­ción. Aña­de que, los cul­ti­vos a pro­mo­ver son ricos en pro­teí­nas, vita­mi­nas, fibras, cal­cio y hie­rro para una nutri­ción ade­cua­da, de tal mane­ra que garan­ti­za una ali­men­ta­ción diver­si­fi­ca­da, así como el empren­de­du­ris­mo en el mode­lo de eco­no­mía crea­ti­va para apren­der, empren­der y prosperar.

Los cul­ti­vos prio­ri­za­dos en la estra­te­gia son: arroz, fri­jol, maíz, yuca, sor­go, nopal, ojo­che, ama­ran­to, semi­llas jíca­ro, maran­go, camo­te y ajon­jo­lí. Tam­bién prio­ri­za la siem­bra y pro­duc­ción de hor­ta­li­zas de hojas como espi­na­cas, acel­ga, mos­ta­za chi­na, apio, lechu­ga y repollo.

La estra­te­gia tam­bién con­tem­pla la crian­za y mane­jo en pro­duc­ción de espe­cies meno­res como galli­nas, chom­pi­pes, patos, codor­ni­ces, ove­jas, cabros, por­ci­nos, garro­bos y cone­jos, para pro­mo­ver el con­su­mo de pro­teí­na de ori­gen animal.

La estra­te­gia con­tem­pla cua­tro líneas de acción:

  1. For­ta­le­cer la agri­cul­tu­ra fami­liar diver­si­fi­can­do la pro­duc­ción con ali­men­tos nutritivos
  2. Pro­mo­ción de tec­no­lo­gías según las zonas productivas.
  3. Pro­ce­sa­mien­to y con­ser­va­ción de cultivos
  4. Pro­mo­ción de con­su­mo de ali­men­tos sanos y nutritivos.

El pasa­do 11 de enero, Daniel Orte­ga con­me­mo­ró sus 14 años con­se­cu­ti­vos en el poder. Ese día, anun­ció sus pla­nes con rela­ción al sec­tor pro­duc­ti­vo, con­fir­man­do así su apo­yo a la agro­in­dus­tria y a la cade­na de comer­cia­li­za­ción a nivel nacio­nal y regio­nal. Entre los pro­gra­mas anun­cia­dos men­cio­nó el de mejo­ra­mien­to gené­ti­co de la pobla­ción bovi­na (gana­do) y por­ci­na (cer­dos), for­ta­le­cer la pro­duc­ción de pas­to para mejo­rar la nutri­ción y el ren­di­mien­to del gana­do, recu­pe­rar y reac­ti­var la pes­ca, reha­bi­li­tan­do la infra­es­truc­tu­ra, cade­na de frío y equi­pa­mien­to para la pes­ca, aco­pio y comer­cia­li­za­ción. La flo­ta pes­que­ra, el labo­ra­to­rio de peces de agua dul­ce en San Car­los, Río San Juan, pro­duc­ción acuí­co­la, plan de peces para la vida y habi­li­ta­ción de fon­dos para reac­ti­va­ción pro­duc­ti­va, fue­ron los otros pro­yec­tos anun­cia­dos por Ortega.

Con rela­ción a los pro­yec­tos pro­duc­ti­vos men­cio­nó la pro­duc­ción de semi­llas de gra­nos bási­cos como fri­jo­les, arroz, maíz. Ade­más de hor­ta­li­zas y cítri­cos. Asi­mis­mo, habló de un pro­yec­to para for­ta­le­cer las capa­ci­da­des de expe­ri­men­ta­ción y trans­fe­ren­cia de tec­no­lo­gías agro­pe­cua­ria para la Cos­ta Cari­be, for­ta­le­ci­mien­to del sis­te­ma de vigi­lan­cia sani­ta­ria agro­pe­cua­ria a tra­vés de las MiPy­mes del cam­po y la ciu­dad, el pro­gra­ma patio salu­da­ble, pro­gra­ma de pro­duc­ción de hue­vo en peque­ñas gran­jas aví­co­las y mejo­ra­mien­to gené­ti­co de aves. “Todo esto invo­lu­cra a miles y miles de fami­lias del cam­po y tam­bién a algu­na gen­te que se encuen­tra en las zonas peri­fé­ri­cas de las ciu­da­des”, men­cio­nó Orte­ga, sin dar datos con­cre­tos sobre el núme­ro de per­so­nas bene­fi­cia­rias ni de los luga­res espe­cí­fi­cas de intervención.

Pro­duc­ción en tie­rras comu­na­les en medio de la violencia

En Nica­ra­gua, sie­te de cada diez pro­duc­to­res no cuen­tan con recur­sos sufi­cien­tes para pro­du­cir. Las tie­rras son aca­pa­ra­das para el fomen­to de la pro­duc­ción agro­in­dus­trial y gana­de­ra. Sel­mi­ra Flo­res, direc­to­ra del Pro­gra­ma de Inves­ti­ga­ción y Desa­rro­llo del Ins­ti­tu­to Nitla­pan de la UCA, expli­ca que exis­te una enor­me des­igual­dad en el acce­so a la tie­rra, pese a la refor­ma agraria.

“Hay todo un pro­ce­so de con­cen­tra­ción y de aca­pa­ra­mien­to de tie­rras y de des­po­jo de la tie­rra de fami­lias cam­pe­si­nas, de pue­blos indí­ge­nas o de fami­lias que tie­nen tie­rras peque­ñas a nivel indi­vi­dual y que pau­la­ti­na­men­te las van per­dien­do por­que no tie­nen posi­bi­li­da­des de tra­ba­jar esas tie­rras o divi­dir­la, ya que no encuen­tran polí­ti­cas de apo­yo que les per­mi­tan inver­tir y tra­ba­jar dig­na­men­te en las áreas pro­duc­ti­vas que poseen”, mani­fies­ta Flores.

Por su par­te, Jür­gen Gue­va­ra, ofi­cial de indus­trias del Cen­tro Hum­boldt, ase­gu­ra que casi el 100% de los recur­sos des­ti­na­dos a la pro­duc­ción agrí­co­la está en manos del 30% de los pro­duc­to­res, quie­nes tie­nen la mayor can­ti­dad de recur­sos y de tie­rra; y, por ende, una mayor diná­mi­ca de expan­sión de mono­cul­ti­vos como caña de azú­car, maní, pal­ma, entre otros. El 70% de los pro­duc­to­res res­tan­tes, casi no tie­nen recursos. 

El estu­dio “Muje­res Mis­ki­tu en sus diná­mi­cas comu­ni­ta­rias: Acce­so a la tie­rra y par­ti­ci­pa­ción en cua­tro comu­ni­da­des del terri­to­rio de Tas­ba Raya”, seña­la la impor­tan­cia de la tie­rra en el con­tex­to del régi­men auto­nó­mi­co. Si bien, el mar­co gene­ral del sis­te­ma socio­po­lí­ti­co de la auto­no­mía pro­mue­ve y pro­te­ge los dere­chos de los pue­blos indí­ge­nas, en la prác­ti­ca es un desa­fío debi­do a la inmi­nen­te lle­ga­da de los fren­tes de colo­ni­za­ción agrí­co­la y gana­de­ra que se diri­gen hacia el Cari­be, pre­sio­nan­do los recur­sos y los terri­to­rios don­de han habi­ta­do estos pue­blos indígenas.

El terri­to­rio de Wang­ki Twi Tas­ba Raya (WTTR), agre­ga el docu­men­to, expe­ri­men­ta el des­pla­za­mien­to de la pobla­ción pro­duc­to de los ten­sio­na­mien­tos deri­va­dos del pro­ce­so incon­clu­so de la demar­ca­ción y titu­la­ción de terri­to­rios indí­ge­nas. Un estu­dio rea­li­za­do por Sel­mi­ra Flo­res de Nitla­pan iden­ti­fi­có que la inva­sión a terri­to­rios indí­ge­nas afec­ta las diná­mi­cas de la vida de las fami­lias, sien­do uno de sus aspec­tos la pér­di­da de áreas de cul­ti­vo y de caza, res­trin­gien­do el con­su­mo de pro­teí­na ani­mal. Según la inves­ti­ga­ción, las muje­res, par­ti­cu­lar­men­te, se ven obli­ga­das a bus­car nue­vas áreas de cul­ti­vo y con ello el ries­go a la inse­gu­ri­dad ali­men­ta­ria por la apa­ri­ción de pla­gas y enfer­me­da­des, la infer­ti­li­dad de los sue­los y la baja pro­duc­ti­vi­dad, afec­tan­do el abas­te­ci­mien­to bási­co en los hoga­res a pesar de ser zonas más cer­ca­nas a la comunidad.

Los gru­pos indí­ge­nas de Nica­ra­gua se han enfren­ta­do por años al aca­pa­ra­mien­to de tie­rras pro­mo­vi­do por empre­sas mine­ras, la indus­tria gana­de­ra y los migran­tes (colo­nos) de otras par­tes del país, seña­la un infor­me de Oakland Ins­ti­tu­te, publi­ca­do en abril de 2020 por The New York Times.

El gobierno de Nica­ra­gua no sólo ha falla­do en hacer cum­plir las leyes que pro­te­gen a sus pue­blos indí­ge­nas y sus tie­rras comu­na­les, sino que está pro­mo­vien­do acti­va­men­te la apro­pia­ción ile­gal de tie­rras y otor­gan­do con­ce­sio­nes a empre­sas mine­ras y made­re­ras, seña­la el informe.

Por su par­te, El infor­me “Resis­ten­cia Mis­ki­tu: una lucha por el terri­to­rio y la vida”, ela­bo­ra­do por el Cen­tro por la Jus­ti­cia y el Dere­cho Inter­na­cio­nal (CEJIL) con apo­yo del Cen­tro por la Jus­ti­cia y Dere­chos Huma­nos de la Cos­ta Atlán­ti­ca de Nica­ra­gua (CEJUDHCAN) seña­la que, his­tó­ri­ca­men­te los pue­blos Mis­ki­tu han vivi­do en una situa­ción de des­pro­tec­ción esta­tal, exclu­sión y pobre­za con res­pec­to de la pobla­ción mes­ti­za de Nica­ra­gua, ade­más de un cons­tan­te ace­cho de per­so­nas aje­nas a las comu­ni­da­des que se inter­nan en sus terri­to­rios ances­tra­les con la inten­ción de des­po­jar­los de ellos y apro­ve­char­se de los recur­sos natu­ra­les, gene­ran­do des­pla­za­mien­to y una cri­sis ali­men­ta­ria sin precedentes”. 

El Cen­tro por la Jus­ti­cia y Dere­chos Huma­nos de la Cos­ta Atlán­ti­ca de Nica­ra­gua (CEJUDHCAN), para hacer­le fren­te a esta situa­ción, ha desa­rro­lla­do un pro­gra­ma de agro­eco­lo­gía que bene­fi­cia más de 300 muje­res, prin­ci­pal­men­te de las comu­ni­da­des afec­ta­das por las inva­sio­nes de colo­nos o terceros. 

La Comi­sión Inter­ame­ri­ca­na de Dere­chos Huma­nos (CIDH) ha toma­do car­tas en el asun­to. El 14 de octu­bre de 2015 otor­gó medi­das cau­te­la­res a favor de las comu­ni­da­des indí­ge­nas mis­ki­tu de “Espe­ran­za, San­ta Cla­ra, Wis­con­sin y Fran­cia Sir­pi” ubi­ca­das en el terri­to­rio Wang­ki Twi-Tas­ba Raya, en vis­ta de los cons­tan­tes ciclos de vio­len­cia, ase­si­na­tos, ame­na­zas y actos de hos­ti­ga­mien­to pre­sun­ta­men­te per­pe­tra­dos por par­te de “colo­nos” den­tro de los terri­to­rios de comu­ni­da­des en el mar­co de un con­flic­to terri­to­rial y de pro­ce­sos de sanea­mien­to rea­li­za­dos por el Esta­do. Estas medi­das fue­ron amplia­das el 16 de enero de 2016 y, des­pués, el 8 de agos­to de 2016 a favor de per­so­nas defen­so­ras de dere­chos huma­nos de la orga­ni­za­ción CEJUDHCAN: Jua­na Bil­bao, Debo­rah Esco­bar Lack­wood, Jimé­nez Wil­son Rosa­les, José Medrano Cole­man Ale­jan­dro, Del­vin Rosa­lio Colo­mer y Marie­la Cas­ti­llo Hawkins.

El 23 de noviem­bre de 2016 y 22 de agos­to de 2017, la Cor­te Inter­ame­ri­ca­na resol­vió ampliar las medi­das pro­vi­sio­na­les para pro­te­ger a los miem­bros de la Comu­ni­dad Indí­ge­na Mis­ki­tu de Espe­ran­za Río Coco, y de la Comu­ni­dad de Espe­ran­za Río Wawa, así como a las per­so­nas que pre­sun­ta­men­te hayan teni­do que aban­do­nar dicha comu­ni­dad y deseen regre­sar. Asi­mis­mo, el 23 de agos­to de 2018, la Cor­te Inter­ame­ri­ca­na deci­dió ampliar las medi­das pro­vi­sio­na­les a favor de la defen­so­ra de dere­chos huma­nos Lot­tie Cun­ningham Wrem y del defen­sor José Coleman.

Des­de 2015, más de 40 indí­ge­nas de la Cos­ta Cari­be Nor­te de Nica­ra­gua han sido ase­si­na­dos y muchos más han resul­ta­do heri­dos y secues­tra­dos, según el Ins­ti­tu­to Oakland. “La vio­len­cia aumen­ta cuan­do el mun­do se cen­tra en la Covid”, dijo Anu­radha Mit­tal, direc­to­ra eje­cu­ti­va del ins­ti­tu­to y auto­ra del infor­me. “La gen­te dice, olví­da­te de morir por Covid, esta­mos murien­do por inva­sio­nes de tierras”. 

En la cos­ta Cari­be Nor­te de Nica­ra­gua, muchas comu­ni­da­des indí­ge­nas luchan por la vida y por recu­pe­rar sus medios de vida. El pro­gra­ma de agro­eco­lo­gía de CEJUDHCAN fue afec­ta­do por los hura­ca­nes, pero lo reac­ti­va­rán de nue­vo para que ger­mi­ne la espe­ran­za en las muje­res beneficiadas. 

Fuen­te: Radio Progreso

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