Cul­tu­ra. Cor­tá­zar omni­pre­sen­te en Argentina

Por May­lín Vidal, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 12 de febre­ro de 2021

A 37 años de apa­gar­se su bri­llan­te plu­ma, el gran Julio Cor­tá­zar sigue hoy omni­pre­sen­te en Argen­ti­na que le rin­de hono­res a uno de los más gran­des escri­to­res lati­no­ame­ri­ca­nos de todos los tiem­pos.
El cro­no­pio mayor se res­pi­ra vivo. Pare­cie­ra andar por estas calles por­te­ñas con sus len­tes y su ciga­rri­llo, allí por la ave­ni­da de Mayo camino a su pre­fe­ri­do café Lon­don City, don­de ins­pi­ra­do escri­bió su libro Los pre­mios, o por la gale­ría Gue­mes, pro­ta­go­nis­ta de otro de sus libros (El otro cielo).

Su lite­ra­tu­ra sigue latien­do en esta tie­rra que lo aco­gió cuan­do a los cua­tro años lle­gó jun­to a su fami­lia, en 1918 des­de Bruselas.

Los que lle­gan a esta nación aus­tral sien­ten la vibra del uni­ver­so cor­ta­za­riano. En una escue­la, en una calle, en una pla­za con su nom­bre, en ese Lon­don City, don­de su escul­tu­ra repo­sa sen­ta­do cual comen­sal más, ante la mira­da aten­ta de esta Argen­ti­na que lo venera.

Cor­tá­zar está aquí. En las manos de un joven que lo des­cu­bre, en aque­llos que releen su inmor­tal Rayue­la, en los admi­ra­do­res que duran­te estos últi­mos 30 años lle­gan de tie­rras leja­nas para seguir su ras­tro en Bue­nos Aires.

Hoy en medio de esta pan­de­mia que pare­cie­ra no aca­bar, los argen­ti­nos le rin­den hono­res al Cro­no­pio revi­si­tan­do su obra y le dan gra­cias al gran maes­tro de la narra­ción bre­ve, al escri­tor soli­da­rio, al hom­bre que mar­có la lite­ra­tu­ra lati­no­ame­ri­ca­na para siempre.

Des­de la vís­pe­ra en Twit­ter su nom­bre se repi­te, pero no solo por este ani­ver­sa­rio de su muerte.

Cor­tá­zar con­vi­ve día a día en el ima­gi­na­rio del argen­tino, en la vida coti­dia­na. Con fra­ses, foto­gra­fías, cari­ca­tu­ras, cien­tos de admi­ra­do­res recuer­dan al autor de Bes­tia­rio, Casa toma­da y tan­tas obras.

‘Creo que todos tene­mos un poco de esa bella locu­ra que nos man­tie­ne andan­do cuan­do todo alre­de­dor es tan insa­na­men­te cuer­do’, dijo una vez este gran­de, reve­ren­cia­do por esta tie­rra aus­tral que tan­to amó y de la que se des­pi­dió en diciem­bre de 1983 sin saber que dos meses des­pués una terri­ble leu­ce­mia apa­ga­ría su vida.

Julio Cor­tá­zar lee un frag­men­to de «Rayue­la».

Fuen­te: Pren­sa Latina

Itu­rria /​Fuen­te

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