Femi­nis­mos. Has­ta Loha­na, siempre

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 8 de febre­ro de 2021.

“Sal­te­ña, comu­nis­ta, bra­va, deci­di­da, orga­ni­za­do­ra de miles de micro­re­vo­lu­cio­nes y mega­ma­ni­fes­ta­cio­nes, Loha­na Ber­kins desa­rro­lló en las calles de Flo­res una capa­ci­dad úni­ca, algo así como un super poder capaz de des­ar­mar con pocas pala­bras la situa­ción más peli­gro­sa, incó­mo­da, vio­len­ta. Por­que jus­ti­to ahí, en el momen­to del tem­blor, Loha­na nos hacía reír. La lec­ción, enton­ces, es que a par­tir de aho­ra ten­dre­mos que apren­der a pro­du­cir esa risa des­ti­tu­yen­te, rebel­de, cóm­pli­ce, con­ju­ga­do­ra del mie­do. La lec­ción, tam­bién, es que a par­tir de hoy ten­dre­mos que leer a Loha­na para dimen­sio­nar, entre otras cosas, todo lo que repre­sen­ta la prác­ti­ca en la crea­ción de teo­ría, eso de poner el cuer­po, para lue­go poner la cabe­za y así, des­de la ana­to­mía sen­si­ble, inte­li­gen­te, aler­ta, voraz, crear polí­ti­cas. La lec­ción, ade­más, es recor­dar aho­ra una de esas crea­cio­nes teó­ri­cas tan Loha­na: todo cuer­po tra­ves­ti es un cuer­po polí­ti­co”. Con estas pala­bras la escri­to­ra y perio­dis­ta Clau­dia Acu­ña des­pi­dió a Loha­na el 5 de febre­ro de 2016. A cin­co años de su muer­te, recor­da­mos esta con­ver­sa­ción publi­ca­da en MU en diciem­bre de 2007: “El tra­ves­tis­mo pri­me­ro rom­pe de cua­jo con las cer­te­zas, des­man­te­la esta cosa de la bina­ri­dad, de la crea­ción divi­na, por­que cues­tio­na las esen­cias. El tra­ves­tis­mo pone de mani­fies­to el deseo”.

Sal­te­ña, comu­nis­ta, bra­va, deci­di­da, orga­ni­za­do­ra de miles de micro­re­vo­lu­cio­nes y mega­ma­ni­fes­ta­cio­nes, desa­rro­lló en las calles de Flo­res una capa­ci­dad úni­ca, algo así como un super poder capaz de des­ar­mar con pocas pala­bras la situa­ción más peli­gro­sa, inco­mó­da, vio­len­ta. Por­que jus­ti­to ahí, en el momen­to del tem­blor, Loha­na nos hacía reir.

La lec­ción, enton­ces, es que a par­tir de aho­ra ten­dre­mos que apren­der a pro­du­cir esa risa des­ti­tu­yen­te, rebel­de, cóm­pli­ce, con­ju­ga­do­ra del miedo.

La lec­ción, tam­bién, es que a par­tir de hoy ten­dre­mos que leer a Loha­na para dimen­sio­nar, entre otras cosas,todo lo que repre­sen­ta la prác­ti­ca en la crea­ción de teo­ría, eso de poner el cuer­po, para lue­go poner la cabe­za y así, des­de la ana­to­mía sen­si­ble, inte­li­gen­te, aler­ta, voraz, crear políticas.

La lec­ción, ade­más, es recor­dar aho­ra una de esas crea­cio­nes teó­ri­cas tan Loha­na: todo cuer­po tra­ves­ti es un cuer­po político.

El suyo fue cas­ti­ga­do, igno­ra­do, inter­ve­ni­do, encar­ce­la­do, explo­ta­do. Y en con­se­cuen­cia, Loha­na Ber­kins murió.

Nos que­da, enton­ces, la gran tarea de cui­dar los cuer­pos de quie­nes sufren hoy vio­len­cias. Las machis­tas, las ins­ti­tu­cio­na­les, las socia­les, las cul­tu­ra­les, las que nos hacen llo­rar hoy.

Ana­to­mía polí­ti­ca del cuer­po travesti

Con­ver­sa­ción con Loha­na Ber­kins publi­ca­da en MU en diciem­bre de 2007.

De mujer a tra­ves­ti te pre­gun­to ¿cómo pue­do hacer una lec­tu­ra polí­ti­ca de tu cuerpo?

Una de las cosas que no ve esta socie­dad es el cuer­po tra­ves­ti. Es decir, ve la iden­ti­dad, la apa­rien­cia, la par­te per­for­ma­ti­va de la tra­ves­ti, pero lo que a esta socie­dad le pro­du­ce un páni­co moral y sexual es el cuer­po de la tra­ves­ti. Si yo, en cual­quier con­tex­to cul­tu­ral y socio­eco­nó­mi­co, pro­nun­cio la pala­bra “mujer” o “varón” inme­dia­ta­men­te todas y todos pue­den refe­rir un cuer­po, con varia­cio­nes de a cuer­do a la cul­tu­ra, pero un cuer­po ana­tó­mi­ca­men­te defi­ni­do. En cam­bio, cuan­do decís “tra­ves­ti” no ima­gi­nan ese cuer­po de acuer­do a sus carac­te­rís­ti­cas físi­cas. Nega­do el cuer­po tra­ves­ti, lo que se lee es su apa­rien­cia. Enton­ces se empie­za a enca­si­llar: si tie­ne bar­ba, se lo enca­si­lla en lo mas­cu­lino, te remi­ten al ori­gen al cual ‑según la socie­dad- no se pue­de esca­par. O te remi­ten al otro extre­mo, colo­cán­do­te en lo feme­nino: te veo como mujer, las tra­ves­tis son muje­res, y a la hora de la arti­cu­la­ción de la lucha y la pala­bra que pasen al lado de las muje­res. Enton­ces, la tra­ves­ti no se pue­de posi­cio­nar como un cuer­po pro­pio. Y, por lo tan­to, al negar­le la exis­ten­cia a ese cuer­po, tam­po­co se le con­ce­de nin­gún dere­cho. Por­que en defi­ni­ti­va, lo úni­co que tene­mos es ese cuer­po. Y si hay algo ino­cen­te es la repre­sen­ta­ción ana­tó­mi­ca del cuer­po des­nu­do, pero el cuer­po des­nu­do de la tra­ves­ti es sub­ver­si­vo, total­men­te peli­gro­so. Es intolerable.

Jus­ta­men­te, ese cuer­po des­nu­do de la tra­ves­ti te con­fron­ta con la posi­bi­li­dad de pen­sar por fue­ra de los esque­mas esta­ble­ci­dos: no es hom­bre, no es mujer. ¿Qué es? ¿Es un cuer­po crea­do? ¿Es un cuer­po que expre­sa vio­len­cia? ¿Abu­so? ¿Men­ti­ra?

Creo que no es un cuer­po crea­do, por­que en reali­dad ten­dría­mos que dis­cu­tir la natu­ra­li­dad. Yo creo que la natu­ra­li­dad, en su esen­cia más pro­fun­da, no exis­te. Cual­quie­ra fue­ra nues­tra orien­ta­ción sexual, nues­tra iden­ti­dad de géne­ro, de por sí hemos sido y somos atra­ve­sa­das por la super­fi­cia­li­dad del mer­ca­do. Se nos han crea­do nece­si­da­des que nada tie­ne que ver con noso­tras y noso­tros. Y ahí me pare­ce que vie­ne una de las cues­tio­nes pro­fun­da que qui­zás el cuer­po tra­ves­ti le arran­ca de mane­ra muy fuer­te al patriar­ca­do y al capi­ta­lis­mo mis­mo: el hecho de qué pasa cuan­do uno/​una es artí­fi­ce de su pro­pio cuer­po, no ya de su pro­pio des­tino. Des­pués pode­mos leer por qué hay esa nece­si­dad de esa cons­truc­ción del cuer­po, si esas cons­truc­cio­nes son desea­das, pero lo que la tra­ves­ti pone en evi­den­cia es eso de ser arqui­tec­ta de su pro­pio cuer­po y a par­tir de qué lo cons­tru­ye. Otra cosa sinies­tra que pone en evi­den­cia es cómo la socie­dad te pide la evi­den­cia de esa cor­po­rei­dad. ¿Esto que sig­ni­fi­ca? A noso­tras no solo nos piden que ten­ga­mos tetas, sino que sea­mos la evi­den­cia de esa teta.

De algu­na mane­ra el mer­ca­do lle­nó ese vacío de repre­sen­ta­ción del cuer­po tra­ves­ti con sus pro­pios íco­nos: decís tra­ves­ti y pen­sás en Flo­ren­cia de la V. ¿Es la repre­sen­ta­ción del cuer­po tra­ves­ti como mercancía?

Yo dife­ren­cia­ría dos cosas. La pri­me­ra es que el mer­ca­do his­tó­ri­ca­men­te coti­za la belle­za de la mujer como mone­da de cam­bio: ven­de la belle­za impe­ca­ble del cuer­po de Flo­ren­cia de la V. No sólo su cuer­po, a secas. Lo que se le exi­ge a ese cuer­po es la belle­za. La segun­da cues­tión es con res­pec­to al cuer­po tra­ves­ti en par­ti­cu­lar: cuan­do esos cuer­pos están en el mer­ca­do de la pros­ti­tu­cion son desea­dos y coti­za­dos. Aho­ra cuan­do esos mis­mos cuer­pos aban­do­nan la pros­ti­tu­ción, no son desea­dos por nadie. Por­que has­ta la mis­ma Flo­ren­cia está atra­pa­da en esa tram­pa: para man­te­ner­se en su esta­tus debe ser un cuer­po des­po­li­ti­za­do, que es lo mis­mo que nos pasa­ba a noso­tras en la pros­ti­tu­ción. Un cuer­po a dis­po­si­ción del tipo que no va a com­prar con­flic­tos, sino sumisión.

Des­de ese pun­to de vis­ta, no exis­te cuer­po más poli­ti­za­do que el de la maes­tra travesti.

Cla­ro: ima­gi­na­te ese cuer­po pues­to ahí, al fren­te de un aula, para que las niñas y los niños empie­cen a rom­per con la bina­rie­dad y empie­cen a ima­gi­nar un mun­do posi­ble don­de el diá­lo­go se habi­li­te más allá de ser hom­bre o mujer. No solo que la vea como un cuer­po cons­trui­do, sino tam­bién que la pue­da ver como obje­to de deseo en ese mer­ca­do de los deseos. Por­que ¿qué pasa si el niño o la niña se ena­mo­ra de la maes­tra tra­ves­ti? ¿qué pasa si la quie­re, si la admira?¿qué pasa si apren­de de esa maes­tra lo que ella es y lo que no es?

¿Lo que vos estás dicien­do es que hoy el cuer­po tra­ves­ti no pue­de pen­sar­se sino en fun­ción de la prostitución?

Total­men­te: no pue­de pen­sar­se sino es en fun­ción del mer­ca­do. Ese cuer­po, en cuan­to se man­ten­ga en esos már­ge­nes, diga­mos, de uti­li­dad de un mer­ca­do, por supues­to que está coti­za­do. Siem­pre digo que las tra­ves­tis somos el deseo ocul­to de la bur­gue­sía capi­ta­lis­ta, pero ¿cuán­do sere­mos el deseo líci­to de la izquier­da revo­lu­cio­na­ria? Por­que está bien que Loha­na Ber­kins y deter­mi­na­das tra­ves­tis par­ti­ci­pe­mos de los par­ti­dos de izquier­da, pero ¿qué pasa­ría si el secre­ta­rio gene­ral de un par­ti­do de izquier­da dice “te pre­sen­to a mi com­pa­ñe­ra, Loha­na Ber­kins”, con el mis­mo orgu­llo que yo he vis­to dicien­do “te pre­sen­to a mi com­pa­ñe­ra diri­gen­te obre­ra, que luchó en Zanón o en Bruk­man”? No. Noso­tras segui­mos estan­do como ícono de la par­ti­cu­la­ri­dad. Noso­tras que­da­mos atra­pa­das en esa cosa del mer­ca­do. Y ahí se gene­ra algo bien peli­gro­so que la socie­dad no quie­re deba­tir y que en ese sen­ti­do se mar­ca más en las tra­ves­tis: eso de gene­rar geno­ti­pos de per­so­nas solo para algo. Cuan­do, por ejem­plo, se dan deba­tes sobre la pros­ti­tu­ción, ahí se ve lo que real­men­te la socie­dad pien­sa. Lo pri­me­ro que sur­ge en torno a la pros­ti­tu­ción es si la lega­li­za o no. Más allá de que este tema mere­ce otro capí­tu­lo, lo que seña­lo es que nun­ca esos pedi­dos fue­ron pro­pi­cia­dos por orga­ni­za­cio­nes de muje­res y tra­ves­tis en situa­ción de pros­ti­tu­ción. Nun­ca fui­mos noso­tras a decir “que­re­mos una zona roja”. Siem­pre lo dicen los otros. Y lo que expre­san es algo bien con­cre­to: por­que así como en su momen­to la negri­tud era sinó­ni­mo de escla­vi­tud, las tra­ves­tis son para esta socie­dad un geno­ti­po de escla­vi­tud sexual.

Lec­ción de anatomía

¿Qué pasa con el cuer­po tra­ves­ti cuan­do lle­ga a un hospital?

Te con­tes­to con una anéc­do­ta con­cre­ta. Un día, por un dolor de pan­za, voy al hos­pi­tal, al ser­vi­cio de gas­tro­en­te­ro­lo­gía. Como yo ya había hecho un escán­da­lo en admi­sión para que me ano­ta­ran como Loha­na, el pri­mer diá­lo­go con la doc­to­ra fue así:

-¿Tuvo abor­tos? ¿cómo es su mens­trua­ción?
-Per­dón doc­to­ra, acá hay un pro­ble­mi­lla: yo mujer no soy.
-¿Cómo que no es mujer? ¿Usted no es Loha­na?.
-Sí, soy yo. Pero soy una tra­ves­ti.
-¡Ahh! Enton­ces, ¡usted es un hombre!

Me lo dijo levan­tán­do­se de la silla, como sen­ten­cián­do­me. Ahí le apa­re­ció lo poli­cía­co de la medi­ci­na. Y aun­que le expli­qué que esta­ba equi­vo­ca­da, en la his­to­ria clí­ni­ca escri­bió: “se nie­ga a dar su nom­bre”. Y no me esta­ba negan­do a dar mi nom­bre, por­que mi nom­bre es Loha­na. La que se esta­ba negan­do a ver la reali­dad era ella. Ahí mis­mo me fui a hablar con el direc­tor del hos­pi­tal, que me pro­po­ne con­sul­tar la lis­ta de médi­cos de esa espe­cia­li­dad así ele­gi­mos a la doc­to­ra más “sim­pá­ti­ca”. Le digo: “Per­dón doc­tor. A mí me va aten­der la mis­ma doc­to­ra que me aten­dió, pero bien. Si cuan­do yo me vaya se pone azu­fre y se rocía con agua ben­di­ta, es pro­ble­ma de ella, pero me tie­ne que aten­der. Por­que sino le esta­mos resol­vien­do el pro­ble­ma a ella, no a mí.

¿Y tu dolor de estómago?

Tuvo que seguir espe­ran­do, por­que me pasan a otra médi­ca, divi­na, can­che­ra, pos moder­na, pero que no me revi­só nun­ca. No podía rela­cio­nar­se con el cuer­po de una tra­ves­ti. Así que pasé a un ter­cer médi­co al que le dije:” Si no me vas a revi­sar, me voy ya”. Nun­ca inda­ga­ron la his­to­ria de mi cuer­po, si el haber esta­do pre­sa influ­yó en mi salud, si las sili­co­nas me las puse ile­gal­men­te y en qué con­di­cio­nes, si toma­ba hor­mo­nas… Mi cuer­po era una cosa tira­da ahí, seguía sien­do vio­len­ta­do, invi­si­vi­li­za­do, por­que ver­lo era para esos médi­cos alte­rar, con­fron­tar e inter­pe­lar todo un orden de lo apren­di­do. Es tan fuer­te el páni­co que pro­du­cen nues­tros cuer­pos que abso­lu­ta­men­te can­ce­la cual­quier diálogo.

¿Qué pone en evi­den­cia el cuer­po tra­ves­ti? ¿La inse­gu­ri­dad, la igno­ran­cia, lo desconocido?

Creo que el tra­ves­tis­mo pri­me­ro rom­pe de cua­jo con las cer­te­zas, des­man­te­la esta cosa de la bina­ri­dad, de la crea­ción divi­na, por­que cues­tio­na las esen­cias. El tra­ves­tis­mo pone de mani­fies­to el deseo. Cuan­do las veci­nos sen­si­bles de Paler­mo recla­ma­ron que saquen a las tra­ves­tis de la puer­ta de sus casas, ¿a quién real­men­te que­rían sacar de la puer­ta? Al deseo de sus espo­sos. No pue­den admi­tir que noso­tras le pon­ga­mos el deseo en la puer­ta. Cuan­do una per­so­na ve a una tra­ves­ti, en reali­dad, no le moles­ta la dife­ren­cia sino la igual­dad: qué me refle­ja, qué me está sacan­do a mí que me pone tan loca. Pen­se­mos que una tra­ves­ti nos enfren­ta, inclu­so, a pen­sar en nue­vas for­mas de repro­duc­ción. ¿Podría­mos decir, por ejem­plo, que un hom­bre ha pari­do un hijo? Sí, si pen­sa­mos que una per­so­na que nació mujer y se con­vir­tió en hom­bre sigue tenien­do sus órga­nos repro­duc­ti­vos. Yo he vis­to una foto de un tipo de bar­ba parien­do. Algu­nos dirán que está parien­do una mujer, pero su iden­ti­dad es mas­cu­li­na. ¿Qué res­pe­ta­mos enton­ces para refe­rir­nos a esa per­so­na: su iden­ti­dad mas­cu­li­na o su ana­to­mía femenina?

¿Cómo podría­mos defi­nir la sub­je­ti­vi­dad travesti?

Si yo me com­pa­ro con una mujer de mi edad, cru­ce racial y ori­gen social, es evi­den­te que la cons­truc­ción de los cuer­pos y las viven­cias fue­ron abso­lu­ta­men­te dis­tin­tas y que esa dife­ren­cia nos van dan­do un tamiz sobre la vida abso­lu­ta­men­te dis­tin­to. Es cier­to que toda la socie­dad, por ejem­plo, está atra­ve­sa­da por la vio­len­cia. Pero si vos comen­zás a hacer un tra­ba­jo empí­ri­co sobre esa vio­len­cia social, podés sec­to­ri­zar­la: los jóve­nes pasan por esto, los ancia­nos por esto otro, las muje­res por aque­llo. Lo que hace suma­men­te gra­ve en esta socie­dad el tema de las tra­ves­tis es que todas esas vio­len­cias jun­tas atra­vie­san sus cuer­pos. Si a una tra­ves­ti le pre­gun­tas ¿te encar­ce­la­ron?, te res­pon­de: sí. ¿Te pega­ron? Sí. ¿Te vio­la­ron? Sí. ¿Te echa­ron de tu casa? Sí.¿Se te murió una ami­ga? Si. ¿Tenés Sida? Sí. Todas esas vio­len­cias jun­tas hacen muy pesa­das estas his­to­rias. Noso­tras somos iden­ti­da­des clo­ca­li­zan­tes: toda la mier­da debe ser pues­ta en noso­tras. Pero no vemos esta his­to­ria de geno­ci­dio. Son gene­ra­cio­nes ente­ras que están des­apa­re­cien­do y la gen­te y fun­cio­na­rios siguen pen­san­do en fun­ción de que toda esa mise­ria no es real, es sim­bó­li­ca. ¿No hay mayor cri­men que qui­tar­le la niñez a alguien? En las tra­ves­tis es lo pri­me­ro que se hace. Una niña tra­ves­ti es siem­pre alguien expul­sa­do de su hogar, que a los 13 años ya vive en una comu­ni­dad con adul­tas que tene­mos la vida hecha mierda.

¿Otra for­ma de vio­len­cia más sutil, que des­ac­ti­va la rebel­día, no es la victimización?

Esto de la vic­ti­mi­za­ción ter­mi­na sien­do ras­go iden­ti­ta­rio muy fuer­te, por­que si vos per­dés el dis­cur­so de la víc­ti­ma per­dés todo. Es otra de las con­se­cuen­cias de la exclu­sión: la vic­ti­mi­za­ción ter­mi­na sien­do un ras­go iden­ti­ta­rio úni­co. Un paso más fuer­te es cuan­do esa mis­ma víc­ti­ma se con­vier­te en suje­ta de dere­cho. Nun­ca se nos pue­de qui­tar el dere­cho a denun­ciar que somos víc­ti­mas, pero no nos tene­mos que que­dar ahí. Vos tenés que revo­lu­cio­nar no solo tu pro­pio sen­ti­do, sino tam­bién el sen­ti­do común de la socie­dad. El Dere­cho debe ser inter­pre­ta­ti­vo de la reali­dad. Si alguien dice “ya he sido puta y no lo quie­ro ser más”, el Esta­do auto­má­ti­ca­men­te tie­ne que inter­pre­tar esa reali­dad. Lo que pasa acá es que no se lee esa reali­dad, se igno­ra. Noso­tras tene­mos que dis­cu­tir nue­vos dere­chos civi­les y polí­ti­cos, nue­vas cons­ti­tu­cio­nes. Debe­mos par­ti­ci­par gene­rar, deba­tir, no per­mi­tir que el sis­te­ma siga fun­cio­nan­do así.

Mode­los de mujer

¿Se podría decir que una de las carac­te­rís­ti­cas de lo tra­ves­ti es esa visión per­for­má­ti­ca de sus cuerpos?.

En reali­dad, la esté­ti­ca de todas las muje­res no es crea­ción de las pro­pias muje­res: es una crea­ción de los varones.

¿Y la esté­ti­ca tra­ves­ti no es una crea­ción de los varones?

Es la esté­ti­ca que se impu­so a las muje­res, sobre la cual las tra­ves­tis hacen des­pués su pro­pia inter­pre­ta­ción. La socie­dad gene­ra esos íco­nos. Lo tra­ves­ti, enton­ces, no hace más que dejar en evi­den­cia, bien demos­tra­do, cuá­les son esos íco­nos. En mi épo­ca, nues­tro mode­lo era Moria Casán. A lo mejor si hoy una ado­les­cen­te tra­ves­ti tuvie­ra que hacer una lec­tu­ra de qué es ser una mujer, pon­dría de ícono a Pam­pi­ta. Aho­ra, el por­qué Moria Casan o Pam­pi­ta son la esté­ti­ca de una tra­va no es un tema del tra­va, sino de la socie­dad. Eso te da la cla­ra evi­den­cia de cómo el sis­te­ma capi­ta­lis­ta gene­ra ico­nos fuer­tes que atra­vie­san a cual­quier ado­les­cen­te y, por supues­to, tam­bién a las ado­les­cen­tes tra­ves­tis. Esos mode­los van cam­bian­do, pero for­jan una iden­ti­dad sobre lo feme­nino de la que nadie está a sal­vo. El agra­van­te que tie­ne esta iden­ti­fi­ca­ción es que ése cuer­po tra­ves­ti sólo es valo­ri­za­do en el mar­co del a pros­ti­tu­ción. Y la pros­ti­tu­ción es un con­di­cio­nan­te muy fuer­te. Por ejem­plo, en cuan­to a las pró­te­sis. Si la que sube más (a los autos) tie­ne una de 400 es lógi­co que la otra se quie­ra poner una de 500. Ahí el que está defi­nien­do ese cuer­po es el prostituyente.

Algo que lla­ma la aten­ción es que des­de hace rela­ti­va­men­te poco tiem­po la socie­dad está pen­san­do a las tra­ves­tis como una pobla­ción. Inclu­si­ve para mover­las del Rose­dal, ya no se las tra­ta indi­vi­dual­men­te, sino como a una pobla­ción a la que hay que des­ti­nar un sec­tor con­cre­to de la ciu­dad para que allí sean prostituídas.

Hay que dife­ren­ciar la pros­ti­tu­cion de las muje­res y de las tra­ves­tis: lo úni­co que nos une es que para una y otra el pri­mer fio­lo es el Esta­do. Otra cosa en el sis­te­ma pros­ti­tu­cio­nal de Argen­ti­na y ahí sí hay dife­ren­cias: las tra­ves­tis no somos atra­ve­sa­das por el fio­lis­mo, como sí lo son las com­pa­ñe­ras muje­res. La explo­ta­ción sí que es la mis­ma. La otra vez com­pa­ñe­ra me dijo una cosa que me hizo ver la luz. Ella mar­ca­ba la con­tra­dic­ción del Esta­do argen­tino: por un lado, el Minis­te­rio nos da los forri­tos para que nos cui­de­mos y, por el otro, ese mis­mo minis­te­rio man­da a la poli­cía para que nos repri­ma. A mí me impac­tó su mane­ra de seña­lar estas con­tra­dic­cio­nes en las polí­ti­cas de Esta­do. Por­que si el Esta­do te dice “cuí­den­se del sida”, la pre­gun­ta siguien­te es: ¿cuí­den­se para qué? ¿Qué posi­bi­li­da­des de vida dig­na tie­ne esa com­pa­ñe­ra?, ¿pue­de ir al a escue­la , cam­biar de tra­ba­jo? Cuan­do noso­tras vamos al gobierno con estos pro­ble­mi­llas, nos dicen: “bueno, las vamos a capa­ci­tar”. Per­fec­to. Pero mien­tras se pro­du­ce la capa­ci­ta­ción, ¿yo le pue­do exi­gir a alguien que se pros­ti­tu­yó has­ta las 6 de la maña­na que ven­ga a las 10 a tomar el cur­si­to de pelu­que­ría? Es indigno. Y esto habla a las cla­ras del des­tino de muer­te que rodea a la tra­ves­ti. Esta cosa de la muer­te, no solo real, sino de muer­te coti­dia­na. Por­que los mode­los de iden­ti­fi­ca­ción que encuen­tra en el día a día siguen sien­do el de la puta. ¿O aca­so cuan­do vas a una tien­da o a un bar sos aten­di­da por una tra­ves­ti? Para ejer­cer los dere­chos los tenés que cono­cer, vivir, inclu­so para exi­gir­los tie­nen que ser una cosa posi­ble. ¿Y qué es lo posi­ble para una tra­ves­ti más allá de la pros­ti­tu­ción? Muchas tra­ves­tis acti­vis­tas somos alta­men­te capa­ci­ta­das, pero no somos con­tra­ta­das. Un ejem­plo: en el cam­po espe­ci­fi­co del sida, don­de hay mayor can­ti­dad de dine­ro des­ti­na­do a las tra­ves­tis, esos recur­sos son mane­ja­dos por las oene­gés y sus téc­ni­cos, que des­pués aga­rran a las tra­ves­tis y le tiran unos pesos por mes para que sal­gan a la calle, repar­tan los forros y les reco­jan la infor­ma­ción que ellos lue­go pre­sen­tan para jus­ti­fi­car sus tra­ba­jos. Noso­tras somos lla­ma­das para dar tes­ti­mo­nio o para el coti­llón. No somos vis­tas como fuer­za pro­duc­to­ra de trabajo.

Como fuer­za de tra­ba­jo son vis­tas en cuan­to putas.

Exac­ta­men­te. Cuan­do des­tra­be­mos eso, vamos a poder decir: “Mirá cuán­to avan­zó la sociedad”.

La sexua­li­dad travesti

¿Pode­mos pen­sar el cuer­po tra­ves­ti como un cuer­po en rebeldía?

Oja­lá las tra­ves­tis lo pen­sá­ra­mos al cuer­po como una cues­tión revo­lu­cio­na­ria. Noso­tras no esta­mos a favor de nin­gún tipo de ins­ti­tu­cio­na­li­dad, pero tam­bién no se pue­de obviar los impac­tos nega­ti­vos que pro­du­ce la no ins­ti­tu­cio­na­li­za­ción, ya sea por no tener acce­so a un hos­pi­tal, a la escue­la, ni siquie­ra tam­po­co a nin­gún orden barrial, la sali­tas del barrio o el gru­po de la coope­ra­ti­va “El tra­pi­to feliz” de la villa. Los impac­tos nega­ti­vos que pro­du­ce la igno­ran­cia tam­bién afec­tan la capa­ci­dad de rebe­lar­se. Para enten­der, por ejem­plo, que la iden­ti­dad no pue­de ser cons­trui­da solo a par­tir de un cuer­po. El creer que ser mujer es tener una súper teta. Por ejem­plo, cuan­do nos­tras hace­mos los talle­res damos una silue­ta de una mode­lo divi­na, nin­gu­na dis­cu­te ese cuer­po. Y cuan­do les deci­mos “vís­tan­la”, todas la vis­ten como puta, con medias cala­das, botas buca­ne­ros, polle­ras cor­tas. Yo les digo: chi­cas, las muje­res tie­ne sabor, olor , color, dolor.

Cuan­do uste­des están cons­tru­yen­do ese cuer­po ¿qué pasa con el pen­sa­mien­to, con el alma, con el len­gua­je? Va en con­jun­to con la trans­for­ma­ción del cuer­po, o pri­me­ro va el cuer­po, y des­pués el pen­sar­se, mirar­se, decirse?

Abso­lu­ta­men­te esa es la par­te más fuer­te que pasa con el tra­ves­tis­mo. Gene­ral­men­te, por cues­tio­nes eco­nó­mi­cas y téc­ni­cas, comien­za con el cuer­po, que muchas veces es modi­fi­ca­do aun en la más tier­na niñez. Esta exi­gen­cia de la cor­po­ra­li­dad, de la defi­ni­ción cor­po­ral, es prio­ri­ta­ria por­que la socie­dad todo el tiem­po te está pidien­do que te defi­nas. Ellas acce­den enton­ces a esta cues­tión de trans­for­mar el cuer­po y no se pue­den pen­sar a sí mis­mas, qué es lo que son y qué quie­ren ser. A mí me pasó que, tras mucho años de ser por­ta­do­ra de este cuer­po, recién empe­cé a pen­sar hace rela­ti­va­men­te poco sobre lo que esa trans­for­ma­ción sig­ni­fi­ca. Si este pen­sa­mien­to se hubie­se pro­du­ci­do al ini­cio de mi vida nada de lo que me hice, nada, lo hubie­se rea­li­za­do. Lo hubie­ra hecho en otras cir­cuns­tan­cias, con otros cui­da­dos, sin duda. Pero aun si no hubie­se podi­do acce­der a esa trans­for­ma­ción, lo mis­mo yo seria Loha­na Ber­kins. Hoy sé que si yo maña­na me saco las tetas, me cor­to el pelo, sigo sien­do Loha­na Ber­kins. No pode­mos creer que solo pue­des ser tra­ves­ti con ese cuer­po. Eso es lo fuer­te que nos ha pasa­do. Y no estoy sien­do mora­lis­ta: que cada una se haga lo que quie­ra, pero por­que lo quie­re, no por­que se lo están exi­gien­do o por esta tre­men­da creen­cia que sin ese cuer­po no hay nada.

Algo de cru­da reali­dad hay en esa elec­ción: sin ese cuer­po no hay des­tino en la prostitución.

Eso es algo que se ve en los pro­pios deseos. Cuan­do le pre­gun­tas en un taller qué quie­ren ser, te con­tes­tan: tra­ves­ti. O mujer. Que­dan tan atra­pa­das en esa fic­cio­na­li­dad, y en esa cosa de ser solo tra­ves­tis. Recién des­pués de mucho tra­ba­jo, salen otros deseos: maes­tra, bai­la­ri­na, médi­ca. Noso­tras lo que le tra­ta­mos de lograr es que las tra­ves­tis comien­cen a acep­tar­se a sí mis­mas. Y en ese sen­ti­do, una cosa muy par­ti­cu­lar es el truqui.

¿Qué es el truqui?

Es el arte de escon­der el pene. Algo tor­tuo­so, que te las­ti­ma, pero que se trans­for­mó en una exi­gen­cia para crear la fic­ción de que somos muje­res. Y no: somos travestis.

Eso lle­va a un tema cla­ve: ¿cuál es la sexua­li­dad de la tra­ves­ti en cuan­to a su pro­pio deseo? Por­que a las muje­res, por ejem­plo, una lla­ve muy pre­cio­sa para nues­tra pro­pia con­quis­ta del deseo es la mas­tur­ba­ción. ¿Esto es algo que for­ma par­te de la sexua­li­dad travesti?

Es algo que no pue­de for­mar par­te en tan­to te digan: sos mujer. Eso inha­bi­li­ta no sólo tu reali­dad, sino tu posi­bi­li­dad de goce. El acep­tar nues­tro cuer­po, y decir que tene­mos un pene es mara­vi­llo­so, por­que eso es ser una tra­ves­ti. Acep­tar el cuer­po como es y las fun­cio­na­li­da­des de ese cuer­po es algo muy difí­cil si estás atra­pa­da en el uni­ver­so de la pros­ti­tu­ción. Si te obli­gan a hacer vein­te cosas para que el tipo no se de cuen­ta de que vos tenés un pene, enton­ces, ¿por­qué no bus­can a una mujer? Si venís con­mi­go, desea­me en mi inte­gri­dad, góza­me y déja­me dis­fru­tar a mí, por­que sino me estás obli­gan­do a seguir sien­do la geisha de la pros­ti­tu­ción. Y esto no tie­ne nada que ver con la orien­ta­ción sexual o la iden­ti­dad de géne­ro. Esto es poder amar su pro­pio cuerpo.

La coope­ra­ti­va

Para pen­sar esos cuer­pos como cuer­pos pro­duc­ti­vos, más allá del mer­ca­do del sexo, se están orga­ni­zan­do en una coope­ra­ti­va. ¿Cuál fue el ori­gen de ese proyecto?

Una de las cri­sis que nos aga­rró era ver que si bien noso­tras había­mos avan­za­do en mucha cosas, la gran mayo­ría sigue vivien­do de la pros­ti­tu­ción. La gen­te ya ve bien que noso­tras nos sen­te­mos en una mesa de deba­te, pero no le impor­ta de dón­de seca­mos el dine­ro para sobre­vi­vir, a cuán­tos tipos tuvi­mos que aguan­tar, a qué vio­len­cia nos expu­si­mos. Así que les dije a las chi­cas: ¿qué está pasan­do? O esta­mos trans­mi­tien­do algo mal, o no se nos está enten­dien­do. Pare­mos y vea­mos cómo noso­tras nos hace­mos car­go de nues­tra entra­da eco­nó­mi­ca, de empe­zar a deba­tir en esta cul­tu­ra total­men­te patriar­cal por­qué no se nos ve como pro­duc­to­ra de fuer­za de tra­ba­jo. Y se nos ocu­rrió esto de la coope­ra­ti­va. Así comen­za­ron a apa­re­cer las ideas. Un día Hebe de Bona­fi­ni me invi­ta a su pro­gra­ma de radio, se ente­ró del pro­yec­to y nos dijo que nos ama­dri­na­ba. A par­tir de ahí todo el pro­ce­so fue suma­men­te intere­san­te para ambos lados: para noso­tras y para cada fun­cio­na­rio ante el cual tenía­mos que hacer un trámite.

¿Cuá­les son tus mie­dos fren­te a esta nue­va experiencia?

Yo le ten­go mie­do al Esta­do. A mis com­pa­ñe­ras no. Toda la vida con­vi­ví con com­pa­ñe­ras muje­res en cala­bo­zo y el con­flic­to siem­pre estu­vo a pun­to cara­me­lo y, sin embar­go, siem­pre encon­trá­ba­mos la for­ma de resol­ver­lo. La éti­ca de la puta a mí me con­du­ce en toda la vida, por eso nun­ca tomo una dis­cu­sión en tér­mi­nos per­so­na­les. Una cre­ce, y el cre­ci­mien­to pro­du­ce mucho mie­do, pero no me asus­ta ese tipo de ten­sio­nes por­que todas apren­di­mos a res­ca­tar el valor de la con­vi­ven­cia y el afecto.

Foto: Sub­coop.

Fuen­te: Lavaca.

Itu­rria /​Fuen­te

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