Bra­sil. Un geno­ci­da sin jui­cio polí­ti­co, for­ta­le­ci­do por el Congreso

Por Eric Nepo­mu­ceno. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 7 de febre­ro de 2021.

El mes empe­zó sien­do de vital impor­tan­cia para el ultra­de­re­chis­ta pre­si­den­te bra­si­le­ño Jair Bol­so­na­ro, al que le que­dan dos años de man­da­to: es que el 1 de febre­ro fue­ron ele­gi­dos los nue­vos pre­si­den­tes de la Cáma­ra de Dipu­tados y del Senado.

Un pues­to cla­ve para Bol­so­na­ro es la pre­si­den­cia de la Cáma­ra: de su titu­lar depen­de, entre muchas otras cosas, la pau­ta de vota­cio­nes. Y, en espe­cial, la deci­sión de poner en vota­ción uno – sola­men­te uno – de los 64 pedi­dos para abrir un pro­ce­so de des­ti­tu­ción por la can­ti­dad de crí­me­nes de res­pon­sa­bi­li­dad com­pro­ba­da­men­te come­ti­dos por el man­da­ta­rio, prin­ci­pal­men­te duran­te la pan­de­mia que mató a más de 235 mil brasileños.

Para hacer­se con un alia­do en pues­to de seme­jan­te impor­tan­cia, Bol­so­na­ro no midió esfuer­zos: que­mó alre­de­dor de 700 millo­nes de dóla­res aten­dien­do a enmien­das de dipu­tados, valor des­ti­na­do a sus corra­les electorales.

Es tra­di­ción en Bra­sil, des­de la reto­ma­da de la demo­cra­cia en 1985, que los pre­si­den­tes nego­cien con el grue­so del Con­gre­so – dipu­tados o inex­pre­si­vos, puras nuli­da­des, pero que se agru­pan – libe­ra­ción de recur­sos a cam­bio de votos.

A lo lar­go de los últi­mos 46 años, des­de la reto­ma­da de la demo­cra­cia, nin­gún pre­si­den­te logró elu­dir ese juego.

Algu­nos, como Fer­nan­do Hen­ri­que Car­do­so, más. Otros, como Lula da Sil­va, menos. Y quien inten­tó elu­dir o al menos domi­nar ese sis­te­ma, la ex man­da­ta­ria Dil­ma Rous­seff, ter­mi­nó por ser cata­pul­ta­da de la pre­si­den­cia por un gol­pe ins­ti­tu­cio­nal en el Congreso.

Pese a la insis­ten­cia en men­cio­nar su con­di­ción de mili­tar reti­ra­do, Bol­so­na­ro pasó esca­sos sie­te años en el Ejér­ci­to, y salió muy mal.

Pasó, por otro lado, 28 años como dipu­tado. Un dipu­tado obs­cu­ro, inope­ran­te, que no hizo más que aten­der a los pedi­dos de su base elec­to­ral – poli­cías, mili­ta­res de bajo ran­go, gru­pos de sedi­cio­sos – y acep­tó toda y cual­quier bre­cha para encon­trar bene­fi­cios al mar­gen de la ley.

Así que cono­ce no solo de cer­ca, pero des­de aden­tro, cómo fun­cio­na la cues­tión de com­pra de res­pal­do de dipu­tados por par­te del gobierno.

Aho­ra mis­mo, logró ele­gir a su can­di­da­to, Arthur Lira, para pre­si­dir la Cáma­ra. Es un par suyo: enjui­cia­do por corrup­ción, apro­pia­ción de recur­sos públi­cos y has­ta de agre­sión físi­ca a su enton­ces esposa.

En las pri­me­ras pro­pues­tas entre­ga­das por el Poder Eje­cu­ti­vo al Poder Legis­la­ti­vo en el ini­cio de la nue­va ges­tión, se des­ta­can la libe­ra­ción total de la com­pra y uso de armas de fue­go, limi­ta­cio­nes en la ley de abor­to, licen­cia para que poli­cías y mili­ta­res maten a sos­pe­cho­sos sin enfren­tar la Jus­ti­cia, libe­ra­ción de mine­ría en tie­rras indí­ge­nas, limi­ta­ción de con­trol ambiental.

Bol­so­na­ro y el círcu­lo más ínti­mo de segui­do­res creen que, al com­prar votos sufi­cien­tes para ele­gir un pre­si­den­te con­for­ta­ble para la Cáma­ra de Dipu­tados, se for­ta­le­cie­ron para lle­gar a 2022 con ven­ta­ja en la dispu­ta de las elec­cio­nes presidenciales.

Qui­zá se olvi­dan de un pun­to esen­cial: no es jus­to decir que la mayor par­te de los dipu­tados se venden.

En reali­dad, se alqui­lan: piden algo, reci­ben, votan de mane­ra favo­ra­ble. Lue­go piden más, y si no reci­ben, se trans­for­man en oposición.

Bol­so­na­ro debe­ría saber­lo: por casi tres déca­das, ha sido uno de los más dig­nos repre­sen­tan­tes de esa cla­se abyec­ta de diputado.

Mien­tras, el país sigue sumer­gi­do en la pan­de­mia, sin que haya nin­gu­na acción coor­di­na­da por el minis­tro de Salud, un gene­ral acti­vo que ade­más de haber espar­ci­do uni­for­ma­dos por pues­tos antes ocu­pa­dos por médi­cos e inves­ti­ga­do­res, no hace más que cum­plir lo que dic­ta­mi­na el pre­si­den­te desorbitado.

El ingre­so de Bra­sil en la OCDE, capi­lla prin­ci­pal del capi­ta­lis­mo glo­bal, se ve ame­na­za­do por la devas­ta­ción ambiental.

Varias mul­ti­na­cio­na­les de peso del sec­tor de ali­men­tos fue­ron expur­ga­das de paí­ses euro­peos por sos­pe­cha de com­pli­ci­dad con accio­nes de devas­ta­ción forestal.

Más que nun­ca, Bra­sil es un paria en el mundo.

Más que nun­ca, Bol­so­na­ro pare­ce for­ta­le­ci­do en el Congreso.

¿Has­ta cuán­do? Nadie sabe: todo depen­de­rá del pre­cio de alqui­ler de los dipu­tados tan infa­mes como el actual pre­si­den­te supo ser en sus tiem­pos de parlamentar.

Itu­rria /​Fuen­te

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