Bra­sil. Otro peli­gro a la vista

Por Eric Nepo­mu­ceno. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 17 de enero de 2021.

Des­de que su ído­lo y mode­lo Donald Trump fue derro­ta­do por Joe Biden, el ultra­de­re­chis­ta pre­si­den­te bra­si­le­ño Jair Bol­so­na­ro se sin­tió aco­sa­do fren­te a sus aspi­ra­cio­nes elec­to­ra­les en 2022.

Entró con ganas en la absur­da cam­pa­ña de denun­cia de frau­de elec­to­ral lle­va­da a cabo por Trump, anti­ci­pan­do que una even­tual derro­ta suya en el inten­to de man­te­ner­se en el sillón pre­si­den­cial será fru­to del mis­mo meca­nis­mo, y que lo que ocu­rri­rá en Bra­sil podrá ser «mucho peor» de lo que ocu­rrió en Washing­ton, con la inva­sión del Congreso.

Bol­so­na­ro ame­na­zan­do a las ins­ti­tu­cio­nes y la demo­cra­cia no es nin­gu­na nove­dad: lo hizo a lo lar­go de sus 27 años como dipu­tado nacio­nal insig­ni­fi­can­te, vol­vió a hacer­lo ya como presidente.

Pero aho­ra se lan­zó en algo bas­tan­te más com­ple­jo y peli­gro­so. La lla­ma­da “ban­ca­da de la bala” en el Con­gre­so, cuya misión pri­mor­dial es incen­ti­var el arma­men­tis­mo de la pobla­ción, creó dos pro­yec­tos de ley – cla­ra­men­te ins­pi­ra­dos en Bol­so­na­ro, que ade­más ya pro­cla­mó su pleno res­pal­do – des­ti­na­dos a dis­mi­nuir casi al míni­mo el poder de gober­na­do­res pro­vin­cia­les sobre las fuer­zas poli­cia­les, tan­to civi­les (inves­ti­ga­ti­vas) como mili­ta­res (osten­si­bles y res­pon­sa­bles de la segu­ri­dad callejera).

Son pro­pues­tas cuyo obje­ti­vo es cam­biar de mane­ra drás­ti­ca la estruc­tu­ra del apa­ra­to poli­cial, y vin­cu­lar la poli­cía civil a un Con­se­jo Nacio­nal con­tro­la­do por Brasilia.

Con rela­ción a la poli­cía mili­tar, qui­zá la prin­ci­pal base elec­to­ral de Bol­so­na­ro, el obje­ti­vo es dis­mi­nuir al máxi­mo el con­trol de los gober­na­do­res. Con eso, se abri­ría espa­cio para movi­li­za­cio­nes en caso nece­sa­rio. Léa­se: para defen­der al presidente.

La idea aho­ra es ele­var las poli­cías mili­ta­res de las pro­vin­cias a otro nivel, acer­cán­do­las de las Fuer­zas Arma­das. Con eso, pasa­rían a obe­de­cer, tal como Ejér­ci­to, Fuer­za Aérea y Mari­na, al pre­si­den­te de la República.

Son pro­yec­tos de ley que fue­ron ela­bo­ra­dos a par­tir de aso­cia­cio­nes de poli­cías y mili­ta­res, y res­pon­den redon­da­men­te a las aspi­ra­cio­nes de Bol­so­na­ro: con­tar con fuer­zas de leal­tad abso­lu­ta para defen­der­lo si fue­ra necesario.

¿Y cuál sería la oca­sión en que nece­si­ta­ría de res­pal­do arma­do? Bueno, hay dos perspectivas.

La pri­me­ra sería que la nue­va direc­ción de la Cáma­ra de Dipu­tados, que será elec­ta aho­ra el pri­me­ro de febre­ro, se mues­tre míni­ma­men­te dis­pues­ta a acep­tar uno –uno solo– de los más de 60 pedi­dos de aper­tu­ra de un pro­ce­so de des­ti­tu­ción, con base a innu­me­ra­bles crí­me­nes de res­pon­sa­bi­li­dad pre­vis­tos en la Cons­ti­tu­ción y que fue­ron come­ti­dos por Bolsonaro.

La otra: que él sea derro­ta­do en 2022.

Es cier­to que Bol­so­na­ro lite­ral­men­te mili­ta­ri­zó su gobierno. Son más de seis mil uni­for­ma­dos espar­ci­dos por minis­te­rios y orga­nis­mos fede­ra­les. Hay un capi­tán reti­ra­do de la Poli­cía Mili­tar de Bahia, por ejem­plo, ocu­pan­do un pues­to cla­ve en Cul­tu­ra, y que enca­jo­nó más de cien auto­ri­za­cio­nes para que pro­yec­tos apro­ba­dos y que habían obte­ni­do patro­ci­nio pudie­sen ser lle­va­dos a la práctica.

Fal­ta­ba úni­ca­men­te su fir­ma. Resul­ta­do: más de 40 millo­nes de dóla­res de mece­naz­go ofre­ci­do y perdido.

El ejem­plo más escan­da­lo­so es el minis­te­rio de Salud, en manos del úni­co gene­ral en acti­vi­dad que ocu­pa un pues­to en el gobierno. Par­te de la tra­ge­dia vivi­da por Bra­sil en la pan­de­mia se debe pre­ci­sa­men­te a su ineptitud.

Ocu­rre que a excep­ción de ese úni­co caso, todos los demás mili­ta­res boni­fi­ca­dos con robus­tos refuer­zos a sus suel­dos son reti­ra­dos, sin mayor influen­cia sobre el coman­do-gene­ral de las Fuer­zas Armadas.

De ahí la idea de Bol­so­na­ro de con­tar con más tro­pas a su lado, en ese caso las de la poli­cía militar.

A eso se debe sumar otro gru­po fuer­te­men­te arma­do: las lla­ma­das “mili­cias”, pan­di­llas sedi­cio­sas con víncu­los evi­den­tes con toda la fami­lia Bol­so­na­ro, padre e hijos. Y, para ter­mi­nar, la ven­ta de armas a la pobla­ción civil, fuer­te­men­te impul­sa­da por el pre­si­den­te, cre­ció un 90% en 2020.

Esas serían las “fuer­zas de defen­sa” del ultra­de­re­chis­ta si deci­de dar un gol­pe o recha­zar un resul­ta­do nega­ti­vo en las urnas del 2022.

Hay un ante­ce­den­te trá­gi­co en nues­tras comarcas.

En 1973, las fuer­zas arma­das chi­le­nas solo acep­ta­ron cum­plir las pre­sio­nes de Washing­ton para derro­car a Sal­va­dor Allen­de cuan­do los cara­bi­ne­ros – la ver­sión chi­le­na de la poli­cía mili­tar bra­si­le­ña – se suma­ron al golpe.

¿Sería ese el sue­ño de Bol­so­na­ro, inten­so admi­ra­dor de Pinochet?

Foto: José Dias (PR)

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