Gua­te­ma­la. Polí­ti­ca de des­pre­cio por el y la migrante

Por Mario Sosa. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 31 de enero de 2021.

Una fla­gran­te vio­la­ción de dere­chos huma­nos cons­ti­tu­yó la acción repre­si­va del Gobierno gua­te­mal­te­co con­tra miles de hon­du­re­ños que en cara­va­na empren­die­ron el lar­go via­je hacia Esta­dos Unidos.

Este hecho repre­si­vo no pue­de ser inter­pre­ta­do de otra mane­ra, dado que la deci­sión fue dete­ner poli­cial y mili­tar­men­te a quie­nes solo bus­ca­ban tran­si­tar por terri­to­rio nacio­nal en bus­ca de una alter­na­ti­va de vida y de tra­ba­jo para resol­ver sus pro­ble­mas de mise­ria, vio­len­cia y vul­ne­ra­bi­li­dad social en sus paí­ses de ori­gen. A los ries­gos pro­duc­to de la delin­cuen­cia común y orga­ni­za­da, a las penu­rias por caren­cia de agua y de ali­men­tos, a enfer­me­da­des emer­gen­tes como la covid-19, a las diver­sas for­mas de dis­cri­mi­na­ción y de abu­so, al des­po­jo que pade­cen por fun­cio­na­rios corrup­tos que los extor­sio­nan en el camino, entre otros, a estos seres huma­nos les llo­vió sobre moja­do: gases lacri­mó­ge­nos y gol­pi­zas más las afec­ta­cio­nes psi­co­ló­gi­cas al ver­se obje­to de la vio­len­cia institucional.

Con­tra­rio a imple­men­tar una polí­ti­ca enfo­ca­da en un enten­di­mien­to com­ple­jo de la diná­mi­ca y pro­ble­má­ti­ca migra­to­ria y en los dere­chos huma­nos que asis­ten a los migran­tes en trán­si­to, el Gobierno gua­te­mal­te­co deci­dió con­ver­tir­los en delin­cuen­tes, ima­gi­na­rio que ade­más pro­mo­vió —como hecho peda­gó­gi­co— en la socie­dad gua­te­mal­te­ca. Esto ocu­rrió así des­de el momen­to en que ins­tau­ró el esta­do de pre­ven­ción como mar­co para poten­ciar medi­das de con­trol, con­ten­ción y repre­sión con­tra la emer­gen­te cara­va­na que avan­za­ba en terri­to­rio hon­du­re­ño. Ade­más, este gobierno obvió el hecho de que en la cara­va­na venían niños y niñas, ado­les­cen­tes, muje­res e inclu­so adul­tos mayo­res, a quie­nes asis­ten dere­chos espe­cí­fi­cos y a quie­nes se vul­ne­ró aún más con la acción represiva.

Es evi­den­te que, en gene­ral, la capa­ci­dad de este gobierno de ana­li­zar la reali­dad migra­to­ria es bas­tan­te estre­cha, cor­to­pla­cis­ta y con­di­cio­na­da por pode­res exter­nos como el Esta­do esta­dou­ni­den­se. Esto lo lle­va a des­co­no­cer o igno­rar la pro­ble­má­ti­ca estruc­tu­ral que pro­vo­ca este tipo de flu­jos migra­to­rios: fal­ta de medios de pro­duc­ción, cré­di­to, empleo, edu­ca­ción, salud y segu­ri­dad, situa­ción que se agra­va aún más en los terri­to­rios rura­les. Esto, sin duda, pro­vo­ca deses­pe­ra­ción en las fami­lias ante la fal­ta de alter­na­ti­vas de repro­duc­ción vital, con lo cual se ven for­za­das a deci­dir­se por este tipo de tra­ve­sías ries­go­sas. Esto ni por aso­mo es con­si­de­ra­do por los deci­so­res de las polí­ti­cas guber­na­men­ta­les en todas las esca­las de la admi­nis­tra­ción pública.

Cla­ro que esta polí­ti­ca, apli­ca­da de estas mane­ras a los migran­tes cen­tro­ame­ri­ca­nos en trán­si­to, refle­ja el carác­ter cla­sis­ta que apli­can Gobier­nos como el gua­te­mal­te­co. No es de olvi­dar que quie­nes inte­gran este tipo de cara­va­nas son par­te de la cla­se tra­ba­ja­do­ra en con­di­ción de des­em­pleo y pobre­za. Es decir, for­man par­te de esos seg­men­tos mayo­ri­ta­rios de las ciu­da­da­nías nacio­na­les, a las cua­les exclu­ye el cadu­co mode­lo de desa­rro­llo impe­ran­te y que care­cen de repre­sen­ta­ción polí­ti­ca, de capa­ci­dad de inci­den­cia y de influen­cia en las ins­ti­tu­cio­nes y altas esfe­ras de deci­sión guber­na­men­tal. Son gru­pos que his­tó­ri­ca­men­te han sido obje­to del des­pre­cio de las éli­tes que han teni­do el con­trol de los Esta­dos, de las polí­ti­cas y de sus aparatos.

Gua­te­ma­la man­tie­ne una polí­ti­ca migra­to­ria basa­da en la sumi­sión abso­lu­ta a la polí­ti­ca fra­ca­sa­da de Esta­dos Uni­dos, que, basa­da en cri­te­rios de segu­ri­dad, ha sido inca­paz de con­tro­lar y dete­ner los flu­jos de cen­tro­ame­ri­ca­nos hacia ese país. Con­tra­ria­men­te, el Gobierno gua­te­mal­te­co debe­ría defi­nir e imple­men­tar una polí­ti­ca cohe­ren­te con la pro­ble­má­ti­ca. Seguir en esa ruta de depen­den­cia de su polí­ti­ca migra­to­ria solo man­tie­ne y pro­fun­di­za la ya dete­rio­ra­da sobe­ra­nía nacio­nal, con­vier­te al Esta­do en fran­co vio­la­dor de los dere­chos huma­nos de los migran­tes y se cons­ti­tu­ye en un fac­tor que gene­ra y pro­fun­di­za la cri­sis migra­to­ria y social que expe­ri­men­tan nues­tros países.

Por lo demás, las gua­te­mal­te­cas y los gua­te­mal­te­cos con con­cien­cia social debe­ría­mos inten­si­fi­car nues­tras mira­das y voces crí­ti­cas para pro­mo­ver pro­pues­tas y alter­na­ti­vas a este tipo de gobier­nos y polí­ti­cas que se ven bene­fi­cia­dos por los flu­jos de reme­sas mien­tras des­pre­cian y vio­lan los dere­chos de los migran­tes que las generan.

Fuen­te: Rebelión

Itu­rria /​Fuen­te

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