Eco­lo­gía Social. Los pas­tos que lim­pian mares y que tam­bién perdemos

Por Euge­nio Fer­nán­dez Váz­quez, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 31 de enero de 2021.

Los pas­tos mari­nos pue­den ayu­dar a la lim­pie­za de los con­ta­mi­na­dos mares de Méxi­co y otros paí­ses latinoamericanos.

Igual que tan­tas pla­ni­cies en la par­te del mun­do que está sobre el nivel del mar, en las pla­ni­cies que están bajo las olas tam­bién cre­cen pas­tos, y los pas­ti­za­les mari­nos son igual de impor­tan­tes que los terrestres.

Los pas­tos mari­nos, como ya se sabía, redu­cen la fuer­za del olea­je y hacen más fácil la vida en las cos­tas. Tam­bién fre­nan la ero­sión cos­te­ra y, al libe­rar oxí­geno por su pro­ce­so de foto­sín­te­sis, per­mi­ten la exis­ten­cia de otro sin­fín de especies.

Aho­ra se sabe, ade­más, que al menos una espe­cie en el mun­do saca plás­ti­co de los océa­nos, lim­pián­do­los y faci­li­tan­do su res­tau­ra­ción. A pesar de todos estos ser­vi­cios ambien­ta­les, su super­vi­ven­cia está en riesgo.

El des­cu­bri­mien­to de la enor­me capa­ci­dad de una espe­cie de pas­to marino —Posi­do­nia ocea­ni­ca— para lim­piar de plás­ti­cos los mares que habi­ta ha lle­ga­do como una enor­me sor­pre­sa, qui­zá por­que es una estu­pen­da noti­cia en tiem­pos en que las nove­da­des sue­len ser malas.

Ade­más, este pas­to habi­ta el Medi­te­rrá­neo, uno de los mares más mal­tra­ta­dos del pla­ne­ta, y cual­quier atis­bo de solu­cio­nes es siem­pre bienvenido.

La noti­cia la tra­jo un estu­dio publi­ca­do en la revis­ta Scien­ti­fic Reports y lide­ra­do por Anna Sán­chez Vidal que encon­tró que las lla­ma­das “bolas de Nep­tuno” —pelo­tas for­ma­das por fibras de posi­do­niay que son arro­ja­das a tie­rra por las olas— atra­pan par­tí­cu­las de micro­plás­ti­cos y los sacan del mar, hacien­do más fácil su limpieza.

Tan solo en un año estas plan­tas pue­den expul­sar del mar has­ta 900 millo­nes de ele­men­tos plásticos.

No es ni de lejos segu­ro que las espe­cies de pas­tos mari­nos pre­sen­tes en Méxi­co pue­dan desem­pe­ñar la mis­ma fun­ción, pero el hallaz­go mues­tra que los pas­tos mari­nos pres­tan más ser­vi­cios ambien­ta­les de lo que pen­sá­ba­mos, y que su con­ser­va­ción es aún más impor­tan­te de lo que se sabía.

Los pas­ti­za­les mari­nos, aun­que com­pues­tos por otras espe­cies, son comu­nes en Méxi­co de Tamau­li­pas a Quin­ta­na Roo, y en el Pací­fi­co son comu­nes en el Mar de Cor­tés, don­de son uti­li­za­dos coti­dia­na­men­te por el pue­blo seri como fuen­te de ali­men­to y para hacer techos en sus casas.

Los pas­ti­za­les mari­nos sir­ven ade­más como hábi­tat para un sin­fín de espe­cies y de ali­men­to para ani­ma­les como el mana­tí o las tortugas.

A pesar de su impor­tan­cia para las cos­tas mexi­ca­nas, para las cul­tu­ras cos­te­ras y, según apren­de­mos aho­ra, para la lim­pie­za de los mares, los pas­ti­za­les mari­nos están en ries­go en todo el mun­do, y tam­bién en Méxi­co. Aca­dé­mi­cos que estu­dian estos eco­sis­te­mas cal­cu­lan que se han per­di­do cer­ca de cien mil hec­tá­reas de pas­ti­za­les en lo que va de este siglo y la cifra podría ser varias veces mayor que eso.

Las ame­na­zas para estos eco­sis­te­mas están tan­to en el mar como en la tie­rra, pero su res­pon­sa­ble es siem­pre el ser humano.

Des­de el mar lle­gan las gran­des islas de sar­ga­zo que en los últi­mos años han enra­re­ci­do aires y aguas cari­be­ñas. Las aglo­me­ra­cio­nes de esta macro­al­ga cubren la super­fi­cie del mar e impi­den que se fil­tre la luz del sol, que los pas­tos nece­si­tan para sobrevivir.

Des­de la tie­rra, por otra par­te, le lle­gan los sedi­men­tos tan car­ga­dos de mate­ria orgá­ni­ca que se escu­rren des­de las mon­ta­ñas defo­res­ta­das y los res­tos de pes­ti­ci­das que deja la agri­cul­tu­ra indus­trial, dañan­do su hábitat.

La con­ser­va­ción de estos eco­sis­te­mas mari­nos es cru­cial para la super­vi­ven­cia de las eco­no­mías cos­te­ras del Cari­be y del Mar de Cor­tés, por­que sin ellos las ciu­da­des de esas zonas se que­da­rían sin pla­yas y a mer­ced de fenó­me­nos cli­má­ti­cos cada vez más duros.

Garan­ti­zar­la depen­de de que actue­mos en todos los aspec­tos que poda­mos para res­tau­rar la salud del pla­ne­ta. La lle­ga­da del sar­ga­zo a las cos­tas mexi­ca­nas es con­se­cuen­cia del aumen­to en la tem­pe­ra­tu­ra de las aguas y de la alte­ra­ción de los patro­nes de los vien­tos, y para impe­dir­la hay que dejar de con­su­mir com­bus­ti­bles fósi­les en las ciu­da­des para lograr que el calen­ta­mien­to glo­bal no recru­dez­ca estos fenómenos.

Tam­bién hace fal­ta fre­nar la lle­ga­da de sedi­men­tos a las cos­tas, y para ello hay que com­ba­tir la defo­res­ta­ción en las mon­ta­ñas. Urge, ade­más, que lle­guen menos agro­quí­mi­cos a esas aguas, y para ello hay que tran­si­tar de una agri­cul­tu­ra indus­trial y depen­dien­te de los insu­mos arti­fi­cia­les, a una agri­cul­tu­ra orgá­ni­ca y campesina.

Todos tene­mos mucho que apor­tar para sal­var el mar. Urge poner manos a la obra.

Euge­nio Fer­nán­dez Váz­quez, con­sul­tor ambien­tal en el mexi­cano Cen­tro de Espe­cia­lis­tas y Ges­tión Ambiental.

Fuen­te: https://​pie​de​pa​gi​na​.mx/​l​o​s​-​p​a​s​t​o​s​-​q​u​e​-​l​i​m​p​i​a​n​-​m​a​r​e​s​-​y​-​q​u​e​-​t​a​m​b​i​e​n​-​p​e​r​d​e​m​os/, Rebe­lión.

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