Eco­lo­gía Social. “El extrac­ti­vis­mo no es una alter­na­ti­va váli­da para el desarrollo”

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​30 de enero de 2021 – Hora­cio Macha­do Aráoz apor­ta una mira­da his­tó­ri­ca y social del extrac­ti­vis­mo, des­de la épo­ca de la Con­quis­ta has­ta la mega­mi­ne­ría moder­na como fal­so camino al desa­rro­llo. El rol de los gobier­nos, las luchas, la cien­cia y las alternativas.

Por Darío Aranda

Hora­cio Macha­do Aráoz es autor del libro “Poto­sí, el ori­gen. Genea­lo­gía de la mine­ría con­tem­po­rá­nea (edi­to­rial Mar­dul­ce)”, don­de tra­za el víncu­lo del extrac­ti­vis­mo des­de la lla­ma­da “Con­quis­ta de Amé­ri­ca” has­ta la actua­li­dad, con ejem­plos con­cre­tos como Mine­ra Alum­bre­ra (en Cata­mar­ca). “Ser pro­vee­do­res de mate­rias pri­mas obe­de­ce a un patrón de divi­sión inter­na­cio­nal del tra­ba­jo here­da­do de la épo­ca colo­nial. El extrac­ti­vis­mo es un ras­go estruc­tu­ral del capi­ta­lis­mo como sis­te­ma de acu­mu­la­ción mun­dial. Para que se pro­duz­ca esa acu­mu­la­ción es nece­sa­rio que haya zonas de sacri­fi­cio, colo­nia­les, que pro­vean los sub­si­dios eco­ló­gi­cos de ese con­su­mo des­igual del mun­do”, expli­ca. Inves­ti­ga­dor del Coni­cet, docen­te de la Uni­ver­si­dad de Cata­mar­ca, par­te de las asam­bleas cata­mar­que­ñas con­tra la mega­mi­ne­ría y de la orga­ni­za­ción Sumaj Kaw­say (“buen vivir”).

-Par­tien­do del libro “Poto­sí, el ori­gen”, ¿qué simi­li­tu­des hay entre ese mode­lo ini­cia­do en 1492 y el actual?

-Lo que apa­re­ce intac­to deba­jo de la diver­si­dad de for­mas del extrac­ti­vis­mo es la figu­ra del con­quis­ta­dor como pro­to­ti­po de los huma­nos y como for­ma de rela­cio­nar y con­ce­bir la rela­ción con el mun­do. El con­quis­ta­dor, des­de los Piza­rro, los Cor­tés, los Pedro de Val­di­via, los Die­go de Rojas, son varo­nes arma­dos, vio­len­tos, en bús­que­da de modos de enri­que­ci­mien­tos rápi­do y gene­ral­men­te media­dos por el áni­mo de domi­nio, lucro, pose­sión, que miran el mun­do como puro obje­to de pose­sión y con­quis­ta, con­ci­be la vida como una carre­ra infi­ni­ta de rique­za y poder. Lo que tene­mos aba­jo del extrac­ti­vis­mo es lo que hace idén­ti­ca la situa­ción entre el Siglo XVI y el XXI es un patrón de sub­je­ti­vi­dad que se ha ins­ti­tu­cio­na­li­za­do, un mun­do don­de el comer­cio y la gue­rra ago­tan el sen­ti­do de la exis­ten­cia. Vivi­mos para com­prar, es un mun­do de con­su­mi­do­res, es el ADN de este mode­lo civi­li­za­to­rio. En tér­mi­nos sub­je­ti­vos la mira­da de Colón ses­ga­da por el bri­llo del oro es la mira­da del suje­to moderno con­tem­po­rá­neo, de la racio­na­li­dad que pien­sa en la con­quis­ta de rique­zas y valo­res abs­trac­tos como el sen­ti­do últi­mo de la exis­ten­cia, esa es la matriz del extractivismo.

-¿Y las diferencias?

-Hay dife­ren­cias, gran­des y múl­ti­ples, entre el extrac­ti­vis­mo pri­mi­ti­vo del Siglo XVI y el del Siglo XXI, sobre todo en los modos de pro­duc­ción, el régi­men de domi­na­ción y des­truc­ción de hoy es infi­ni­ta­men­te mayor. El poder tam­bién se ha hecho más com­ple­jo, tie­ne una tre­men­da capa­ci­dad libi­di­nal, un poder per­for­ma­ti­vo, enor­me capa­ci­dad de seduc­ción, per­sua­sión, el modo de vida impe­rial se impo­ne como matriz evo­lu­ti­va. La visión del mun­do del con­quis­ta­dor pene­tra en los domi­na­dos.

-Los paí­ses depen­dien­tes quie­ren ser como las potencias.

-La capa­ci­dad de des­truc­ción aso­cia­da a la capa­ci­dad de seduc­ción es lo que Aní­bal Qui­jano lla­ma “la lógi­ca de la colo­nia­li­dad”. El modo de vida impe­rial, del con­quis­ta­dor, apa­re­ce tam­bién como desea­do por los con­quis­ta­dos y colo­ni­za­dos. Este mode­lo nos lle­vó a un umbral de des­hu­ma­ni­za­ción, a la natu­ra­li­za­ción de la vio­len­cia, vivir rela­cio­nán­do­nos con la Madre Tie­rra des­de la lógi­ca del saqueo, con los efec­tos sani­ta­rios y socio­am­bien­ta­les que ya conocemos.

-Pero tam­bién hay resistencias.

-Exis­te cla­ra­men­te otra dimen­sión, un esta­do de lucha. Estos cin­co siglos de domi­na­ción extrac­ti­vis­ta colo­nial no han pasa­do en vano. No ha sido una domi­na­ción pasi­va. Hay toda una his­to­ria de luchas, un apren­der de luchas pasa­das. Es una acer­vo. Semi­llas de huma­ni­dad que nos que­dan. Si que­re­mos sos­te­ner y luchar por la super­vi­ven­cia de la huma­ni­dad tene­mos que acu­dir al ban­co de semi­llas de la his­to­ria, que son las las resis­ten­cias, la lucha de los pue­blos ori­gi­na­rios, de las muje­res, la lucha de los tra­ba­ja­do­res, de todos los opri­mi­dos del mun­do. Hay ahí un ban­co de sabe­res, de cono­ci­mien­to, que tene­mos hoy dis­po­ni­ble. Todas estas luchas, dis­tin­tas expre­sio­nes con­tra la domi­na­ción patriar­cal-colo­nial-capi­ta­lis­ta, son todas nece­sa­rias pero nin­gu­na es por sí mis­ma. Esta­mos ante un gran desa­fío de una sin­fo­nía de luchas popu­la­res, es la con­cien­cia que tene­mos de la inte­gra­ción de las luchas, del eco­lo­gis­mo popu­lar. Todo esto apa­re­ce con una niti­dez que no lo podía­mos ver en otros momen­to de la historia.

El extractivismo no es una alternativa valida para el desarrollo. Entrevista a Horacio Machado

Capi­ta­lis­mo

-¿Cuál es la rela­ción entre el extrac­ti­vis­mo y el capitalismo?

-No hay capi­ta­lis­mo sin extrac­ti­vis­mo. Y el capi­ta­lis­mo impli­ca la reafir­ma­ción de una estruc­tu­ra colo­nial de la eco­no­mía mun­dial. Por eso es inen­ten­di­ble que en el Siglo XXI gobier­nos que dicen que que­rían un cam­bio pro­gre­sis­ta insis­tie­ron sobre la base de un mode­lo ya falli­do, muy cono­ci­do y muy deba­ti­do en Amé­ri­ca Lati­na, con con­se­cuen­cias eco­nó­mi­cas, polí­ti­cas, socia­les y que con­so­li­da la depen­den­cia. Un gran apren­di­za­je de ese perío­do debie­ra ser que como paí­ses here­de­ros de un régi­men colo­nial, que pro­lon­ga­mos y pro­fun­di­za­mos, no pode­mos aspi­rar a un mode­lo de desa­rro­llo igual o equi­va­len­te al de los paí­ses indus­tria­li­za­dos. Debié­ra­mos aspi­rar a otro mode­lo de desa­rro­llo, basa­do en otro tipo de matriz de pro­duc­ción y de consumo.

-Una clá­si­ca mira­da des­de sec­to­res pro­gre­sis­tas o de izquier­da es seña­lar que el extrac­ti­vis­mo es una “con­tra­dic­ción secun­da­ria” o una eta­pa pre­via para lograr el pos­te­rior “desa­rro­llo”.

-Es la posi­ción de lo que lla­ma­mos la izquier­da ofi­cia­lis­ta, los inte­lec­tua­les y polí­ti­cos que siguen incon­di­cio­nal­men­te a los gobier­nos pro­gre­sis­tas. Es una posi­ción total­men­te equi­vo­ca­da, que repro­du­ce vie­jos erro­res de la izquier­da orto­do­xa del siglo pasa­do, dela­ta una cegue­ra epis­té­mi­ca que estos sec­to­res de izquier­da tie­nen res­pec­to a la natu­ra­le­za. Siguen sin enten­der que el capi­ta­lis­mo no es solo la depre­da­ción de la fuer­za de tra­ba­jo, sino que pro­du­ce la depre­da­ción de las fuen­tes de vida, la natu­ra­le­za, de las cua­les el tra­ba­jo es un aspec­to más. La vie­ja izquier­da es una izquier­da pro­duc­ti­vis­ta, pien­sa en los tér­mi­nos del capi­ta­lis­mo res­pec­to al desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co, tie­ne fe cie­ga en la expan­sión de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, creen en un hori­zon­te de cre­ci­mien­to infi­ni­ti­vo. Esto, que podría ser per­do­na­ble para Marx o Engels, en el Siglo XIX, es incom­pren­si­ble en los tiem­pos actuales.

-¿Que plan­teo alter­na­ti­vo existe?

-La teo­ría social crí­ti­ca lati­no­ame­ri­ca­na nació con cues­tio­na­mien­tos por las con­se­cuen­cias de este mode­lo pri­ma­rio expor­ta­dor. Exis­tie­ron teó­ri­cos y gobier­nos que pro­pu­sie­ron un mode­lo dis­tin­to para la región entre las déca­das del 40, 50 y 60 del siglo pasa­do, muchos de ellos ins­pi­ra­dos en la lla­ma­da “escue­la de la Cepal” (Comi­sión Eco­nó­mi­ca para Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be), don­de el eco­no­mis­ta Raúl Pre­bisch fue uno de los refe­ren­tes. Des­de hace más de medio siglo se sabe que el extrac­ti­vis­mo no es una alter­na­ti­va váli­da para el desa­rro­llo. Esa matriz extrac­ti­va tie­ne con­se­cuen­cias en mate­ria de cla­se social, gene­ra una dis­tri­bu­ción del ingre­so que tien­de a la pola­ri­za­ción social, con­so­li­da a las éli­tes y con­lle­va esca­sa redistribución.

-¿Por qué se insis­te en el mis­mo camino?

-Hay muchas hipó­te­sis pero un ele­men­to fun­da­men­tal es el ima­gi­na­rio colo­nial desa­rro­llis­ta. Bue­na par­te de los gobier­nos, inclu­so de izquier­da, siguen anhe­lan­do en el desa­rro­llo con­ce­bi­do des­de un ima­gi­na­rio euro­cén­tri­co, pen­san­do que noso­tros sola­men­te debe­mos desa­rro­llar­nos siguien­do los están­da­res de vida e ins­ti­tu­cio­na­li­dad de los paí­ses más pode­ro­sos, Euro­pa occi­den­tal o Esta­dos Uni­dos. Y eso es un pro­fun­do equí­vo­co polí­ti­co, no tene­mos posi­bi­li­dad de desa­rro­llar­nos en esos tér­mino, y se hace invia­ble toda posi­bi­li­dad de pen­sar e imple­men­tar otros cami­nos, que sean emancipatorios.

Alter­na­ti­vas al extrac­ti­vis­mo

-¿Cómo se sale del extractivismo?

-No hay, creo, sali­das capi­ta­lis­tas del extrac­ti­vis­mo. Eso nos fuer­za a pen­sar radi­cal­men­te las alter­na­ti­vas. Como el extrac­ti­vis­mo es una dimen­sión intrín­si­ca del capi­ta­lis­mo, salir­se de él es ima­gi­nar otros hori­zon­tes civi­li­za­to­rios. Y esto aun­que parez­ca difí­cil, utó­pi­co, invia­ble para muchos, hay muchas comu­ni­da­des que viven en terri­to­rios que están fue­ra de los patro­nes del capi­ta­lis­mo, viven sobre una base de uso comu­nal de los cono­ci­mien­tos, sabe­res, tie­rras, semi­llas. En nues­tra Amé­ri­ca tene­mos muchas comu­ni­da­des que viven fue­ra de ese patrón extrac­ti­vo. Hay que comen­zar a ima­gi­nar esas salidas.

-¿Cómo sería?

-Siem­pre deci­mos que es nece­sa­rio pen­sar en las tran­si­cio­nes. Hay que pen­sar un pro­ce­so gra­dual. En los pri­me­ros años de la Revo­lu­ción Ciu­da­da­na en Ecua­dor se empe­zó ese camino, con la Cons­ti­tu­ción de Mon­te Cris­ti, con Alber­to Acos­ta como minis­tro de Ener­gía, había plan­tea­do un plan esta­tal de sali­da del extrac­ti­vis­mo. Con el hori­zon­te en el buen vivir, con toda una pro­pues­ta macro­eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca para garan­ti­zar esa tran­si­ción. Final­men­te Rafael Correa dejó de lado esa pro­pues­ta y se afe­rró al extractivismo.

¿Sería otra for­ma de vida?

-El futu­ro de la espe­cie huma­na está en poder reapren­der y reedu­car­nos, vol­ver a sen­tir­nos conec­ta­dos con el mun­do de la vida, el aire, la tie­rra, el agua. Y des­co­nec­tar­nos del apa­ra­ta­je tec­no­ló­gi­co y finan­cie­ro que nos ha extir­pa­do del mun­do, nos ha sumer­gi­do en un vida de bur­bu­ja, en un mun­do de pan­ta­llas y de cone­xio­nes abs­trac­tas. Hay que salir de ahí para tener alter­na­ti­vas, para tener otro futuro.

-¿Los acu­san de utópicos?

-Hay nume­ro­sas pro­pues­tas, tan­to de inves­ti­ga­do­res como de orga­ni­za­cio­nes socia­les, que están pro­po­nien­do polí­ti­cas para modi­fi­car la matriz pro­duc­ti­va, alter­na­ti­vas cons­trui­das des­de aba­jo que cons­tru­yen otras terri­to­ria­li­da­des y son fun­da­men­ta­les para salir del extrac­ti­vis­mo. Ima­gi­ne­mos socie­da­des basa­das en sobe­ra­nía ali­men­ta­ria, sobe­ra­nía ener­gé­ti­ca e hídri­ca como pila­res fun­da­men­ta­les para pen­sar la inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca y cul­tu­ra­les. Des­de hace años que las orga­ni­za­cio­nes lo vie­nen pen­san­do y ponien­do en prác­ti­ca, como la Conaie, la Red de Comu­ni­da­des Afec­ta­das por la Mine­ría de Méxi­co, el Movi­mien­to Mun­dial con­tra al Repre­sas de Meso­amé­ri­ca y la mis­ma UAC (Unión de Asam­bleas Ciudadanas).

El extractivismo no es una alternativa valida para el desarrollo. Entrevista a Horacio Machado

Cien­cia para qué y para quién

-¿Cuál es el rol de la cien­cia hege­mó­ni­ca ante el extractivis­mo?

-La cien­cia tie­ne un rol pro­ta­gó­ni­co e impres­cin­di­ble en la diná­mi­ca del extractivismo.

-¿Por qué?

-La tra­yec­to­ria de des­truc­ti­vi­dad que nos mues­tra esta civi­li­za­ción nace de la arti­cu­la­ción entre la cien­cia, el capi­tal y el Esta­do, como un trí­po­de de poder, una gran maqui­na­ria epis­té­mi­ca polí­ti­ca que avan­zó tri­tu­ran­do la tie­rra como mun­do de la vida. Tie­ne una direc­ta rela­ción con que este mun­do moderno nace sobre una falla epis­té­mi­ca, que es el pun­to del ori­gen de la cien­cia moder­na: nace matan­do a la tie­rra. La cien­cia fue el prin­ci­pal apa­ra­to epis­té­mi­co polí­ti­co que con­si­de­ró a la tie­rra como pura mate­ria iner­te, como puro obje­to, como algo des­pro­vis­to de vida, pues­to al ser­vi­cio de una ani­mo de domi­nio y con­trol des­de una mira­da antro­po­cén­tri­ca. El pun­to de ori­gen de este sis­te­ma mun­do es esa desa­cra­li­za­ción de la tie­rra. La cien­cia se pien­sa como un obje­to de cono­ci­mien­to para la explo­ta­ción. El pro­gre­so moderno es pen­san­do como una carre­ra de con­quis­ta, de con­trol, de domi­na­ción y de explo­ta­ción sobre el mun­do de los vivos. Que va a ser pen­sa­do como puro obje­to, como mate­rias pri­mas para la valo­ri­za­ción en el mer­ca­do. Todo eso es obra de la cien­cia moder­na. La cien­cia ins­ti­tu­ye esta sepa­ra­ción entre lo humano y la tie­rra, pro­du­ce este pro­ce­so de mer­can­ti­li­za­ción.

-¿Cien­cia para trans­gé­ni­cos, frac­king, litio?

-Un obrar cien­tí­fi­co que ha con­ce­bi­do la pro­duc­ción de cono­ci­mien­to como un ins­tru­men­to de apro­pia­ción y de explotación.

-¿Obser­va que la cien­cia se eri­ge como por­ta­do­ra de la verdad?

-Una dimen­sión muy impor­tan­te tie­ne que ver con que esta cien­cia, que nace dis­cu­tien­do y cri­ti­can­do los mode­los mono­cul­tu­ra­les del abso­lu­tis­mo teo­ló­gi­co, el dog­ma­tis­mo reli­gio­so que cen­su­ra­ba los mode­los de pro­duc­ción de cono­ci­mien­to, esta cien­cia se ha con­ver­ti­do en una nue­va reli­gión.

-¿Cómo?

-La cien­cia que ha com­ba­ti­do a aque­lla reli­gión, que exi­gía liber­tad de pen­sa­mien­to, pasó a ser esta cien­cia que se ha con­ver­ti­do en una reli­gión. Esta cien­cia se impo­ne des­tru­yen­do, des­co­no­cien­do, negan­do otros modos de pro­du­cir cono­ci­mien­to, otros regis­tros cog­ni­ti­vos y otros uni­ver­sos de saberes.

-¿Se pue­de salir o cam­biar ese mode­lo cien­tí­fi­co dominante?

-Nece­si­ta­mos esos otros cono­ci­mien­tos, con­tra­he­ge­mó­ni­cos o naci­dos fue­ra del ámbi­to del impe­rio de esta cien­cia hege­mó­ni­ca. La cri­sis de la tie­rra, la cri­sis polí­ti­ca y la cri­sis antro­po­ló­gi­ca que es el capi­ta­lo­ceno no se pue­de resol­ver con los mis­mos medios que han pro­du­ci­do esta catás­tro­fe. No pode­mos creer que esta cien­cia nos pro­vee­rá solu­cio­nes para los mis­mos pro­ble­mas que ella ha crea­do. Nece­si­ta­mos pen­sar radi­cal­men­te otros modos de pro­du­cir y vali­dar el cono­ci­mien­to.

-¿Pero hay cien­tí­fi­cos que pien­san y actúan den­tro del sis­te­ma de otra mane­ra, a contracorriente?

-Den­tro de la cien­cia hay sabe­res y for­mas de uso con­tra­he­ge­mó­ni­cos que son suma­men­te úti­les. Des­de los ‘50 sur­gió una cien­cia del pue­blo y para el pue­blo, demo­cra­ti­zan­do la cien­cia, que pien­sa la tarea cien­tí­fi­ca como un ser­vi­cio de la demo­cra­ti­za­ción de la socie­dad. Pen­sar a los cien­tí­fi­cos como ser­vi­do­res públi­cos cuya tarea es ampliar la cali­dad de la vida demo­crá­ti­ca de las sociedades.

-Muchas veces el cono­ci­mien­to cien­tí­fi­co pare­ce ubi­car­se por enci­ma de otros conocimientos.

-La cien­cia popu­lar tie­ne que reco­no­cer­se des­de el pre­su­pues­to de la humil­dad epis­té­mi­ca. No hay una posi­ción de pri­vi­le­gio ni de ver­dad. El saber cien­tí­fi­co no pue­de impo­ner­se sobre otros modos de saber y cono­ci­mien­to. Tie­ne que entrar en diá­lo­go, en una eco­lo­gía de sabe­res, con humil­dad epis­té­mi­ca. Bajo nin­gún aspec­to tie­ne supe­rio­ri­dad o una posi­bi­li­dad de pri­vi­le­gio. Es la úni­ca for­ma de que haya una cien­cia demo­crá­ti­ca y popular.

Movi­mien­tos socia­les y gobiernos

-¿Cómo ana­li­za el rol de los movi­mien­tos socia­les, cam­pe­si­nos o indí­ge­nas que asu­men fun­cio­nes de gobierno?

-Hay muchas com­ple­ji­da­des, don­de tam­bién esta­mos apren­dien­do de expe­rien­cias his­tó­ri­cas, como de los recien­tes gobier­nos pro­gre­sis­tas de Amé­ri­ca Lati­na. Es muy dis­cu­ti­ble sino un ana­cro­nis­mo polí­ti­co pen­sar como se pen­sa­ba hace 40 años que el cam­bio social se hace solo des­de el Esta­do. Es una idea erra­da por muchos motivos.

-¿Por qué?

-Los cam­bios socia­les que nece­si­ta­mos no se hacen des­de arri­ba y no se hacen des­de el Esta­do, sino que muchas veces se hacen a pesar del Estado.

-¿Cómo sería?

-El Esta­do como apa­ra­to buro­crá­ti­co polí­ti­co y mili­tar for­ma par­te del pro­ble­ma y no de las solu­cio­nes. Hay que trans­for­mar­lo en algo sus­tan­cial­men­te dis­tin­to. Enton­ces cuan­do pen­sa­mos en el Esta­do se pre­sen­ta un dile­ma, en el sen­ti­do que nin­gu­na trans­for­ma­ción se hace sin el Esta­do, pero toda trans­for­ma­ción civi­li­za­to­ria se hace a pesar del Estado.

-¿Y el rol de las orga­ni­za­cio­nes sociales?

-El hecho de par­ti­ci­par en la lógi­ca de un gobierno no debie­ra hacer­nos per­der de vis­ta sobre el sen­ti­do de las trans­for­ma­cio­nes y me pare­ce que eso es un poco lo difí­cil de ese desa­fío. En las déca­das pasa­das ha habi­do cam­bios cons­ti­tu­cio­na­les, polí­ti­cos muy fuer­tes, don­de se ha habla­do de pasar a otros esta­dos, no capi­ta­lis­tas, deco­lo­nia­les, plu­ri­na­cio­na­les. Esas expe­rien­cias han fra­ca­sa­do, han sido gobier­nos don­de muchas veces el apa­ra­to polí­ti­co del Esta­do ha teni­do a líde­res de orga­ni­za­cio­nes de movi­mien­tos popu­la­res y socia­les. Esto plan­tea la gran com­ple­ji­dad, cómo evi­tar la lógi­ca de la repro­duc­ción del sis­te­ma, y una vez que se está den­tro del apa­ra­to esta­tal cómo man­te­ner la voca­ción de trans­for­ma­cio­nes anti­sis­té­mi­cas den­tro del mis­mo Estado.

-¿Cómo se hace?

-Es suma­men­te com­ple­jo. No hay rece­tas, esta­mos apren­dien­do. Creo que el ciclo pro­gre­sis­ta nos deja dolo­ro­sas ense­ñan­zas. Sería suma­men­te nece­sa­rio poder meta­bo­li­zar apren­di­za­jes sociales.

-¿Pero es posi­ti­vo que orga­ni­za­cio­nes socia­les se sumen a gobiernos?

-No pode­mos espe­rar que un Esta­do que for­ma par­te del sis­te­ma actúe de mane­ra anti­sis­té­mi­ca. Sí hay una ecua­ción varia­ble de trans­for­ma­cio­nes del Esta­do si exis­te mucha pre­sión social. Eso nos lle­va a situa­cio­nes de ecua­cio­nes com­ple­jas y no pode­mos decir­las des­de un escri­to­rio ni des­de los libros. For­ma par­te de los apren­di­za­jes y luchas que hay que dar. Cuan­do refe­ren­tes de movi­mien­tos socia­les están en fun­ción de gobierno hay que obser­var a qué intere­ses se res­pon­de. En qué medi­da esos refe­ren­tes siguie­ron res­pon­dien­do a sus orga­ni­za­cio­nes o res­pon­den a las lógi­cas del poder. Allí sue­le dar­se una fra­gi­li­dad y un lími­te. Y se ter­mi­na repro­du­cien­do la lógi­ca sis­té­mi­ca del Esta­do, con un mon­tón de dis­po­si­ti­vos psi­co­so­cia­les que tien­den a jus­ti­fi­car eso: el posi­bi­lis­mo, el prag­ma­tis­mo, ‘hace­mos lo que pode­mos’, ‘lucha­mos des­de aden­tro’, ‘más no se pue­de’, ‘si me voy vie­ne otro que lo hará peor’. Todas esas para­fer­na­lias de excu­sas ter­mi­na en defi­ni­ti­va sien­do fun­cio­na­les a la defrau­da­ción popu­lar. Tene­mos que apren­der de eso, sigue sien­do un pro­ce­so desa­fian­te de apren­di­za­je social.

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