Méxi­co. Ejér­ci­to y gra­ves vio­la­cio­nes a dere­chos humanos

Mario Patrón /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 29 de enero de 2021

Prác­ti­ca­men­te cada día que­da más cla­ro que las fuer­zas arma­das, es decir, el Ejér­ci­to, la Mari­na Arma­da y la Guar­dia Nacio­nal, son un poder pre­pon­de­ran­te en la actual admi­nis­tra­ción. Duran­te las sema­nas recien­tes el caso Cien­fue­gos ha cau­sa­do un gran revue­lo y ha vuel­to a poner en evi­den­cia la debi­li­dad ins­ti­tu­cio­nal para una pro­cu­ra­ción de jus­ti­cia con están­da­res democráticos. 

No obs­tan­te y con inde­pen­den­cia del caso Cien­fue­gos, fren­te a los recien­tes seña­la­mien­tos y docu­men­ta­ción de casos que las vin­cu­lan a gra­ves vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos, vale la pena pre­gun­tar­nos si, en efec­to, las fuer­zas arma­das siguen hoy bajo el mis­mo man­to de impu­ni­dad que les pro­te­gió duran­te las ante­rio­res administraciones.

La sema­na pasa­da salió a la luz el tes­ti­mo­nio de un pre­sun­to líder del cár­tel Gue­rre­ros Uni­dos en que se narra la des­apa­ri­ción de los 43 nor­ma­lis­tas y el ase­si­na­to de otros jóve­nes la noche del 26 y madru­ga­da del 27 de sep­tiem­bre de 2014. La decla­ra­ción rela­ta el ope­ra­ti­vo con­jun­to de la poli­cía esta­tal, el Ejér­ci­to y una célu­la de Gue­rre­ros Uni­dos para inte­rro­gar a los jóve­nes y lue­go eje­cu­tar­los y des­apa­re­cer sus cuer­pos median­te la inci­ne­ra­ción o diso­lu­ción en ácido.

Cier­ta­men­te las inves­ti­ga­cio­nes inde­pen­dien­tes sobre el caso Ayotzi­na­pa han reve­la­do nexos entre el cri­men orga­ni­za­do y el Ejér­ci­to; sin embar­go, des­afor­tu­na­da­men­te no es el úni­co de los casos que el gobierno de Andrés Manuel López Obra­dor here­dó de gobier­nos ante­rio­res que tie­nen como deno­mi­na­dor común la impu­ni­dad del esta­men­to mili­tar que per­mi­tie­ron hechos de abu­so con­tra civi­les de los que son seña­la­das las fuer­zas armadas.

Entre ellos están las eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les en Tlatla­ya, que siguen sin tener una reso­lu­ción cla­ra, pues han sido obje­to de una inves­ti­ga­ción débil, por decir lo menos. La mis­ma fal­ta de cabal jus­ti­cia que se ha per­pe­tua­do res­pec­to del lla­ma­do caso Apatzin­gán, en el que sólo se han logra­do has­ta aho­ra unas cuan­tas deten­cio­nes de miem­bros de la poli­cía federal.

Sobre la Guar­dia Nacio­nal (GN), ya en esta admi­nis­tra­ción, se tie­ne el regis­tro de, al menos, cin­co casos for­ma­li­za­dos de abu­sos gra­ves en per­jui­cio de civi­les que fue­ron eje­cu­ta­dos o lesio­na­dos de bala por no dete­ner­se ante un retén o una soli­ci­tud de alto. Esto sin men­cio­nar los nume­ro­sos recla­mos por abu­so de poder en la fron­te­ra sur en el con­tex­to del paso de las cara­va­nas migran­tes. Debi­do a lo ante­rior, la GN ya apa­re­ce entre las 10 auto­ri­da­des con más que­jas ante la CNDH por pre­sun­tas vio­la­cio­nes a dere­chos huma­nos, entre las cua­les se encuen­tra tam­bién la Sedena.

Ante tal esce­na­rio, la exo­ne­ra­ción a Cien­fue­gos, más que un gol­pe a la DEA o a la rela­ción bila­te­ral entre Méxi­co y Esta­dos Uni­dos –como se ha repe­ti­do las sema­nas recien­tes– es un duro gol­pe a la demo­cra­cia de nues­tro país y un men­sa­je de empo­de­ra­mien­to para el Ejér­ci­to, que amplía sus már­ge­nes de acción. Tras los casos de vio­la­cio­nes gra­ves a los dere­chos huma­nos, como Ayotzi­na­pa, Tlatla­ya, Apatzin­gán o aque­llos de los que es seña­la­da la GN sigan en la impu­ni­dad y la docu­men­ta­ción de los nexos de las fuer­zas arma­das con el cri­men orga­ni­za­do en entor­nos de macro­cri­mi­na­li­dad dise­mi­na­dos por el terri­to­rio nacio­nal, la exo­ne­ra­ción de Cien­fue­gos se tra­du­ce en un men­sa­je de pro­tec­ción e inclu­so de subor­di­na­ción de las ins­ti­tu­cio­nes civi­les a las castrenses.

Entre los espe­cia­lis­tas en admi­nis­tra­ción públi­ca es popu­lar la fra­se de que prio­ri­dad que no está en el pre­su­pues­to no es prio­ri­dad, y vice­ver­sa; vale la pena recor­dar­la para ilus­trar la pre­emi­nen­cia de las fuer­zas arma­das tam­bién en esta dimen­sión, pues un com­pa­ra­ti­vo pre­su­pues­tal de los últi­mos tres años –2018 – 21– reve­la un aumen­to de 80 mil a 112 mil millo­nes de pesos.

Ade­más del tra­to gene­ro­so que ha goza­do el Ejér­ci­to en los últi­mos sexe­nios, tam­bién se debe hacer notar que esta ins­ti­tu­ción ha esta­do al mar­gen de la ren­di­ción de cuen­tas. Los gobier­nos de Peña y Cal­de­rón asig­na­ron a las fuer­zas arma­das pape­les pro­ta­gó­ni­cos que los lle­va­ron a tener en la vía de los hechos pre­pon­de­ran­cia sobre el poder civil. Pues bien, y en con­tra­po­si­ción con las crí­ti­cas que López Obra­dor ha diri­gi­do a sus ante­ce­so­res en casi todos los ámbi­tos, resul­ta evi­den­te que res­pec­to del poder cas­tren­se ha apos­ta­do por la mis­ma fór­mu­la pero aumentada.

La exo­ne­ra­ción de Cien­fue­gos, por sí sola es rele­van­te, pero si se lee a la luz de la tra­di­ción de impu­ni­dad que ha acom­pa­ña­do la his­to­ria de las fuer­zas arma­das los últi­mos cua­tro sexe­nios, que ha deri­va­do en un núme­ro enor­me y cre­cien­te de casos de vio­la­cio­nes gra­ves de dere­chos huma­nos, el men­sa­je es explo­si­vo, pues equi­va­le a for­ta­le­cer un halo de per­mi­si­vi­dad que podría ser inter­pre­ta­do como un che­que en blanco.

Lamen­ta­ble­men­te, el cre­ci­mien­to de las facul­ta­des mili­ta­res no ha sido acom­pa­ña­do por el dise­ño de nue­vos meca­nis­mos de con­trol, trans­pa­ren­cia y ren­di­ción de cuen­tas; por ello, acre­cen­tar su poder impli­ca, corre­la­ti­va­men­te, incre­men­tar no sólo el ries­go de corrup­ción, sino de alen­tar la con­ti­nui­dad de la comi­sión de vio­la­cio­nes gra­ves a los dere­chos fun­da­men­ta­les de los ciudadanos.

FUENTE: La Jornada

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