Méxi­co. Rara­mu­ris: resis­ten­cia ances­tral y femi­nis­ta en el noroeste

Por Andrea Vega. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 25 de enero de 2021.

En una región domi­na­da por el cri­men orga­ni­za­do, 10 muje­res indí­ge­nas luchan con­tra un empre­sa­rio fan­tas­ma y el poder del Esta­do para mon­tar un taller tex­til que dará tra­ba­jo a las madres sol­te­ras de la comunidad. 

Los habi­tan­tes de la comu­ni­dad indí­ge­na de Bos­ques de San Elias Repe­chi­que, en la Sie­rra Tarahu­ma­ra, en Chihuahua, no habían vis­to un des­li­gue tan gran­de de poli­cías minis­te­ria­les. En una región domi­na­da por el cri­men orga­ni­za­do las auto­ri­da­des no lle­gan así ni en bus­ca de los nar­co­tra­fi­can­tes. Ese 6 de mayo de 2020, cin­co camio­ne­tas blan­cas de la Fis­ca­lía Gene­ral del Esta­do rodea­ron una cons­truc­ción. Los agen­tes bus­ca­ban a Tere­sa Gon­zá­lez, una mujer rará­mu­ri de 46 años que quie­re levan­tar, en una hec­tá­rea del terri­to­rio ances­tral de su comu­ni­dad, un taller de costura.

Ahí tra­ba­ja­rán diez muje­res rará­mu­ri, la mayo­ría madres sol­te­ras y sin empleo fijo. Cose­rán sus ropas tra­di­cio­na­les: ves­ti­dos o fal­da y blu­sa hechos con plie­gues amplios y telas colo­ri­das y flo­ra­les. Tam­bién harán uni­for­mes y sába­nas. Pla­nean ven­der­los a los veci­nos, turis­tas y a las empre­sas de las gran­des ciu­da­des. Las ganan­cias, ade­más de ase­gu­rar un suel­do fijo a las cos­tu­re­ras, se usa­rán en mon­tar un come­dor para adul­tos mayo­res y una estan­cia para los niños.

Ese es el plan. Pero Salo­món y Lai­la Mile­di Pérez, quie­nes recla­man como suyo el terreno don­de se cons­tru­ye el taller, hicie­ron que su repre­sen­tan­te legal levan­ta­ra una denun­cia por des­po­jo y daño ambien­tal con­tra “quien resul­te res­pon­sa­ble”. En este caso Tere­sa, la res­pon­sa­ble del proyecto. 

—Noso­tros ni cono­ce­mos al que se dice due­ño del terreno —dice Tere­sa — . No lo hemos vis­to nun­ca por aquí. No vemos que viva en la tie­rra que dicen que es suya, no lo vemos tra­ba­jar­la. Nomás nos dicen las auto­ri­da­des que hay docu­men­tos don­de dice que él es el due­ño. Eso es él: pape­les que vue­lan en el aire, pero sin raíz en la tie­rra, en esta tie­rra don­de hemos esta­do des­de siempre.

Tere­sa se ganó el car­go de res­pon­sa­ble del taller por opi­nar en una asam­blea de su pue­blo. El dine­ro para mon­tar­lo salió de un fidei­co­mi­so. Los gober­na­do­res indí­ge­nas de Bos­ques de San Elías Repe­chi­que inter­pu­sie­ron un ampa­ro en 2014 por la cons­truc­ción, sin con­sul­ta pre­via a los habi­tan­tes, del Aero­puer­to Regio­nal Barran­cas del Cobre-Creel en lo que la comu­ni­dad recla­ma como su terri­to­rio ancestral. 

Un juez les con­ce­dió el ampa­ro en 2016. Orde­nó resar­cir los daños a los pobla­do­res por la obra. Se cons­ti­tu­yó el fidei­co­mi­so y se deter­mi­nó orga­ni­zar pro­yec­tos en bene­fi­cio de la comunidad.

En Asam­blea, esa figu­ra colec­ti­va en la que se toman deci­sio­nes impor­tan­tes en la vida comu­ni­ta­ria de los pue­blos indí­ge­nas, los pobla­do­res pro­pu­sie­ron varios pro­yec­tos. Tere­sa dijo: un taller de cos­tu­ra. Le pidie­ron poner en papel cómo se haría y los costos. 

Ella no sabía nada de cons­truir y mon­tar un taller. Sabía de cos­tu­ra, como saben la mayo­ría de las rará­mu­ris. Apren­den des­de niñas, de la mano de sus abue­las y madres, para hacer­se sus vestidos. 

Duran­te muchos meses, des­pués de las 6 de la tar­de cuan­do ya había ter­mi­na­do las arte­sa­nías que comer­cia­ba por ese enton­ces, Tere­sa aga­rra­ba un cua­derno de su hijo y se podía a garabatear. 

En ese cua­derno dibu­jó un esbo­zo del taller. Pre­gun­tó cos­tos aquí y allá. Le pidió ayu­da a Con­tec, la mis­ma orga­ni­za­ción civil que los ase­so­ró para el ampa­ro. Así pre­sen­tó el pro­yec­to a la Asam­blea y al comi­té del fidei­co­mi­so. Lo aprobaron. 

***

Ese 6 de mayo, cuan­do lle­ga­ron a la cons­truc­ción los poli­cías minis­te­ria­les, Tere­sa, de esta­tu­ra baja, cara regor­de­ta y tez more­na, les habló tran­qui­lo. No pare­ce hecha para el con­flic­to, pero es resuel­ta. La mujer rará­mu­ri se plan­tó fren­te a los de la fis­ca­lía: les expli­có que el terreno no podía ser de un par­ti­cu­lar, que es de ellos, de su gen­te. Pero los agen­tes cum­plen órde­nes y ya.

Dos veces más pasó lo mis­mo: el 1 y el 17 de julio. Los poli­cías lle­ga­ron has­ta la obra del taller a decir­les a los pobla­do­res que no podían cons­truir en ese lugar. A la cuar­ta visi­ta, el 13 de agos­to, des­alo­ja­ron la cons­truc­ción y la ase­gu­ra­ron con una cin­ta de peli­gro, como si de ver­dad fue­ra la esce­na de un crimen. 

El con­flic­to por las tie­rras acá en la Sie­rra Tarahu­ma­ra es añe­jo. El gobierno de Méxi­co frac­cio­nó y ven­dió a fina­les del siglo XIX, en tiem­pos del dic­ta­dor Por­fi­rio Díaz, más de 16 mil hec­tá­reas de tie­rras del terri­to­rio ances­tral de los rará­mu­ris. No impor­tó que ellos estu­vie­ran asen­ta­dos ahí. 

Los terre­nos han ido pasan­do de una mano a otra, ya sea por heren­cia o por ven­ta. Aho­ra están en manos de los Cues­ta Mile­di, due­ños de caba­ñas turís­ti­cas y una enor­me tien­da de aba­rro­tes en Creel, cen­tro turís­ti­co que hace de puer­ta a uno de los gran­des atrac­ti­vos de la Tarahu­ma­ra: Las Barran­cas del Cobre.

La comu­ni­dad de Bos­ques de San Elías Repe­chi­que lle­va mucho tiem­po pelean­do por el reco­no­ci­mien­to de la pro­pie­dad de su terri­to­rio. Des­de 2006 está eso en jui­cio. Pero nada se resuelve.

***

En la Sie­rra Tarahu­ma­ra no hay tra­ba­jo. El cam­po da muy poco maíz y fri­jol, ape­nas para el auto­con­su­mo. Este año ni para eso dio. Una sequía inusual arrui­nó las cose­chas. Los pocos elo­tes que sobre­vi­vie­ron salie­ron enanos. 

Empre­sas asen­ta­das aquí no hay, sal­vo las de giro turís­ti­co de Creel. Las muje­res rará­mu­ris sue­len ven­der ahí sus arte­sa­nías: peta­cas o ces­tos de pal­ma, ollas de barro y más­ca­ras de made­ra, bateas, fajas de lana. Los ingre­sos por esa acti­vi­dad siem­pre son pocos y este año han sido casi nulos. La pan­de­mia vació de turis­tas el lugar.

La opción para la mayo­ría, sobre todo para los jóve­nes es salir a bus­car tra­ba­jo a las ciu­da­des, en la lim­pie­za de casas o en los cam­pos de cul­ti­vo de los gran­des empresarios 

Tere­sa pen­só en sus hijos cuan­do pro­pu­so el taller de cos­tu­ra en la comu­ni­dad. Tie­ne cua­tro. Dos ya mayo­res de edad, una joven­ci­ta de 16 años y otra niña de 11. Sue­ña que sus hijas pue­den tra­ba­jar con ella en el taller, así no ten­drían que irse lejos. 

—Los jóve­nes se van a los cam­pos de cul­ti­vo o a otros tra­ba­jos y des­pués ya vuel­ven con el vicio del alcohol, con mucho des­arrai­go de sus raí­ces, no quie­ro eso para mis hijos —dice. 

Rosa Elvi­ra Cruz es otra de las muje­res que tra­ba­ja­rán en el taller. Tie­ne cua­tro hijos. Dos ya son mayo­res. La más gran­de tie­ne 19; el que le sigue, 18. Ellos ya se man­tie­nen solos. Se fue­ron de Repe­chi­que para poder tra­ba­jar. Pero Rosa debe man­te­ner a sus hijos peque­ños, una de nue­ve y otro de tres. 

Para ella en este momen­to, en el que no hay ven­ta de arte­sa­nías por la pan­de­mia, su úni­co apo­yo es su hija mayor. “Me man­da mil pesos al mes para com­prar comi­da para sus her­ma­nos. Me tie­ne que man­te­ner, aun­que ella ya tie­ne una hija”, dice Rosa. 

Susa­na, otra de las inte­gran­tes del pro­yec­to, quie­re con­tar su his­to­ria pero habla poco espa­ñol. Tere­sa la cuen­ta por ella, en una entre­vis­ta tele­fó­ni­ca. Dice que su veci­na tie­ne ocho hijos. Tres ya son mayo­res y los otros cin­co van de los 16 años a los dos meses. A los peque­ños los debe sos­te­ner sola. Lo inten­ta ven­dien­do arte­sa­nías, cuan­do hay ven­ta, y lim­pian­do casas en Creel. 

Ella es una de las más entu­sias­ma­das con el taller, cuen­ta Tere­sa. Ten­dría a los niños peque­ños en la estan­cia y las joven­ci­tas podrían ayu­dar con la cos­tu­ra. Susa­na no ten­dría que dejar­los solos para irse a Creel y gana­ría un sala­rio fijo. 

***

Des­de que el taller se que­dó ase­gu­ra­do, Tere­sa y sus veci­nos de la comu­ni­dad de Repe­chi­que han bus­ca­do apo­yo de las auto­ri­da­des esta­ta­les y fede­ra­les. Con­tec les ha ayu­da­do a tocar puer­tas. Acu­die­ron con la fis­ca­lía y con el gobierno del estado. 

La fis­ca­lía ‑seña­la Dia­na Villa­lo­bos, direc­to­ra de Con­tec- que­ría que Tere­sa se sen­ta­rá a con­ci­liar con los supues­tos due­ños del terreno, con los Cues­ta Mile­di. Decían que nece­si­ta­ba arre­glar­se con ellos, lle­gar a una nego­cia­ción. La comu­ni­dad acor­dó que no tenían nada que nego­ciar con esos seño­res. El gobierno era el que había ven­di­do su terri­to­rio sin con­sul­tar­les y el gobierno era el que debía solucionar.

Pero la fis­ca­lía insis­tía en el mis­mo pun­to de la con­ci­lia­ción entre las par­tes. Tam­bién el gobierno del esta­do de Chihuahua argu­men­ta­ba algo muy simi­lar. El secre­ta­rio de gobierno, Luis Fer­nan­do Mes­ta, no cree que la solu­ción sea reco­no­cer­le a los rará­mu­ris su terri­to­rio ancestral. 

Para él, según argu­men­tó en entre­vis­ta, se pue­de bus­car que del total de hec­tá­reas en dispu­ta se deter­mi­ne la pro­pie­dad para una par­te (los rará­mu­ris) y la otra para los otros. 

Los rará­mu­ris acu­die­ron tam­bién con las auto­ri­da­des fede­ra­les de la Secre­ta­ría de Desa­rro­llo Agra­rio, Terri­to­rial y Urbano (Seda­tu) y del Ins­ti­tu­to Nacio­nal de los Pue­blos Indí­ge­nas (Inpi). Hubo dos mesas de nego­cia­ción con repre­sen­tan­tes del gobierno fede­ral y esta­tal. La segun­da y últi­ma has­ta aho­ra fue el 17 de sep­tiem­bre. Se esta­ble­cie­ron varios acuer­dos, pero nada pasó. 

Así que en pleno repun­te de casos de COVID en la Ciu­dad de Méxi­co, los rará­mu­ris le pidie­ron apo­yo a Con­tec para cos­tear el via­je de Tere­sa y dos repre­sen­tan­tes de la comu­ni­dad a la capi­tal y reu­nir­se, este lunes 14 de diciem­bre, con Seda­tu y el Inpi. 

De esa reu­nión los rará­mu­ris salie­ron con varias nue­vas pro­me­sas. La prin­ci­pal: que pron­to ten­drán el reco­no­ci­mien­to de su terri­to­rio ances­tral. Macías anun­cia que a fina­les de enero, al menos eso espe­ran, el Pro­gra­ma de Aten­ción a Con­flic­tos Socia­les en el Medio Rural (Cose­mer) ten­drá nue­vos linea­mien­tos. Habrá un artícu­lo dedi­ca­do a la aten­ción a comu­ni­da­des indí­ge­nas a las que se pre­ten­da des­po­jar de su terri­to­rio y que acre­di­ten la pose­sión ancestral. 

Macías ade­lan­ta que muchas, como en el caso de Repe­chi­que, podrían tener extra­via­dos los docu­men­tos de la épo­ca virrei­nal que ava­lan esto, por eso se le pedi­rá al Inpi que, al menos en el caso de Repe­chi­que, emi­ta una opi­nión favo­ra­ble res­pec­to a que son los posee­do­res legí­ti­mos de las tierras. 

Tere­sa y sus com­pa­ñe­ras espe­ran que así sea y que pron­to pue­dan estar cosien­do en su taller.

FUENTE: Perio­dis­mo Situado

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