Esta­dos Uni­dos. ¿Cómo lle­var el país a la era Biden?

Por Jua­na Carras­co Mar­tin, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 26 de enero de 2021. 

La orga­ni­za­ción del Gobierno del recién estre­na­do pre­si­den­te pri­ma aho­ra en los acon­te­ce­res polí­ti­cos de Washing­ton D.C., toda­vía bajo la con­mo­ción de los suce­sos del 6 de enero, que pusie­ron en jaque a la «demo­cra­cia» esta­dou­ni­den­se, y un jui­cio polí­ti­co pen­dien­te al exman­da­ta­rio Donald Trump.

EL Sena­do de Esta­dos Uni­dos comen­zó, jus­to un día antes de la inau­gu­ra­ción pre­si­den­cial de Joseph Biden, las audien­cias de con­fir­ma­ción de los pro­pues­tos como miem­bros de su gabi­ne­te de Gobierno, una tarea esen­cial para el fun­cio­na­mien­to de la nue­va admi­nis­tra­ción y para cal­zar pun­tos sobre las polí­ti­cas que pon­drán en prác­ti­ca en los cua­tro años por delante.

De ante­mano, en medios de pren­sa, artícu­los de opi­nión y en las redes socia­les, no pocos se habían pro­nun­cia­do a favor o en con­tra de uno u otro de los nomi­na­dos, y las deci­sio­nes del Sena­do serán las noti­cias que pro­ba­ble­men­te pre­va­lez­can en Esta­dos Uni­dos, aun­que tam­bién el pro­ce­so de impeach­ment del des­acre­di­ta­do man­da­ta­rio salien­te, Donald Trump, quien sigue dan­do gue­rra, y será juz­ga­do el 8 de febre­ro por el Sena­do, y la impor­tan­te deci­sión sobre un paque­te de ali­vio por la pan­de­mia del coro­na­vi­rus por 1,9 mil millo­nes de dólares.

Al equi­po se le lla­ma ya el más diver­so y refle­jo de la socie­dad en la his­to­ria esta­dou­ni­den­se por su com­po­si­ción étni­ca y de géne­ro, negros, muje­res, lati­nos, homo­se­xua­les. Pero más que esas carac­te­rís­ti­cas exter­nas, la inda­ga­ción pun­tual es qué han hecho, qué pien­san, cuál pue­de ser su actua­ción en las nue­vas funciones.

Muchos han tra­ba­ja­do jun­tos antes, por tan­to son un ver­da­de­ro equi­po, con ante­ce­den­tes en la admi­nis­tra­ción de Barack Oba­ma, y por eso algu­nos lla­man a este man­da­to de Biden el ter­ce­ro de Obama.

Cin­co de los nomi­na­dos por el 46 Pre­si­den­te de Esta­dos Uni­dos acu­die­ron de pri­me­ros a las audien­cias de los pane­les de un Sena­do que ter­mi­nó bajo con­trol demó­cra­ta al repar­tir­se los cien esca­ños en 50 y 50, pero bajo la pre­si­den­cia de Kama­la Harris, la vice­pre­si­den­ta, cuyo voto deter­mi­na en cual­quier posi­ble empa­te, según las nor­mas constitucionales.

Avril Hai­nes, como direc­to­ra de Inte­li­gen­cia Nacio­nal, lle­va de aval su capa­ci­dad para el car­go que sir­vió como sub­di­rec­to­ra de la CIA y lue­go ase­so­ra adjun­ta de Segu­ri­dad Nacio­nal bajo Oba­ma; pero se enfren­ta al escep­ti­cis­mo de la izquier­da por su par­ti­ci­pa­ción pasa­da en la admi­nis­tra­ción Oba­ma, codi­fi­can­do reglas y pro­ce­di­mien­tos para ata­car a pre­sun­tos terro­ris­tas con dro­nes, y su papel en la redac­ción de docu­men­tos de la CIA sobre tor­tu­ra, anu­lan­do una reco­men­da­ción de ins­pec­tor gene­ral para dis­ci­pli­nar a los ofi­cia­les que habían par­ti­ci­pa­do en esas prácticas.

El gene­ral Lloyd Aus­tin, nomi­na­do para la secre­ta­ría de Defen­sa y de quien se dice que tie­ne una fuer­te pre­fe­ren­cia por la diplo­ma­cia sobre la fuer­za mili­tar, sería el pri­mer mili­tar negro en ocu­par un car­go para el que el Con­gre­so tam­bién tuvo que dar­le per­mi­so espe­cial por­que en Esta­dos Uni­dos regu­la­ron que debía ser un civil o un uni­for­ma­do con al menos sie­te años de reti­ro del servicio.

Algu­nas infor­ma­cio­nes afir­man que se opu­so fir­me­men­te al res­pal­do de Esta­dos Uni­dos para la inter­ven­ción sau­di­ta en Yemen, don­de el Coman­do Cen­tral de Esta­dos Uni­dos había coope­ra­do con los hutíes para luchar con­tra al-Qai­da en la penín­su­la ará­bi­ga. Biden cono­ce a Aus­tin des­de hace diez años en Irak, don­de el gene­ral era el jefe de las fuer­zas de inter­ven­ción estadounidenses.

Aus­tin es tam­bién un fun­cio­na­rio «atra­pa­do» en el revol­ving door, pues tras reti­rar­se del ser­vi­cio acti­vo, se incor­po­ró a las jun­tas direc­ti­vas de Raytheon Tech­no­lo­gies, uno de los mayo­res con­tra­tis­tas del Pen­tá­gono; de Nucor, el mayor pro­duc­tor de ace­ro en Esta­dos Uni­dos y de la ase­gu­ra­do­ra médi­ca Tenet.

Hai­nes, con 84 a favor y diez en con­tra, y Aus­tin, por 93 a 2, son los úni­cos que ama­ne­cen con­fir­ma­dos este domingo.

Los sena­do­res exa­mi­nan tam­bién a Janet Yellen, desig­na­da para el Teso­ro; a Ale­jan­dro Mayor­kas, para Segu­ri­dad Nacio­nal (DHS); y a Anthony Blin­ken, para el Depar­ta­men­to de Esta­do. Y ni fue fácil la apro­ba­ción de Aus­tin y Hei­nes, mucho menos el examen de los otros tres.

La tri­ful­ca entre demó­cra­tas y repu­bli­ca­nos arran­có bien tem­prano cuan­do el sena­dor por Mis­sou­ri, Josh Haw­ley, anun­ció que reten­dría la con­fir­ma­ción de Mayor­kas —quien es de ori­gen cubano — , un car­go fun­da­men­tal para pro­te­ger la segu­ri­dad nacio­nal del país, por­que «el sr. Mayor­kas no ha expli­ca­do ade­cua­da­men­te cómo hará cum­plir la ley fede­ral y ase­gu­ra­rá la fron­te­ra sur», dijo Haw­ley en un comunicado.

Por cier­to, Haw­ley está acu­sa­do por su papel en el motín de los vio­len­tos pro-Trump que ata­ca­ron el Con­gre­so, y se pide su cesa­ción en el cuer­po legis­la­ti­vo por no haber res­pon­di­do a su jura­men­to de defen­der la nación. Haw­ley fue el pri­mer sena­dor en anun­ciar que vota­ría en con­tra de la cer­ti­fi­ca­ción de los resul­ta­dos elec­to­ra­les de 2020 y con ello el triun­fo de Joe Biden. Haw­ley jun­to a Mike Lee de Utah fue­ron los dos que vota­ron con­tra Austin.

Tam­bién obje­ta­ría la desig­na­ción de Avril Hai­nes, el sena­dor repu­bli­cano por Flo­ri­da Mar­co Rubio, quien jus­ti­fi­có su ausen­cia a la inau­gu­ra­ción de Biden, jus­ta­men­te por­que tra­ba­ja­ba en los argu­men­tos para la reten­ción de ese nom­bra­mien­to, pero no se salió con la suya y, por demás, él mis­mo deja de ser el pre­si­den­te actuan­te del Comi­té de Inte­li­gen­cia, que pasa­rá a manos demócratas.

En un esfuer­zo tem­prano para man­te­ner el Par­ti­do Repu­bli­cano o GoP en con­di­cio­nes de para­li­zar la agen­da del pre­si­den­te Joe Biden, el líder de la aho­ra mino­ría del Sena­do, Mitch McCon­nell, ame­na­za con blo­quear una reso­lu­ción de orga­ni­za­ción que man­ten­dría 60 votos para cual­quier apro­ba­ción. Pero aho­ra el líder de la mayo­ría de esa Cáma­ra alta es el demó­cra­ta por Nue­va York, Char­les Schu­mer. Sen­ci­lla­men­te, se ha vira­do la tortilla.

Qui­zá uno de los más dis­cu­ti­dos sea el nomi­na­do para secre­ta­rio de Esta­do, Anthony Blin­ken, quien ha tra­ba­ja­do con Biden por más de dos déca­das, fue su con­se­je­ro de Polí­ti­ca Exte­rior en el Sena­do y como ase­sor de Segu­ri­dad Nacio­nal del vice­pre­si­den­te en la admi­nis­tra­ción Oba­ma; es decir, de Biden, y lue­go secre­ta­rio adjun­to del Depar­ta­men­to de Esta­do en el segun­do man­da­to. Se dice que es el anti-Pom­peo, a favor del mul­ti­la­te­ra­lis­mo, pero tam­bién algu­nos comen­ta­rios des­de la lzquier­da esta­dou­ni­den­se lo cali­fi­can de «mode­ra­do» y advier­ten sobre sus con­se­jos béli­cos, inclui­dos la desas­tro­sa inter­ven­ción mili­tar de 2011 en Libia.

Janet Yellen, pri­me­ra mujer en el car­go, fue entre 2004 y 2010 pre­si­den­ta del Ban­co de la Reser­va Fede­ral de San Fran­cis­co, pasó ese mis­mo año a la vice­pre­si­den­cia de la Reser­va Fede­ral del país, y en 2014 asu­mió la pre­si­den­cia de la Reser­va Fede­ral a pro­pues­ta del pre­si­den­te Barack Obama.

Según la publi­ca­ción The Con­ver­sa­tion, se le cali­fi­ca de «palo­ma», que en la jer­ga mone­ta­ria sig­ni­fi­ca una mayor preo­cu­pa­ción por com­ba­tir el des­em­pleo que por con­te­ner la infla­ción. Fue des­pe­di­da por Trump aun cuan­do duran­te su man­da­to el des­em­pleo pasó del 6,7 por cien­to al 4,1.

Tie­ne fren­te a sí un reto con­tun­den­te e inme­dia­to: la recu­pe­ra­ción de la eco­no­mía gol­pea­da seria­men­te por la cri­sis pro­vo­ca­da por la pandemia.

Biden y su equi­po no han esta­do de bra­zos cru­za­dos para lle­nar los car­gos que harán posi­ble que su admi­nis­tra­ción tra­ba­je, pero nos que­da tiem­po y nos fal­ta espa­cio para ana­li­zar­los de una sola vez.

Por aho­ra, es impor­tan­te seña­lar que el pre­si­den­te fir­mó de inme­dia­to casi una vein­te­na de órde­nes eje­cu­ti­vas para ir des­ha­cien­do entuer­tos deja­dos por la admi­nis­tra­ción Trump. Tie­ne el pro­pó­si­to de echar a andar su maqui­na­ria con pron­ti­tud en medio de su prin­ci­pal adver­sa­rio en este momen­to: la cri­sis sani­ta­ria de la COVID-19.

Ya reci­be pre­sio­nes por la vacu­na­ción. Son más de 328 millo­nes y de ellos han enfer­ma­do 25 millo­nes y medio, y falle­ci­do cer­ca de 427 000. Cifras tan alar­man­tes como que un núme­ro nada des­pre­cia­ble de sus ciu­da­da­nos se nie­gan a vacu­nar­se y en ello se inclu­ye per­so­nal de la salud…

Las com­ple­ji­da­des esta­dou­ni­den­ses no aban­do­nan el cam­po. Rever­tir el lega­do trum­piano no es nada fácil y hay que ver cuá­les real­men­te quie­re o pue­de eje­cu­tar Biden. Los tra­di­cio­na­les pri­me­ros cien días de prue­bas dirán por dón­de va el nue­vo man­da­ta­rio y con él, el país más pode­ro­so del mun­do, por ahora…

Fuen­te Juven­tud Rebelde

Itu­rria /​Fuen­te

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