Pue­blos ori­gi­na­rios. Las chi­cas pasan al frente

Por Ele­na Cor­va­lan, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 25 de enero de 2021.

Clau­dia Soria con la ban­de­ra de los Pue­blos Ori­gi­na­rios. Clau­dia Soria tie­ne 24 años y fue pos­tu­la­da y ele­gi­da por su tra­ba­jo social. Dijo que tra­ta­rá de mejo­rar la Comu­ni­dad. Seña­ló la red cloa­cal, el alum­bra­do públi­co y el esta­do de las calles como las prioridades. 

Clau­dia Soria aca­ba de ter­mi­nar el secun­da­rio y espe­ra el títu­lo para ins­cri­bir­se en el Pro­fe­so­ra­do de Len­gua y Lite­ra­tu­ra que se dic­ta en el Ins­ti­tu­to de Edu­ca­ción Supe­rior N° 6031, más cono­ci­do como el Ter­cia­rio de Picha­nal. Nada dis­tin­to a la reali­dad de otras jóve­nes del Pue­blo Wichí que se esfuer­zan por estu­diar. Lo que dife­ren­cia a Clau­dia es que el sába­do últi­mo se con­vir­tió en la pri­me­ra mujer en pre­si­dir su comunidad. 

El con­cu­rri­do acto elec­cio­na­rio, rea­li­za­do en una tar­de calu­ro­sa en el salón La Casa del Arte­sano, tuvo la par­ti­cu­la­ri­dad de que era casi can­ta­do que la joven estu­dian­te sería pro­cla­ma­da pre­si­den­ta de la Comu­ni­dad Wichí Picha­nal. La gran mayo­ría de los votan­tes la habían pos­tu­la­do para el car­go en suce­si­vas reunio­nes. De hecho, cuan­do se cono­ció el resul­ta­do, Soria fue salu­da­da con aplau­sos y vítores. 

Es la pri­me­ra vez que esta Comu­ni­dad eli­ge a una mujer para pre­si­dir su orga­ni­za­ción admi­nis­tra­ti­va a la mane­ra de occi­den­te, si bien hace años tie­ne una niyat (caci­que) mujer, Mir­ta Meri­les.

La coexis­ten­cia de ambas auto­ri­da­des tie­ne que ver con la coexis­ten­cia tam­bién de dos mun­dos dis­tin­tos: la niyat es la auto­ri­dad ances­tral del Pue­blo Wichí, mien­tras que la pre­si­den­cia de la comi­sión direc­ti­va res­pon­de a la orga­ni­za­ción admi­nis­tra­ti­va que el Esta­do exi­ge para el otor­ga­mien­to de la per­so­ne­ría jurí­di­ca, el reco­no­ci­mien­to ofi­cial de una comu­ni­dad. Por eso mis­mo, la elec­ción tuvo la super­vi­sión de un fun­cio­na­rio de Regis­tro de Comu­ni­da­des Indí­ge­nas de la pro­vin­cia

La elec­ción de Soria, que será acom­pa­ña­da por una vice­pre­si­den­ta, María Cris­ti­na Lea­ñe, se con­cre­tó en un mar­co de des­con­ten­to con la auto­ri­dad ances­tral y de hecho, la joven ano­ta la refor­ma del esta­tu­to comu­ni­ta­rio, que per­mi­ti­ría ele­gir nue­vo caci­que, como uno de los queha­ce­res de su cargo. 

Pero, por lo que dijo, que­da cla­ro que esta­rá ocu­pa­da tam­bién con otras urgen­cias. «Mi fun­ción en ade­lan­te es ver por la Comu­ni­dad, que se hagan todas las obras que hacen fal­ta, hacer los pro­yec­tos», expli­có Soria. Con­tó que des­de hace años vie­nen tra­mi­tan­do que se haga una obra de red cloa­cal, que haya ten­di­do de alum­bra­do públi­co, y que se reali­cen obras para mejor las calles, por­que hoy en día son «un desas­tre, cuan­do llue­ve se inun­da y que­da una laguna». 

La Comu­ni­dad Wichí Picha­nal es urba­na, inclu­so sus miem­bros la refe­ren­cian como barrio. La inte­gran 105 fami­lias que com­par­ten el títu­lo comu­ni­ta­rio de las tie­rras, entre­ga­do en diciem­bre del año pasado. 

La mayo­ría de los habi­tan­tes de la Comu­ni­dad «viven de las chan­gas nomás aquí» en las gran­des fin­cas que rodean Picha­nal, muni­ci­pio del tro­pi­cal depar­ta­men­to Orán, don­de se cul­ti­van hor­ta­li­zas, fru­tas y olea­gi­no­sas. Para ayu­dar con fuen­tes de tra­ba­jo, Soria y quie­nes la acom­pa­ñan en su ges­tión han pen­sa­do en «poner gen­te de aquí del barrio nomás que tra­ba­jen» cuan­do lle­guen algu­nas de las obras que reclaman. 

Un meren­de­ro como muestra 

Clau­dia tie­ne 24 años, está casa­da y tie­ne un hijo de tres años de edad. Su Comu­ni­dad vivió siem­pre en ese lugar en Picha­nal, y ella mis­ma nació ahí. Su mari­do tam­bién tra­ba­ja en las fincas. 

La joven acla­ra que en las comu­ni­da­des ori­gi­na­rias urba­ni­za­das o cer­ca­nas a cen­tros urba­nos ya no es algo fue­ra de lo común que se eli­ja a una mujer para ocu­par un car­go de con­duc­ción. «Mi espo­so me acom­pa­ña siem­pre», ejem­pli­fi­có. Y ade­más, en su caso, fue una «deci­sión de la gen­te, hacía­mos reunio­nes, fui­mos sacan­do can­di­da­tos, así que la gen­te me eli­gió a mí y yo dije, bueno, enton­ces si uste­des quie­ren que yo vaya al fren­te, yo voy«, con­tó. + (PE/​Página 12)

Sin embar­go, su per­cep­ción es que fue ele­gi­da por su tra­ba­jo en el meren­de­ro Cari­tas Son­rien­tes, que fun­dó el año pasa­do y lle­va ade­lan­te jun­to a otras cin­co muje­res de la mis­ma Comu­ni­dad. «La gen­te me eli­gió a mí por­que vie­ron que si yo entro pue­do cam­biar el barrio por­que siem­pre yo estu­ve ahí para la gen­te ayu­dan­do, por­que yo cuen­to tam­bién con un meren­de­ro que yo lo empe­cé y bus­qué cin­co muje­res más para que me ayuden».

El meren­de­ro comen­zó el año pasa­do, en una fecha sig­ni­fi­ca­ti­va: el 8 de mar­zo, «jus­to en el Día de la Mujer». Soria con­tó que pen­só en ins­ta­lar un meren­de­ro por­que veía que el muni­ci­pal que hay en el barrio no alcan­za­ba a los chi­cos del sec­tor don­de vive y la mitad de los niños «que­da­ba sin reci­bir» el ali­men­to, a pesar de que veía que «hay un mon­tón de chi­cos que nece­si­tan» esa ayuda. 

Enton­ces se orga­ni­zó con las otras muje­res. «Pedi­mos cola­bo­ra­ción así en los nego­cios, y a con­ce­ja­les», hacen notas y van a pedir en per­so­na, y así se man­tie­nen has­ta aho­ra. El meren­de­ro ofre­ce sus ali­men­tos los mar­tes y jue­ves, por cada jor­na­da asis­ten 98 chi­cos. «Una com­pa­ñe­ra nos pres­tó un lugar­ci­to ahí al lado de su casa y en el terre­ni­to y ahí lo hace­mos». Sir­ven anchi, mate coci­do con pan case­ro, maza­mo­rra, arroz con leche, todo lo pre­pa­ra­do por ellas mismas. 

«Por ese moti­vo (la eli­gie­ron), por­que siem­pre he teni­do yo el apo­yo de todos en el barrio y siem­pre cuan­do me daban algo siem­pre he sido trans­pa­ren­te, de mos­trar­les todo», razo­nó. Una mejor idea de la impor­tan­cia de esta ayu­da, la da el hecho de que las fami­lias de los niños que asis­ten a este meren­de­ro pidie­ron a Soria que abra un comedor.

Itu­rria /​Fuen­te

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