Levan­te Alme­rien­se: ¿Has­ta qué pun­to un des­mon­te nos afec­ta a todos?

Sie­rra de Enme­dio es uno de los encla­ves geo­ló­gi­cos más sin­gu­la­res del levan­te. Sir­vien­do de línea fron­te­ri­za entre la región mur­cia­na y la alme­rien­se, sus fal­das alber­gan una pobla­ción que tra­di­cio­nal­men­te ha sabi­do apro­ve­char sus recur­sos y con­ser­var­los. La vas­te­dad de su tomi­llar, reves­ti­da de una diver­si­dad de her­bá­ceas para un sue­lo rico en mine­ra­les ferro­sos, se extien­de por todos sus reco­ve­cos, sir­vien­do de boti­ca natu­ral a todo el que nece­si­ta­ra ser­vir­se de ella así como da cobi­jo a tor­tu­gas mora, enga­ña­pas­to­res, zorros, lie­bres o perdices.

Una trein­te­na de hec­tá­reas fue­ron des­mon­ta­das. ¿Por qué un des­mon­te es más dañino de lo que pensamos?

PÉRDIDA DE BIODIVERSIDAD Y POLINIZADORES: La trein­te­na de hec­tá­reas levan­ta­das ha supues­to no sólo el dra­ma de alte­rar el equi­li­brio eco­ló­gi­co de una zona, sino redu­cir el mal­tre­cho núme­ro de poli­ni­za­do­res, tan nece­sa­rios para la salud ambien­tal y para la segu­ri­dad ali­men­ta­ria glo­bal. A todo ello hay que sumar el incre­men­to del uso de com­pues­tos quí­mi­cos como la pro­pi­za­mi­da en los cul­ti­vos intensivos.

EFECTO DE LAS ESCORRENTÍAS: La peda­nía huer­ca­len­se de Las Norias se encuen­tra al pie de esta mon­ta­ña. Un des­mon­te que sir­ve de embu­do, al apla­nar el terreno, de las llu­vias que se pue­dan oca­sio­nar, deja a la pobla­ción en una situa­ción muy vul­ne­ra­ble. Si a esto le suma­mos los con­ti­nuos ver­ti­dos gana­de­ros sobre estas tie­rras, la con­ta­mi­na­ción se extien­de hacia los terre­nos adya­cen­tes de biodiversidad.

PÉRDIDA DE SUELO: Uno de los fac­to­res de la deser­ti­fi­ca­ción masi­va es la pér­di­da de sue­lo fér­til, que inu­ti­li­za en pocos años no sólo las tie­rras des­ti­na­das a ese cul­ti­vo, sino para la rege­ne­ra­ción pro­gre­si­va des­pués de esa acti­vi­dad. Otro de los efec­tos cola­te­ra­les de los des­mon­tes es el arras­tre de ese sue­lo a los cau­ces y su con­se­cuen­te desem­bo­ca­du­ra al mar, lo que mer­ma el hábi­tat de las espe­cies mari­nas y la cali­dad de las aguas.

MERMA DE LOS ACUÍFEROS Y CONTAMINACIÓN DE LAS AGUAS: La no reten­ción de las aguas y el alla­na­mien­to de los sue­los pro­vo­ca una inte­rrup­ción de las fil­tra­cio­nes de agua. En el caso de que ese des­mon­te ocu­pe hec­tá­reas de rega­dío inten­si­vo, estas fil­tra­cio­nes irían acom­pa­ña­das de sus con­se­cuen­tes com­pues­tos quí­mi­cos y nitra­tos, con­ta­mi­nan­do las aguas y aumen­tan­do su conductividad.

INDEFENSIÓN CIUDADANA Y SISTEMA SANCIONADOR VICIADO: Lo más peli­gro­so de los sis­te­mas san­cio­na­do­res actua­les es que, pese a al dine­ro que el per­pe­tra­dor de estos desas­tres depo­si­ta, no pare­ce que vea­mos una repa­ra­ción de los daños cau­sa­dos al entorno. Muchas veces la acti­vi­dad pare­ce o con­ti­nuar o empeo­rar, nun­ca rege­ne­rar­se. Este patrón vicia­do se repi­te en los muni­ci­pios de Pul­pí, Huér­cal-ove­ra, Cue­vas de Alman­zo­ra o Vera, entre otros. Debe­mos sumar­nos para recla­mar una actua­ción por par­te de las admi­nis­tra­cio­nes de con­trol y vigi­lan­cia. Está en jue­go nues­tra biodiversidad.

Fuen­te: Eco­lo­gis­tas en Acción

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