Bra­sil. Entre el caos y la tragedia

Por Eric Nepo­mu­ceno. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 24 de enero de 2021.

Bol­so­na­ro se vana­glo­ria de haber logra­do impor­tar dos millo­nes de dosis de vacu­na de India, pero se olvi­da de algu­nas cosas.

Des­de Río de Janei­ro. Entre el 14 y el 20 de este mes al menos 78 per­so­nas murie­ron lite­ral­men­te sofo­ca­das en los nor­te­ños esta­dos bra­si­le­ños de Ama­zo­nas y Pará: fal­tó oxí­geno en las uni­da­des de tera­pia inten­si­va. Otras casi mil murie­ron en la región gra­cias al colap­so de los hospitales.

Las esce­nas de médi­cos tra­tan­do deses­pe­ra­da­men­te de ayu­dar sus pacien­tes a res­pi­rar coin­ci­die­ron con la hui­da de doce­nas de inter­na­dos que opta­ron por morir en casa antes que seguir pade­cien­do la ago­nía de ver gen­te sofo­cán­do­se a su lado.

Seis días antes, el 8 de enero, el gene­ral Eduar­do Pazue­llo, ins­ta­la­do por el ultra­de­re­chis­ta Jair Bol­so­na­ro en el sillón de minis­tro de Salud y supues­ta­men­te espe­cia­li­za­do en logís­ti­ca, fue infor­ma­do, en carác­ter de urgen­cia, que en Manaos, capi­tal del esta­do, el oxí­geno des­ti­na­do a los inter­na­dos esta­ba colapsando.

Y no hizo nada.

Sobran adver­ten­cias de médi­cos e inves­ti­ga­do­res alta­men­te cali­fi­ca­dos: la tra­ge­dia vivi­da en Manaos pue­de exten­der­se por el país. Están colap­sa­dos o al bor­de del colap­so los hos­pi­ta­les, tan­to públi­cos como pri­va­dos, de varios esta­dos bra­si­le­ños, San Pablo, Río de Janei­ro y Minas Gerais, los tres prin­ci­pa­les entre ellos.

Las medi­das de ais­la­mien­to tan dura­men­te com­ba­ti­das por Bol­so­na­ro son decre­ta­das a medias por gober­na­do­res y alcal­des, y rigu­ro­sa­men­te igno­ra­das por gran par­te de la población.

Digo “a medias” por­que la fis­ca­li­za­ción es ínfi­ma, y la irres­pon­sa­bi­li­dad de la gen­te, infinita.

De los paí­ses con cier­to peso en el esce­na­rio glo­bal, Bra­sil es el úni­co que ha sido rigu­ro­sa­men­te inca­paz de bus­car una coor­di­na­ción para enfren­tar la más mor­tal de las pan­de­mias de los al menos últi­mos cien años.

Aho­ra, empie­zan a apa­re­cer datos con­cre­tos indi­can­do que más allá de inep­ti­tud, el gobierno mili­ta­ri­za­do enca­be­za­do por Bol­so­na­ro actuó de mane­ra direc­ta para sabo­tear medi­das que podrían ate­nuar la tragedia.

En abril del año pasa­do, Bra­sil fue for­mal­men­te invi­ta­do a inte­grar una alian­za mun­dial de vacu­nas, que pre­ten­día reu­nir 155 paí­ses para ase­gu­rar inmu­ni­zan­tes con­tra Covid-19.

Tra­ta­se del “Covax”, y por las reglas del gru­po el país podría encar­gar más de 200 millo­nes de vacu­nas, can­ti­dad sufi­cien­te para la mitad de su pobla­ción (con­si­de­rán­do­se dos dosis por cada habitante).

Gra­cias al núme­ro de sus habi­tan­tes, Bra­sil esta­ría entre los cin­co pri­me­ros a reci­bir vacunas.

Bol­so­na­ro se negó a sumar­se al grupo.

En agos­to, la Pfi­zer entró en con­tac­to con su gobierno ofre­cien­do 70 millo­nes de dosis de su vacu­na, que esta­rían dis­po­ni­bles en diciembre.

Nun­ca hubo una res­pues­ta for­mal del minis­te­rio de Salud enca­be­za­do por un gene­ral acti­vo del Ejér­ci­to, cuya úni­ca fun­ción visi­ble es obe­de­cer de mane­ra cie­ga a un capi­tán retirado.

La secuen­cia de absur­dos es lar­ga, lar­ga. Y mor­tal, ase­si­na. Genocida.

Bol­so­na­ro se vana­glo­ria de haber logra­do impor­tar dos millo­nes de dosis de vacu­na de India. Se olvi­da de dos cosas.

La pri­me­ra: sigue negan­do la efi­ca­cia de vacu­nar­se, sigue difun­dien­do infor­ma­cio­nes ridí­cu­la­men­te absurdas.

La segun­da: dos millo­nes de dosis no son nada en un país de poco más de 210 millo­nes de habitantes.

Ah, sí, una ter­ce­ra cosa: tan­to tar­dó para mover­se, que Bra­sil pagó por cada dosis de esa vacu­na poco más del doble de lo que paga­ron paí­ses euro­peos mucho más ricos, pero que tuvie­ron la pru­den­cia de encar­gar la vacu­na a media­dos del año pasado.

La legis­la­ción bra­si­le­ña defi­ne lo que son “crí­me­nes de res­pon­sa­bi­li­dad”, sufi­cien­tes para cata­pul­tar man­da­ta­rios irresponsables.

Jair Bol­so­na­ro come­tió al menos unas cua­tro doce­nas de ellos.

En los últi­mos días cre­cen, de mane­ra pal­pa­ble, las pre­sio­nes para que tan­to el Con­gre­so, en espe­cial la Cáma­ra de Dipu­tados, y las ins­tan­cias supe­rio­res de jus­ti­cia mue­van un jui­cio ful­mi­nan­te al pre­si­den­te genocida.

Ayer, sába­do, hubo mani­fes­ta­cio­nes en casi todas las pro­vin­cias bra­si­le­ñas. Aten­dien­do a la con­vo­ca­to­ria de movi­mien­tos de izquier­da, hile­ras de auto­mó­vi­les des­fi­la­ron – solo en Bra­si­lia fue­ron como 500 – a los gri­tos de “fue­ra Bol­so­na­ro”. San Pablo (foto) y Rio fue­ron otras capi­ta­les con “carrea­tas” sonoras.

Para hoy, están pre­vis­tos des­fi­les de coches, esta vez con­vo­ca­dos por la dere­cha, que apo­yó a Bol­so­na­ro has­ta que él empe­zó a dar cla­ras mues­tras no solo de inefi­ca­cia pero de un radi­cal des­equi­li­brio psicológico.

Los son­deos de opi­nión públi­ca mues­tran que la apro­ba­ción de su gobierno se derri­te como una pale­ta al sol. Si ya era mino­ri­ta­ria des­de hace mucho, aho­ra se hace mínima.

Pero sigue el caos, sigue la tra­ge­dia, sigue el peor pre­si­den­te de la his­to­ria de la repú­bli­ca bra­si­le­ña, peor que los dic­ta­do­res que se tur­na­ron en el poder entre 1964 y 1985 tan admi­ra­dos por él, con sus tor­tu­ra­do­res san­gui­na­rios, pero que no logra­ron pro­du­cir seme­jan­te devas­ta­ción como la que Bol­so­na­ro impu­so e impo­ne a este pobre país.

Itu­rria /​Fuen­te

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