Chi­na. ¿Pue­de espe­rar mejo­res rela­cio­nes des­pués de la inau­gu­ra­ción de Biden?

Por Keith Lamb, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 21 de enero de 2021. 

Es miér­co­les, el sol bri­lla, Washing­ton ha sido blo­quea­do y las tro­pas han sido exa­mi­na­das por la CIA en bus­ca de sim­pa­ti­zan­tes pro Donald Trump. La toma de pose­sión de Joe Biden aho­ra está pro­te­gi­da con­tra recri­mi­na­cio­nes por par­te del elec­to­ra­do esta­dou­ni­den­se que cree que Biden no es el gana­dor legí­ti­mo de las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de 2020.

Si bien las voces en los EE. UU. Eti­que­tan cons­tan­te­men­te a Chi­na como una ame­na­za, cla­ra­men­te la mayor ame­na­za para los EE. UU. Pro­vie­ne de aden­tro. Ade­más, está cla­ro que Esta­dos Uni­dos, con sus cons­tan­tes denun­cias his­té­ri­cas de Chi­na, en reali­dad repre­sen­ta una ame­na­za para el sis­te­ma chino. Con esta con­tra­dic­ción inter­na e inter­na­cio­nal en men­te, ¿es posi­ble que la pre­si­den­cia de Biden con­duz­ca a una mejo­ra en las rela­cio­nes chino-estadounidenses?

A nivel micro, se ha habla­do mucho de Hun­ter Biden, los tra­tos comer­cia­les del hijo de Joe Biden en Chi­na. Esto ha sido retra­ta­do como com­pro­me­ter a Joe Biden, quien será más pro Chi­na. Sin embar­go, el hecho obvio es que casi todos en la capi­tal esta­dou­ni­den­se tie­nen nego­cios e inver­sio­nes en Chi­na. Con la demo­cra­cia esta­dou­ni­den­se sien­do tan fuer­te­men­te coop­ta­da por el poder de pre­sión del capi­tal trans­na­cio­nal esta­dou­ni­den­se, que finan­cia a ambas par­tes, siem­pre habrá rela­cio­nes com­pli­ca­das y apa­ren­te con­flic­to de intere­ses den­tro de la éli­te gober­nan­te estadounidense.

Sin embar­go, no asu­ma­mos que el hecho de que el capi­tal trans­na­cio­nal haga nego­cios en Chi­na sig­ni­fi­que que será más ami­ga­ble con Bei­jing. Cla­ra­men­te, los medios de comu­ni­ca­ción neo­li­be­ra­les de Esta­dos Uni­dos adop­tan una sóli­da línea anti-Chi­na. Como tal, la posi­ción de las éli­tes esta­dou­ni­den­ses es que están feli­ces de comer­ciar y bene­fi­ciar­se de Chi­na, mien­tras que al mis­mo tiem­po les gus­ta­ría tomar accio­nes pro­vo­ca­do­ras en su con­tra para sus pro­pios beneficios.

Biden, a dife­ren­cia de Trump, que repre­sen­ta­ba pre­do­mi­nan­te­men­te el capi­tal nacio­nal, repre­sen­ta el capi­tal trans­na­cio­nal neo­li­be­ral esta­dou­ni­den­se. Como tal, con su pers­pec­ti­va trans­na­cio­nal, tra­ta­rá con Chi­na de una mane­ra más tran­qui­la y diplo­má­ti­ca. Pero esta tran­qui­li­dad se redu­ce al prag­ma­tis­mo de repre­sen­tar sus intere­ses de cla­se más que a cual­quier otra cosa.

No olvi­de­mos a Oba­ma, a quien Biden sir­vió como vice­pre­si­den­te, tam­bién fue un por­ta­voz del capi­tal neo­li­be­ral. Así lo demos­tró su res­ca­te a la ban­ca pri­va­da y el hecho de que su gabi­ne­te fue­ra ele­gi­do por Citi­bank. Oba­ma, quien ini­ció el giro hacia Asia, que impul­sa el gas­to en defen­sa, demues­tra que Oba­ma difí­cil­men­te fue un alia­do de Chi­na y tam­po­co lo será Biden.

La tra­ge­dia de la demo­cra­cia esta­dou­ni­den­se es que las impor­tan­tes deci­sio­nes estra­té­gi­cas a lar­go pla­zo sim­ple­men­te no están en manos de los líde­res elec­tos. En cam­bio, el esta­do pro­fun­do, for­ma­do por el capi­tal neo­li­be­ral, con­tro­la las palan­cas estra­té­gi­cas del poder. Esto que­dó cla­ra­men­te demos­tra­do por la can­ce­la­ción de Twit­ter de Trump.

Los clien­tes ven un dis­cur­so de Joe Biden en un tele­vi­sor duran­te un even­to de obser­va­ción de elec­cio­nes en un bar local en Bei­jing, Chi­na, el 4 de noviem­bre de 2020. /​Getty

Trump a pesar de su ter­que­dad fue inca­paz de con­tra­rres­tar este poder neo­li­be­ral. De hecho, lo juga­ron bien. Así, Biden, que apo­ya al capi­tal neo­li­be­ral, ten­de­rá a nadar con la corrien­te del esta­do pro­fun­do y no en su con­tra. Como tal, la toma de pose­sión de Biden hará poca dife­ren­cia en las deci­sio­nes coor­di­na­das entre bas­ti­do­res entre una alian­za neo­li­be­ral del com­ple­jo mili­tar-indus­trial que atrae a los think-tanks, los medios de comu­ni­ca­ción, el capi­tal, las ONG y las universidades.

Los think tanks finan­cia­dos por Washing­ton y el com­ple­jo mili­tar-indus­trial sin duda con­ti­nua­rán ter­gi­ver­san­do la situa­ción en Xin­jiang. De hecho, según el coro­nel Law­ren­ce Wil­ker­son, exje­fe de gabi­ne­te del exse­cre­ta­rio de Esta­do Colin Powell, la razón por la que Esta­dos Uni­dos está en Afga­nis­tán es para inte­rrum­pir la Ini­cia­ti­va de la Fran­ja y la Ruta de Chi­na con poder y uti­li­zar a los uigu­res para des­es­ta­bi­li­zar el ascen­so de China.

Vol­vien­do de una pers­pec­ti­va macro a una pers­pec­ti­va micro, se dice que Biden tie­ne una bue­na rela­ción con el pre­si­den­te chino, Xi Jin­ping. Biden afir­ma haber pasa­do más tiem­po con Xi que cual­quier líder mun­dial. Cuan­do Biden reali­zó una gira por Chi­na, en agos­to de 2011, Xi lo acom­pa­ñó a Bei­jing y Chengdu. 

En esa visi­ta, Biden com­pró a su nie­ta Nao­mi Biden que habla chino. Ade­más, cuan­do Xi fue a los Esta­dos Uni­dos en febre­ro de 2012, Biden lo acom­pa­ñó a Los Ánge­les. Allí anun­cia­ron con­jun­ta­men­te un acuer­do para mos­trar más pelí­cu­las de Holly­wood en Chi­na cada año.

En con­se­cuen­cia, con el pro­gre­so que ambos hom­bres han logra­do jun­tos, Chi­na sin duda sen­ti­rá que una pre­si­den­cia bajo Biden podría ser más empre­sa­rial y menos pre­ca­ria que una pre­si­den­cia de Trump. Sin embar­go, a veces se pue­de hacer dema­sia­do con las decla­ra­cio­nes de amis­tad per­so­nal. Trump, des­pués de todo, dijo que se lle­va­ba bien con Xi y los nie­tos de Trump, que están apren­dien­do man­da­rín, can­ta­ron Mo Li Hua (flor de jaz­mín) cuan­do Xi se reu­nió con Trump. Sin embar­go, a nivel geo­po­lí­ti­co, las rela­cio­nes chino-esta­dou­ni­den­ses ape­nas prosperaron.

Como tal, Chi­na ten­drá que mirar menos la retó­ri­ca indi­vi­dual de los pre­si­den­tes de Esta­dos Uni­dos y más las ten­den­cias y accio­nes his­tó­ri­cas a lar­go pla­zo. Esto se debe a que, lamen­ta­ble­men­te, en lo que res­pec­ta a la demo­cra­cia libe­ral esta­dou­ni­den­se, hay una peque­ña mez­cla hete­ro­gé­nea de retó­ri­ca que crea la ilu­sión de demo­cra­cia. Sin embar­go, las maqui­na­cio­nes esta­ta­les pro­fun­das siem­pre pre­va­le­cen y Biden, sin impor­tar lo ama­ble que sea, no podrá cam­biar esto por­que el poder en los Esta­dos Uni­dos no resi­de en los fun­cio­na­rios ele­gi­dos democráticamente.

Fuen­te CGTN

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