Bra­sil. Para Bol­so­na­ro, la pan­de­mia es «la ley de la vida»

Por Dario Pig­not­ti. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 17 de enero de 2021.

Des­pec­ti­vas decla­ra­cio­nes del pre­si­den­te de Bra­sil ante la tre­men­da cri­sis sanitaria.

En otro mun­do. Jair Bol­so­na­ro se rió a car­ca­ja­das duran­te el encuen­tro que man­tu­vo hoy con un gru­po de segui­do­res con los que habló sobre varios temas, uno de ellos, al que le dedi­có menos de tres minu­tos, fue la cri­sis del coro­na­vi­rus en el esta­do de Ama­zo­nas, don­de colap­só el sis­te­ma de salud con pacien­tes muer­tos debi­do a la fal­ta de oxígeno. 

El argu­men­to del pre­si­den­te bra­si­le­ño fue el de siem­pre, que hay poco o nada que hacer fren­te a una dolen­cia que inexo­ra­ble­men­te cau­sa­rá la muer­te de los ancia­nos o las per­so­nas con dolen­cias cró­ni­cas. «Es la ley de la vida”. En ese sen­ti­do hoy res­pon­sa­bi­li­zó a la gen­te que espe­ra has­ta últi­mo momen­to para ir al hos­pi­tal, cuan­do sien­te “fal­ta de aire”. Dicho de otro modo: la cul­pa es de los pacien­tes, no del sis­te­ma hos­pi­ta­la­rio colap­sa­do debi­do a una polí­ti­ca sani­ta­ria que des­de­ñó el problema.

Des­de su encuen­tro con Donald Trump cele­bra­do en Flo­ri­da en mar­zo, su argu­men­to copia­do como tan­tas cosas de su cole­ga, se resu­mió a un par de dimi­nu­ti­vos: el Covid-19 es una «gri­pe­ci­ta», un «res­fria­di­to». En abril miem­bros del gobierno bra­si­le­ño pro­nos­ti­ca­ron que la pan­de­mia tenía sus días con­ta­dos. Este vier­nes vol­vió sobre sus pasos cuan­do decla­ró, con eno­jo, «quien habló de la gri­pe­ci­ta no fui yo», y acu­só a la pren­sa de dis­tor­cio­nar sus pala­bras. Pero los videos de más de una dece­na de decla­ra­cio­nes indi­can que la pren­sa no alte­ró lo que dijo. De hecho, has­ta lo dijo duran­te una solem­ne trans­mi­sión en cade­na nacio­nal de radio y televisión.

La situa­ción en Manaos, capi­tal del esta­do de Ama­zo­nas, es bra­va, admi­tió. Pero la atri­bu­yó a la irres­pon­sa­bi­liad de las auto­ri­da­des loca­les ya que el gobierno fede­ral habría cum­pli­do con su res­pon­sa­bi­li­dad. Lo mis­mo dijo ayer el gene­ral Eduar­do Pazue­llo, minis­tro de Salud sin for­ma­ción en medi­ci­na, al igual que la cúpu­la de esa car­te­ra, que le dio la espal­da a la pan­de­mia. Bol­so­na­ro y Pazue­llo eco­men­da­ron a los infec­ta­dos ama­zó­ni­cos que tomen hidro­xi­clo­ro­qui­na la dro­ga para enfer­mos de lupus y reu­ma que no fue con­ce­bi­da para el Covid-19.

Como sue­len hacer los pas­to­res evan­gé­li­cos, el exca­pi­tán-pre­si­den­te acos­tum­bra citar anéc­do­tas de vera­ci­dad dudo­sa, con­ce­bi­das para un públi­co for­ma­do por cre­yen­tes dis­pues­tos a con­fiar en la pala­bra bíbli­ca antes que para un audi­to­rio de ciu­da­da­nos. Con ese esti­lo con­tó que con­tra­jo el virus en julio y se sanó gra­cias a la hidro­xi­clo­ro­qui­na, y que esa mis­ma dro­ga fue pres­crip­ta para dos­cien­tos fun­cio­na­rios y emplea­dos del Pala­cio del Planalto.

El medi­ca­men­to no es reco­men­da­ble para pacien­tes con coro­na­vi­rus según la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud, cuyas auto­ri­da­des han lla­ma­do la aten­ción sobre las excen­tri­ci­da­des far­ma­co­ló­gi­cas del gober­nan­te. Por su par­tet Human Right Watch lo cali­fi­có, esta sema­na, como alguien que «sabo­tea» las polí­ti­cas con­tra el virus.

Con­vo­ca­to­ria en el Congreso

Más allá de la reali­dad para­le­la del bol­so­na­ris­mo, las imá­ge­nes de fami­lia­res de pacien­tes yen­do a la com­pra de tubos de oxí­geno ( a veces en el mer­ca­do negro que los aca­pa­ra) fue­ron repro­du­ci­das en la tele­vi­sión local y en los cana­les de noti­cias globales.

Obre­ros cavan­do tum­bas a doble turno en los cemen­te­rios de Manaos se con­vir­tie­ron en un ícono del Bra­sil narra­do en dia­rios como The New York Times, Le Mon­deCorrie­re della Sera. Bra­sil es la tra­ge­dia por anto­no­ma­sia a nivel glo­bal, sal­vo en la gala­xia pre­si­den­cial don­de orbi­tan sus acó­li­tos, que van a su encuen­tro, al gri­to de «mito» o cla­man­do «Dios sea contigo». 

Los hechos reales de esta sema­na tal vez hayan hecho mella en una par­te de la opi­nión públi­ca, más o menos ofi­cia­lis­ta, que se con­du­ce con indi­fe­ren­cia ante la tra­ge­dia sani­ta­ria. Debi­do a esa acti­tud de la socie­dad y a la com­pli­ci­dad de la dere­cha polí­ti­ca con el Pla­nal­to has­ta el momen­to no pros­pe­ró nin­guno de los sesen­ta pedi­dos de impeach­ment pre­sen­ta­dos ante el Con­gre­so, el últi­mo de ellos pro­mo­vi­do por el Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res. La líder petis­ta, Glei­si Hoff­mann, pidió que el par­la­men­to sesio­nes de urgen­cia, no para tra­tar el jui­cio polí­ti­co, sino para tra­tar la pan­de­mia. Una señal de que la cri­sis pue­de ganar otra dimensión.

Itu­rria /​Fuen­te

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