Argen­ti­na. Caso Pau­la Macías, o cómo recu­pe­rar la voz en el encierro

Por Manue­la Wilhelm, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 11 de enero de 2021.

«Es un caso para­dig­má­ti­co, no solo por lo que vivió sino por­que los avan­ces logra­dos en la cau­sa penal resul­tan sig­ni­fi­ca­ti­vos en la cons­truc­ción de una jus­ti­cia con pers­pec­ti­va de géne­ro» dicen las abo­ga­das de Pau­la Macías, en refe­ren­cia a la pri­va­ción de la liber­tad de su ex pare­ja y padre de sus tres hijos. Mar­tín Vide­la fue dete­ni­do por orden de la fis­ca­lía 7 en octu­bre de 2020 acu­sa­do de abu­so sexual con acce­so car­nal gra­ve­men­te ultra­jan­te y el 30 de diciem­bre la cáma­ra rati­fi­có la pre­ven­ti­va negán­do­le la domi­ci­lia­ria. Pau­la se ani­mó a hablar des­pués de 20 años de sobre­vi­vir a Vide­la den­tro de las cua­tro pare­des de su casa. Como pudo, con mucho mie­do, dolor, ver­güen­za tejió redes con muje­res cer­ca­nas que la ayu­da­ron a pla­near un esca­pe y hacer la denun­cia, pri­me­ro civil y des­pués penal. Hoy cuen­ta su his­to­ria por­que quie­re justicia. 

Una lucha­do­ra

Pau­la Macías se pre­sen­ta a la entre­vis­ta tími­da y oje­ro­sa. Vino en taxi a La Pla­ta des­de la loca­li­dad veci­na de Beris­so por­que no toma colec­ti­vos por mie­do a lo que le pue­da pasar. Ella jun­to a J, E y C el hijo más peque­ño, viven en una casi­ta con patio jun­to a sus gati­tos des­de que con­si­guie­ron esca­par de esa con­vi­ven­cia hecha cár­cel don­de su ex pare­ja Mar­tín Vide­la era el celador.

-Él fue des­de siem­pre así, pasa que que yo no tenía regis­tra­do que era así. Me lle­vó muchí­si­mo, fue­ron más de 20 años de eso. Lo cono­cí a mis vein­ti­pi­co, 22 o 23 y aho­ra ten­go 43 años. En ese momen­to yo escri­bía poe­sía y la cono­cí a su cuña­da, des­de que me jun­té dejé por com­ple­to la escri­tu­ra. Me fui anu­lan­do en todo. 

Pau­la cuen­ta que al cabo de varios años de rela­ción empie­zan a con­vi­vir en una casa de Beris­so por­que él es oriun­do de esa loca­li­dad, don­de tie­ne una empre­sa de infor­má­ti­ca, ejer­ce la docen­cia y su fami­lia es reco­no­ci­da. Para enton­ces Pau­la ya se había gra­dua­do como pro­fe­so­ra de inglés en la UNLP y comen­za­ba a ejer­cer como docen­te en pri­ma­ria y secun­da­ria. A sus 32 años tie­ne a su pri­mer hijo, J , lue­go a E y des­pués a C. Una de las escue­las don­de ejer­ció fue el cole­gio Indus­trial don­de ya tra­ba­ja­ba su pareja.

El reco­rri­do que hizo has­ta comen­zar a hacer­se pre­gun­tas acer­ca de si las situa­cio­nes vio­len­tas que atra­ve­sa­ba eran “nor­ma­les” o no, fue lar­go y com­ple­jo. ‑Estu­ve muchí­si­mo tiem­po. Yo me afe­rré a la mater­ni­dad como para dejar lo otro de lado, por­que pen­sé que era así, que no había otra opción, no veía lo de los nenes. Yo venía de una his­to­ria com­pli­ca­da de vio­len­cia fami­liar. Con esa sen­sa­ción a cues­tas no tenía pará­me­tro, lo de él me pare­cía leve a comparación.

El caso es para­dig­má­ti­co por el rápi­do avan­ce en la cau­sa que se abrió a par­tir de la denun­cia de Pau­la, cara­tu­la­da abu­so sexual con acce­so car­nal gra­ve­men­te ultra­jan­te. Las peri­cias corro­bo­ra­ron en los estu­dios psi­co­ló­gi­cos a Vide­la lo que Pau­la expu­so y la fis­cal Vir­gi­nia Bra­vo de la Fis­ca­lia 7 de La Pla­ta con­clu­yó una deci­sión cla­ve, la deten­ción con­fir­ma­da en pri­me­ra instancia.

El pun­to de quiebre

-Yo per­dí un emba­ra­zo. En ese con­tex­to fue toda una cosa que me tomó muy por sor­pre­sa y fue muy fuer­te. Ahí es cuan­do sen­tí que no iba aguan­tar más. Pero por­que se dio en un con­tex­to muy difí­cil, que me cues­ta expli­car­lo, venía de situa­cio­nes de vio­len­cia con él. Se dio una situa­ción con él una noche y al día siguien­te empe­cé con pér­di­das. No me deja­ba ir a la guar­dia-. El abor­to que le pro­vo­ca Mar­tín Vide­la suce­de en mayo de 2018. Pau­la des­cri­be el momen­to en que, tras des­obe­de­cer­lo lle­ga al pasi­llo del hos­pi­tal don­de espe­ra que la atien­dan. ‑Mira­ba la gen­te alre­de­dor y que­ría que alguien me abra­za­ra, me lle­va­ra lejos de acá. Cuan­do me aten­die­ron llo­ré con el obs­te­tra de guar­dia. Ahí el ecó­gra­fo me dice que tenía un hema­to­ma deba­jo del saco ges­ta­cio­nal, no se supo de qué, yo tam­po­co dije lo que había pasa­do. Me indi­có que haga repo­so que había chan­ces de que se afe­rra­ra y que había que esperar.

Cuan­do Pau­la vol­vió a su casa estu­vo en repo­so sin saber qué iba a pasar con su emba­ra­zo y mien­tras sopor­ta­ba sin pau­sa el mal­tra­to de Vide­la al mis­mo tiem­po que con­ti­nua­ba a car­go de la crian­za de sus tres hijos. Al déci­mo día lla­mó a su obs­te­tra de cabe­ce­ra y la inter­na­ron para hacer­le un legra­do. ‑Duran­te la inter­na­ción ella logró encon­trar­me sola para decir­me que vio cómo él me res­pon­sa­bi­li­za­ba por la pér­di­da del emba­ra­zo, que antes de entrar al qui­ró­fano me tra­ta­ba mal, como que me lo hizo muy difí­cil y ella sabía cómo había pasa­do los diez días ante­rio­res en mi casa sin saber exac­ta­men­te qué pasó-por­que Pau­la no encon­tró la mane­ra de decír­se­lo. Sin embar­go, fue la pri­me­ra vez que alguien le dijo direc­ta­men­te que el tra­to de su pare­ja hacia ella era vio­len­to y esta­ba mal. ‑Ella me abra­zó, llo­ré con ella. Des­pués cuan­do la fui a ver en el con­trol tam­bién me que­bré y me dijo nadie te dice estas cosas y como que revi­sa­ra lo que esta­ba pasan­do. Igual yo no le había con­ta­do nada. Ella detec­tó algo.

Cara­co­li­to que le die­ron sus ami­gas para jun­tar fuerzas

-A par­tir de ahí vol­ví a mi casa y se dio una situa­ción muy difí­cil en segui­da con pér­di­das y todo. Y sen­tí que no iba a tole­rar, me for­zó a tener rela­cio­nes. A tra­vés de L. , la admi­nis­tra­do­ra del gru­po de mater­ni­da­des me con­tac­to con una psi­có­lo­ga para pedir­le ayu­da por la pér­di­da ges­ta­cio­nal. Yo tra­ta­ba de gene­rar cier­to víncu­lo con la red aun­que sea por whatsapp por­que esta­ba muy sola. Pen­sa­ba: ¿Qué hago aho­ra? No hay retorno de una cosa así. Me sen­tía cul­pa­ble y que­ría que nadie sepa y de hecho no dije por meses lo que había pasa­do en mi casa.

Pero con ayu­da de la tera­pia y tam­bién sesio­nes con una psi­quia­tra a Pau­la se le abre otro pano­ra­ma, que ya no es el de aguan­tar las vio­len­cias por su fami­lia, como si se tra­ta­ra de un sacri­fi­cio, sino el de la posi­bi­li­dad de salir de ese lugar. Para eso empie­za a tra­tar de decir en voz alta todo lo que sufrió, lo que has­ta el día de hoy se pre­sen­ta como un desa­fío. ‑A mi me empe­za­ron a decir. Yo no lo decía pero por­que yo no pue­do nom­brar­lo, me refie­ro indi­rec­ta­men­te, inclu­so con mi psi­có­lo­ga no pue­do hablar direc­to, no me sale decir-expli­ca. ‑Digo: “lo de la noche”. Ni en rela­ción a mí ni a los nenes-. A par­tir de ahí empie­za a dar­se cuen­ta que eso era un delito.

Foto que sacó Pau­la al mural en la comi­sa­ría de la mujer de Berisso

Pau­la dice que lue­go de denun­ciar a Mar­tín Vide­la comen­zó a tomar cons­cien­cia de lo que había oca­sio­na­do en sus hijos la expo­si­ción a esa vio­len­cia. – J se hizo pis en la cama has­ta los 8 años, se ence­rra­ba en la pie­za; des­pués de irnos empe­za­ron a sal­tar cosas en la escue­la. Me pega­ba, si se vol­ca­ba un vaso de jugo se ponía ner­vio­so, lloraba. 

Pau­la conec­ta estas reac­cio­nes a muchas situa­cio­nes coti­dia­nas. ‑Aque­llas noches cuan­do él vol­vía a la casa y sen­tía el por­tón que se levan­ta­ba; y el rui­do del auto, los nenes blo­quea­ban la puer­ta-recuer­da Pau­la. ‑Él los metía en el medio y les decía cuan­do ellos pedían bas­ta que a mamá se la tra­ta así para que entienda.

Le pre­gun­to cómo hacía para tra­ba­jar sumer­gi­da en tan­ta vio­len­cia. Ella me cuen­ta que lle­gó un momen­to en que no podía sos­te­ner la cla­se fren­te a los chi­cos e iba a la pla­za. A veces lla­ma­ba a algu­na ami­ga para que vaya a abrazarla.

-La psi­quia­tra cuan­do hizo una licen­cia para mi escue­la puso que yo esta­ba con estrés post trau­má­ti­co sus­ci­ta­do por situa­cio­nes de vio­len­cias coti­dia­nas. Yo le dije que era una locu­ra. Le dije ¿es así? Me dijo no pue­do no poner­lo. Y des­pués ante la duda tenía esta con­fu­sión de si es así, por­que de hecho sen­tía que yo pro­vo­ca­ba eso. Enton­ces empe­cé a gra­bar algu­nas situa­cio­nes en casa. Y empe­za­mos a tra­ba­jar en el tra­ta­mien­to psi­quiá­tri­co la posi­bi­li­dad de hacer una denun­cia. Des­pués empe­cé a recu­rrir a ella en emer­gen­cias por­que se empe­zó a tor­nar peor. Yo le decía que no podía res­pi­rar, me aga­rra­ban ata­ques de páni­co él ade­lan­te de los nenes me con­tes­ta­ba te veo res­pi­ran­do. Yo la lla­mé un par de veces y me decía que tenía que lla­mar al 911. Empe­cé a lla­mar al 144 a pre­gun­tar si es nor­mal si no, tenía toda­vía esto en la cabe­za de dudar si lo que él hacía esta­ba mal. Que él siga ade­lan­te si yo llo­ro y digo que no. Me ame­na­za­ba con decir que yo no podía cui­dar los nenes. Si te vas no los ves nun­ca más voy a decir que los pones en ries­go. Tenía res­pues­tas para todo.

A par­tir de la pér­di­da del emba­ra­zo que le pro­vo­có Vide­la, Pau­la des­cri­be que la situa­ción en la casa fami­liar se vol­vió insos­te­ni­ble para ella. Los nenes seguían sus acti­vi­da­des como fút­bol y la escue­la. ‑Estas “situa­cio­nes en la noche” pasa­ban des­de siem­pre, yo igual des­pués tomé con­cien­cia. Fue la pri­me­ra vez en años que le dije que me sen­tía for­za­da y él me dijo que yo tenía un trau­ma con eso y que lo resol­vie­ra; que él no era un des­co­no­ci­do que venía de afue­ra. Que él tenía nece­si­da­des y que yo tenía que cum­plir con eso. Me con­fun­dí y creí que era así pero bueno, des­pués fui enten­dien­do que no era así-dice Pau­la pen­sa­ti­va, y tras una pau­sa reto­ma: ‑Una de las pri­me­ras cosas cuan­do salí de ahí fue com­prar­me un pija­ma. No me deja­ba usar­lo. Él me plan­tea­ba que le esta­ba hacien­do mal y tan­to me decía esas cosas que yo me las creía, qué hago que se eno­je. Se empe­zó a poner muy fue­ra de sí-.

Era de noche y Pau­la no aguan­tó más. Gra­bó un archi­vo de audio de Mar­tín al otro lado de la puer­ta. Entre otras cosas, le decía que él era así por cul­pa de ella. En ese refu­gio, con­tac­tó por whatsapp a la red de mater­ni­da­des y con­si­guió el con­tac­to de dos abo­ga­das. Así Pau­la arre­gla con Mari­na Font y Fer­nan­da Ana­ya una pri­mer entre­vis­ta que con­cre­ta tras un acto esco­lar por el día de la fami­lia. Les cuen­ta lo que está vivien­do. ‑Yo tenía mie­do de lo que él podía hacer­le a los nenes- dice. Con­cre­ta­men­te Pau­la que­ría saber si ella podía irse con ellos, cómo hacer­lo y qué con­se­cuen­cias ten­dría. ‑Las abo­ga­das me dicen “esto está mal, no te pue­den sacar a tus hijos, esto que hace tie­ne con­se­cuen­cias para él, es un deli­to, vos no hicis­te nada. Y yo les pedía que me lo repi­tan por­que no lo podía creer. Des­pués de la denun­cia en la comi­sa­ría don­de me ani­mé a con­tar solo un 10% de lo que me pasa­ba, les di a ellas como 18 audios de “situa­cio­nes” para que pre­sen­ten en la jus­ti­cia-. Des­de enton­ces, las dos abo­ga­das repre­sen­tan legal­men­te a Pau­la. Por su par­te, a Mar­tín Vide­la en la cau­sa penal lo repre­sen­ta Maxi­mi­liano Gue­rre­ro y en la cau­sa en el Juz­ga­do de Fami­lia su abo­ga­da es Ceci­lia Inés Ába­los, quien fue la Direc­to­ra de Polí­ti­cas de Géne­ro del gre­mio docen­te uni­ver­si­ta­rio ADULP y actual Secre­ta­ria suplen­te de DDHH.

En la opi­nión de Mari­na Font los avan­ces en la cau­sa penal vin­cu­la­dos a la pri­va­ción de la liber­tad de Mar­tín Vide­la se vin­cu­lan con el valor del tes­ti­mo­nio de Pau­la, la res­tan­te prue­ba tes­ti­mo­nial y peri­cial, ana­li­za­da des­de una ade­cua­da pers­pec­ti­va de géne­ro. ‑Logra­mos un avan­ce en la cau­sa penal, que si bien espe­rá­ba­mos, en par­te nos sor­pren­de posi­ti­va­men­te, pues sabe­mos que aun­que los están­da­res pro­mo­vi­dos son obli­ga­to­rios en mate­ria de géne­ro, muchas veces no son apli­ca­dos por los orga­nis­mos juris­dic­cio­na­les, mas tra­tán­do­se de casos de abu­so sexual que ocu­rren en la inti­mi­dad y don­de sue­le poner­se a dis­cu­sión cues­tio­nes rela­cio­na­das al «con­sen­ti­mien­to»-. Cro­no­ló­gi­ca­men­te, las medi­das que con­si­guie­ron a favor de Pau­la fue­ron: una res­tric­ción en favor de ella, otor­ga­da por el Juz­ga­do de Fami­lia N° 5 de La Pla­ta. Lue­go una res­tric­ción en favor de los nenes pre­vio a negar­le a Vide­la la revin­cu­la­ción, por par­te del Juz­ga­do de Fami­lia N°6. Des­pués, se orde­na la deten­ción de Vide­la y pos­te­rior­men­te la pri­sión pre­ven­ti­va. El 30 de diciem­bre de 2020 la cáma­ra rati­fi­ca la pri­sión pre­ven­ti­va y le nie­ga la domiciliaria. 

Mural que pin­ta­ron de a poqui­to Pau­la y sus hijos cuan­do lle­ga­ron a la casa. «Tam­bién en noches don­de no podía dor­mir» dice Pau

Para Pau­la hablar con las abo­ga­das fue cla­ve para tomar la deci­sión de irse y denun­ciar lo suce­di­do, pero tam­bién tener a su red de ami­gas que aún sin poder con­tar­les direc­ta­men­te lo que sufría por par­te de Mar­tín Vide­la den­tro de aque­llas cua­tro pare­des en Beris­so, ellas toma­ron cono­ci­mien­to de la situa­ción y pres­ta­ron su ayu­da. ‑El apo­yo de las abo­ga­das y la red de ami­gas y com­pa­ñe­ras de mater­ni­da­des, y el sos­tén de mi psi­có­lo­ga y psi­quia­tra fue­ron fun­da­men­ta­les para poder pedir ayu­da y para poder tomar con­cien­cia de lo que esta­ba pasan­do y pen­sar en la posi­bi­li­dad de salir de esa situa­ción. Ter­mi­né accio­nan­do por­que me die­ron la fuer­za para saber que pasa­ra lo que pasa­ra no esta­ba sola.

La noche que se ence­rró en el baño, Pau les dijo a sus com­pa­ñe­ras que no aguan­ta­ba más y que se tenía que ir. ‑Al día siguien­te las chi­cas con­si­guie­ron que les den las lla­ves de un lugar, tenían un cono­ci­do en una inmo­bi­lia­ria. “Fue­ron a lim­piar por­que la casa esta­ba des­de cero, y yo pen­sa­ba even­tual­men­te lo haré. Seguía con mie­do por los nenes. Has­ta que un día se dio una situa­ción, me mareé, se me nubló la vis­ta y me tuve que tirar en la cama por­que me des­ma­ya­ba, y él, eno­ja­do, dijo ten­go que com­prar algo y salió. Enton­ces la lla­mé a una ami­ga a la que había lla­ma­do varias veces cuan­do ya no daba más. Tenía páni­co a que vol­vie­ra. Ella entró y le dijo a los nenes vamos a salir a comer piz­za, yo no ati­né a aga­rrar los docu­men­tos y así como esta­ban subimos al auto. Sen­tí como si me estu­vie­ra esca­pan­do de una pri­sión, de una cár­cel. Se cerró la puer­ta y me fui a encon­trar con mis com­pa­ñe­ras de la red, los chi­cos se que­da­ron con esta ami­ga en la casa y yo fui con C en bra­zos a hacer la denun­cia. Estu­vi­mos a la madru­ga­da en la Comi­sa­ría de la Mujer de La Pla­ta, yo ten­dría que haber hecho en Beris­so pero tenía mie­do que me sal­ga a bus­car. Que de hecho lo hizo. Yo pen­sa­ba me va a encon­trar y me va a que­rer matar. No me va a dejar pasar algo así, es una cosa terri­ble lo que hice-. 

Las lla­ves para encontrarse

Actual­men­te Pau­la Macías sigue de licen­cia por vio­len­cia de géne­ro y cría a sus tres hijos, que tam­bién están con tra­ta­mien­to psi­co­ló­gi­co. Unos meses antes del ini­cio de la pan­de­mia de covid 19 comen­zó a con­tar con la asis­ten­cia de un equi­po de acom­pa­ñan­tes tera­péu­ti­cas. ‑Me ayu­dan con lo coti­diano que es nue­vo para mí, esas peque­ñas cosas que no tenía per­mi­ti­do; y apren­der a salir a la calle sin mie­do, a sen­tir­me en dere­cho de hablar, de pedir, a reci­bir ayu­da, a estu­diar, cosa que recién pue­do hacer ahora.

Ella había estu­dia­do pue­ri­cul­tu­ra y asis­tía en el pro­ce­so de lac­tan­cia a otras madres mien­tras C era bebé, pero siem­pre a escon­di­das de Mar­tín Vide­la. ‑No me deja­ba, decía que era per­der el tiem­po y des­cui­dar a los nenes y a la casa-. Por eso lo inte­rrum­pió y lo ter­mi­nó una vez que empe­zó su hogar. ‑Y empe­cé la Licen­cia­tu­ra en Obs­te­tri­cia, algo que sien­to en mí como una for­ma de repa­rar y tam­bién acom­pa­ñar amo­ro­sa­men­te a otras mamás.

Pau­la me cuen­ta que tam­bién le gus­ta pin­tar y me acuer­do de su ima­gen de whatsapp que me lla­mó la aten­ción. Ella me mues­tra, es un cua­dro que pin­tó: hay una nena dur­mien­do en el pas­to jun­to a un cone­ji­to tapa­da por una fra­za­da vio­le­ta. De su cabe­za sale un bro­te ver­de y a su lado se lee “yo pue­do” y un cora­zón. Pien­so que la his­to­ria de Pau­la se narra en pri­me­ra per­so­na, inexo­ra­ble­men­te. Nadie más pue­de narrar lo que ella pasó, y a la vez fal­tan tan­tas cosas por decir, por poner en pala­bras. Ella, cons­cien­te de eso, sigue una lucha por su his­to­ria, con­tra el olvi­do y el tiem­po. Le cues­ta asi­mi­lar que el hom­bre que la vio­len­tó duran­te 20 años esté pre­so y espe­ra que per­ma­nez­ca dete­ni­do has­ta el jui­cio. Aho­ra, es la jus­ti­cia quien tie­ne en su poder que esta ima­gen de una Pau­la dor­mi­da plá­ci­da­men­te sea reali­dad o no.

Fuen­te: AnRed

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