Colom­bia. El caso de San­tia­go Uri­be y los gru­pos para­mi­li­ta­res esca­la internacionalmente

Por Oscar H. Ave­lla­ne­da. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 10 de enero de 2021.

El por­tal Las2orillas infor­mó que el sema­na­rio fran­cés “Le Pai­sie­ne” publi­có un deta­lla­do artícu­lo del caso de San­tia­go Uri­be, her­mano del expre­si­den­te Álva­ro Uri­be, sobre su «pre­sun­ta» res­pon­sa­bi­li­dad en la for­ma­ción del gru­po para­mi­li­tar «Los Doce Após­to­les», por el que aún está en jui­cio en Colombia.

El abo­ga­do Daniel Pra­do, quien es el apo­de­ra­do de una de las fami­lias víc­ti­mas teme que el caso que­de impu­ne y por tan­to lo esca­ló inter­na­cio­nal­men­te ante la Comi­sión Inter­ame­ri­ca­na de Dere­chos Huma­nos (CIDH) en Washington.

El gru­po para­mi­li­tar “Los 12 Após­to­les” tomó ese nom­bre por­que uno de sus inte­gran­tes era un sacerdote.

Come­tie­ron cen­te­na­res de ase­si­na­tos con­tra todos aque­llos que con­si­de­ra­ron delin­cuen­tes, cóm­pli­ces de la gue­rri­lla, agi­ta­do­res socia­les o con­su­mi­do­res de dro­gas. Fue­ron par­te de la lla­ma­da “lim­pie­za social” de las per­so­nas polí­ti­ca­men­te incó­mo­das en Colombia.

La siguien­te infor­ma­ción es toma­da de una entre­vis­ta con el abo­ga­do Daniel Pra­do, rea­li­za­da en diciem­bre de 2018:

¿Cuál es la vin­cu­la­ción de San­tia­go Uri­be en el caso de Los 12 Apóstoles?

-Se le vin­cu­la con la muer­te de Cami­lo Barrien­tos en 1994, con­duc­tor de una “chi­va”, que es un trans­por­te públi­co que lle­va per­so­nas por las vere­das a los mer­ca­dos. Y se le acu­sa de haber crea­do, finan­cia­do y ser par­te de la estruc­tu­ra del gru­po paramilitar.

¿Está rela­cio­na­do el pre­si­den­te Álva­ro Uri­be en el caso de Los 12 Após­to­les, al igual que su hermano?

-Cuan­do Álva­ro Uri­be lle­ga a la pre­si­den­cia, lega­li­za estos gru­pos de “vigi­lan­cia pri­va­da”. Aun­que pasan a ser lega­les, unos años des­pués tie­ne que ile­ga­li­zar­los por la can­ti­dad de abu­sos a los Dere­chos Huma­nos que come­ten las AUC [Auto­de­fen­sas Uni­das de Colombia].

-Los gru­pos de “vigi­lan­cia pri­va­da” son los que comien­zan a hacer las cam­pa­ñas de “lim­pie­za social” en Colom­bia. Este es el pro­ce­so de cómo sur­ge el para­mi­li­ta­ris­mo y de cómo el para­mi­li­ta­ris­mo lle­gó a tener una gran inci­den­cia en la polí­ti­ca colombiana.

Pode­mos plan­tear que Álva­ro Uri­be lle­gó a la pre­si­den­cia gra­cias a toda la acti­vi­dad del para­mi­li­ta­ris­mo que se ori­gi­na a fina­les de los 80 y de los cua­les su her­mano hacía par­te, como ha dado cuen­ta el proceso.

Igual­men­te, los bie­nes don­de se hicie­ron estas acti­vi­da­des son de pro­pie­dad tan­to de Álva­ro Uri­be, como de su hermano.

¿La casa don­de se reu­nían Los Doce Após­to­les per­te­ne­cía a los dos her­ma­nos y no solo a Santiago?

-Sí, son hacien­das que son de pro­pie­dad de los dos, del gru­po fami­liar. Hay otros pro­ce­sos que hablan de para­mi­li­ta­res que pres­ta­ron segu­ri­dad a los hijos de Álva­ro Uri­be Vélez des­de esa época.

La inci­den­cia del para­mi­li­ta­ris­mo en la polí­ti­ca colom­bia­na en los últi­mos años ha sido impre­sio­nan­te, lle­ga­ron a tener presidente.

¿La CIA archi­vó unos docu­men­tos que vin­cu­lan a Uri­be con Pablo Esco­bar? ¿Cuál era esa relación?

-Se habla que hay una lis­ta que dice que Uri­be era del Car­tel, el núme­ro 82. No sería rara esta rela­ción con el mun­do del nar­co­trá­fi­co por­que la fami­lia de Uri­be está liga­da por víncu­los de san­gre con los Ochoa.

En esa fami­lia hay una línea de des­cen­den­cia que corres­pon­de a los nar­co­tra­fi­can­tes inte­gra­dos en el car­tel de Mede­llín, lide­ra­dos por Escobar.

Era de públi­co cono­ci­mien­to la rela­ción de su padre con el mun­do del nar­co y espe­cí­fi­ca­men­te con esa dinas­tía. Hay una foto en un libro escri­to por Fabio Ochoa Váz­quez en la que se ve al her­mano de Álva­ro Uri­be en com­pa­ñía de Fabio Ochoa Vázquez.

Ambos tenían un pri­mo en común: Mario Vélez Ochoa. Lamen­ta­ble­men­te, el mun­do eco­nó­mi­co de Colom­bia pasa por el nar­co­trá­fi­co. Es una acti­vi­dad que es notoria.

¿Era estre­cha la rela­ción entre la poli­cía, el ejér­ci­to y los gru­pos paramilitares?

-Las inves­ti­ga­cio­nes que se han hecho sobre la per­ma­nen­cia de estos gru­pos en las hacien­das de la fami­lia Uri­be Vélez esta­ble­cen que con­ta­ban con la cola­bo­ra­ción de la fuer­za públi­ca, es más, en la hacien­da “La Caro­li­na” había una base de hom­bres del ejér­ci­to colom­biano que per­ma­ne­ció allí por más de 20 años. En 1989 la ven­die­ron a la gober­na­ción de Antio­quia para hacer una base de entre­na­mien­to. Eso impli­có que el her­mano y el pre­si­den­te tuvie­ran guar­dia de la fuer­za públi­ca en su casa, lo que supo­ne la uti­li­za­ción corrup­ta del ejer­ci­cio de la admi­nis­tra­ción pública.

Eran sol­da­dos paga­dos por toda la ciu­da­da­nía colom­bia­na. Eso es una for­ma sote­rra­da de gene­rar corrup­ción, don­de el Esta­do pres­ta segu­ri­dad a un polí­ti­co en sus pro­pie­da­des particulares.

Es com­pren­si­ble que un expre­si­den­te ten­ga segu­ri­dad pro­pia hacia su per­so­na, pero no en otros ámbi­tos. Sin embar­go, Álva­ro Uri­be pre­sen­ta­ba la “segu­ri­dad pri­va­da” como la mejor arma con­tra los gru­pos insur­gen­tes. Cla­ro, con­tra los gru­pos insur­gen­tes y con­tra la socie­dad civil organizada.

En la medi­da en que el para­mi­li­ta­ris­mo tuvo como estra­te­gia, para ganar­se el apo­yo de la ciu­da­da­nía, las cam­pa­ñas de lim­pie­za social. Eso gene­ra­ba polí­ti­cas cri­mi­na­les que bus­ca­ban eli­mi­nar a aque­llas per­so­nas que, por su con­di­ción social, pudie­ran aten­tar con­tra la pro­pie­dad pri­va­da y la mora­li­dad. Y así, las polí­ti­cas de “segu­ri­dad” comien­zan a eli­mi­nar a per­so­nas incó­mo­das y se cen­tran en el con­trol social. En ate­mo­ri­zar a la sociedad.

¿Cuá­les han sido las ame­na­zas que ha sufri­do usted por su tra­ba­jo como defen­sor de los DDHH en Colombia?

-Se pue­den dar cir­cuns­tan­cias de ame­dren­ta­mien­to como son la pre­sen­cia de hom­bres arma­dos, algún tipo de aco­so, segui­mien­tos, lla­ma­das, etcé­te­ra. En otro momen­to me aflo­ja­ron las cua­tro llan­tas de mi vehícu­lo par­ti­cu­lar, pero es algo a lo que los colom­bia­nos que hace­mos este tipo de cosas esta­mos acostumbrados.

Para la comu­ni­dad inter­na­cio­nal es difí­cil poder enten­der­lo, pero noso­tros sabe­mos que si nos deja­mos ame­dren­tar por esto, nos toca salir al exi­lio. Es una for­ma de sacar­lo a uno de su entorno, de su arrai­go, y hay que luchar con­tra eso. Los Pue­blos tie­nen que tener la dig­ni­dad sufi­cien­te para denun­ciar este tipo de deli­tos inde­pen­dien­te­men­te del poder que ten­gan quie­nes los come­ten. Es par­te de la dig­ni­dad del ser humano.

¿Está usted aco­gi­do a algún ser­vi­cio de segu­ri­dad o vigi­lan­cia por par­te ‑del Estado?

-Tras unos estu­dios de ries­go, con­si­de­ra­ron que mi nivel de ries­go era extra­or­di­na­rio. Como medi­das de pro­tec­ción, me ofre­cían un celu­lar, un hom­bre a pie y un cha­le­co anti­ba­las. Nun­ca las acep­té. A raíz de una deci­sión de la Comi­sión Inter­ame­ri­ca­na de DDHH, le orde­nan al Esta­do colom­biano brin­dar­me unas con­di­cio­nes de segu­ri­dad y, en este momen­to, ten­go un esque­ma que cons­ta de dos hom­bres y un vehícu­lo blin­da­do. Este tipo de medi­das no te van a sal­var la vida si quie­ren ase­si­nar­te. Lo que en algún momen­to pue­de ejer­cer algún tipo de pre­sión es que la comu­ni­dad inter­na­cio­nal le exi­ja al Esta­do colom­biano el res­pe­to por la vida de los defen­so­res de los DDHH, en este caso por la mía también.

¿El para­mi­li­ta­ris­mo sigue sien­do uno de los gran­des pro­ble­mas a los que se enfren­ta Colom­bia en nues­tros días?

-El para­mi­li­ta­ris­mo, que sigue exis­tien­do en Colom­bia, ha muta­do a peque­ños acto­res. El pro­ble­ma para Colom­bia es la acti­tud que han asu­mi­do Uri­be y su par­ti­do polí­ti­co fren­te a esos Acuerdos.

En el gobierno de Álva­ro Uri­be, se dio una de las cam­pa­ñas de lim­pie­za social más cono­ci­das bajo el nom­bre de los ‘Fal­sos Posi­ti­vos’. Se esta­ble­cía un sis­te­ma de reco­gi­da de per­so­nas que estu­vie­ran en situa­ción de calle, jóve­nes des­em­plea­dos o incó­mo­dos por su par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca para con­fi­nar­los en camio­nes, ves­tir­los de gue­rri­lle­ros y des­pués ejecutarlos.

Le ven­dían la idea a la socie­dad colom­bia­na de estar com­ba­tien­do a las FARC, cuan­do real­men­te eje­cu­ta­ban civi­les. Bus­ca­ban refor­zar esa ima­gen del pre­si­den­te como hom­bre fuer­te que pro­me­tía segu­ri­dad al país mejo­ran­do las esta­dís­ti­cas del com­ba­te de los mili­ta­res con­tra los gru­pos armados.

¿Iván Duque supo­ne un cam­bio como suce­sor de Uri­be res­pec­to a estas polí­ti­cas de “segu­ri­dad nacional”?

-Duque es la repre­sen­ta­ción de Álva­ro Uri­be Vélez. Podría­mos decir que Álva­ro Uri­be gobier­na en cuer­po de Iván Duque. Fue quien lo eli­gió, el que hizo la cam­pa­ña elec­to­ral, es todo. Tú no pue­des des­li­gar a Iván Duque de Álva­ro Uri­be: hay una rela­ción muy estre­cha entre los dos. Duque hace lo que Uri­be quie­re que se haga en el país.

¿Cómo actúa la comu­ni­dad inter­na­cio­nal ante eso?

-Par­te de la socie­dad euro­pea sigue reci­bien­do al expre­si­den­te como si fue­ra un hom­bre de mucho honor y eso, de una u otra for­ma, es olvi­dar estos deli­tos. Se pri­vi­le­gia la nece­si­dad de comer­cia­li­zar con un país, se pier­de la dig­ni­dad y se sien­ta uno en la mesa con un hom­bre que tie­ne sus manos unta­das de san­gre. Habría que plan­tear­se si es váli­do que esa per­so­na entre al terri­to­rio de otros paí­ses has­ta que no se den los resul­ta­dos de esas investigaciones.

El mun­do debe en algún momen­to cerrar­le la puer­ta a todo aquel que tie­ne deli­tos de lesa huma­ni­dad has­ta que se resuel­va su situa­ción judi­cial, has­ta que las auto­ri­da­des digan si fue o no responsable.

Son miles los cam­pe­si­nos que han teni­do que salir de Colom­bia, son miles los muer­tos a manos de para­mi­li­ta­res como en la masa­cre de La Gran­ja, con­cluía Daniel Pra­do en esa entrevista.

El perio­dis­ta colom­biano Gui­ller­mo Cano decía: “Nadie pue­de estar en una pis­ci­na sin mojarse”.

En medio del pro­ce­so que se lle­va con­tra del gana­de­ro San­tia­go Uri­be por su par­ti­ci­pa­ción en la con­for­ma­ción de Los 12 Após­to­les, que es el ini­cio del para­mi­li­ta­ris­mo en el país, pre­vio a Las Con­vi­vir, el Tri­bu­nal de Antio­quia ha dado vali­dez al tes­ti­mo­nio de Euni­cio Pine­da, uno de los tes­ti­gos cla­ves que res­pal­da­ría las denun­cias y des­tra­ba­ría el jui­cio, al res­pec­to, el abo­ga­do repre­sen­tan­te de las víc­ti­mas, Daniel Pra­do seña­la que con esta deci­sión, se acer­ca el final de un caso que apor­ta­ría jus­ti­cia y ver­dad al país y a las per­so­nas afectadas.

El fallo del Tri­bu­nal de Antio­quia es res­pal­da­do por la opi­nión de los médi­cos psi­quia­tras de Medi­ci­na Legal quie­nes con­clu­ye­ron que Pine­da, esta­ba «en ópti­mas con­di­cio­nes para decla­rar», des­car­tan­do un caso de esqui­zo­fre­nia, tal como argu­yó en su momen­to el abo­ga­do defen­sor de Uri­be, Jai­me Gra­na­dos enfa­ti­zan­do que «se tra­ta de un caso de estrés pos­trau­má­ti­co debi­do a las tor­tu­ras a las que fue some­ti­do», expli­ca Prado.

Para Pra­do, «la estra­te­gia ha sido mini­mi­zar el núme­ro de prue­bas que seña­lan a San­tia­go Uri­be como res­pon­sa­ble» y aun­que el Tri­bu­nal de Antio­quia no da valor a las prue­bas de Euni­cio, pues no es de su com­pe­ten­cia sí per­mi­te que se con­ti­núe con el pro­ce­so, lo que con­du­ci­ría a los ale­ga­tos fina­les y final­men­te al fallo o deci­sión final que tome el juez, «esta­mos pró­xi­mos, es satis­fac­to­rio saber que un jui­cio tan impor­tan­te como este está a pun­to de ter­mi­nar», afirma.

Si bien el tes­ti­mo­nio de Pine­da es cla­ve para resol­ver el ori­gen de los 12 Após­to­les, el abo­ga­do acla­ra que des­de 1996 hay per­so­nas que vie­nen decla­ran­do sobre la exis­ten­cia del gru­po para­mi­li­tar y la vin­cu­la­ción de San­tia­go Uri­be, «otra cosa es que las auto­ri­da­des no le hayan dado la impor­tan­cia a estos tes­ti­gos como la que tie­ne ahora».

Pra­do afir­ma que pese a que el ries­go es laten­te, por tra­tar­se de un jui­cio en con­tra de una per­so­na influ­yen­te como San­tia­go Uri­be, exis­te «un com­pro­mi­so con el país y que estos hechos no que­den en la impu­ni­dad, hemos asu­mi­do como ciu­da­da­nos la posi­bi­li­dad de que se cuen­te la historia».

Agre­ga que pese a las ame­na­zas y pre­sio­nes que exis­ten en con­tra de su per­so­na y las víc­ti­mas, solo que­da seguir con el pro­ce­so tal como ha ocu­rri­do con otros casos en los que se ha bus­ca­do ocul­tar la ver­dad o gene­rar mie­do en los testigos.

Con el final de este pro­ce­so tan cer­ca y a la espe­ra de los ale­ga­tos fina­les, Pra­do sabe que la defen­sa de Uri­be podría acu­dir a otras accio­nes dila­to­rias para retra­sar un dic­ta­men. «El per­jui­cio que se ha cau­sa­do con estos deli­tos de lesa huma­ni­dad no solo ha afec­ta­do a las víc­ti­mas, cada uno de los ciu­da­da­nos de este país es víc­ti­ma de estas con­duc­tas», pun­tua­li­za el abogado.

Daniel Pra­do, quien está aso­cia­do a la Comi­sión de Jus­ti­cia y Paz, ha sido blan­co de diver­sos segui­mien­tos en desa­rro­llo del pro­ce­so penal al que se encuen­tra vin­cu­la­do el gana­de­ro San­tia­go Uri­be. Hace un año, el 30 de enero de 2020, en su resi­den­cia se encon­tró un dron con capa­ci­dad de rea­li­zar gra­ba­cio­nes de soni­do y video.

Fuen­te: PaCoCol

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