Eco­lo­gía Social. El año de las pandemias

Por Oscar Carre­ra, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 6 de enero de 2021.

Foto: En ver­de, cul­ti­vos des­ti­na­dos al con­su­mo humano (55%); en vio­le­ta, cul­ti­vos des­ti­na­dos a ali­men­to para ani­ma­les (36%) y com­bus­ti­bles (9%). Fuen­te: Natio­nal Geographic.]

Aún no sabe­mos cómo des­cri­bir el difun­to 2020, ese año inefa­ble. Casi que come­te­mos un error cada vez que inten­ta­mos poner­le un mote. Unos apues­tan por “el año de la pan­de­mia”, como si otros años no hubie­ra pan­de­mias. Otros dicen “el año del coro­na­vi­rus”, como si esta fue­ra la pri­me­ra epi­de­mia de coro­na­vi­rus, y no la ter­ce­ra vez en vein­te años que una nue­va espe­cie de coro­na­vi­rus se trans­mi­te de ani­ma­les a humanos.

En todo caso, el 2020 sería el año de las pan­de­mias — o de las aspi­ran­tes a tales. En estos momen­tos, mien­tras Euro­pa se replie­ga en una Navi­dad atí­pi­ca —con o sin pavo — , otra epi­de­mia des­con­tro­la­da se pro­pa­ga por su terri­to­rio. Cien­tos de miles de aves han sido ya sacri­fi­ca­das debi­do a una nue­va cepa de gri­pe aviar H5N8 alta­men­te pató­ge­na, que pue­de trans­mi­tir­se de las aves de corral a huma­nos. De momen­to, según nos cuen­tan, no repre­sen­ta un ries­go para noso­tros (se nos con­ta­gia poco y es sólo una gri­pe — por si a alguien le sue­na la cole­ti­lla), pero en su peri­plo por el mun­do, de oca en oca y de pollo en pollo, el virus va mutan­do; en Can­ta­bria ha apa­re­ci­do ya en un ave silvestre.

Nada nue­vo, en el año de las pan­de­mias. Euro­pa no está sola en esto. Des­de prin­ci­pios de 2020 hemos vis­to cómo se pro­du­cían en Chi­na y Fili­pi­nas varios bro­tes de gri­pe aviar H5N6, que se trans­mi­te a huma­nos. Duran­te el verano Chi­na enca­de­na­ba bro­tes de gri­pe por­ci­na G4, que tam­bién se trans­mi­te a huma­nos. Difí­cil una lis­ta com­ple­ta: gri­pe por­ci­na en Bra­sil, gri­pe aviar en Egip­to, en Japón, en Corea, en Irán… por no hablar del “ante­rior” coro­na­vi­rus, MERS-CoV, que sigue intro­du­cién­do­se en came­lle­ros ára­bes. Todos ellos con el poten­cial de sal­tar de ani­ma­les a huma­nos, es decir, con el poten­cial de con­ver­tir­se en la pró­xi­ma pandemia.

Por biza­rro que parez­ca, en este momen­to la gran mayo­ría de aves y mamí­fe­ros en el pla­ne­ta son ani­ma­les de gran­ja. La bio­ma­sa de cer­ca de 10.000 espe­cies de aves y 6.400 espe­cies de mamí­fe­ros suma menos que la del cer­do, la vaca y el pollo. Regio­nes como Euro­pa des­ti­nan dos veces más cam­pos de cul­ti­vo a ali­men­tar a ani­ma­les que a ali­men­tar a per­so­nas (mien­tras, en otras par­tes del glo­bo, unos nue­ve millo­nes de per­so­nas mue­ren de ham­bre cada año). El espa­ñol pro­me­dio ha mul­ti­pli­ca­do por cin­co la can­ti­dad de car­ne que con­su­mía en 1960; el chino pro­me­dio, por más de diez. Para que la indus­tria cár­ni­ca fue­ra sos­te­ni­ble, el con­su­mo de car­ne de muchos paí­ses ten­dría que des­cen­der a menos de la mitad. Espa­ña, que se puso a la cabe­za de Euro­pa en 2020, ten­dría que redu­cir­lo a menos del 20%.

Esas gran­jas y cul­ti­vos des­ti­na­dos a pien­so no bro­tan de la nada, sino sobre las ceni­zas de eco­sis­te­mas des­trui­dos. Con­for­me avan­za la agri­cul­tu­ra y retro­ce­de la male­za, el ser humano se apro­xi­ma a espe­cies con las que no esta­ba pre­via­men­te en con­tac­to, como las que nos trans­mi­tie­ron el ébo­la, el VIH o el nue­vo coro­na­vi­rus. O, casi peor, apro­xi­ma a estas espe­cies sus ani­ma­les de gran­ja, selec­cio­na­dos para que ten­gan las mis­mas cua­li­da­des, lo cual los con­vier­te en clo­nes gené­ti­cos cada vez más vul­ne­ra­bles a las epi­de­mias. Inclu­so si la enfer­me­dad tie­ne otro ori­gen, el haci­na­mien­to indus­trial de ani­ma­les supon­drá siem­pre un pro­ble­ma: mien­tras que las cifras ofi­cia­les no lle­gan a los dos millo­nes de víc­ti­mas huma­nas de coro­na­vi­rus, sólo en Dina­mar­ca se han sacri­fi­ca­do 17 millo­nes de viso­nes, tras detec­tar entre ellos “una cepa alta­men­te peli­gro­sa” (sobre todo, vis­to lo vis­to, para los visones).

No habla­mos aquí de die­tas salu­da­bles, ni de una con­si­de­ra­ción éti­ca de los ani­ma­les. Ni siquie­ra men­ta­re­mos el fan­tas­ma del cam­bio cli­má­ti­co, los gases inver­na­de­ro o los litros de agua que cues­ta fabri­car un gra­mo de car­ne. Habla­mos sim­ple­men­te de no sem­brar futu­ras pan­de­mias, y, des­de este pun­to de vis­ta, res­trin­gir en lo posi­ble el con­su­mo de car­ne no es una defe­ren­cia hacia los ani­ma­les, sino hacia el ser humano.

“El año de la pan­de­mia”, que tie­ne su comien­zo sim­bó­li­co en un mer­ca­do de ani­ma­les de Wuhan, lo ha sido tam­bién de nume­ro­sos bro­tes epi­dé­mi­cos rela­cio­na­dos con la indus­tria cár­ni­ca. Si una “nue­va nor­ma­li­dad” genui­na fue­ra ima­gi­na­ble, sería un esce­na­rio don­de la pobla­ción mun­dial redu­je­ra drás­ti­ca­men­te su deman­da de esta cla­se de pro­duc­tos. Des­afor­tu­na­da­men­te, el año que sale nos ha deja­do cla­ro, en todos los fren­tes, que casi nadie desea una “nue­va nor­ma­li­dad” — que sería, en reali­dad, la pri­me­ra nor­ma­li­dad que cono­cié­ra­mos. Hemos vis­to, día tras día, cómo el grue­so de la pobla­ción, sus líde­res y repre­sen­tan­tes, se afe­rran tenaz­men­te a las manías y obse­sio­nes de ayer, pre­sos de las iner­cias vete­ro­nor­ma­les. Como indi­ca­ba la epi­de­mió­lo­ga Delia Gra­ce a pro­pó­si­to de nues­tra rela­ción con los ani­ma­les, “el mun­do está tra­tan­do los sín­to­mas de la pan­de­mia de covid-19, pero no las cau­sas”. Inten­tan­do regre­sar deses­pe­ra­da­men­te a lo que tenía­mos, para vol­ver­nos a situar a diez cen­tí­me­tros del precipicio.

Fuen­te: https://​www​.lavoz​del​sur​.es/​o​p​i​n​i​o​n​/​a​n​o​-​p​a​n​d​e​m​i​a​s​_​2​5​4​1​2​8​_​1​0​2​.​h​tml, Rebe­lión.

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