Bra­sil. No hay vacu­na para el necropresidente

Por Fer­nan­do de la Cua­dra. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 7 de enero de 2021.

Mien­tras el poder públi­co se encuen­tra para­li­za­do, clí­ni­cas pri­va­das están nego­cian­do con­tra­tos con cier­tas empre­sas farmacéuticas.

Se cum­plie­ron 2 años des­de que el ex capi­tán asu­mió la pre­si­den­cia de Bra­sil, en los cua­les se pue­de cons­ta­tar no solo el carác­ter sinies­tro del des(gobierno) como la com­pul­si­va ten­den­cia a aliar­se con la cruel­dad y la muer­te de los bra­si­le­ños. Sólo de esta mane­ra pue­de ser inter­pre­ta­da la desidia con que el eje­cu­ti­vo ha asu­mi­do su com­ba­te a la pan­de­mia que aso­la al mun­do, aho­ra a tra­vés de una len­ti­tud cri­mi­nal para imple­men­tar el pro­ce­so de vacu­na­ción de los habi­tan­tes de este país.

A pesar de todas las evi­den­cias exis­ten­tes, el gobierno sigue cues­tio­nan­do la efec­ti­vi­dad de las vacu­nas y soli­ci­tan­do nue­vos ante­ce­den­tes para dar su vis­to bueno a tra­vés de la Agen­cia Nacio­nal de Vigi­lan­cia Sani­ta­ria (Anvi­sa), una enti­dad que goza­ba de gran pres­ti­gio antes de ser lite­ral­men­te ocu­pa­da por mili­ta­res acti­vos o de la reser­va sin nin­gún cono­ci­mien­to téc­ni­co ni pro­fe­sio­nal en esta área. Resul­ta­do: La Anvi­sa se ha trans­for­ma­do en un enor­me apa­ra­to buro­crá­ti­co que res­pon­de a direc­tri­ces ideo­ló­gi­cas ema­na­das de Bol­so­na­ro y los ultra­de­re­chis­tas que ocu­pan los prin­ci­pa­les car­gos de su gobierno.

En su gran mayo­ría, los minis­tros del actual gobierno se pare­cen más a los biza­rros y paté­ti­cos per­so­na­jes inven­ta­dos por Rober­to Bola­ño en su nove­la “La lite­ra­tu­ra nazi en Amé­ri­ca”, un ver­da­de­ro calei­dos­co­pio de seres frus­tra­dos, fra­ca­sa­dos, lle­nos de com­ple­jos e ideas estram­bó­ti­cas sobre la reali­dad, incu­ban­do fan­ta­sías de enemi­gos ocul­tos e insu­fri­bles tesis cons­pi­ra­ti­vas. Es así como se com­por­tan algu­nos de los deli­ran­tes miem­bros del gabi­ne­te de Bol­so­na­ro, los cua­les jun­to a cier­tos pas­to­res pen­te­cos­ta­les lle­gan a afir­mar que quien toma la vacu­na con­tra el Covid19 des­pués se trans­for­ma­rá en Jaca­ré, un coco­dri­lo abun­dan­te en las regio­nes de Ama­zo­nas y Pantanal.

Sería cómi­co si no fue­ra trá­gi­co. El país ya se apro­xi­ma a la amar­ga cifra de 200 mil falle­ci­dos y casi 8 millo­nes de infec­ta­dos por el virus y las auto­ri­da­des con­ti­núan para­li­za­das, sin nin­gu­na volun­tad de res­pues­ta a la urgen­cia de ini­ciar una masi­va cam­pa­ña de vacu­na­ción. En estos momen­tos, cin­co de los mayo­res hos­pi­ta­les de Sao Pau­lo se encuen­tran con su capa­ci­dad des­bor­da­da y con la ocu­pa­ción al 100% de sus camas para pacien­tes con Covid19. El pro­pio Minis­tro de Salud, Gene­ral Pazue­llo, hace dos sema­nas que no se hace visi­ble para dar algu­nas infor­ma­cio­nes u orien­ta­cio­nes a la pobla­ción que se man­tie­ne expec­tan­te fren­te al pro­ce­so de inmu­ni­za­ción que se desa­rro­lla ya en muchos paí­ses. Ade­más de la inac­ción del gobierno fede­ral, la abso­lu­ta fal­ta de coor­di­na­ción entre éste y los gobier­nos esta­dua­les tie­ne al país entre los últi­mos de la fila para lle­gar a un acuer­do con las far­ma­céu­ti­cas que deben dar cuen­ta de una deman­da excesiva.

Es deses­pe­ra­dor para muchos espe­cia­lis­tas en epi­de­mio­lo­gía y salud públi­ca obser­var como Bra­sil se está que­dan­do muy atrás en una mate­ria de vida o muer­te para los millo­nes de per­so­nas que quie­ren vol­ver a la lla­ma­da “nue­va nor­ma­li­dad” con la segu­ri­dad y la con­fian­za de que no sucum­bi­rán al Coronavirus.

Mien­tras el poder públi­co se encuen­tra para­li­za­do, clí­ni­cas pri­va­das están nego­cian­do con­tra­tos con cier­tas empre­sas far­ma­céu­ti­cas, lo cual pue­de repre­sen­tar una solu­ción para gru­pos mino­ri­ta­rios de la pobla­ción, pero nun­ca para la mayo­ría de los 210 millo­nes de habi­tan­tes de Bra­sil. Y aún más, cuan­do la eli­te de este país esté vacu­na­da, cier­ta­men­te las pre­sio­nes de los gru­pos más influ­yen­tes sobre el gobierno van a dis­mi­nuir drás­ti­ca­men­te, con lo cual la demo­ra en la res­pues­ta sani­ta­ria a la pan­de­mia se pue­de pro­fun­di­zar. A pesar de toda la crí­ti­ca rea­li­za por los espe­cia­lis­tas y vehi­cu­la­da dia­ria­men­te por la pren­sa, el pre­si­den­te se hace el des­en­ten­di­do res­pon­dien­do con un sim­ple “todo tene­mos que morir algún día”. Es la expre­sión más gro­tes­ca de un man­da­ta­rio que le impo­ne la muer­te a miles de per­so­nas a cau­sa de su desidia y negli­gen­cia admi­nis­tra­ti­va y su apa­tía y des­pre­cio por la vida ajena.

Como ya adver­tía­mos en un artícu­lo publi­ca­do meses atrás, la polí­ti­ca del gobierno de Bol­so­na­ro se sus­ten­ta en la muer­te, en la noción de que al poder polí­ti­co le cabe la dis­cre­cio­na­li­dad de deci­dir entre quie­nes pue­den vivir y quie­nes pue­den ser eli­mi­na­dos, pues son vidas super­fluas, resi­dua­les, “mata­bles”. De esta mane­ra, se esta­ble­cen los están­da­res entre quie­nes hay que pro­te­ger y ase­gu­rar en sus con­di­cio­nes de vida o, por el con­tra­rio, aque­llos que pue­den morir por­que son super­fluos para el sis­te­ma o por­que repre­sen­tan una “ame­na­za para la socie­dad” por pen­sar dife­ren­te o, sim­ple­men­te, por ser diferentes.

Bol­so­na­ro es la encar­na­ción de esta visión per­ver­sa que Achi­lle Mbem­be ana­li­zó y deno­mi­nó como necro­po­lí­ti­ca. Es un necro­pre­si­den­te de un necro­go­bierno que se ufa­na de estar con­si­guien­do la inmu­ni­dad de reba­ño, con millo­nes de con­ta­gia­dos que aumen­tan de mane­ra expo­nen­cial cada día. Y que ha colo­ca­do a la cabe­za del Minis­te­rio de Salud a un mili­tar que actúa como un subor­di­na­do y no como alguien que debe tomar deci­sio­nes vita­les para velar por la salud y la vida de la pobla­ción. No en vano ya es cono­ci­do como el Minis­tro de la Enfermedad.

La mitad de la pesadilla

Decir que este ha sido un perio­do oscu­ro, som­brío o sinies­tro no una exa­ge­ra­ción. Han sido dos años de des­mon­te de las polí­ti­cas públi­cas en casi todos los ámbi­tos de la nación: edu­ca­ción, salud, dere­chos huma­nos, medioam­bien­te, vivien­da, sanea­mien­to bási­co, infra­es­truc­tu­ra, pre­vi­sión, trans­por­te, rela­cio­nes exte­rio­res, etc. Toda­vía res­tan dos años de man­da­to del ex capi­tán y el país con­ti­núa sumer­gi­do en una pro­fun­da cri­sis a todo nivel, de la cual no se vis­lum­bra sali­da a cor­to o mediano pla­zo. El mis­mo Bol­so­na­ro vie­ne repi­tien­do regu­lar­men­te que “Bra­sil está que­bra­do”, elu­dien­do su res­pon­sa­bi­li­dad ante la insol­ven­cia fis­cal del gobierno. Crean­do fal­sas polé­mi­cas y des­ca­li­fi­can­do a sus crí­ti­cos, el gobierno escon­de arti­fi­cial­men­te su pro­pia incom­pe­ten­cia para lidiar con los pro­ble­mas de la nación.

Por su par­te, los pedi­dos para ini­ciar un pro­ce­so de impeach­ment por cri­men de res­pon­sa­bi­li­dad, fal­ta de deco­ro o inca­pa­ci­dad para ejer­cer el car­go, se acu­mu­lan en la gave­ta del pre­si­den­te de la Cáma­ra de Dipu­tados, Rodri­go Maia, que por cálcu­lo polí­ti­co, cui­da­do exce­si­vo o temor se ha nega­do a abrir cual­quie­ra de las más de 30 soli­ci­tu­des de impe­di­men­to que se han rea­li­za­do en estos últi­mos dos años. Rodri­go Maia debe dejar su pues­to en febre­ro, por lo cual ya se encuen­tran en cur­so las arti­cu­la­cio­nes para ele­gir al nue­vo pre­si­den­te de la Cámara.

La opo­si­ción ha con­se­gui­do con mucho esfuer­zo for­jar una alian­za en torno al can­di­da­to Baleia Ros­si, del Movi­mien­to Demo­crá­ti­co Bra­si­le­ño (MDB), el mis­mo par­ti­do en que mili­ta Michel Temer, aquel vice pre­si­den­te que trai­cio­nó a su com­pa­ñe­ra de lis­ta Dil­ma Rous­seff en el año 2016. A pesar de todos sus res­que­mo­res, el Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res apo­ya­rá la can­di­da­tu­ra de Ros­si, supo­nien­do que en esta com­ple­ja coyun­tu­ra es nece­sa­rio sumar todas las fuer­zas capa­ces de esta­ble­cer un con­tra­pun­to o con­tra­po­der a los ímpe­tus del eje­cu­ti­vo de con­tro­lar al con­jun­to de las ins­tan­cias deci­so­rias exis­ten­tes en el país.

Qui­zás si lo úni­co que otor­ga un poco de con­sue­lo a los con­glo­me­ra­dos polí­ti­cos opo­si­to­res y a la mayo­ría de los ciu­da­da­nos que le han res­ta­do su apo­yo a Bol­so­na­ro, es que a par­tir de aho­ra la mitad que res­ta de su man­da­to se va a ir redu­cien­do cada día has­ta lle­gar a su fin, el 31 de diciem­bre de 2022. Es cier­ta­men­te un con­sue­lo peque­ño, por­que ade­más siem­pre exis­te el ries­go de que, si los sec­to­res demo­crá­ti­cos no son capa­ces de levan­tar una alter­na­ti­va uni­ta­ria y via­ble a la mani­pu­la­ción y el chan­ta­je ejer­ci­do por los segui­do­res del necro­pre­si­den­te, esta pesa­di­lla se vuel­va a repe­tir por otros cua­tro años.

(Fer­nan­do de la Cua­dra es Doc­tor en Cien­cias Socia­les. Edi­tor del Blog Socia­lis­mo y Demo­cra­cia).

Fuen­te: Alainet

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