Argen­ti­na. Bre­ví­si­ma his­to­ria del pañue­lo verde

Por Cora Gamar­nik, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 6 de enero de 2021. 

Ata­do en las mochi­las, en la muñe­ca, alre­de­dor del cue­llo, como un top, bra­za­le­te o en la cin­tu­ra, duran­te este año tam­bién como bar­bi­jo. Para rega­lar­le a una ami­ga, ata­do a monu­men­tos, pin­ta­do como inter­ven­ción en car­te­les, sos­te­ni­do por miles de manos, de abra­zos. El pañue­lo ver­de se trans­for­mó en el signo por exce­len­cia de la lucha por el abor­to legal segu­ro y gratuito.

For­ma de cui­da­do, iden­ti­dad, lazo social. Lo repar­tie­ron por pri­me­ra vez Cató­li­cas por el Dere­cho a Deci­dir en Rosa­rio allá por el 2003, dos años des­pués se crea la Cam­pa­ña Nacio­nal por el Dere­cho al Abor­to Legal, Segu­ro y Gra­tui­to que lo adop­tó como pro­pio. La Cam­pa­ña le agre­gó el lema “Edu­ca­ción sexual para deci­dir, anti­con­cep­ti­vos para no abor­tar, abor­to legal, segu­ro y gra­tui­to para no morir” que se sue­le leer en ellos.

La exten­sión y ampli­tud de su uso mere­ce un aná­li­sis más pro­fun­do pero yo esbo­zo acá unas ideas.

El pañue­lo ver­de tie­ne dos carac­te­rís­ti­cas cen­tra­les. Es un pañue­lo y es ver­de. Dos cosas obvias cla­ro pero que mere­cen ambas una refle­xión. En un país don­de hay una lar­ga tra­di­ción alre­de­dor de los pañue­los blan­cos por­ta­dos duran­te años y años por muje­res madres que bus­ca­ban a sus hijas e hijos des­apa­re­ci­dos ele­gir como signo a un pañue­lo es colo­car­lo en esa mis­ma tra­yec­to­ria y vin­cu­lar­lo a la genea­lo­gía de la lucha por los dis­tin­tos dere­chos humanos.

El ver­de ‑según cuen­tan algu­nas de sus crea­do­ras- sur­gió tam­bién de un deba­te. Había que ale­jar­se del rosa ‑este­reo­ti­po tradicional‑, tam­bién del lila que ya esta­ba sien­do uti­li­za­do por otros movi­mien­tos de muje­res. Otros colo­res car­ga­ban con fuer­tes car­gas sim­bó­li­cas. El rojo de las izquier­das o el azul liga­do al jus­ti­cia­lis­mo. El ama­ri­llo esta­ba des­car­ta­do de plano. El ver­de por su par­te es un color rela­cio­na­do con la vida y la eco­lo­gía. Se podía re-uti­li­zar car­gán­do­le este nue­vo sen­ti­do. La defen­sa de la vida de la mano de los que no quie­ren que mue­ran más muje­res en abor­tos clandestinos.

Así sur­ge el pañue­lo de color ver­de y con la con­sig­na cen­tral de la cam­pa­ña. El que sea un pañue­lo tie­ne ade­más muchas ven­ta­jas. Es fácil de trans­por­tar, es mul­ti­fa­cé­ti­co en sus posi­bles usos, se pue­de atar. Es eco­nó­mi­co, cual­quie­ra se pue­de hacer uno. Sir­ve tam­bién para iden­ti­fi­car­se. Ver a alguien con un pañue­lo ver­de en el tren, en la escue­la, en el tra­ba­jo alcan­za para sen­tir­se com­pa­ñerx, para no sen­tir­se sola.

Lue­go se mul­ti­pli­có tam­bién en otros for­ma­tos: peche­ras, pren­de­do­res, cin­ti­tas, reme­ras, colla­res, car­te­ras, per­fi­les de whatsapp o de face­book, infi­ni­tas for­mas de uso, sopor­tes y materialidades.

Fren­te a las imá­ge­nes vio­len­tas uti­li­za­das por los que están en con­tra de la apro­ba­ción de la ley se creó una ima­gen vital, ale­gre, fes­ti­va que se exten­dió como marea.

El pañue­lo ver­de lle­gó para que­dar­se y hoy es el sím­bo­lo de una lucha que se vol­vió ley.

Foto por­ta­da: Danie­la Amdan

Itu­rria /​Fuen­te

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