Argen­ti­na. Dimos un gran paso, pero la lucha sigue

Por Mabel Bian­co*, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 3 de enero de 2021. 

En la madru­ga­da del 30 de diciem­bre del 2020, este año tan com­pli­ca­do ama­ne­ci­mos con la ley de Inte­rrup­ción Volun­ta­ria del Emba­ra­zo apro­ba­da. Ese que fue un recla­mo del movi­mien­to de muje­res des­de hace dece­nios y que al recu­pe­rar la demo­cra­cia en 1983 se con­vir­tió en un gri­to de muchas. Hoy es una reali­dad. No es algo que nos rega­la­ron, lo con­se­gui­mos con muchos años de lucha, de per­sis­ten­cia en la denun­cia, de recla­mo y llanto.

El camino está pavi­men­ta­do con las miles de muje­res y niñas que que­da­ron en estos años y que no pudi­mos evi­tar murie­ran por un abor­to clan­des­tino. Sabía­mos la injus­ti­cia que esto impli­ca­ba, por­que a ellas no les per­mi­tió la socie­dad inte­rrum­pir un emba­ra­zo for­za­do, no pla­nea­do y que no podían con­ti­nuar en for­ma segu­ra y sin poner en ries­go su salud y su vida. Pade­cie­ron la tor­tu­ra de pasar por ese pro­ce­so en la clan­des­ti­ni­dad, solas y tenien­do que ocul­tar­se para que no las pena­li­za­ran. Sabía­mos que otras, las que tenían los recur­sos eco­nó­mi­cos y socia­les podían hacer­lo sin arries­gar su vida y su salud. Eso era cono­ci­do por todos en nues­tra socie­dad, pero muches lo nega­ban o se hacían los que no veían. Otres decían, pero por­que no lo tie­ne y des­pués lo da en adop­ción, como si lle­var un hijo en el vien­tre es algo que no nos afec­ta a las muje­res, nos con­si­de­ran incu­ba­do­ras y no seres humanos.

Ayer en el deba­te en el Sena­do escu­cha­mos algu­nos rela­tos muy sen­ti­dos y auto­bio­grá­fi­cos, de muje­res que nos die­ron la pau­ta este no es un tema para las muje­res frio e indi­fe­ren­te. Tam­bién escu­cha­mos sena­do­res que enten­die­ron que ellos no podían com­pren­der cabal­men­te esto por­que nun­ca lo vivie­ron ni lo iban a vivir. Pero al lado de estos hubo algu­nas muje­res y muchos hom­bres que se refu­gia­ron en sus con­vic­cio­nes para jus­ti­fi­car su voto nega­ti­vo. Es lici­to esto, pero nos hubie­ra gus­ta­do que hubie­ran deja­do de lado sus intere­ses per­so­na­les para poder pen­sar en toda la socie­dad. Las leyes son para quie­nes pien­san como noso­tros y para quie­nes difie­ren, por eso deben de per­mi­tir a toda la ciu­da­da­nía ele­gir, deci­dir, no obli­gar. Pero esto no todas las per­so­nas lo pue­den enten­der y menos actuar. Es lamen­ta­ble que sean legis­la­do­res, por­que de esa for­ma solo pue­den legis­lar para quie­nes pien­san como ellos y no para todos. La demo­cra­cia requie­re garan­ti­zar dere­chos para todas las per­so­nas, no para un gru­po o sec­tor, por eso les legis­la­do­res deben poder supe­rar sus pro­pios intere­ses y pen­sar en el bien común, anteponiéndolo.

Con esta ley logra­mos con­so­li­dar la demo­cra­cia amplian­do un dere­cho. Tene­mos que seguir luchan­do por la igual­dad, pero dimos un gran paso!

*Médi­ca y pre­si­den­ta de FEIM, Fun­da­ción para Estu­dio e Inves­ti­ga­ción de la Mujer

Itu­rria /​Fuen­te

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