Bra­sil. Sobran razo­nes para el jui­cio polí­ti­co de Bolsonaro

Por Pedro Serrano. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 30 de diciem­bre de 2020.

Las accio­nes y omi­sio­nes de Bol­so­na­ro lle­va­ron a su pro­pia gen­te a la muer­te y cau­sa­ron daños irreparables.

En Bra­sil, el jui­cio polí­ti­co es casi par­te de la vida polí­ti­ca. El pri­mer pre­si­den­te ele­gi­do direc­ta­men­te des­pués de la Cons­ti­tu­ción de 1988, Fer­nan­do Collor, pasó por un pro­ce­so que resul­tó en su renun­cia. Los que siguie­ron tam­bién fue­ron obje­to de soli­ci­tu­des de expul­sión, inclui­do Fer­nan­do Hen­ri­que Car­do­so, con Dil­ma Rous­seff des­es­ti­ma­da incons­ti­tu­cio­nal­men­te por un per­pe­tra­dor. ¿Y Jair Bol­so­na­ro? ¿Hay algu­na razón para su jui­cio político?

Retro­ce­da­mos unos siglos. La semi­lla del jui­cio polí­ti­co sur­ge en los tiem­pos moder­nos, jun­to con la idea de dere­chos y la Cons­ti­tu­ción. Los cal­vi­nis­tas fran­ce­ses, hugo­no­tes, dan un mejor cuer­po a la noción de dere­chos y la Cons­ti­tu­ción. Las gue­rras reli­gio­sas lle­va­ron a los hugo­no­tes a la per­se­cu­ción, muer­te y expul­sión del país por par­te de los reyes cató­li­cos. En res­pues­ta, desa­rro­lla­ron una nue­va con­cep­ción de la tira­nía, secu­la­ri­zan­do la con­cep­ción teo­ló­gi­ca de la huma­ni­dad de Pau­lo de Tar­so. En La era de los dere­chos, Nor­ber­to Bob­bio enfa­ti­za esta noción que trae Pau­lo, que todos somos hijos del mis­mo Padre, hay una con­di­ción míni­ma de igual­dad váli­da para todos. Y, si somos igua­les, no pode­mos ser pro­pie­dad del otro, por tan­to, tam­bién somos libres. La igual­dad y la liber­tad son, por tan­to, los dere­chos huma­nos primarios.

La fuer­za de la idea de los dere­chos que ema­nan de Dios (dig­ni­dad por­que somos sus hijos) tam­bién está pre­sen­te cuan­do los cal­vi­nis­tas dicen que la tira­nía es la dege­ne­ra­ción de la sobe­ra­nía, que ocu­rre cuan­do no se obser­van los dere­chos natu­ra­les: igual­dad, liber­tad, pro­pie­dad, expre­sión de ideas y con­cien­cia reli­gio­sa. Es el ger­men de la idea del Esta­do Cons­ti­tu­cio­nal y Demo­crá­ti­co de Dere­chos y cons­ti­tu­cio­na­lis­mo, de un poder polí­ti­co suje­to a derechos.

Lo con­tra­rio es la tira­nía, que le da al pue­blo el dere­cho a resis­tir. Esta idea está en Vin­di­ciae Con­tra Tyran­nos, una obra del siglo XVI escri­ta bajo el seu­dó­ni­mo de Stephen Junius Bru­tus. En la con­cep­ción hugo­no­te, el dere­cho de resis­ten­cia es la posi­bi­li­dad de que los repre­sen­tan­tes del pue­blo, los lla­ma­dos magis­tra­dos, des­ti­tu­yan al tirano. Un embrión del jui­cio polí­ti­co que sur­ge con la idea de Cons­ti­tu­ción y dere­chos y, por ello, es tan intrín­se­co al Esta­do Cons­ti­tu­cio­nal y Demo­crá­ti­co en su ver­sión presidencial.

Casi un siglo des­pués, John Loc­ke es el pro­pie­ta­rio de esta cons­truc­ción. En Dos tra­ta­dos sobre el gobierno, de 1689, intro­du­ce el dere­cho a la resis­ten­cia uti­li­zan­do la vio­len­cia para liqui­dar al tirano. La inde­pen­den­cia de los Esta­dos Uni­dos de Amé­ri­ca y la Revo­lu­ción Fran­ce­sa dan nue­vos sig­ni­fi­ca­dos al cons­ti­tu­cio­na­lis­mo. En un pri­mer momen­to, la Cons­ti­tu­ción como con­ten­ción de la demo­cra­cia y los avan­ces revo­lu­cio­na­rios: en Fran­cia, el cen­so gene­ra una demo­cra­cia en la que solo par­ti­ci­pan hom­bres blan­cos con ingre­sos o pro­pie­da­des. En los EE. UU., La Car­ta impi­de que se aprue­ben leyes esta­ta­les a favor de peque­ños pro­pie­ta­rios y deu­do­res. Con la demo­cra­cia uni­ver­sal, este pano­ra­ma cam­bió en el trans­cur­so de los siglos XIX y XX, pero en Euro­pa las Cons­ti­tu­cio­nes ante­rio­res a la Segun­da Gue­rra Mun­dial toda­vía están en el mis­mo nivel jerár­qui­co que las leyes.

El sen­ti­do con­tem­po­rá­neo del cons­ti­tu­cio­na­lis­mo cam­bia pro­fun­da­men­te en la era pos­te­rior a la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Las Cons­ti­tu­cio­nes se vuel­ven rígi­das, jerár­qui­ca­men­te supe­rio­res y tra­du­cen lo más civi­li­za­do que ha pro­du­ci­do la huma­ni­dad, dan­do poder legal a los dere­chos fun­da­men­ta­les y los valo­res ideo­ló­gi­cos y polí­ti­cos. El con­cep­to mis­mo de demo­cra­cia se recons­tru­ye: no exis­te solo con deci­sio­nes de la mayo­ría y adop­ta­das por todo el entorno social. Para tener demo­cra­cia es nece­sa­rio que se res­pe­ten los dere­chos de las mino­rías e indi­vi­dua­les en la con­vi­ven­cia social. Es una ten­sión cons­tan­te entre la sobe­ra­nía popu­lar y la garan­tía de dere­chos. Garan­ti­zar los dere­chos se con­vier­te en un meca­nis­mo de toma de deci­sio­nes, gene­ral­men­te el Poder Judi­cial. La acu­sa­ción está en esta lis­ta de deci­sio­nes con­tra­ma­yo­ri­ta­rias, pero pro­vie­ne del Legis­la­ti­vo con­tra los jefes del Eje­cu­ti­vo. Es un meca­nis­mo de cali­bra­ción del sistema.

Ronald Dwor­kin, un renom­bra­do filó­so­fo legal, escri­bió en la déca­da de 1990 que la soli­ci­tud de jui­cio polí­ti­co de Bill Clin­ton fue «una espe­cie de gol­pe» (Una espe­cie de gol­pe). Lla­mar gol­pe de Esta­do a un jui­cio polí­ti­co incons­ti­tu­cio­nal no es una inven­ción de la izquier­da bra­si­le­ña, sino la crea­ción de este gran juris­ta, que com­pa­ra el impe­di­men­to al uso de un arma nuclear en una guerra.

Siem­pre he defen­di­do la idea de que el jui­cio polí­ti­co no debe tri­via­li­zar­se. Fui con­tra los de Collor, Fer­nan­do Hen­ri­que Car­do­so, Lula y lo que resul­tó en el gol­pe en Dil­ma. La Cons­ti­tu­ción de 1988 no deja lugar a dudas sobre el carác­ter excep­cio­nal y de emer­gen­cia del ins­ti­tu­to. Deli­to de res­pon­sa­bi­li­dad solo cuan­do hay un ata­que a la Cons­ti­tu­ción: el «arma nuclear» de Dwor­kin. La cul­tu­ra del impeach­ment nos lle­vó a escu­char que vota­rían por Bol­so­na­ro «y, si no hacía un buen gobierno, era solo para sacar­lo del car­go, como hici­mos con Dil­ma». Nada más mal.

La dimen­sión jurí­di­ca del jui­cio polí­ti­co es vin­cu­lan­te, es decir, indis­po­ni­ble: para que el Par­la­men­to decre­te el impe­di­men­to, debe haber ata­ca­do la Cons­ti­tu­ción. La dimen­sión polí­ti­ca es que el Par­la­men­to pue­de deci­dir no pro­mul­gar un jui­cio polí­ti­co, a pesar de que ha ata­ca­do la Cons­ti­tu­ción. Esto es impen­sa­ble cuan­do ocu­rren deli­tos comu­nes, ya que el Poder Judi­cial tie­ne la obli­ga­ción de san­cio­nar­los. Esa es la natu­ra­le­za del deli­to de res­pon­sa­bi­li­dad: la deci­sión polí­ti­ca del Par­la­men­to es libre en cuan­to a la apli­ca­ción de la pena, una vez que se ha pro­du­ci­do legal­men­te. Lo con­tra­rio es un gol­pe de Esta­do: sacar a un pre­si­den­te sin deli­to de responsabilidad.

Pero, ¿Bol­so­na­ro debe­ría sufrir un jui­cio polí­ti­co? Por su con­duc­ta y omi­sio­nes en la pan­de­mia, sí. Bol­so­na­ro no hizo lo que se reque­ría como pre­si­den­te. Debe­ría haber segui­do las reco­men­da­cio­nes cien­tí­fi­cas para con­te­ner la enfer­me­dad, en lugar de fomen­tar el des­pre­cio por la vida. Debe­ría haber coor­di­na­do y pla­ni­fi­ca­do las polí­ti­cas sani­ta­rias y sani­ta­rias, una fun­ción de la Unión, para mejo­rar la ges­tión de las camas de UCI, ase­gu­rar el ais­la­mien­to social, rea­li­zar prue­bas masi­vas, inte­grar esfuer­zos en la bús­que­da de la vacu­na, ase­gu­rar la asis­ten­cia de emer­gen­cia para el afron­ta­mien­to del perío­do difícil …

Las accio­nes y omi­sio­nes de Bol­so­na­ro lle­va­ron a su pro­pia gen­te a la muer­te y cau­sa­ron daños irre­pa­ra­bles. Este es un cri­men de res­pon­sa­bi­li­dad. Que­da a la gen­te, eli­mi­nar­lo. Bol­so­na­ro ata­có los dere­chos y prin­ci­pios cons­ti­tu­cio­na­les más pri­ma­rios: el dere­cho a la vida y la salud. En la dimen­sión jurí­di­ca, por tan­to, exis­ten moti­vos para su acu­sa­ción. En la dimen­sión polí­ti­ca, le corres­pon­de al Par­la­men­to bra­si­le­ño deci­dir que, por aho­ra, se des­cui­da gra­ve­men­te al no inves­ti­gar la con­duc­ta pre­si­den­cial y al no reco­no­cer el fla­gran­te y con­ti­nua­do deli­to de responsabilidad.

Foto: AFP

Fuen­te: Car­ta Capital

Tra­duc­ción: Resu­men Latinoamericano

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