Femi­nis­mos. “Bri­lla la luz para ellas”, las muje­res en el rock argentino

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 28 de diciem­bre de 2020.

Romi­na Zane­lla­to inves­ti­gó el rol de las muje­res en el rock argen­tino. En su libro, la auto­ra inclu­yó las voces de artis­tas y tra­ba­ja­do­ras de la músi­ca a par­tir de las más de cin­cuen­ta entre­vis­tas, ade­más del mate­rial de archi­vo y bibliográfico.

Todo comen­zó hace dos años, en una mesa de “Rock y Muje­res” en el Di Tella de la que Romi­na Zane­lla­to par­ti­ci­pó por invi­ta­ción del perio­dis­ta Pablo Schan­ton. Duran­te ese encuen­tro, Jua­na Moli­na, inte­gran­te del panel, men­cio­nó varias veces a Gabrie­la. Zane­lla­to recuer­da que en ese momen­to dio por sen­ta­do que la artis­ta se refe­ría a María Gabrie­la Epu­mer. Pero no: Moli­na habla­ba de Gabrie­la Paro­di, la pri­me­ra mujer que gra­bó un dis­co de rock en la Argen­ti­na. “Fue un momen­to terri­ble para mí. Sabía que exis­tía una Gabrie­la, pero la reali­dad es que no la tenía en mi radar. Vol­ví a casa súper acon­go­ja­da, me sen­tí humi­lla­da, irres­pon­sa­ble en mi rol. No pue­do ser una perio­dis­ta femi­nis­ta y no cono­cer la his­to­ria de las muje­res en el rock”. Así fue que nació Bri­lla la luz para ellas, libro recien­te­men­te edi­ta­do por Marea Edi­to­rial que reco­ge la exhaus­ti­va inves­ti­ga­ción de la perio­dis­ta, escri­to­ra y ensa­yis­ta sobre el rol de las muje­res den­tro de la esce­na del rock argen­tino, des­de la déca­da del ’60 has­ta la actualidad.

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Musas, “muje­res de”, coris­tas, expul­sa­das del mains­tream, habi­tan­tes de los bor­des, punks, auto­ges­ti­vas, empo­de­ra­das. Del ima­gi­na­rio al esce­na­rio, las muje­res en el rock de acá fue­ron ocu­pan­do dife­ren­tes luga­res a tra­vés de los años. El libro de Zane­lla­to hace un reco­rri­do pun­ti­llo­so por la vida y la obra de las pro­ta­go­nis­tas. Cada capí­tu­lo des­cri­be una déca­da. Cada déca­da inclu­ye las voces de artis­tas y tra­ba­ja­do­ras de la músi­ca a par­tir de las más de cin­cuen­ta entre­vis­tas que hizo la auto­ra, ade­más del mate­rial de archi­vo y biblio­grá­fi­co. Los femi­nis­mos y sus dife­ren­tes mane­ras de vin­cu­lar­se con la socie­dad y con la esce­na del rock son ejes fun­da­men­ta­les en la cons­truc­ción de este rela­to que va toman­do dife­ren­tes enfo­ques, dife­ren­tes luga­res de enunciación.

Tener que demos­trar siem­pre que el lugar que ocu­pan es por capa­ci­dad y no por moti­vos extra­pro­fe­sio­na­les, la sen­sa­ción de estar siem­pre dan­do examen, la nece­si­dad de vali­da­ción por par­te de un otro, la mater­ni­dad y el modo en que influ­ye en el desa­rro­llo pro­fe­sio­nal, las des­igual­da­des, sub­es­ti­ma­cio­nes, vio­len­cias y tan­tos temas que sur­gen cuan­do se habla de la rea­li­za­ción de las muje­res en el mar­co de cual­quier acti­vi­dad apa­re­cen recu­rren­te­men­te en esta pri­me­ra his­to­ria de las argen­ti­nas en el rock. Pero por sobre todas las cosas, Bri­lla la luz para ellas es una tra­duc­ción cabal de la volun­tad de la auto­ra de gene­rar un dis­cur­so iden­ti­ta­rio, un corri­mien­to de velo, el des­cu­bri­mien­to de una genea­lo­gía inte­gra­da por aque­llas que no están en las his­to­rias escri­tas por los que ganan, una revi­sión del ayer para inter­ve­nir el maña­na: “No pode­mos cono­cer­nos si no cono­ce­mos nues­tro pasa­do. Creo fir­me­men­te en eso y refle­xiono sobre eso. Hay que hacer el ejer­ci­cio de la memo­ria feminista”.

—En el pró­lo­go decís que el rock para las muje­res fue una for­ma de rebe­lión den­tro de la rebe­lión que impli­ca­ba ser roc­ke­ro. ¿Cómo fue cam­bian­do esa for­ma de rebe­lión a tra­vés de las décadas?

—La pri­me­ra rebe­lión, en los ’60, fue poder tener expe­rien­cias que no fue­ran las que la socie­dad le per­mi­tía a una mujer. Estar ahí con músi­cos, en esos roles de musas, de fans, eso era salir­se del man­da­to. En los ’70, lle­gar a gra­bar un dis­co para las pocas que lo logra­ron fue una rebe­lión total. La pri­me­ra can­ción de un dis­co rock argen­tino hecho por una mujer, que gra­bó Gabrie­la, dice “me quie­ro ir de esta casa, papá, me voy con un hom­bre con quien quie­ro vivir a pesar de que no estoy casa­da”. En los ’80 salie­ron todas las muje­res a hacer lo que que­rían, des­de las Bay Bis­cuits has­ta las Viu­das, que en sus can­cio­nes con soni­do naif tira­ban una baja­da polí­ti­ca sarpada.


La rebe­lión es cons­tan­te y es sobre todo nun­ca haber deja­do de hacer músi­ca a pesar de las dis­tin­tas cir­cuns­tan­cias que les toca­ba vivir.


—Una cues­tión que se repi­te en el libro es la de la nece­si­dad de hacer las cosas a par­tir del deseo y con tiem­pos fue­ra de la lógi­ca del deber ser de la indus­tria. ¿Cómo pen­sás que se refle­ja eso en la pro­duc­ción musical?

La gene­ra­ción que hoy está enci­ma de los esce­na­rios, que es hija de la gene­ra­ción de muje­res que esta­ban en los esce­na­rios en los ’90, no sólo apren­dió de ellas la auto­ges­tión sino tam­bién que pue­de hacer una carre­ra toda la vida en el under. Ese es el lega­do más gran­de que dejó Rosa­rio (Blé­fa­ri), por ejem­plo: otros tiem­pos, otra sen­si­bi­li­dad, otra for­ma de vin­cu­lar­se con los ins­tru­men­tos y con el soni­do, otros dis­cur­sos. De algu­na mane­ra, eso pudo sobre­vi­vir a tra­vés de los años como una esce­na para­le­la a la mains­tream, y todo ese tra­ba­jo de esos años está logran­do que aho­ra se gene­re esa segun­da esce­na: un under que está un esca­lón más arri­ba que el under de los ’90 en cuan­to a masi­vi­dad. Hay un tra­ba­jo de las muje­res, que va cre­cien­do a espal­das de los medios de comu­ni­ca­ción, que pro­du­jo el fenó­meno de un under que sin embar­go es masi­vo. Es lo más feliz que pue­de pasar.

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(Ima­gen: Vio­le­ta Capasso)

—En el apar­ta­do sobre el deba­te por la Ley ILE en 2018, citás una fra­se de Ofe­lia Fer­nán­dez: “Tie­nen que hacer­se car­go de que todo el vacío que se fun­dó en su desin­te­rés fue reem­pla­za­do por auto­ges­tión”. Ella habla del abor­to, pero podría adap­tar­se per­fec­ta­men­te a esta reac­ción de las muje­res en la músi­ca que mencionás.

—Es que es la mis­ma situa­ción de impo­si­ción. De gol­pe, se gene­ró una esce­na de chi­cas con­su­mien­do, escu­chan­do, hacien­do músi­ca, y aho­ra ese espa­cio que los pro­duc­to­res y los sellos y las gran­des indus­trias deja­ron fue ocu­pa­do. No creo que sea un vacío ino­cen­te, ¿eh?: es una deci­sión que toma el varón que tie­ne poder cuan­do dice “muje­res ya ten­go”. Aho­ra las minas les explo­tan en la cara y de gol­pe tie­nen que modi­fi­car ellos sus con­duc­tas para poder ven­der. El ges­to de dar­le el Gar­del a Mari­li­na (Ber­tol­di) se debe en gran medi­da a que amplia­ron el jura­do y aho­ra hay un 50% de jura­das muje­res, pero tam­bién es un ges­to para no que­dar­se afue­ra de un cam­bio social. Es una pre­sión que se ejer­ció des­de aba­jo hacia arri­ba. Lo mis­mo va a pasar con el aborto.

—El títu­lo del libro reto­ma el de una can­ción de Luca Pro­dan. ¿Es una for­ma de decir que el cam­bio de men­ta­li­dad que hace fal­ta para revi­sar y modi­fi­car las des­igual­da­des de géne­ro debe incluir tam­bién a los varones?

—Lo que más me gus­ta del títu­lo es la ope­ra­ción de cam­biar la direc­ción de la luz: antes era a un varón y aho­ra la luz las enfo­ca a ellas. Dar­le la luz de la auto­rre­fe­ren­cia­li­dad que tie­ne el rock siem­pre en el varón y enfo­car a las muje­res. Me pare­ció que era una ope­ra­ción poé­ti­ca y poten­te. Y sí, sin lugar a dudas, para hacer el cam­bio que hay que hacer son nece­sa­rios los varo­nes. Creo que hay que ocu­par todos los espa­cios posi­bles y ocu­par los espa­cios sig­ni­fi­ca hacer el ran­cho pro­pio para estar más cómo­das entre noso­tras, pero tam­bién creo que los varo­nes no son el enemi­go. Tie­nen que ser fuen­tes de cam­bio igual que noso­tras. Si no, esto se va a per­pe­tuar para siempre.

Fuen­te La Tin­ta Ima­gen de por­ta­da: Roy Molina.

Itu­rria /​Fuen­te

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