Hon­du­ras. Todo lo que ocu­rrió mien­tras Mavis agonizaba

Por Iolany Pérez. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 21 de diciem­bre de 2020.

Son las tres de la madru­ga­da del 9 de sep­tiem­bre. Héc­tor des­pier­ta escu­chan­do toser a Mavis, su madre. Un dolor inten­so en el pecho no le deja res­pi­rar y está cada vez más ago­ta­da. Héc­tor, asus­ta­do, des­pier­ta al padras­tro, pero éste no se inmu­ta, pien­sa que es otro ata­que de asma bron­quial con el cual Mavis lidia des­de que tenía 16 años, y que había sobre­lle­va­do, a veces, con medi­ca­men­tos que cos­tea­ba con difi­cul­tad y, otras veces, con “agüi­tas de hojas que su madre le recetaba”.

El día ante­rior, como la mayor par­te de sus días, Mavis había lava­do ropa aje­na. El médi­co, ade­más de los medi­ca­men­tos, le había reco­men­da­do evi­tar las fati­gas, pero si Mavis que­ría medi­ca­men­tos y ade­más ali­men­tar a sus dos hijos, no podía sino fati­gar­se trabajando.

En Hon­du­ras, la pobre­za se extien­de a nivel nacio­nal, a 6 de cada 10 habi­tan­tes, pero impac­ta más dura­men­te a las muje­res, que sufren la des­igual­dad doble­men­te, por la injus­ta dis­tri­bu­ción de la rique­za en el país, la cual se con­cen­tra en unas pocas manos, y por el sis­te­ma patriar­cal que hace que las muje­res par­ti­ci­pen menos que los hom­bres de esa riqueza.

-Héc­tor, bus­ca a tu abue­la, dile que me sien­to mal. Escu­chó el joven mien­tras con­tem­pla­ba impo­ten­te. Corrió tan rápi­do como pudo los tres kiló­me­tros de dis­tan­cia entre las casas. Tocó la puer­ta duro, y gri­tó: – ¡Abue­la, mamá está enferma!

El día que Héc­tor rela­ta­ba su his­to­ria era la vís­pe­ra de su cum­plea­ños. Iba a cum­plir die­ci­séis años, de los que, en los últi­mos ocho, había con­vi­vi­do con el temor a sufrir un ata­que de epi­lep­sia, razón por la cual aban­do­nó la escue­la, ya que no pue­de con­tro­lar­se los ata­ques con un tra­ta­mien­to cuyo cos­te que­da fue­ra de su alcance.

En hos­pi­ta­les y cen­tros de salud, ni siquie­ra tie­nen todos los medi­ca­men­tos del cua­dro bási­co clí­ni­co (medi­ca­men­tos comu­nes), y mucho menos para enfer­me­da­des espe­cia­les, según denun­cias cons­tan­tes del Cole­gio Médi­co de Honduras.

El lis­ta­do nacio­nal de medi­ca­men­tos cuen­ta con 531 fár­ma­cos. Y según el gobierno, es un lis­ta­do de medi­ca­men­tos con­gruen­te con las nece­si­da­des del país, aun­que pacien­tes de enfer­me­da­des cró­ni­cas, como dia­be­tes, enfer­me­da­des rena­les y VIH-Sida, denun­cian la fal­ta de sus medicinas.

Una foto­gra­fía al sis­te­ma de salud

En la actua­li­dad, el sis­te­ma públi­co de salud de Hon­du­ras lo inte­gran la Secre­ta­ría de Salud, a la que le corres­pon­de el rol rec­tor, regu­la­dor y pres­ta­dor de ser­vi­cios a toda la pobla­ción, y el Ins­ti­tu­to Hon­du­re­ño de Segu­ri­dad Social (IHSS). Un segun­do sub­sec­tor es el pri­va­do, con­for­ma­do por ins­ti­tu­cio­nes de salud con o sin fines de lucro. La Secre­ta­ría de Salud pres­ta ser­vi­cios al 60% de la pobla­ción mien­tras que el IHSS ase­gu­ra al 12%. El sec­tor pri­va­do, por su par­te, con­for­ma­do por estruc­tu­ras de salud con o sin fines de lucro, atien­de al 10% de la población.

En Hon­du­ras, 9 de cada 10 per­so­nas no están cubier­tas por nin­gún tipo de segu­ro de salud y se esti­ma que el 18% de la pobla­ción (más de 1.5 millo­nes de hon­du­re­ños y hon­du­re­ñas) no tie­ne acce­so a los ser­vi­cios bási­cos de salud, según inves­ti­ga­ción del Cen­tro de Estu­dios para la Demo­cra­cia, CESPAD. En el docu­men­to se aler­ta del esta­do de coma que enfren­ta la salud en Hon­du­ras: sin camas, médi­cos, enfer­me­ras, equi­po, medicinas.

“Los médi­cos son insu­fi­cien­tes, lo mis­mo pasa con las enfer­me­ras y camas asig­na­das en los hos­pi­ta­les y cen­tros de salud. Es impo­si­ble aten­der a la ciu­da­da­nía”, dice Suya­pa Figue­roa, pre­si­den­ta del Cole­gio Médi­co de Honduras.

Mavis murió cuan­do ape­nas tenía 36 años de edad. Has­ta aho­ra nin­gu­na auto­ri­dad en el área de salud da res­pues­ta de su muer­te, no exis­te inves­ti­ga­ción. Su muer­te se suma a los casos no regis­tra­dos en el mar­co de la emer­gen­cia por el Covid-19 en Honduras.

Según el recuen­to del Cole­gio Médi­co, en el país hay más de 8 mil médi­cos des­em­plea­dos. Aun con­tra­tan­do esa can­ti­dad, Hon­du­ras esta­ría por deba­jo de los están­da­res que dic­ta la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud-OMS, que indi­can que por cada 10,000 habi­tan­tes deben estar asig­na­dos 23 médi­cos y enfermeras.

Ale­jan­dro Kafat­ti, eco­no­mis­ta e inves­ti­ga­dor del Foro Social para la Deu­da Exter­na de Hon­du­ras, FOSDEH, una orga­ni­za­ción de socie­dad civil que da moni­to­reo a la eje­cu­ción pre­su­pues­ta­ria y las deci­sio­nes en mate­ria fis­cal, dice que la pla­ni­fi­ca­ción es una deu­da his­tó­ri­ca en Hon­du­ras. El fenó­meno que­da al des­nu­do en el área de salud, ya que el gobierno no tie­ne cla­ri­dad ni pla­nes para hacer fren­te a las prin­ci­pa­les enfer­me­da­des que pade­ce la pobla­ción, por lo que el pre­su­pues­to y las nece­si­da­des de la ciu­da­da­nía van por cami­nos contrarios.

“Has­ta el momen­to no se han prio­ri­za­do las prin­ci­pa­les enfer­me­da­des del país, ni pre­su­pues­ta­ria ni téc­ni­ca­men­te. No hay pla­ni­fi­ca­ción. Si no, mire­mos lo que ha ocu­rri­do en los últi­mos 3 años: el den­gue sigue sien­do la prin­ci­pal enfer­me­dad que man­tie­ne de rodi­llas a los hon­du­re­ños, tan­to así, que el año 2019, fue­ron más de 112,000 casos de den­gue diag­nos­ti­ca­dos y más de 380 muer­tes a con­se­cuen­cia de la enfer­me­dad. Esto sólo demues­tra qué tan vul­ne­ra­ble es el sis­te­ma de salud, y en par­te, esto es por­que no se ha inver­ti­do lo sufi­cien­te en infra­es­truc­tu­ra ade­cua­da ni con­tra­ta­ción de per­so­nal. Cuan­do nos refe­ri­mos a infra­es­truc­tu­ra esta­mos hablan­do de la amplia­ción de la red hos­pi­ta­la­ria. Has­ta el momen­to Hon­du­ras cuen­ta úni­ca­men­te con 5 hos­pi­ta­les regio­na­les, para 9 millo­nes de per­so­nas. Esto es total­men­te absur­do”, dice Kafatti.

El aná­li­sis pre­su­pues­ta­rio que hace el FOSDEH en mate­ria de salud reve­la que, en 2020, el gobierno de Juan Orlan­do Her­nán­dez, pre­su­pues­tó 15, 800 millo­nes de lem­pi­ras, de los cua­les el 71% por cien­to esta­ba des­ti­na­do a pagar suel­dos y sala­rios del per­so­nal que labo­ra en el sis­te­ma de salud. En con­tra­po­si­ción, sólo el 4.1% de ese pre­su­pues­to esta­ba orien­ta­do a la inver­sión en infra­es­truc­tu­ra, mejo­ras y amplia­ción de la capa­ci­dad de la red hospitalaria.

“Mira­mos que es una des­pro­por­ción”, con­si­de­ra Kafat­ti, argu­men­tan­do que, de la mano de un incre­men­to de fon­dos, debe­ría acom­pa­ñar­se la inver­sión en los cen­tros asis­ten­cia­les. “Y eso no lo esta­mos vien­do”, agrega.

Doña Con­cep­ción, abue­la de Héc­tor, al escu­char los gol­pes en la puer­ta y la voz de su nie­to, se apre­su­ró a abrir, asus­ta­da. El nie­to le expli­có lo que pasa­ba, se vis­tió como pudo, bus­có unos pocos pesos (lem­pi­ras) que tenía guar­da­dos y se fue­ron a casa de Mavis, según nos rela­tó de la pro­pia Concepción.

-Me voy a morir ‑dijo Mavis.

-No digas ‑eso repu­so la abue­la-. ¿Que­rés que te saque­mos de aquí? – preguntó.

-Sí – dijo rápi­da­men­te Mavis.

Mavis a penas podía res­pi­rar y no deja­ba de toser. Debían ir cami­nan­do al cen­tro del pue­blo y bus­car ahí aten­ción médi­ca. Cami­na­ron len­to, muy len­to. Eran las cua­tro de la maña­na. El pue­blo esta­ba desier­to. Era raro ver gen­te a esas horas, y más aún en tiem­pos de pan­de­mia.
La pan­de­mia y su paso por Honduras

Si el sis­te­ma de salud públi­ca en Hon­du­ras esta­ba en cui­da­dos inten­si­vos antes de la pan­de­mia por Covid-19, hoy la situa­ción es aún más grave.

La hija menor de Mavis aho­ra es cui­da­da por su tía jun­to a otros 3 hijos más. Héc­tor inten­ta visi­tar­la todos los días. Ellos fue­ron sepa­ra­dos al morir su madre. En la foto­gra­fía mues­tran a su peque­ña mascota.

El sis­te­má­ti­co dete­rio­ro de los últi­mos 30 años ha hecho que los cen­tros de salud y hos­pi­ta­les no den para más. La pan­de­mia dio el tiro de gra­cia des­ta­pan­do las negli­gen­cias y la olla de corrup­ción con la que se ha des­go­ber­na­do el área de salud, dice el doc­tor José Manuel Matheu, exvi­ce­mi­nis­tro de salud en la admi­nis­tra­ción del pre­si­den­te Car­los Flo­res Facusse.

“La salud públi­ca ha esta­do mar­gi­na­da en los últi­mos 30 años. La estruc­tu­ra hos­pi­ta­la­ria está des­fa­sa­da. Los últi­mos hos­pi­ta­les gran­des en cons­truir­se fue­ron el Hos­pi­tal Escue­la, en 1978, y el Mario Cata­rino Rivas, en 1989. Y, por si fue­ra poco, en los últi­mos 15 años, retro­ce­di­mos con la aten­ción pri­ma­ria y des­cui­da­mos la aten­ción hos­pi­ta­la­ria, con una sola idea: pri­va­ti­zar la salud”, dijo el galeno.

Antes de la emer­gen­cia por Coro­na­vi­rus, el Cole­gio Médi­co denun­ció la pri­va­ti­za­ción del sis­te­ma de salud a tra­vés de la Ley Mar­co de Pro­tec­ción Social, que per­mi­te la entre­ga de cen­tros y hos­pi­ta­les públi­cos a enti­da­des pri­va­das o mix­tas con o sin fines de lucro.

La pan­de­mia encon­tró un país con hos­pi­ta­les sin salas ni camas para aten­der pacien­tes, caren­cia de médi­cos, enfer­me­ras y medi­ca­men­tos para hacer­le fren­te. Has­ta la fecha, se con­ta­bi­li­zan más de 100,000 casos posi­ti­vos y más de 2,700 fallecidos.

En los pri­me­ros meses del virus, los videos de pacien­tes ago­ni­zan­do en las ace­ras, o las impro­vi­sa­das car­pas en las afue­ras de los hos­pi­ta­les, o fami­lia­res enfren­tán­do­se a gol­pes por lograr un tan­que de oxí­geno para sal­var a los enfer­mos, inun­da­ron las redes socia­les. Has­ta la fecha, el gobierno no ha dado expli­ca­cio­nes sobre tan terri­bles hechos.
Hora de agonía

Sin saber exac­ta­men­te qué hacer, la abue­la pen­só con­se­guir un carro para lle­var a Mavis a un hos­pi­tal. Bus­có a un pas­tor evan­gé­li­co para pedir­le ayu­da. Pero se can­só de tocar la puer­ta y gri­tar. De la casa no hubo res­pues­ta. En el pue­blo no hay ambu­lan­cias, y el sis­te­ma 911 no es más que publi­ci­dad en los medios. Una patru­lla de poli­cía les tras­la­dó final­men­te al cen­tro de salud más cercano.

Sin embar­go, no fue atendida.

-Mi hija no tie­ne COVID. Es asmá­ti­ca ‑dijo la abue­la, cre­yen­do que su expli­ca­ción ace­le­ra­ría la aten­ción. Pero fue esa la razón por la cual se nega­ron a atenderla.

Si no tie­ne COVID, aquí podría con­ta­giar­se, no pode­mos reci­bir­la- dijeron.

Solo nece­si­ta oxí­geno. ¡Pón­gan­le oxi­geno por favor! – insistió.

A pesar de las súpli­cas de la abue­la y el esta­do de ago­nía de Mavis, se le negó la aten­ción más bási­ca. Doña Con­cep­ción salió de aquel cen­tro con la frus­tra­ción de no haber sido aten­di­das a pesar del esta­do de su hija. Pero no se rindieron.

Alguien le sugi­rió bus­car una clí­ni­ca pri­va­da. Héc­tor car­gó a su madre has­ta lle­gar al lugar. Aun­que la pri­me­ra aten­ción pare­cía dis­tin­ta a la del cen­tro de salud públi­co, le pidie­ron de inme­dia­to ade­lan­tar cier­ta can­ti­dad como garan­tía de pago, antes de ingre­sar a Mavis. La abue­la bus­có los pesos que había pre­pa­ra­do antes de salir de casa, pero no los encon­tró. Regis­tra­ba su vie­jo bol­so y su vestido.

– No los guar­dé. ¿O los habré bota­do? ‑se preguntaba.

Supli­có aten­ción para su hija. Ase­gu­ró que tenía el dine­ro y que iría a bus­car­lo. Pero fue en vano. Héc­tor con­tem­pla­ba la esce­na sin com­pren­der cómo alguien podía negar­se a aten­der a su madre moribunda.

“La situa­ción es tan gra­ve en estos meses de pan­de­mia, que ante el colap­so de hos­pi­ta­les y cen­tros salud, las clí­ni­cas pri­va­das se apro­ve­chan de la deses­pe­ra­ción de la gen­te. Algu­nas soli­ci­ta­ban depó­si­tos des­de 200,000 a 500,000 millo­nes de lem­pi­ras (unos 20,000 dóla­res), para aten­der a pacien­tes que nece­si­ta­ban aten­ción por el virus u otra enfer­me­dad”, denun­ció Suya­pa Figueroa.

La resis­ten­cia de Héc­tor, de su abue­la y su her­ma­na, supe­ra­ban la frus­tra­ción de no con­se­guir la aten­ción para Mavis, quien empeo­ra­ba, a cada ins­tan­te. Héc­tor lo notó e inten­tó la últi­ma posi­bi­li­dad a su alcan­ce. Paró un bus de ruta, de los que reco­rren los pue­blos veci­nos, car­gó a su madre, la subió y se sen­tó jun­to a ella. Pare­cía injus­to pedir­le más a su madre, pero él no tenía otro reme­dio en esos momen­tos. Ella no pudo más, y murió en ese bus en mar­cha. Eran las 10 de la mañana.

Para apo­yar eco­nó­mi­ca­men­te a su abue­la con los gas­tos de la casa, ya que su madre era quien sos­te­nía el hogar, aho­ra él labo­ra jun­to a su padras­tro en una herre­ría. Dia­ria­men­te su labor es fun­dir y for­jar hierro.

Des­de que Mavis comen­zó con los pri­me­ros sín­to­mas, a las 3 de la madru­ga­da, has­ta su muer­te, en el bus que la con­du­ci­ría al hos­pi­tal de Copán, trans­cu­rrie­ron 7 horas. 7 lar­gas horas sin haber con­se­gui­do un tras­la­do en con­di­cio­nes apro­pia­das o la asis­ten­cia de un tan­que de oxí­geno. Ese dolor amplia­do por el tiem­po de ago­nía sigue muy laten­te en la fami­lia de Mavis.

Corrup­ción vs. Pandemia

La pre­si­den­ta del Cole­gio Médi­co es tajan­te al ase­gu­rar que muer­tes como la de Mavis, o las de otros pacien­tes en el mar­co de la pan­de­mia, en situa­cio­nes seme­jan­tes, son res­pon­sa­bi­li­dad del gobierno de Juan Orlan­do Her­nán­dez, debi­do a la negli­gen­cia y la corrup­ción que se ha des­bor­da­do en este tiem­po, como ates­ti­guan los infor­mes de 11 inves­ti­ga­cio­nes lle­va­das a cabo por el Con­se­jo Nacio­nal Anti­co­rrup­ción (CNA), tras sie­te meses de emer­gen­cia por el coro­na­vi­rus. En dichos infor­mes, se seña­lan actos de corrup­ción en la ges­tión de los fon­dos públi­cos para la com­pra de equi­pos e insu­mos médicos.

Radio Pro­gre­so con­sul­tó al CNA sobre el daño eco­nó­mi­co de la corrup­ción en tiem­po de Covid-19 para el Esta­do hon­du­re­ño: “Suman­do el hallaz­go de todas las inves­ti­ga­cio­nes, pode­mos infor­mar que, solo en esos 11 docu­men­tos, se ha iden­ti­fi­ca­do un per­jui­cio a las finan­zas públi­cas de 811,634,132.05 lem­pi­ras”. Esa cifra aumen­ta­rá, pues­to que “el CNA con­ti­núa inves­ti­gan­do”, ase­gu­ró Odir Fer­nán­dez, jefe de inves­ti­ga­ción del CNA.

Den­tro de esas inves­ti­ga­cio­nes, se inclu­ye la de la com­pra de sie­te hos­pi­ta­les móvi­les, cons­trui­dos en Tur­quía, por un mon­to de 47 millo­nes de dóla­res (1,167 millo­nes de lempiras).

“Es impo­si­ble no sen­tir moles­tia e indig­na­ción por lo que ocu­rre en Hon­du­ras. Con los 47 millo­nes de dóla­res paga­dos por cada hos­pi­tal móvil, se hubie­sen cons­trui­do y dota­do, per­fec­ta­men­te, 2 hos­pi­ta­les regio­na­les para el occi­den­te o el orien­te”, ase­gu­ra Kafat­ti, pues­to que la pobla­ción de esas regio­nes care­cen de dichos cen­tros y deben movi­li­zar­se a San Pedro Sula o Tegu­ci­gal­pa en bus­ca de aten­ción médica.

Los seña­la­mien­tos por corrup­ción han con­ti­nua­do duran­te los 7 meses des­de el ini­cio de la pan­de­mia. El gobierno repor­ta que para hacer fren­te a la emer­gen­cia ha gas­ta­do 4,500 millo­nes de lem­pi­ras, pero los cálcu­los de corrup­ción según el FOSDEH lle­gan a más de 77,000 millo­nes de lem­pi­ras, unos 3,000 millo­nes de dólares.

En los infor­mes de corrup­ción, hay seña­la­mien­tos por com­pras sobre­va­lo­ra­das, adqui­si­ción de equi­pos y mate­rial médi­co de mala cali­dad, com­pras adju­di­ca­das por favo­ri­tis­mo polí­ti­cos, paren­tes­co con el fun­cio­na­rio o pago de favo­res. Ade­más, de estar pre­sen­tes las famo­sas coimas o sobor­nos con las que se enri­que­cen muchos fun­cio­na­rios.
Nadie le devol­ve­rá la vida a Mavis

Tres meses des­pués de la muer­te de Mavis, nin­gu­na auto­ri­dad se ha pro­nun­cia­do sobre el caso. En Radio Pro­gre­so hemos bus­ca­do reac­cio­nes de los encar­ga­dos de los cen­tros a los que Mavis supli­có aten­ción, inclu­so al pro­pio vice­mi­nis­tro de salud, Rober­to Cosen­za. No hay res­pues­ta. Ase­gu­ran des­co­no­cer el caso.

Héc­tor y su peque­ña her­ma­na llo­ran y extra­ñan a su madre, cre­yen­do que se hubie­se sal­va­do con la opor­tu­na aten­ción médica.

Su joven mamá aho­ra engro­sa las esta­dís­ti­cas de muer­tes en el mar­co de la pan­de­mia, sin que nadie infor­me sobre las cau­sas de su falle­ci­mien­to. La muer­te agra­vó las con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas de esta humil­de fami­lia, y tuvie­ron que divi­dir­se. Héc­tor vive aho­ra con su abue­la. Una her­ma­na cui­da de la peque­ña hija de Mavis. Inten­tan ver­se a dia­rio, pero jamás será igual.

“Ese es el pano­ra­ma en Hon­du­ras: la pobla­ción murien­do en los hos­pi­ta­les y otros que no logran lle­gar a los cen­tros médi­cos. Lo que hay es un apro­ve­cha­mien­to de la pan­de­mia para come­ter los actos de corrup­ción”, dice Suya­pa Figue­roa, pre­si­den­ta del Cole­gio Médico.

Para Ale­ja­dro Kafat­ti la apues­ta del gobierno de Juan Orlan­do Her­nán­dez está cla­ra. Mien­tras el pre­su­pues­to de salud ha teni­do un raquí­ti­co incre­men­to del 2% anual, par­ti­das como Defen­sa y Segu­ri­dad se incre­men­tan cada año en un 12%, y el apar­ta­do de pago a la deu­da públi­ca se alza has­ta un 20%. “La apues­ta es con­ti­nuar endeu­dán­do­nos para finan­ciar cam­pa­ñas polí­ti­cas y brin­dar pri­vi­le­gios a poli­cías y mili­ta­res. La salud pasa a un segun­do plano para auto­ri­da­des y polí­ti­cos”, con­clu­yó el economista.

Lo úni­co que Héc­tor sabe es que la muer­te de su madre fue pre­ve­ni­ble, pero nadie hizo nada. Aho­ra, sien­te que tam­bién su vida está en peli­gro, ya que Maviss era la encar­ga­da de cui­dar­le a él, para evi­tar que la epi­lep­sia empeore.

Fuen­te: Radio Progreso

Foto prin­ci­pal: Mar­tín Gar­cía /​/​Radio Progreso

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