Eco­lo­gía social. Agua y finan­zas, el nue­vo nego­cio de los hal­co­nes de Wall Street

Por Geral­di­na Colot­ti, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 19 diciem­bre 2020.-

La noti­cia de que el agua coti­za­rá en Wall Street con deri­va­dos finan­cie­ros ha rebo­ta­do en los medios inter­na­cio­na­les, per­mi­tién­do­nos enmar­car la nue­va espe­cu­la­ción desea­da por las prin­ci­pa­les ins­ti­tu­cio­nes inter­na­cio­na­les – Fon­do Mone­ta­rio y Ban­co Mun­dial, con el vis­to bueno de la Unión Euro­pea – en detri­men­to de pobla­cio­nes más vulnerables.

Como ya ha suce­di­do con otros bie­nes pri­ma­rios como el maíz, la soja, el arroz o el tri­go, inclu­so el agua, tan esen­cial para la vida como el aire, ten­drá un pre­cio de inver­sión depen­dien­te de los ban­cos, que los con­tro­lan median­te deri­va­dos finan­cie­ros, que se encuen­tran entre los ins­tru­men­tos más ries­go­sos. Sin embar­go, la pro­pa­gan­da capi­ta­lis­ta que enfa­ti­za las pro­pie­da­des «tau­ma­túr­gi­cas» y regu­la­to­rias del mer­ca­do, logra pre­sen­tar­los como ins­tru­men­tos ven­ta­jo­sos para los Esta­dos, que se ven empu­ja­dos a pri­va­ti­zar los recur­sos públi­cos, aun­que es evi­den­te que a ganar en un recur­so vital como el agua del que nadie pue­de pres­cin­dir son sólo las gran­des multinacionales.

En gran par­te del mun­do, las gran­des mul­ti­na­cio­na­les ges­tio­nan el agua pota­ble par­ti­ci­pan­do en una gue­rra comer­cial que con­du­ce a una con­cen­tra­ción mono­po­lís­ti­ca cada vez mayor. Para Amé­ri­ca Lati­na es váli­do el caso de Chi­le, don­de el agua está total­men­te pri­va­ti­za­da y el robo de bie­nes comu­nes se ha ins­ti­tu­cio­na­li­za­do. Des­de Euro­pa com­pi­ten las fran­ce­sas Veo­lia y la Suez, que está a pun­to de ser adqui­ri­da por la pri­me­ra. Swiss Nestlé tie­ne una posi­ción de mono­po­lio en el sec­tor, jun­to con Dano­ne y Coca Cola.

El docu­men­tal «Bottled Life», del direc­tor Urs Sch­nell, pre­mia­do en el Fes­ti­val de Cine de Ber­lín, denun­cia los gas­tos que pagan los nati­vos Moron­go en Cali­for­nia, que se que­jan de la esca­sez y mala cali­dad del agua debi­do a la acti­vi­dad de la mul­ti­na­cio­nal sui­za, y la mis­ma denun­cia hacen pobla­cio­nes de Pakistán.

El nego­cio del agua pota­ble ya es gigan­tes­co. El de la mul­ti­na­cio­nal sui­za ascien­de a 8 mil millo­nes al año. Y mucho menos qué intere­ses estra­tos­fé­ri­cos entra­rán en jue­go con la coti­za­ción del agua en la bol­sa de valo­res, lo que afec­ta­rá el cos­to de las tari­fas. El pre­tex­to de que la espe­cu­la­ción finan­cie­ra actua­rá como un disua­si­vo del derro­che es, obvia­men­te, otra excu­sa para que los Esta­dos no invier­tan en la rees­truc­tu­ra­ción de las redes de agua que pro­vo­can la dis­per­sión del pre­cia­do líquido.

El cen­tro de la espe­cu­la­ción es, una vez más, en Esta­dos Uni­dos, el país que más agua con­su­me jun­to con Chi­na, que sin embar­go tie­ne 1.400 millo­nes de habi­tan­tes fren­te a los 330 millo­nes de Esta­dos Uni­dos. En Cali­for­nia, el que se con­si­de­ra el mayor cen­tro finan­cie­ro de con­tra­tos de futu­ros, CME Group, comen­za­rá a coti­zar el agua en la bol­sa de valo­res en 2021. Actual­men­te, más de 20 millo­nes de per­so­nas mue­ren de ham­bre al año. Si, como dicen las pro­yec­cio­nes esta­dís­ti­cas, en 2050 al menos 3.000 millo­nes de per­so­nas sufri­rán esca­sez de agua, es fácil cal­cu­lar que al menos 40 millo­nes mori­rán de sed. Un tema que mues­tra la ausen­cia de sobe­ra­nía por par­te de aque­llos esta­dos que siguen los dic­ta­dos de gran­des ins­ti­tu­cio­nes inter­na­cio­na­les y que igno­ran la volun­tad de los ciu­da­da­nos inclu­so cuan­do se expre­sa a tra­vés de ple­bis­ci­tos. En Ita­lia, el refe­rén­dum popu­lar por el agua públi­ca, des­de 2011 nun­ca se con­vir­tió en ley. Actual­men­te, el con­su­mo medio por fami­lia, que en Ita­lia varía mucho de una región a otra, pue­de lle­gar has­ta los 800 euros al año, que se suman al de la elec­tri­ci­dad, el gas, el impues­to a la basu­ra, por un total de casi 2.500 euros por año. Gas­tos en con­ti­nuo aumen­to des­de prin­ci­pios de 2000, ante el pro­gre­si­vo empo­bre­ci­mien­to del poder adqui­si­ti­vo de los salarios.

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