Boli­via. Entre­vis­ta a Pablo Ortiz: «Ha sido intere­san­te el carác­ter popu­lar de la cam­pa­ña elec­to­ral del MAS, que fue hecha casi al mar­gen de los medios de comunicación»

Por Pablo Ste­fa­no­ni. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 20 de diciem­bre de 2020.

La vic­to­ria del Movi­mien­to al Socia­lis­mo (MAS) con más de 55% de los votos habi­li­tó una serie de inter­pre­ta­cio­nes sobre lo que real­men­te ocu­rrió en Boli­via des­de la caí­da de Evo Mora­les en noviem­bre de 2019. ¿Qué pasó enton­ces? ¿Qué expli­ca el fra­ca­so del «gobierno de tran­si­ción» y, más en gene­ral, anti-MAS? ¿Por qué Luis Arce pudo ganar con un por­cen­ta­je tan alto?

Las elec­cio­nes boli­via­nas del 18 de octu­bre pro­vo­ca­ron un vuel­co polí­ti­co: des­pués de su caí­da en 2019, el Movi­mien­to al Socia­lis­mo (MAS) se impu­so de mane­ra ple­bis­ci­ta­ria con 55,11% de los votos y 26 pun­tos de dife­ren­cia sobre el segun­do, el ex-pre­si­den­te Car­los Mesa. Los resul­ta­dos ali­men­ta­ron diver­sos aná­li­sis sobre lo ocu­rri­do, en medio de la sor­pre­sa gene­ral por la mag­ni­tud de la vic­to­ria de Luis Arce Cata­co­ra. Lue­go del aban­dono del poder en des­ban­da­da, que inclu­yó el exi­lio del pre­si­den­te Evo Mora­les, del vice­pre­si­den­te Álva­ro Gar­cía Line­ra y de varios minis­tros –otros se refu­gia­ron en la emba­ja­da mexi­ca­na en La Paz – , el MAS comen­zó un pro­ce­so de recom­po­si­ción des­de las bases y des­de su pro­pia ban­ca­da par­la­men­ta­ria, que siguió con­tro­lan­do dos ter­cios del Con­gre­so y mos­tró inclu­so una auto­no­mía rela­ti­va fren­te a Mora­les, refu­gia­do en Argen­ti­na. En para­le­lo, el gobierno de Jea­ni­ne Áñez mos­tra­ba sus difi­cul­ta­des para gober­nar, en medio del «cis­ne negro» de la pan­de­mia de covid-19. Final­men­te, el «voto ocul­to» en favor del MAS se impu­so sobre el «voto útil» favo­ra­ble a Mesa y pro­vo­có un giro de 180 gra­dos en la polí­ti­ca boliviana.

En esta entre­vis­ta, el perio­dis­ta y ana­lis­ta polí­ti­co Pablo Ortiz, encar­ga­do de repor­ta­jes espe­cia­les en el dia­rio El Deber de San­ta Cruz de la Sie­rra, ana­li­za los resul­ta­dos y la nue­va coyun­tu­ra, tan­to a esca­la nacio­nal como cruceña.

Para comen­zar, la pre­gun­ta inelu­di­ble es cómo se expli­can los resul­ta­dos del 18 de octu­bre y, sobre todo, el mar­gen de triun­fo del MAS.

-Lo pri­me­ro que sal­ta a la vis­ta es que la pro­pues­ta de gobierno y de Esta­do del MAS no esta­ba tan ago­ta­da como muchos creían. Pro­ba­ble­men­te lo que esta­ba ago­ta­do era el lar­go lide­raz­go de Evo Mora­les y su inten­ción de que­dar­se en el poder más allá de lo que diga la Cons­ti­tu­ción. Es pro­ba­ble que los boli­via­nos hayan desa­rro­lla­do duran­te todo este tiem­po un apo­yo a la ins­ti­tu­cio­na­li­dad y a las leyes más fuer­te del que podía pre­ver­se, y esto sobre­pa­sa inclu­so la pro­ba­ble popu­la­ri­dad que con­ser­va Morales. 

La bús­que­da de un mayor res­pe­to a las reglas del jue­go demo­crá­ti­co pare­ce haber influi­do en la vota­ción y en lo que pasó en 2019. En una de esas, la gen­te esta­ba más can­sa­da de la ima­gen de Mora­les que de su gobierno, o de su pro­yec­to esta­tal. Es pro­ba­ble que la dife­ren­cia de unos ocho pun­tos en favor de Arce res­pec­to de Mora­les en 2019 se expli­que en gran medi­da por votan­tes del MAS que el año pasa­do deci­die­ron votar por el can­di­da­to de ori­gen coreano Chi Hyun Chung, quien atra­jo mucho voto evan­gé­li­co en los nichos de vota­ción del MAS y obtu­vo casi 9%. 

Pero la cues­tión de todos modos es algo más com­ple­ja: si mira­mos la vota­ción del MAS en 2020, se ve que cre­ció en todo el occi­den­te del país res­pec­to de 2019, inclu­so en muni­ci­pios don­de le fue rela­ti­va­men­te mal a Arce en rela­ción con el cómpu­to nacio­nal, como Poto­sí o la ciu­dad de La Paz. Inclu­so en el muni­ci­pio de San­ta Cruz de la Sie­rra, don­de el MAS prác­ti­ca­men­te fue expul­sa­do del área urba­na y per­dió las cir­cuns­crip­cio­nes uni­no­mi­na­les que antes gana­ba, hay una mejo­ra en la vota­ción res­pec­to de 2019. Esto sig­ni­fi­ca que gen­te que dejó de votar al MAS el año pasa­do vol­vió a ele­gir­lo en cier­ta pro­por­ción, y eso le dio mayor legi­ti­mi­dad y mayor fuer­za a Luis Arce Cata­co­ra, inclu­so en rela­ción con el per­so­na­je de Evo Morales. 

La pre­gun­ta es si eso será sufi­cien­te para blin­dar­lo res­pec­to de la por­ción enor­me de poder que aún con­ser­va el ex-pre­si­den­te, quien demos­tró que no está jubi­la­do y que aún con­ser­va mucha popu­la­ri­dad a su regre­so de Argen­ti­na. Vere­mos qué tipo de poder cons­tru­ye a su vez Arce y qué posi­bi­li­da­des tie­ne de aguan­tar los empu­jo­nes de un cau­di­llo –por­que Evo Mora­les es un cau­di­llo– que no se que­da­rá quieto.

Algu­nos expli­can tam­bién par­te de este repun­te a par­tir de la figu­ra de David Cho­quehuan­ca como refe­ren­te de ori­gen ayma­ra que cuen­ta con cier­ta base en el Alti­plano. El nue­vo vice­pre­si­den­te jugó un papel casi silen­cio­so duran­te toda la cam­pa­ña, pero con inter­ven­cio­nes pun­tua­les que me pare­ce que fue­ron cla­ves para defi­nir el voto de algu­nos inde­ci­sos, sobre todo el inten­to de dife­ren­ciar el nue­vo gobierno del de Mora­les, de acep­tar los erro­res de las pasa­das ges­tio­nes y pro­me­ter un recam­bio inclu­so gene­ra­cio­nal. Y a eso se sumó algo que hizo Arce en los actos de cie­rre de cam­pa­ña: pro­me­ter que solo se que­da­rá en el poder los cin­co años de su man­da­to. Des­pués de un gobierno que duró 14 años y a la vis­ta de la cri­sis polí­ti­ca del año pasa­do, esto no es un deta­lle menor.

Pero para enten­der los resul­ta­dos hay que ver tam­bién qué pasó con la opo­si­ción. No es que la opo­si­ción lo haya per­di­do todo. Más bien, si com­pa­ra­mos esta elec­ción con las de 2009 y 2014, el blo­que anti-MAS logró un hito: evi­tar los dos ter­cios del MAS en el Con­gre­so para obli­gar­lo a nego­ciar cier­tas cosas, como nom­bra­mien­tos judi­cia­les, el defen­sor del pue­blo, etc. Tam­bién la opo­si­ción ten­drá una fuer­za regio­nal bas­tan­te gran­de, dada su con­cen­tra­ción del voto en el orien­te boli­viano, en lo que se cono­cía como la «media luna»,[1] qui­zás hoy una media luna men­guan­te. Eso dibu­ja la pola­ri­za­ción que ten­drá que enfren­tar el nue­vo gobierno. El MAS ya no podrá ser hege­mó­ni­co como en el pasa­do reciente.

Pablo Ortiz

El pro­ble­ma es que la expec­ta­ti­va del gobierno de Jea­ni­ne Áñez era, esta vez, que sin el apa­ra­to del Esta­do el MAS esta­ba con­de­na­do a salir de la esce­na, y leyó mal lo que repre­sen­ta­ba en tér­mi­nos de blo­que étnico-social.

-No creo que haya sido una mala lec­tu­ra solo del gobierno de tran­si­ción, fue tam­bién una muy mala lec­tu­ra de todo el blo­que anti-MAS. Duran­te las movi­li­za­cio­nes de 2019 la gen­te comen­zó a con­ven­cer­se a sí mis­ma de que los masis­tas eran pocos y de que fue­ra del gobierno ya no ten­drían la menor fuer­za, y se siguió pen­san­do eso. El pro­ble­ma era que no había nin­gún dato empí­ri­co para sos­te­ner esa apues­ta. De hecho, ya en medio de la pan­de­mia, dife­ren­tes sec­to­res socia­les –cer­ca­nos al MAS– para­ron el país con­tra la deci­sión de pos­ter­gar las elec­cio­nes y el gobierno no tenía la fuer­za coer­ci­ti­va ni siquie­ra para lle­var oxí­geno des­de el orien­te al occi­den­te; no obs­tan­te, seguían con el dis­cur­so de que los movi­li­za­dos eran unos pocos miles y de que 70% de los boli­via­nos con­de­na­ba al MAS.

Para mí, la pos­ter­ga­ción de las elec­cio­nes fue una medi­da muy razo­na­ble, en medio de la pan­de­mia de coro­na­vi­rus; esta­ba muy bien que el Tri­bu­nal Supre­mo Elec­to­ral toma­ra en sus manos su con­di­ción de poder del Esta­do y cam­bia­ra la fecha. Lo que no estu­vo bien fue no con­sul­tar a los pode­res fác­ti­cos: ahí había un poder ins­ti­tu­cio­nal con­tro­la­do por el gobierno de Áñez, un poder rema­nen­te y debi­li­ta­do encar­na­do en la Asam­blea Legis­la­ti­va Plu­ri­na­cio­nal, en manos del MAS, y unas fuer­zas socia­les que recla­ma­ban su espa­cio de poder, como los cam­pe­si­nos, sec­to­res de la ciu­dad de El Alto, la Cen­tral Obre­ra Boli­via­na, en defi­ni­ti­va, sec­to­res popu­la­res con fuer­za de movilización. 

El gobierno de Áñez vio diluir­se su capa­ci­dad de ges­tión duran­te la pan­de­mia, e inclu­so su capa­ci­dad dis­cur­si­va se vio dura­men­te mella­da. Exis­tía la sen­sa­ción de un des­go­bierno abso­lu­to. Los sec­to­res movi­li­za­dos tenían la sos­pe­cha de que lo que que­ría el gobierno era que no hubie­ra elec­cio­nes, ya que estas podrían habi­li­tar el regre­so del MAS al poder, como final­men­te ocu­rrió. Otra vez, como suce­dió muchas veces en Boli­via, los pode­res fác­ti­cos entra­ron en coli­sión con los pode­res cons­ti­tui­dos. Pero, sobre todo en espa­cios urba­nos y en las redes socia­les, se seguía insis­tien­do, y muchos en efec­to lo creían, que los masis­tas eran poqui­tos y que ganar­les era posi­ble inclu­so casi sin hacer campaña.

Eso pare­ce haber afec­ta­do a Mesa y a Comu­ni­dad Ciudadana…

-Si uno mira la cam­pa­ña de Car­los Mesa, esta se basó casi úni­ca­men­te en decir «vóten­me a mí, yo soy el úni­co que pue­de ganar­le al MAS». Algo pare­ci­do pasó en 2005 cuan­do Jor­ge «Tuto» Qui­ro­ga bus­có trans­for­mar la pri­me­ra vuel­ta en una espe­cie de balo­ta­je (una figu­ra que no exis­tía aún en la Cons­ti­tu­ción). El pro­ble­ma fue que, en efec­to, eso fue lo que ocu­rrió, pero el que ganó de mane­ra ple­bis­ci­ta­ria fue Evo Mora­les, con casi 54% de los votos. Lo mis­mo ocu­rrió esta vez. Se tra­tó de for­zar la pola­ri­za­ción, pero sin tomar en cuen­ta que esta siem­pre favo­re­ció al MAS. Ade­más, Arce Cata­co­ra fue el úni­co can­di­da­to que puso la cri­sis eco­nó­mi­ca en el cen­tro de su dis­cur­so, apro­ve­chan­do su expe­rien­cia de 12 años al fren­te del Minis­te­rio de Economía. 

La mar­ca de la cam­pa­ña de Arce –a dife­ren­cia de Comu­ni­dad Ciu­da­da­na y Cree­mos– fue la cri­sis y el dis­cur­so de «noso­tros como los úni­cos que pode­mos sacar a Boli­via de la cri­sis». Es intere­san­te, como indi­cio de lo que podría suce­der, que cuan­do se le pre­gun­ta­ba a la gen­te en las encues­tas cuál de los can­di­da­tos podía resol­ver mejor la cri­sis eco­nó­mi­ca, Arce enca­be­za­ba las res­pues­tas con mucha ven­ta­ja res­pec­to de Mesa y Luis Fer­nan­do Cama­cho. El segun­do era «Tuto» Qui­ro­ga, que tam­bién tenía un dis­cur­so anti­cri­sis, des­de la dere­cha, pero sin estruc­tu­ra polí­ti­ca –de hecho, ter­mi­nó por decli­nar su can­di­da­tu­ra – . Los pro­pios polí­ti­cos hicie­ron des­apa­re­cer la pan­de­mia de la agen­da públi­ca, y lo que apa­re­cía como preo­cu­pa­ción núme­ro uno del elec­to­ra­do era la cri­sis eco­nó­mi­ca. Y en ese terreno Arce tenía el dis­cur­so ade­cua­do para ganar las elecciones.

En segun­do lugar, la bue­na estra­te­gia de Cama­cho le impi­dió seguir el des­tino de Oscar Ortiz –el can­di­da­to cru­ce­ño en 2019 – , cuyo cau­dal elec­to­ral ter­mi­nó casi pul­ve­ri­za­do por el voto útil en favor de Mesa, que lo dejó por deba­jo del 5%. Cama­cho tam­bién cayó has­ta el 6%, pero lue­go, con el cam­bio de fecha y una cam­pa­ña muy cor­ta que lo bene­fi­ció, pudo recom­po­ner­se. Ya no se habla­ba solo de Arce y Mesa sino tam­bién de Cama­cho; de hecho, con un show bas­tan­te piro­téc­ni­co, el diri­gen­te cru­ce­ño logró ser par­te de la elec­ción. Es cier­to que que­dó en 14%, pero logró un voto terri­to­rial muy impor­tan­te en San­ta Cruz (45%) y tie­ne la posi­bi­li­dad de ser la cabe­za de la opo­si­ción gra­cias a su capa­ci­dad de movi­li­za­ción. No sabe­mos si Mesa pue­de con­vo­car gen­te; Cama­cho, sí. Y ade­más, pue­de ir acu­mu­lan­do poder con las pró­xi­mas elec­cio­nes sub­na­cio­na­les, en las que podría ser can­di­da­to a gober­na­dor o alcal­de de San­ta Cruz. No hay que olvi­dar que la Alcal­día de San­ta Cruz de la Sie­rra tie­ne uno de los mayo­res pre­su­pues­tos de Bolivia.

Cama­cho sur­ge como pre­si­den­te del Comi­té Cívi­co de San­ta Cruz [2] y asu­me un papel nacio­nal en la cri­sis y las pro­tes­tas de 2019. En un momen­to apa­re­ció como un outsi­der tam­bién en el lide­raz­go cru­ce­ño, fren­te a la diri­gen­cia más tra­di­cio­nal, con un dis­cur­so con­ser­va­dor, y lue­go de mane­ra bas­tan­te opor­tu­nis­ta pare­ció abra­zar la Biblia y la reli­gión. ¿Cómo sin­te­ti­za­ría su perfil?

-Yo creo que su pri­me­ra carac­te­rís­ti­ca es, en efec­to, la del outsi­der: él encar­na la dis­rup­ción de lo esta­ble­ci­do. Así empe­zó en el Comi­té Cívi­co como vice­pre­si­den­te; era el que toma­ba la voz de los jóve­nes más radi­ca­li­za­dos, a pun­to tal de entrar patean­do la puer­ta y obli­gar a con­vo­car a un paro cívi­co con­tra Evo Mora­les que los líde­res del Comi­té de ese momen­to no que­rían impulsar. 

Hay que recor­dar que los gre­mios empre­sa­ria­les cru­ce­ños se enten­die­ron muy bien con Mora­les, sobre todo des­pués de 2010. Cama­cho vol­vió a posi­cio­nar al Comi­té como la prin­ci­pal cabe­za de la opo­si­ción regio­nal con­tra el gobierno del MAS. Des­de ahí lle­gó a ocu­par su pre­si­den­cia y fue midien­do cada paso has­ta que encon­tró su momen­to y lide­ró las pro­tes­tas de los 21 días con­tra la reelec­ción de Mora­les, ter­mi­nan­do con el des­fi­le triun­fal en La Paz, des­de una camio­ne­ta poli­cial, tras la renun­cia del pre­si­den­te, con víto­res sobre todo en la zona sur pace­ña. Mien­tras la con­sig­na fue des­ha­cer­se de Mora­les, Cama­cho fue un líder apto en el nivel nacional. 

El dis­cur­so reli­gio­so se fue metien­do de mane­ra más o menos espon­tá­nea: en el masi­vo cabil­do del 4 de octu­bre de 2019, un pas­tor evan­gé­li­co subió al pal­co a hacer una ple­ga­ria y la gen­te lo siguió. A par­tir de eso, la Biblia y los rezos se tras­for­ma­ron en la iden­ti­dad de com­ba­te de Cama­cho, y se man­tie­nen has­ta aho­ra. Y así fue cons­tru­yen­do una amal­ga­ma entre el outsi­der y el con­ser­va­dor en cla­ve reli­gio­sa en línea con otros fenó­me­nos en la región. Pero eso se aca­ba, uno no pue­de ser outsi­der toda la vida. Cama­cho ya es par­te del sis­te­ma polí­ti­co: ten­drá par­la­men­ta­rios y va a par­ti­ci­par en las pró­xi­mas elec­cio­nes regionales. 

Vere­mos qué es lo que pasa y cuál va a ser su desa­rro­llo tan­to pro­gra­má­ti­co como par­ti­da­rio. Cama­cho cre­ció al galo­pe del dis­cur­so popu­lis­ta anti­es­ta­blish­ment por un lado, y por el otro, con una retó­ri­ca que enfa­ti­za que él es el «ver­da­de­ro repre­sen­tan­te» de San­ta Cruz, que va a lle­var el «mode­lo cruceño»[3] al espa­cio nacio­nal. Pero aho­ra va a tener que poner­le con­te­ni­do a ese dis­cur­so de «yo soy San­ta Cruz» y ten­drá que rom­per pre­jui­cios del res­to del país hacia los cru­ce­ños, tan­to polí­ti­cos como iden­ti­ta­rios. No hay que olvi­dar que has­ta el momen­to no ha sur­gi­do el por muchos ansia­do «post­ma­sis­mo». En su favor tie­ne un cua­derno en blan­co para lle­nar­lo de con­te­ni­do duran­te cin­co años y la posi­bi­li­dad de cons­truir poder regio­nal. Su ries­go es no encon­trar un mode­lo alter­na­ti­vo al del MAS que con­ven­za al país.

Es intere­san­te que Cama­cho haya bus­ca­do en las elec­cio­nes repe­tir su alian­za con Mar­co Puma­ri, ex-pre­si­den­te del Comi­té Cívi­co Poto­si­nis­ta, que en noviem­bre del año pasa­do le per­mi­tió cons­truir puen­tes entre San­ta Cruz y la Boli­via andi­na. Sin embar­go, lo que fun­cio­nó para masi­fi­car las movi­li­za­cio­nes fue un fra­ca­so en el plano elec­to­ral: menos de 1% en La Paz y menos de 3% en Poto­sí, pese a tener a Puma­ri como can­di­da­to a vice.

-Efec­ti­va­men­te, eso fun­cio­nó en noviem­bre, pero al momen­to de votar los habi­tan­tes del occi­den­te boli­viano no lo harían por un cru­ce­ño. Hay aún mucha resis­ten­cia a la posi­bi­li­dad de que un cru­ce­ño vuel­va a diri­gir el Esta­do. No olvi­de­mos que en los 200 años de his­to­ria de Boli­via solo hubo tres pre­si­den­tes cruceños[4] y, en gene­ral, no fue­ron ele­gi­dos en las urnas, sal­vo en el segun­do man­da­to del gene­ral Hugo Ban­zer, pese al cre­cien­te peso eco­nó­mi­co y demo­grá­fi­co de San­ta Cruz.

¿Cree que Cama­cho podría apos­tar a un con­flic­to de tipo «cata­lán», que ten­sio­ne el esta­tus de San­ta Cruz en Bolivia?

-No lo creo, por dos moti­vos. La úni­ca vez que un dis­cur­so que pro­po­nía revi­sar la rela­ción de la región con la nación boli­via­na se refren­dó en elec­cio­nes fue en 2006, con el gru­po Nación Cam­ba, y no logró ni un solo repre­sen­tan­te; su vota­ción fue abso­lu­ta­men­te mar­gi­nal. Eso habla del poco arrai­go popu­lar que ten­dría una idea de sepa­rar­se del país. No es algo que de fren­te dé resul­ta­dos. No sé por detrás, pero en el plano elec­to­ral el asun­to aún es vergonzante. 

Por otro lado, duran­te todo el gobierno del MAS, jus­ta­men­te por ese mote de sepa­ra­tis­mo y regio­na­lis­mo esgri­mi­do con­tra la opo­si­ción cru­ce­ña, se ter­mi­nó crean­do un víncu­lo mayor con lo nacio­nal. Si mira­mos por ejem­plo las movi­li­za­cio­nes, se ven muchas más ban­de­ras boli­via­nas que antes, no sola­men­te cru­ce­ñas, o se can­ta el himno nacio­nal. Es decir, se tra­ta de demos­trar que los cru­ce­ños somos par­te del país; sigue habien­do gen­te con acti­tu­des racis­tas y que no se con­si­de­ra par­te de Boli­via, sin duda, pero son sec­to­res muy minoritarios.

No sé si la pola­ri­za­ción va a exa­cer­bar este tipo de cosas, pero no pare­ce tener masa crí­ti­ca de momen­to. Tam­po­co las pro­tes­tas que suce­die­ron des­pués de las elec­cio­nes y que denun­cian «frau­de» son tan masi­vas como las del año pasa­do, ni tie­nen la mis­ma ener­gía. No hay una idea gene­ra­li­za­da de que haya habi­do frau­de y no hay una dis­po­si­ción ins­ti­tu­cio­nal para denun­ciar alte­ra­cio­nes en la vota­ción. La cues­tión es que en San­ta Cruz está tam­bién en dispu­ta el poder local. 

Por pri­me­ra vez vere­mos una situa­ción en la que ten­dre­mos tres par­ti­dos (Demó­cra­tas, Cree­mos y San­ta Cruz Somos Todos) luchan­do por la «ideo­lo­gía cru­ce­ñis­ta», esta ideo­lo­gía regio­na­lis­ta y muy iden­ti­ta­ria que ha domi­na­do la región duran­te las últi­mas dos déca­das. En ante­rio­res elec­cio­nes, había una espe­cie de lotea­mien­to del voto cru­ce­ñis­ta en el que unos se ocu­pa­ban de la gober­na­ción, los otros de la Alcal­día de San­ta Cruz, y no com­pe­tían entre sí. Exis­tían alian­zas no escri­tas den­tro de la com­pe­ten­cia polí­ti­ca regio­nal. Pero hoy esos tres nichos se van a enfren­tar por el poder local con el MAS, lla­mé­mos­lo así, como un obser­va­dor opor­tu­nis­ta. El MAS podría apro­ve­char­se de estas divi­sio­nes. No olvi­de­mos que en casi todas las elec­cio­nes este par­ti­do estu­vo enci­ma de 30% de los votos en la región; en la últi­ma lle­gó a 36%.

Vol­vien­do al MAS, pode­mos obser­var cier­ta mís­ti­ca que había per­di­do en 2019 cuan­do la cam­pa­ña fue dema­sia­do gris y buro­crá­ti­ca, basa­da en el uso de la infra­es­truc­tu­ra esta­tal. ¿Cuán­to pesó eso en los resultados?

-La del año pasa­do fue una cam­pa­ña de derro­che. Lle­ga­ba Evo Mora­les con su avión, pero tam­bién con un mon­tón de ómni­bus con gen­te, etc. Las tari­mas ya eran casi para espec­tácu­los públi­cos. Era un MAS «abur­gue­sa­do», podría­mos decir, con unas alian­zas que entra­ban en ten­sión con los orí­ge­nes de esa fuer­za, inclu­so en sus can­di­da­tu­ras. Algu­na vez el vice­pre­si­den­te Álva­ro Gar­cía Line­ra había habla­do de «incluir a los derro­ta­dos» para cons­truir hege­mo­nía, y en un momen­to pare­cía como si los derro­ta­dos hubie­ran copa­do las can­di­da­tu­ras, sobre todo del orien­te boliviano. 

En la últi­ma elec­ción, el MAS se sin­tió muy inse­gu­ro en los cen­tros de las ciu­da­des e hizo la cam­pa­ña en los már­ge­nes, recu­pe­ró la mís­ti­ca, y en lugar de tari­mas con ora­do­res que habla­ban duran­te horas, Arce Cata­co­ra orga­ni­zó cami­na­tas por los barrios más ale­ja­dos de las ciu­da­des. No se acer­có, por si aca­so, a los cen­tros urba­nos ni a las zonas ricas. Y eso lo com­bi­na­ba con algu­nas char­las en uni­ver­si­da­des en una impron­ta más aca­dé­mi­ca, para con­ven­cer a los sec­to­res medios más permea­bles. Fue una cam­pa­ña bas­tan­te inte­li­gen­te. Con­ven­ció al voto fide­li­za­do, pero tam­bién a un buen por­cen­ta­je de voto cla­se­me­die­ro que el MAS había veni­do per­dien­do. Cho­quehuan­ca, el can­di­da­to pre­fe­ri­do por varias orga­ni­za­cio­nes de base, no habría podi­do hacer esto; el ex-can­ci­ller no habla el mis­mo len­gua­je, es más mís­ti­co. Arce es alguien de izquier­da, pero macro­eco­nó­mi­ca­men­te se carac­te­ri­zó por su pru­den­cia fis­cal, y este doble jue­go le per­mi­tió tras­pa­sar el 50%.

Es intere­san­te el carác­ter popu­lar de su cam­pa­ña, que fue hecha casi al mar­gen de los medios de comu­ni­ca­ción. Sal­vo en la últi­ma eta­pa, Arce y Cho­quehuan­ca deci­die­ron no estar en los medios, era muy difí­cil acce­der a ellos. Y, al mis­mo tiem­po, hicie­ron una cam­pa­ña muy joven, con una ima­gen grá­fi­ca muy reno­va­da; una espe­cie de MAS 2.0, sin las caras más emble­má­ti­cas que gober­na­ron en los últi­mos 14 años. Vere­mos si esto se man­tie­ne. Boli­via no es un país don­de sobren los cua­dros para gober­nar. Y eso no solo vale para el MAS: el gobierno de Áñez tuvo entre sus gran­des pro­ble­mas la fal­ta de cua­dros admi­nis­tra­ti­vos y eso expli­ca en par­te su fra­ca­so en la gestión. 

Algo pare­ci­do le va a pasar a Arce al momen­to de reno­var y debe­rá echar mano a lo que ya cono­ce. En todo caso, es posi­ble ver que en la Asam­blea Legis­la­ti­va la ban­ca­da del MAS ten­drá menos «invi­ta­dos» de cla­ses medias y más repre­sen­tan­tes de orga­ni­za­cio­nes socia­les, inclu­so gen­te des­pla­za­da en los últi­mos años de gobierno de Evo Mora­les. Es un MAS más com­ple­jo, que ya no podrá ser digi­ta­do como antes por el ex-pre­si­den­te. Si hay un sen­ti­do común que se ins­ta­ló en esta déca­da y media fue «nun­ca más sin indios», y eso expli­ca mucho de lo ocu­rri­do este año, inclu­yen­do los resul­ta­dos electorales.

Pero aho­ra sur­gen varias pre­gun­tas. Por pri­me­ra vez en muchos años, habrá una sepa­ra­ción entre el pre­si­den­te del Esta­do y el pre­si­den­te del par­ti­do, en un sis­te­ma con par­ti­do domi­nan­te. En Boli­via hay un par­ti­do que ganó en 300 de los 339 muni­ci­pios que tie­ne el país y ese par­ti­do está pre­si­di­do por Mora­les. Mane­jar ese par­ti­do, hacer­lo aún más fuer­te, da mucho poder. ¿El poder fác­ti­co del ex-pre­si­den­te entra­rá en coli­sión con el poder cons­ti­tui­do de Arce? Vere­mos cómo se van deve­lan­do estos interrogantes.

Notas:

1. Región agro­in­dus­trial y gana­de­ra com­pues­ta por los depar­ta­men­tos de San­ta Cruz, Beni y Pan­do, a los que se suma­ron Tari­ja y Chu­qui­sa­ca. Este arco geo­grá­fi­co lle­vó ade­lan­te, en los pri­me­ros años 2000, las luchas por la auto­no­mía regio­nal con­tra el Esta­do cen­tra­li­za­do y se enfren­tó al gobierno de Evo Mora­les con diver­sos tipos de medi­das de fuer­za, como paros cívi­cos, cabil­dos y tomas de ins­ti­tu­cio­nes, con un pun­to crí­ti­co en 2008.

2. Los comi­tés cívi­cos agru­pan a las «fuer­zas vivas» en cada uno de los nue­ve depar­ta­men­tos del país y orga­ni­zan las deman­das regio­na­les. El de San­ta Cruz es el más impor­tan­te, y si bien inclu­ye a nume­ro­sos sec­to­res (empre­sa­ria­les, sin­di­ca­les, cole­gios pro­fe­sio­na­les, uni­ver­si­da­des, jun­tas veci­na­les, etc.), tie­nen hege­mo­nía los sec­to­res empresariales.

3. Sue­le uti­li­zar­se esta expre­sión para des­ta­car el mode­lo basa­do en el «empren­de­do­ris­mo» pri­va­do fren­te al esta­tis­mo de la Boli­via andina.

4. Fue­ron José Miguel de Velas­co Lozano, a media­dos del siglo xix, Ger­mán Busch, héroe de la Gue­rra del Cha­co, en la déca­da de 1930, y Hugo Ban­zer en la déca­da de 1970 y de 1990 (pri­me­ro como cabe­za de la dic­ta­du­ra mili­tar y des­pués como auto­ri­dad constitucional).

Fuen­te: Nuso

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