Migran­tes. Sene­ga­lesxs en La Pla­ta: las vidas negras

Por Vic­to­ria Ire­ne, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano 16 de diciem­bre de 2020.

Este regis­tro es par­te de un tra­ba­jo del colec­ti­vo SADO de La Pla­ta, lla­ma­do La tie­rra que­ma aden­tro. A tra­vés de fotos y tex­tos retra­tan la vida de lxs sene­ga­lesxs en Argen­ti­na, más acá de su con­di­ción de ven­de­do­res ambu­lan­tes: qué repre­sen­ta ser negro aquí y en el espa­cio públi­co, las razo­nes por las que migran y los sue­ños y deseos de una comu­ni­dad cada vez más organizada.

Cheikh Gue­ye es sene­ga­lés, tie­ne 42 años y hace seis vive en la ciu­dad de La Pla­ta. Al igual que les suce­dió a muchas otras per­so­nas, su tra­ba­jo se vio inte­rrum­pi­do por los meses de cua­ren­te­na más estric­ta y con­se­guir el dine­ro se le sigue hacien­do difí­cil: su tra­ba­jo es la ven­ta ambu­lan­te sobre Calle 12 ‑la más comer­cial de la ciudad‑, que depen­de de la posi­bi­li­dad de con­su­mo de la gen­te y de los inci­sos 132 y 133 del Códi­go Con­tra­ven­cio­nal Muni­ci­pal, que data des­de 1985 y prohí­be la ven­ta en el espa­cio público.

Des­de que el gobierno nacio­nal tomó las medi­das de ais­la­mien­to social, pre­ven­ti­vo y obli­ga­to­rio, lxs sene­ga­lesxs vie­ron la ven­ta calle­je­ra res­trin­gi­da. A pesar de que la mayo­ría cum­plía los requi­si­tos para cobrar el IFE a tra­vés del ANSES, solo el 2% pudo acce­der a la ayu­da esta­tal según el Espa­cio Agen­da Migran­te 2020. Algu­nas per­so­nas y orga­ni­za­cio­nes socia­les como La Cie­ga ‑colec­ti­vo de abo­gadxs populares‑, y la Coor­di­na­do­ra Migran­te ini­cia­ron una cam­pa­ña soli­da­ria para con­se­guir ali­men­tos y dine­ro. Con eso, Cheikh y sus com­pa­ñe­ros com­pra­ron lo nece­sa­rio, y lo repar­tie­ron. Con­ta­ba él sobre el prin­ci­pio: “Cada uno deci­de si sale o no sale a tra­ba­jar. Como soy por­ta­voz de la comu­ni­dad, el pri­mer día escri­bí al whatsapp del gru­po para que supie­ran las con­di­cio­nes, por­que cada uno debía asu­mir los ries­gos por lo que deci­da. Un cuar­to de los chi­cos no está salien­do, tie­ne temor. Es cier­to que algu­nos se que­da­ron sin pla­ta, pero en una casa hay cua­tro o cin­co que tie­nen aho­rros y comparten”.

La pan­de­mia acá en Argen­ti­na, como en el mun­do ente­ro, pro­fun­di­zó des­igual­da­des varias que, por estruc­tu­ra­les, no solo resur­gen con fuer­za en momen­tos de cri­sis (sani­ta­ria y eco­nó­mi­ca) sino que dejan hue­llas en la orga­ni­za­ción posi­ble para superarlas. 

De eso tam­bién habla esta historia.

Cheikh, uno de los referentes

¿Y tú por qué migras?

Casi la mitad de lxs sene­ga­le­ses que resi­den en la ciu­dad de La Pla­ta entra­ron al país a tra­vés de Ecua­dor, por­que has­ta el año 2015 la visa no era soli­ci­ta­da en aquél país. El res­to ingre­só por Bra­sil, a tra­vés de una visa obte­ni­da en la emba­ja­da bra­si­le­ña en Dakar; otrxs por pasos fron­te­ri­zos cer­ca­nos a tra­vés de Chi­le o Boli­via. En cual­quie­ra de los casos, el ingre­so a Argen­ti­na fue de mane­ra irre­gu­lar, ya que es con­di­ción de ingre­so tener el visado. 

“Noso­tros no esta­mos ile­ga­les, el tema es que la acti­vi­dad que hace­mos es irre­gu­lar”, acla­ra Cheikh. “Acá no es tan gra­ve como en Euro­pa: allá por no tener docu­men­to te pue­den deportar”.

Cheikh recuer­da que Sene­gal no tie­ne emba­ja­da en Argen­ti­na ni nin­gu­na ins­ti­tu­ción ni con­ve­nio que per­mi­ta plan­tear una for­ma­li­za­ción de la esta­día. Argen­ti­na tam­po­co tie­ne emba­ja­da en Sene­gal. “Por eso, la poli­cía igual pue­de estar moles­tan­do todo el tiem­po, pidien­do pape­les, mal­tra­tan­do, arman­do cau­sas”, sigue Cheikh. “Una vez que lle­gás y te ente­rás de que no hay con­ve­nio como en el res­to de los paí­ses del Mer­co­sur, apren­dés que tenés que pedir refu­gio. No te lo dan en el momen­to, pero te van a dar un docu­men­to que te va a durar 3 meses y lo vas a reno­var, has­ta que se resuel­va tu situa­ción de refu­gio. Por eso es muy difí­cil encon­trar a un sene­ga­lés que esté irre­gu­lar, por­que todos tene­mos ese docu­men­to para estar en el país. Lo que pasa es que den­tro de esta situa­ción hay unos que tie­nen la nacio­na­li­dad, otros que solo tie­nen el DNI argen­tino, y otros que toda­vía están espe­ran­do… Yo tar­dé como tres años en tener un documento”.

Cheikh lle­gó a La Pla­ta en junio de 2014, des­pués de un lar­go peri­plo de seis años entre Espa­ña e Ita­lia, que cul­mi­nó con su depor­ta­ción a Sene­gal. La pri­me­ra vez que dejó su casa fue en 2006; el des­tino: la ciu­dad de Bar­ce­lo­na. El Esta­do espa­ñol al expul­sar­lo le impi­dió vol­ver a pisar ese país por el tér­mino de cin­co años. Así fue como estan­do un año en Sene­gal con su fami­lia y sin tra­ba­jo sur­gió la posi­bi­li­dad de venir a Argen­ti­na e inten­tar mejor suerte.

¿Por qué Argentina?

Yo vine por­que acá esta­ba mi tío. En ese momen­to había un con­ve­nio, y si tenías el pasa­por­te de Sene­gal podías entrar en Ecua­dor sin el visa­do y enton­ces podías entrar en micro a Argen­ti­na des­de ahí. Me dije “voy a pro­bar, si me va bien me que­do, sino me vuel­vo a Sene­gal y veo cómo vol­ver a Espa­ña o Ita­lia”. Y por suer­te no me va mal acá. Estoy hacien­do cosas que allá en Sene­gal no podría hacer. 

Astou y Ndoumbe

¿Y tú por qué eres negro?

Entre los gru­pos de migran­tes sue­len dar­se dos diná­mi­cas para jun­tar­se: la pri­me­ra se da por iden­ti­dad, por paren­tes­co, por amis­tad, por región de ori­gen; la segun­da toma algu­na for­ma de la socie­dad que lxs reci­be. Ambas sue­len cru­zar­se. En Argen­ti­na, la pobla­ción sene­ga­le­sa cuen­ta con las dahi­ras, las ton­ti­nas y las aso­cia­cio­nes civi­les orga­ni­za­das por cri­te­rio de nacionalidad. 

¿Cómo se for­ma comu­ni­dad? Res­pon­de Cheikh: “Para noso­tros la comu­ni­dad no es como una aso­cia­ción que tie­ne sus reglas. A la comu­ni­dad la defi­ni­mos como un gru­po de sene­ga­le­ses que esta­mos acá, nos cono­ce­mos y esta­mos en con­tac­to, pero cada uno bus­ca su mane­ra de sobre­vi­vir. Somos algo más de 260 per­so­nas en La Pla­ta, 5000 en el país. 

¿Qué tie­nen en común?

No sé qué decir, por­que no com­par­ti­mos muchas cosas. Lo que más com­par­ti­mos es la reli­gión. Los domin­gos nos reuni­mos para prac­ti­car­la. Y tam­bién, mien­tras que esta­mos acá, com­par­ti­mos la soli­da­ri­dad. Pero no com­par­ti­mos el tra­ba­jo: cada uno bus­ca su mane­ra de ganar­se la vida.

La migra­ción sene­ga­le­sa en Argen­ti­na está hiper­vi­si­bi­li­za­da res­pec­to a otras migra­cio­nes: ser negrxs en un país que a tra­vés de sus ins­ti­tu­cio­nes, su his­to­ria y su idio­sin­cra­sia se pien­sa blan­co, otor­ga a la negri­tud un carac­ter extra­ño y exó­ti­co. La con­di­ción per­fec­ta para esto es la situa­ción labo­ral en la vía públi­ca y su expo­si­ción per­ma­nen­te: el 95% de lxs sene­ga­lesxs tra­ba­jó o tra­ba­ja en la ven­ta ambu­lan­te, según datos del estu­dio “Agen­cia y Aso­cia­cio­nis­mo en con­tex­tos de vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal: el accio­nar de migran­tes sene­ga­le­ses en la Ciu­dad de La Pla­ta (Argen­ti­na)”, por Sonia Raquel Vos­co­boi­nik y Ber­nar­da Zubrzyc­ki. El 4% res­tan­te pudo tra­ba­jar en la cons­truc­ción de obras a tra­vés de un víncu­lo con la UOCRA-La Pla­ta. El sin­di­ca­to empleó tan­to a sene­ga­le­ses con resi­den­cia per­ma­nen­te como con resi­den­cia pre­ca­ria, tal como la Ley nº 25871 de migra­cio­nes per­mi­te. Solo un 1% está inten­tan­do auto­ges­tio­nar el pro­pio ofi­cio, como Bam­ba Gue­ye, que abrió su taller de cos­tu­ra y ven­de a tra­vés de su IG @bamba_afric bar­bi­jos, pilu­sos, riño­ne­ras y ropa inte­rior. O como Astou Nde­ye, que mon­tó un local de comi­da sene­ga­le­sa, amplian­do lxs comen­sa­les que en prin­ci­pio eran solo de la comunidad. 

En la calle o en las ferias, con pues­tos o ambu­lan­do, lxs sene­ga­lesxs ven­den a sol y som­bra bijoute­rie, relo­jes, bille­te­ras y artícu­los para celu­la­res. Otros ven­den car­te­ras, medias y san­da­lias. Tam­bién gorras y ante­ojos de sol en verano, o guan­tes y bufan­das en invierno. Dice Cheikh: “Eso es un pro­ble­ma, por­que tam­bién hay mucha gen­te que pien­sa que hay una per­so­na que está por detrás, que nos paga y nos man­da a tra­ba­jar. Y eso no es así. Yo cuan­do lle­gué a Argen­ti­na, me encon­tré con mi tío y él para ayu­dar­me a tra­ba­jar me entre­gó lo que hacía, me com­pró car­te­ras y todo lo que esta­ba ven­dien­do, y me dijo: “Esto es lo que esta­mos hacien­do, vos fija­te, si te gus­ta, seguí. Si no te gus­ta, cam­bia­lo”. Y yo tam­bién, cuan­do lle­gó mi her­mano Djiby hice lo mis­mo… No es obli­ga­to­rio ven­der sí o sí lo que ven­den todos, pero es lo que tene­mos a mano”.

¿Y tú por qué te organizas?

A media­dos de 2018, en La Pla­ta los ope­ra­ti­vos de Con­trol Urbano y de la poli­cía se incre­men­ta­ron y se vol­vie­ron más sis­te­má­ti­cos. A más de la mitad de lxs sene­ga­le­ses les retu­vie­ron y les roba­ron la mer­ca­de­ría en ven­ta, y nun­ca pudie­ron recu­pe­rar­la. Sólo a unos pocos les entre­ga­ron un acta con­tra­ven­cio­nal. Como res­pues­ta a la vio­len­cia poli­cial e ins­ti­tu­cio­nal la Coor­di­na­do­ra Migran­te, orga­ni­za­cio­nes de DDHH y vecinxs, orga­ni­za­ron un mitín para fre­nar un poco la vio­len­cia desplegada. 

Aho­ra, en ple­na pan­de­mia, mien­tras la huma­ni­dad atra­vie­sa la peor catás­tro­fe del siglo XXI, lxs sene­ga­lesxs salen a ven­der igual, como muchí­simxs tra­ba­ja­dorxs de la eco­no­mía infor­mal. Y el ries­go no es menor: sin per­mi­so, la poli­cía res­pon­de a la orden del día y más de una vez los expul­sa, les saca lo que ven­den y los obli­ga a empe­zar de cero. Los aho­rros que inten­tan guar­dar, con la que com­pran comi­da o que envían a sus fami­lia­res, cam­bia su des­tino y se gas­ta en nue­va mercadería. 

El 12 de sep­tiem­bre de este año, se publi­có un video des­de la cuen­ta de twit­ter del inten­den­te de La Pla­ta, Julio Garro. “No vamos a parar has­ta dar con los mafio­sos que se escon­den detrás de la ven­ta ambu­lan­te” decía el tuit. En segun­dos el vídeo fue estre­lla en redes socia­les. Fue com­par­ti­do por 1.353 per­so­nas. 45 segun­dos de imá­ge­nes, una edi­ción arbi­tra­ria: sene­ga­le­ses ven­dien­do. Cor­te. Sene­ga­le­ses sien­do requi­sa­dos. Cor­te. Titu­la­res de Info­bae, TN, Cla­rín. Cor­te. Sene­ga­les dis­cu­tien­do con la poli­cía. Cor­te. La músi­ca que acom­pa­ña es dig­na de una serie de acción y sus­pen­so en Net­flix. Entre­me­dio se mechan dis­cur­sos: “¿Son sólo ven­de­do­res ambu­lan­tes? No todo es lo que pare­ce, denun­cia­mos una red ile­gal que mue­ve un nego­cio millo­na­rio”. Los logos de cie­rre ponen el bro­che. El escu­do del muni­ci­pio y el escu­do de la Poli­cía Bonaerense. 

Pero el video tie­ne un ante­ce­den­te. El 31 de agos­to, Vir­gi­na Pérez Cat­ta­neo (Secre­ta­ria de Con­trol Ciu­da­dano) radi­có una denun­cia en el Juz­ga­do Fede­ral n°1 de La Pla­ta, soli­ci­tan­do que se inves­ti­ga­ra la comi­sión de los deli­tos de “tra­ta de per­so­nas con fines de explo­ta­ción labo­ral, trá­fi­co de per­so­nas, aso­cia­ción íli­ci­ta, fal­si­fi­ca­ción y repro­duc­ción de mar­cas, encu­bri­mien­to de con­tra­ban­do y eva­sión tri­bu­ta­ria”. Para el muni­ci­pio de la ges­tión de Cam­bie­mos lxs sene­ga­lesxs son víc­ti­mas y son responsables. 

El INADI, la Comi­sión Pro­vin­cial por la Memo­ria, La Cie­ga y la comu­ni­dad sene­ga­le­sa hicie­ron una con­fe­ren­cia de pren­sa para aler­tar sobre la cam­pa­ña de comu­ni­ca­ción y la denun­cia penal por con­si­de­rar­las “racis­tas, estig­ma­ti­zan­tes y discriminatorias”.

El 18 de sep­tiem­bre, en el cator­cea­vo ani­ver­sa­rio de la segun­da des­apa­ri­ción de Jor­ge Julio López, el cen­tro de la ciu­dad de La Pla­ta fue tes­ti­go de un acon­te­ci­mien­to úni­co: unxs 150 sene­ga­les, levan­tan­do ban­de­ras y pan­car­tas, se suma­ron a la mar­cha para exi­gir memo­ria, ver­dad y jus­ti­cia por López. De repen­te la calle vio parir un nue­vo mes­ti­za­je, des­de la orga­ni­za­ción polí­ti­ca y soli­da­ria, don­de las cau­sas se vuel­ven comu­nes y se hacen visi­bles las redes que por estos terri­to­rios hace tiem­po se tejen. 

Y el 12 de octu­bre, día del ini­cio de la con­quis­ta y exter­mi­nio sobre Amé­ri­ca, día del Res­pe­to a la Diver­si­dad Cul­tu­ral en nues­tro tiem­po, bajo la con­sig­na Migrar no es deli­to, tra­ba­jar es un dere­cho se con­vo­có a la cele­bra­ción de un fes­ti­val anti­rra­cis­ta, para com­par­tir des­de el arte con músi­ca, poe­sía, audio­vi­sua­les, foto­gra­fía y dan­za. Y orga­ni­za­ción y resistencia.

¿Y cuál es tu deseo?

En Sene­gal, al momen­to de con­tar esta bre­ve his­to­ria, hay 15.551 per­so­nas con­ta­gia­das de Covid-19, según infor­ma la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud, 14.254 pacien­tes recu­pe­radxs y 321 muertxs. 

En el pre­sen­te, para fre­nar el avan­ce de la pan­de­mia, el gobierno lide­ra­do por Macky Sall man­tie­ne cerra­das sus fron­te­ras, res­trin­ge en algu­nos nive­les la asis­ten­cia esco­lar y limi­ta la aper­tu­ra de cier­tos rubros. Pero la cir­cu­la­ción es libre: ya no tie­nen obli­ga­ción de no salir, como has­ta hace un mes atrás, cuan­do pre­va­le­cía un seve­ro toque de que­da nocturno. 

En Beu­de Fora­ge, ciu­dad don­de vive la fami­lia de Cheikh, aún no hay casos regis­tra­dos, por­que no están en una ciu­dad tan gran­de como Dakar, Tou­ba o Rufis­que. Su fami­lia, como miles de fami­lias alre­de­dor del mun­do, atra­vie­sa este extra­or­di­na­rio momen­to con des­con­cier­to y con muchí­si­mas limi­ta­cio­nes para rea­li­zar las acti­vi­da­des que antes hacían dia­ria­men­te. Deben cui­dar sobre todo a sus mayo­res, que son muchxs. Se sus­pen­die­ron los trans­por­tes públi­cos, para via­jar solo hay unas pocas excep­cio­nes, se cerra­ron los mer­ca­dos y las mez­qui­tas. Los rezos son puer­tas adentro.

Cheikh brin­da un pano­ra­ma: “Hos­pi­ta­les públi­cos hay, pero no es un país rico don­de el gobierno pue­da ayu­dar a la gen­te para que no le fal­te nada. No es que no ten­gan agua, pero siem­pre hay algu­nos luga­res que sufren mucho más que otros. A mi fami­lia le afec­ta, por­que si yo no tra­ba­jo y no gano pla­ta no pue­do man­dar­les para lo que ellos nece­si­tan. Aho­ra que cues­ta ven­der, lo úni­co que pue­do garan­ti­zar­les es la comi­da, para que no se que­den con ham­bre, eso sí que lo voy a con­se­guir. Estoy inten­tan­do que todos los meses les lle­gue. Se hace difí­cil… Noso­tros en mi fami­lia somos cin­co hom­bres que esta­mos fue­ra, acá estoy con un her­mano y en Ita­lia ten­go tres más. Entre todos jun­ta­mos la pla­ta de la fami­lia, y apar­te yo les ten­go que enviar dine­ro a mi madre, mi mujer y mis hijos, para com­prar zapa­ti­llas, ropa, un celu­lar, lo que sea”.

Antes de migrar Cheikh vivía jun­to a su espo­sa e hijxs en la casa que le dejó su papá. No tie­nen casa pro­pia: en su fami­lia son diez en el mis­mo espa­cio. Com­par­tían el hogar con otrxs her­manxs, sus pare­jas e hijxs ‑a veces una casa tie­ne entre diez y quin­ce per­so­nas con­vi­vien­do-. En la con­vi­ven­cia se suman sus tres her­ma­nas y su mamá. Sus otros her­ma­nos están vivien­do en dis­tin­tos paí­ses, para ayu­dar, como Cheikh. 

Su sue­ño es cons­truir su pro­pia casa en Sene­gal. Y una vez que ter­mi­ne de hacer­la, pien­sa jun­tar dine­ro para poner una pana­de­ría, ofi­cio que apren­dió cuan­do era joven de la mano de otro tío. “Ese es mi deseo. No es para todos igual. Por ejem­plo, hay chi­cos que están casa­dos con argen­ti­nas. Para mí se van a que­dar acá toda su vida. Yo quie­ro que nos vaya bien en este país, que cada uno pue­da cum­plir su sue­ño, que todos pue­dan con­se­guir su docu­men­to para vol­ver a ver a su fami­lia en Sene­gal y que pue­dan regre­sar, has­ta que lle­gue el momen­to en que se deci­da no vol­ver más”.

Cheikh, como la mayo­ría de lxs sene­ga­lesxs, per­te­ne­ce a la cofra­día islá­mi­ca mouride. 

Para quie­nes son musul­ma­nes, el Rama­dán ‑en el noveno día del calen­da­rio lunar árabe‑, es la cele­bra­ción del acon­te­ci­mien­to más especial. 

El Kori­té, la fies­ta que ini­cia el calen­da­rio, no fue posi­ble este año. 

Pero nada les impi­de el fes­te­jo del des­cen­so del cie­lo a la tie­rra de la pala­bra de Dios: el Corán. 

Puer­tas aden­tro reci­ben las ben­di­cio­nes del Rama­dán: quie­nes estén en buen esta­do físi­co deben ayu­nar a lo lar­go del mes, sin dis­tin­ción de género. 

Como lo pres­cri­be el Corán, el ayuno dia­rio empie­za antes del ama­ne­cer y ter­mi­na con la pues­ta del sol. 

Hay sacri­fi­cios y hay recompensas.

-El ayuno es más que abs­te­ner­se de comer o tomar algo duran­te el día. 

Es un momen­to de con­tem­pla­ción y devo­ción, como dice el Pro­fe­ta Moham­med. Cheikh reza con la ayu­da de Mus­lim Pro, la app más popu­lar entre sene­ga­lesxs. Sue­na el adhan, y Cheikh ini­cia la oración. 

Fuen­te: Mu

Itu­rria /​Fuen­te

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