Gua­te­ma­la. Medi­ca­men­tos sólo para quien pue­da pagarlos

Por José David López Vicen­te. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 16 de diciem­bre de 2020.

La cua­ren­te­na domi­ci­lia­ria las aga­rró por la espal­da. Habían escu­cha­do del coro­na­vi­rus, pero nun­ca pen­sa­ron que esta­ría tan cer­ca de El Sal­va­dor. Más de una lo pudo haber vis­to por las noti­cias, pero acos­tum­bra­das a líos y pade­ci­mien­tos coti­dia­nos, en sus cabe­zas no esta­ba la idea del gol­pe que esta­ban por recibir. 

La pan­de­mia de la COVID-19 deja en evi­den­cia, una vez más, que los gua­te­mal­te­cos tie­nen un limi­ta­do acce­so a los medi­ca­men­tos. Tam­bién ha pues­to bajo el foco el sis­te­ma que per­mi­te que sea de esa mane­ra: no garan­ti­za el abas­te­ci­mien­to en los hos­pi­ta­les públi­cos y no regu­la los pre­cios ni el sis­te­ma oli­go­pó­li­co del mer­ca­do. Ganan unos pocos, mien­tras que las per­so­nas que no pue­den pagar ‑la mayo­ría- se endeu­dan o espe­ran un milagro.

De un día a otro, la fami­lia López se vio obli­ga­da a reu­nir 14 mil quetza­les (1,800 dóla­res) para com­prar un medi­ca­men­to. Myriam López, de 44 años, lo nece­si­ta­ba. Esta­ba gra­ve. La COVID-19 había hecho estra­gos en ella. Su fami­lia deci­dió cui­dar­la en casa, des­con­fia­ba de la aten­ción del sis­te­ma públi­co y no podían pagar un hos­pi­tal privado.

Myriam vive en Huehue­te­nan­go, uno de los depar­ta­men­tos del occi­den­te gua­te­mal­te­co. Ven­de aba­rro­tes, hela­dos, ropa y pro­duc­tos por catálogo.

El dine­ro, equi­va­len­te a casi cin­co sala­rios míni­mos, les ser­vi­ría para adqui­rir toci­li­zu­mab, un fár­ma­co rece­ta­do a per­so­nas con artri­tis reu­ma­toi­de y que aho­ra es emplea­do, sin que haya aún evi­den­cia de su efec­ti­vi­dad, en los pacien­tes con COVID-19 que se encuen­tran en esta­do crítico.

En Gua­te­ma­la, una dosis de 4 ml de este fár­ma­co pue­de lle­gar a cos­tar entre 300 y 420 dóla­res, y en otras dosis has­ta 642 dóla­res, casi el equi­va­len­te a dos sala­rios míni­mos del país, en don­de el 60% de su pobla­ción vive con menos de 4 dóla­res diarios.

Un médi­co, que tra­ba­ja en pri­me­ra línea en el Hos­pi­tal Tem­po­ral del Par­que de la Indus­tria para aten­der a pacien­tes con COVID-19, expli­ca que duran­te dos días son usa­das entre seis y nue­ve dosis de 4 ml de este medi­ca­men­to en aque­llos pacien­tes que requie­ren oxí­geno y empie­zan a sufrir una fase infla­ma­to­ria del sis­te­ma respiratorio.

Tra­ba­ja­dor del Hos­pi­tal San Juan de Dios en el área habi­li­ta­da para rea­li­zar las prue­bas de COVID-19.

Magaly, a car­go del cui­da­do de su tía Myriam, cuen­ta que el médi­co pri­va­do con­se­gui­ría las dosis nece­sa­rias de este fár­ma­co en 14 mil quetza­les (1,799 dóla­res). No recuer­da si sería cua­tro o seis dosis. En otros luga­res tenía un cos­to de 20 mil quetza­les (2570 dóla­res). Magaly pre­fie­re omi­tir en dón­de con­se­gui­ría el medi­ca­men­to. Su fami­lia reu­nió el dine­ro, pero más tar­de les infor­ma­ron que el pro­duc­to se había agotado.

–No podía­mos pasar más tiem­po espe­ran­do, mi tía esta­ba mal – , dice Magaly.

La fami­lia deci­dió, enton­ces, lle­var­la de emer­gen­cia al Hos­pi­tal Tem­po­ral del Par­que de la Indus­tria. No podían cos­tear­se uno privado.

–Había luga­res en zona 8 que pedían un depó­si­to de 7 mil quetza­les (900 dóla­res) por pacien­te y des­pués 6 mil quetza­les (771 dóla­res) por la pri­me­ra dosis en medi­ca­men­tos. En otros luga­res de la zona 9 tenías que pagar 50 mil quetza­les (6,400 dóla­res) de entra­da, más lo que lue­go te pidie­ran– dice la sobri­na de Myriam.

Myriam estu­vo inter­na­da un mes, 15 días den­tro del área de cui­da­dos inten­si­vos del hos­pi­tal tem­po­ral. Pero tam­po­co en la sani­dad públi­ca halla­ron res­pi­ro a las preo­cu­pa­cio­nes eco­nó­mi­cas. Los médi­cos les pedían fár­ma­cos que tenían que con­se­guir con sus pro­pios medios. En el hos­pi­tal tem­po­ral no con­ta­ban con ellos.

–En tres o cua­tro oca­sio­nes ellos pidie­ron otros medi­ca­men­tos, como Bude­so­ni­da, Sal­bu­ta­mol, y una vez inclu­so bote­llas de agua – , recuer­da Magaly.

Hoy Myriam se encuen­tra en casa. De vez en cuan­do sien­te algún males­tar. No pue­de evi­tar pen­sar que se tra­ta de algu­na secue­la de la COVID-19.

Zul­ma Cal­de­rón, Defen­so­ra de la Salud de la ofi­ci­na del Pro­cu­ra­dor de los Dere­chos Huma­nos (PDH), afir­ma que lo que vivió la fami­lia López es común en los hos­pi­ta­les públi­cos a car­go de los pacien­tes con COVID-19. En el moni­to­reo que rea­li­za, ha sido infor­ma­da de 10 cen­tros en don­de los médi­cos se han vis­to obli­ga­dos a pedir la cola­bo­ra­ción de los fami­lia­res debi­do al des­abas­te­ci­mien­to de cier­tos fármacos.

Wal­ter Mon­tu­far (azul) espe­ra a sus padres que lle­ga­ron al Hos­pi­tal Tem­po­ral del Par­que de la Indus­tria a dejar­le ropa a su hija que se encuen­tra inter­na­da en este sitio.

La defen­so­ra de la salud expli­ca que la cares­tía ocu­rre por varias razo­nes. Una de estas es debi­do a que los recur­sos apro­ba­dos para la emer­gen­cia de la COVID-19 estu­vie­ron dis­po­ni­bles has­ta mayo, dos meses des­pués de que se regis­tra­ra el pri­mer caso en Guatemala. 

Cal­de­rón tam­bién ase­gu­ra que pese a las soli­ci­tu­des de cier­tos fár­ma­cos que rea­li­zan los médi­cos para tra­tar la pan­de­mia, las auto­ri­da­des admi­nis­tra­ti­vas de los esta­ble­ci­mien­tos no los inclu­yen en los lis­ta­dos de com­pras de emer­gen­cia para com­ba­tir la COVID-19. Esto impli­ca que el pro­ce­so de com­pras sea más lar­go y que los medi­ca­men­tos lle­guen tarde.

–La mayo­ría de medi­ca­men­tos que le son soli­ci­ta­dos a los pacien­tes son caros, como el sal­bu­ta­mol, bude­so­ni­da y otros que osci­lan entre los 400 y 600 quetza­les – , dice la funcionaria.

–¿Y qué pasa con los pacien­tes que no pue­den com­prar los medi­ca­men­tos? –, se le pre­gun­ta a Calderón.

–Los pacien­tes falle­cen. Tener acce­so a los medi­ca­men­tos ha deja­do de ser un dere­cho humano y se ha con­ver­ti­do en un pri­vi­le­gio – , responde.

Cal­de­rón pre­sen­tó un infor­me, en la últi­ma sema­na de octu­bre, que con­clu­yó que las fami­lias de los pacien­tes deben gas­tar entre 3 mil y 10 mil quetza­les (entre 386 y 1,285 dóla­res) en medi­ca­men­tos por el des­abas­te­ci­mien­to en los hos­pi­ta­les públi­cos que atien­den a pacien­tes con COVID-19. Es decir, un gas­to casi equi­va­len­te a tres sala­rios mínimos.

Ese mon­to no inclu­ye otros gas­tos, como la com­pra de oxí­geno que hizo la fami­lia de Magaly antes de tras­la­dar­la al hos­pi­tal tem­po­ral, cuan­do ya no podía res­pi­rar por su cuenta.

–El alqui­ler del tan­que de oxí­geno cos­ta­ba 2,500 quetza­les (321 dóla­res) y relle­nar­lo 400 quetza­les (50 dóla­res). Dura­ba 12 horas y cuan­do se aca­ba­ba usá­ba­mos unos tan­ques peque­ños mien­tras regre­sa­ban con el tan­que gran­de. Relle­nar el peque­ño cos­ta­ba 80 quetza­les (10 dóla­res) – , recuer­da su sobrina.

Un nego­cio para las far­ma­céu­ti­cas, las dis­tri­bui­do­ras y las farmacias 

Myriam, final­men­te, fue aten­di­da en un hos­pi­tal públi­co. Aun­que eso no sig­ni­fi­có que estu­vie­ra cubier­ta y ya no depen­die­ra de las reglas del mer­ca­do, en don­de los pre­cios de los medi­ca­men­tos se dis­pa­ran sin con­trol, sin nin­gu­na regu­la­ción que lo impida.

Su fami­lia, por soli­ci­tud de los médi­cos del Hos­pi­tal Tem­po­ral del Par­que de la Indus­tria, com­pró sal­bu­ta­mol, usa­do para evi­tar la obs­truc­ción de las vías res­pi­ra­to­rios y común­men­te emplea­do en pacien­tes con asma. Este fár­ma­co, en su pre­sen­ta­ción de 200 dosis, la cade­na de far­ma­cias Mey­kos lo ofre­ce a un pre­cio diez veces más caro que el paga­do por el Ins­ti­tu­to Gua­te­mal­te­co de Segu­ri­dad Social (IGSS). En Mey­kos, el medi­ca­men­to tie­ne un cos­to de 10.87 dóla­res mien­tras que el IGSS lo ha adqui­ri­do a 1.15 dóla­res. En otras redes de dro­gue­rías como Caro­li­na & H o Far­ma­cia Cruz Ver­de el valor es de algo menos de 8 dólares. 

En este sen­ti­do, Karin Slo­wing Uma­ña, ana­lis­ta inde­pen­dien­te e inte­gran­te del Labo­ra­to­rio de Datos GT, expli­ca que las cade­nas de far­ma­cias pue­den esta­ble­cer el valor que deseen sobre los fár­ma­cos, pues no exis­te una ley ni nin­gu­na ins­ti­tu­ción que impi­da que sea de esa mane­ra. Esa, ase­gu­ra la exper­ta en salud públi­ca, es una de las razo­nes que hace que los pre­cios sean más ele­va­dos en el sec­tor privado.

Caro­li­na & H es una de las cade­nas de far­ma­cias más cono­ci­das en Guatemala.

“No hay legis­la­ción ni regu­la­ción de los pre­cios de los medi­ca­men­tos. En el mer­ca­do hay has­ta cier­to pun­to una auto­rre­gu­la­ción que per­mi­te que no suban los pre­cios. El que los ele­va mucho no ven­de. Pero tam­bién hay colu­sión, es decir que los gran­des empre­sa­rios acuer­dan el valor de los fár­ma­cos”, expli­ca Luis Pablo Mén­dez, uno de los coor­di­na­do­res de la Red de Acce­so a Medi­ca­men­tos de Gua­te­ma­la (Red­me­gua).

El exper­to recuer­da que solo hubo un inten­to de regu­lar los pre­cios. El Gobierno, a tra­vés de un acuer­do, fijó valo­res tope para algu­nos fár­ma­cos usa­dos con­tra la COVID-19. Este incluía medi­ca­men­tos como el sal­bu­ta­mol, bude­so­ni­da, azi­tro­mi­ci­na y ace­ta­mi­no­fén, no otros como el tocilizumab.

La reso­lu­ción duró ape­nas 34 días. Fue emi­ti­da el 27 de agos­to y per­dió vigen­cia el 30 de sep­tiem­bre, cuan­do ter­mi­nó el esta­do de cala­mi­dad decre­ta­do por la pandemia.

Car­los Vás­quez, voce­ro de la Direc­ción de Aten­ción y Asis­ten­cia al Con­su­mi­dor (DIACO), una enti­dad esta­tal que en teo­ría defien­de a los con­su­mi­do­res, afir­ma que en Gua­te­ma­la hay libre mer­ca­do y las empre­sas esta­ble­cen los pre­cios que con­si­de­ren “con­ve­nien­tes”. Lo dice lue­go de expli­car que su depen­den­cia se limi­ta a veri­fi­car si los esta­ble­ci­mien­tos no varían los valo­res según su publi­ci­dad o si los fár­ma­cos cum­plen con las cua­li­da­des ofrecidas.

Vás­quez sim­pli­fi­ca de esa for­ma las diná­mi­cas del mer­ca­do de medi­ca­men­tos. Pero la reali­dad es más compleja.

Slo­wing afir­ma que exis­ten oli­go­po­lios y mono­po­lios en la dis­tri­bu­ción de medi­ca­men­tos que impi­den mejo­res pre­cios en el sec­tor pri­va­do y para el sec­tor públi­co. La médi­ca espe­cia­li­za­da en salud públi­ca expli­ca que cier­tas empre­sas cuen­tan con per­mi­sos exclu­si­vos para impor­tar y dis­tri­buir algu­nos fár­ma­cos. Esto hace que fijen pre­cios a dis­cre­ción, pues que­dan fue­ra del mer­ca­do otras empre­sas que las obli­ga­rían a ofre­cer pre­cios más bajos.

Al lado de la entre­ga de emer­gen­cia del Hos­pi­tal San Juan de Dios, se encuen­tra la ven­ta­ni­lla don­de brin­dan los resul­ta­dos de las prue­bas de COVID-19.

El toci­li­zu­mab, el medi­ca­men­to que nece­si­ta­ba la fami­lia de Myriam, es un ejem­plo de esta diná­mi­ca. En el por­tal del Depar­ta­men­to de Regu­la­ción y Con­trol de Pro­duc­tos Far­ma­céu­ti­cos y Afi­nes del Minis­te­rio de Salud, solo dos empre­sas están habi­li­ta­das como dis­tri­bui­do­ras de este medi­ca­men­to: J.I Cohen, S.A. y Cen­tro Dis­tri­bui­dor, S.A.

Este medi­ca­men­to, en su pre­sen­ta­ción de 4 ml, ha sido com­pra­do por el Minis­te­rio de Salud a un pre­cio de 167 dóla­res. Esa mis­ma dosis, ha sido adqui­ri­da por el gobierno de Bra­sil a la mitad de ese pre­cio, 73 dóla­res, mien­tras que en Colom­bia lo fue a 94 dóla­res y en Hon­du­ras a 106 dóla­res, según el Obser­va­to­rio Regio­nal de Medi­ca­men­tos de la Ofi­ci­na de las Nacio­nes Uni­das de Ser­vi­cios para Proyectos.

Otro ejem­plo de esta diná­mi­ca ocu­rre con el rem­de­si­vir, otro fár­ma­co usa­do en pacien­tes con COVID-19. En agos­to, Nóma­da publi­có un repor­ta­je en el que seña­la­ba que este medi­ca­men­to era ven­di­do exclu­si­va­men­te por la empre­sa Aviv Far­ma­céu­ti­ca, pues era la úni­ca que poseía los per­mi­sos otor­ga­dos por el Depar­ta­men­to de Regu­la­ción y Con­trol de Pro­duc­tos Far­ma­céu­ti­cos y Afines.

Slo­wing ase­gu­ra que esto ocu­rre por­que se crean requi­si­tos ad hoc para cier­tas far­ma­céu­ti­cas que impi­den que otras empre­sas pue­dan hacer­se de los per­mi­sos para dis­tri­buir los fár­ma­cos y competir.

Mén­dez afir­ma que en la actua­li­dad no exis­te trans­pa­ren­cia en el pro­ce­so de entre­ga de los per­mi­sos. Esto, dice, evi­ta deter­mi­nar si las empre­sas los reci­ben por­que hubo un acto de corrup­ción o por­que la fal­ta de recur­so humano impi­dió que los trá­mi­tes avan­za­ran para otras corporaciones.

–El mer­ca­do de los medi­ca­men­tos está cap­tu­ra­do. Está podri­do – , dice con­tun­den­te Slowing.

Ante los cues­tio­na­mien­tos, Nor­ma Lucre­cia Ramí­rez, vice­mi­nis­tra téc­ni­ca de la car­te­ra de salud, en un docu­men­to com­par­ti­do por su equi­po de comu­ni­ca­ción, afir­ma que el Depar­ta­men­to de Regu­la­ción y Con­trol de Pro­duc­tos Far­ma­céu­ti­cos y Afi­nes tra­ba­ja ape­ga­do a la ley y ase­gu­ra que no exis­te dis­cre­cio­na­li­dad sobre las empresas.

–El que una o pocas empre­sas ten­gan un regis­tro sani­ta­rio sig­ni­fi­ca que otras soli­ci­tu­des se encuen­tran en pro­ce­so de eva­lua­ción, o no cum­plen con los requi­si­tos de ley – , se lee en la res­pues­ta envia­da por la funcionaria.

Actual­men­te no exis­ten en pro­ce­so de trá­mi­te otros per­mi­sos rela­cio­na­dos con el toci­li­zu­mab y rem­de­si­vir, de acuer­do con la viceministra.

Cer­ca del Hos­pi­tal San Juan de Dios se encuen­tra una sucur­sal de Far­ma­cias Galeno, una de las cade­nas más gran­des en Guatemala.

Otro fenó­meno rela­cio­na­do con el mer­ca­do de los medi­ca­men­tos en Gua­te­ma­la es la diver­si­dad de pre­cios que pagan las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas por un mis­mo fár­ma­co. Una mues­tra de ello son los pre­cios de la azi­tro­mi­ci­na. Si bien el Minis­te­rio de Salud ha adqui­ri­do el fras­co de solu­ción inyec­ta­ble de 500 mg a 3.4 dóla­res, tam­bién ha com­pra­do esa mis­ma pre­sen­ta­ción a 22.75, sie­te veces más caro.

El repre­sen­tan­te de Red­me­gua afir­ma que esto ocu­rre por la inexis­ten­cia de meca­nis­mos de moni­to­reo de pre­cios des­de el Minis­te­rio de Salud y por­que no exis­te nin­gu­na ley que impi­da que los esta­ble­ci­mien­tos com­pren a discreción.

Zul­ma Cal­de­rón, la defen­so­ra de la salud, afir­ma que los medi­ca­men­tos son adqui­ri­dos por las ins­ti­tu­cio­nes como cual­quier otro pro­duc­to, “como si se tra­ta­ra de cla­vos, de mate­ria­les de cons­truc­ción y no como un dere­cho humano”. Por ese moti­vo, la fun­cio­na­ria con­si­de­ra que debe exis­tir una ley espe­cí­fi­ca para la com­pra de medi­ca­men­tos que per­mi­ta el acce­so a estos con mejo­res precios.

Andrea Cal­va­ru­so, direc­tor de UNOPS en Gua­te­ma­la, afir­ma que la dife­ren­cia de pre­cios tam­bién pue­de depen­der de la can­ti­dad que se adquie­ra del medi­ca­men­to. “A mayor can­ti­dad el pre­cio pue­de ser mejor“, indica.

La azi­tro­mi­ci­na tam­bién es otro medi­ca­men­to usa­do con­tra la COVID-19 que está lejos del alcan­ce del bol­si­llo de los gua­te­mal­te­cos. La solu­ción inyec­ta­ble de 500 mg de azi­tro­mi­ci­na tie­ne un pre­cio mucho más alto en Far­ma­cias Galeno, una de las cade­nas más popu­la­res en Gua­te­ma­la, don­de cues­ta 38 dólares. 

Para mos­trar esta dife­ren­cia de pre­cio de adqui­si­ción , en el sec­tor públi­co y el pri­va­do, Agen­cia Oco­te ela­bo­ró una base de datos con los pre­cios ofre­ci­dos en el sec­tor pri­va­do y los que han paga­do las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas de Gua­te­ma­la y otros países. 

La base de datos con­tie­ne infor­ma­ción dis­po­ni­ble en el Obser­va­to­rio Regio­nal de Medi­ca­men­tos de la Ofi­ci­na de las Nacio­nes Uni­das de Ser­vi­cios para Pro­yec­tos; el Sis­te­ma de Infor­ma­ción de Con­tra­ta­cio­nes y Adqui­si­cio­nes del Esta­do, cono­ci­do como Gua­te­com­pras, así como los ser­vi­cios en línea de algu­nas cade­nas far­ma­céu­ti­cas gua­te­mal­te­cas y otras lati­no­ame­ri­ca­nas. Se selec­cio­na­ron ade­más pre­sen­ta­cio­nes que con­tu­vie­ran la mis­ma can­ti­dad del medicamento.

El mer­ca­do de los medi­ca­men­tos es una cade­na don­de muchos se bene­fi­cian. Se bene­fi­cian la empre­sa que tie­ne el con­trol de los medi­ca­men­tos. Se bene­fi­cian los ope­ra­do­res que las far­ma­céu­ti­cas tie­nen den­tro del Minis­te­rio de Salud. Se bene­fi­cian los médi­cos que pres­cri­ben cier­tos fár­ma­cos por soli­ci­tud de los pro­vee­do­res. Médi­cos que reci­ben via­jes, cenas y almuer­zos. Se bene­fi­cia el per­so­nal que par­ti­ci­pa en los pro­ce­sos de lici­ta­ción – , dice Slowing. 

“Nego­cian­tes de la Salud” es un caso judi­cial inves­ti­ga­do por la Comi­sión Inter­na­cio­nal Con­tra la Impu­ni­dad en Gua­te­ma­la (CICIG) que ilus­tra las afir­ma­cio­nes de Slowing.

Esta inves­ti­ga­ción reve­ló que los direc­ti­vos de dis­tin­tas far­ma­céu­ti­cas se reu­nían para fijar pre­cios de medi­ca­men­tos reque­ri­dos por el IGSS. En esta enti­dad con­ta­ban con médi­cos y otro per­so­nal que se encar­ga­ba de ele­gir a sus empre­sas en los pro­ce­sos de lici­ta­ción y de aumen­tar los pedi­dos de medi­ca­men­tos que pro­veían. Todo eso a cam­bio de coimas.

¿Cómo cam­biar el sistema?

Es nece­sa­rio, según Slo­wing, regu­lar el mer­ca­do y mejo­rar el sis­te­ma de com­pras del Esta­do a tra­vés de un moni­to­reo con­ti­nuo de los pre­cios, el esta­ble­ci­mien­to de pre­cios de refe­ren­cia según el mer­ca­do inter­na­cio­nal, la apro­ba­ción de leyes que prohí­ban los mono­po­lios y oli­go­po­lios, así como el for­ta­le­ci­mien­to de la lucha con­tra la corrup­ción den­tro del sis­te­ma de salud.

Luis Pablo Mén­dez, el coor­di­na­dor de Red­me­gua, com­par­te la opi­nión de Slo­wing, pero tam­bién con­si­de­ra que es nece­sa­rio fijar pre­cios tope en los fár­ma­cos. Slo­wing, sin embar­go, opi­na que esta­ble­cer­los úni­ca­men­te gene­ra­ría que cier­tos medi­ca­men­tos sal­gan de cir­cu­la­ción para ofre­cer­los en el mer­ca­do negro.

–Es algo que no se pue­de negar, pero no sería algo nue­vo. Los mer­ca­dos negros ya exis­ten en Gua­te­ma­la, en un sis­te­ma de impu­ni­dad – , seña­la Méndez.

Las afue­ras del espa­cio habi­li­ta­do para rea­li­zar prue­bas de COVID-19 en el Hos­pi­tal San Juan de Dios.

Una de las cla­ves, según Slo­wing, es garan­ti­zar el abas­te­ci­mien­to en los hos­pi­ta­les públi­cos. Para garan­ti­zar el abas­te­ci­mien­to en un Esta­do con recur­sos redu­ci­dos, según Slo­wing, las lici­ta­cio­nes inter­na­cio­na­les a tra­vés de la Ofi­ci­na de las Nacio­nes Uni­das de Ser­vi­cios para Pro­yec­tos (UNOPS) son otra opción que el Minis­te­rio de Salud debe­ría poner en mar­cha para con­se­guir mejo­res pre­cios y dis­mi­nuir actos de corrupción.

El direc­tor de UNOPS en Gua­te­ma­la expli­ca que este meca­nis­mo per­mi­te que las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas de los paí­ses pue­dan reci­bir mejo­res ofer­tas, pues par­ti­ci­pan empre­sas extran­je­ras y no solo nacio­na­les. Ade­más, men­cio­na que cuen­tan con la opción de orga­ni­zar subas­tas inver­sas, es decir otor­gar los con­tra­tos a la empre­sa que pre­sen­te la ofer­ta más bara­ta en un tiem­po limitado.

–Pri­me­ro se habi­li­tan a los pro­vee­do­res que par­ti­ci­pa­rán, de acuer­do con su soli­dez finan­cie­ra y tam­bién con una eva­lua­ción téc­ni­ca de sus pro­duc­tos. Lue­go de eso se da la subas­ta inver­sa y las empre­sas pue­den pre­sen­tar sus pre­cios – , dice Calvaruso.

Mén­dez afir­ma que Gua­te­ma­la podría usar meca­nis­mos como este o rea­li­zar com­pras en con­jun­to con otros paí­ses de Cen­troa­mé­ri­ca para obte­ner pre­cios más com­pe­ti­ti­vos, pero seña­la que esto pocas veces ocurre.

Nin­gu­na de las opcio­nes para regu­lar el mer­ca­do de los medi­ca­men­tos será posi­ble sin un sis­te­ma de jus­ti­cia que com­ba­ta la corrup­ción y un Con­gre­so depu­ra­do, de acuer­do con el inte­gran­te de Redmegua.

–Esta­mos muy supe­di­ta­dos al mer­ca­do y las empre­sas. Que no haya acce­so jus­to a los medi­ca­men­tos es una vul­ne­ra­ción al dere­cho a la salud, al dere­cho a la vida – , dice.

Agen­cia Oco­te soli­ci­tó una entre­vis­ta con el vice­mi­nis­tro de salud encar­ga­do de hos­pi­ta­les, Fran­cis­co José Coma Mar­tín, quien tam­bién fue direc­ti­vo de hos­pi­ta­les y cor­po­ra­cio­nes del sec­tor pri­va­do, y una entre­vis­ta con la vice­mi­nis­tra téc­ni­ca de la car­te­ra, Nor­ma Lucre­cia Ramí­rez, a car­go del Depar­ta­men­to de Regu­la­ción y Con­trol de Pro­duc­tos Far­ma­céu­ti­cos y Afi­nes del Minis­te­rio de Salud. Has­ta el momen­to de la publi­ca­ción de este artícu­lo úni­ca­men­te se reci­bió una res­pues­ta escri­ta de la fun­cio­na­ria. No se obtu­vo un comen­ta­rio ofi­cial sobre otros seña­la­mien­tos des­cri­tos en el artículo.

Mien­tras se espe­ra­ban más res­pues­tas de las auto­ri­da­des para este repor­ta­je, es pro­ba­ble que en los hos­pi­ta­les públi­cos siguie­ran pidien­do medi­ca­men­tos a las fami­lias de los pacien­tes con COVID-19. Y es casi segu­ro que muy pocas pudie­ron comprarlos.

Más sobre el tema en Gua­te­ma­la: No exis­te regu­la­ción de pre­cios para las prue­bas COVID-19 en Guatemala.

Fuen­te: Gato Encerrado

Itu­rria /​Fuen­te

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