Yemen se tam­ba­lea al bor­de de la des­truc­ción total

Por Arha­ma Siddiqa

El cam­po de bata­lla del que menos se infor­ma en el mun­do ha cos­ta­do más de un cuar­to de millón de vidas, con el 80% de su pobla­ción con nece­si­dad urgen­te de asis­ten­cia huma­ni­ta­ria y 3,6 millo­nes de per­so­nas des­pla­za­das inter­na­men­te. La pan­de­mia de la Covid-19 ha exa­cer­ba­do aún más la des­truc­ción de una infra­es­truc­tu­ra ya pri­mi­ti­va, frá­gil y diez­ma­da que lle­va mucho tiem­po a mer­ced de los ata­ques con dro­nes. El cóle­ra sigue sien­do una ame­na­za, con 180.000 nue­vos casos noti­fi­ca­dos solo en los pri­me­ros ocho meses de este año. Las acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas en Yemen se han redu­ci­do en un 50%, mien­tras que la tasa de pobre­za ha aumen­ta­do has­ta un 80%.

La ONU infor­ma de que para media­dos del pró­xi­mo año, cin­co millo­nes de yeme­níes habrán caí­do en nive­les crí­ti­cos de ham­bre. Alre­de­dor de 150.000 niños han muer­to ya de ina­ni­ción. Según esti­ma­cio­nes de la ONU, la tasa de mor­ta­li­dad en Yemen es cin­co veces mayor que el pro­me­dio mun­dial, una cifra que se espe­ra empeo­re a medi­da que los fon­dos de ayu­da se ago­ten debi­do a la rece­sión mun­dial. Ha habi­do ya varios orga­nis­mos huma­ni­ta­rios, inclui­dos los que se ocu­pan de la asis­ten­cia ali­men­ta­ria, que han teni­do que poner fin a sus ope­ra­cio­nes. Sin lugar a dudas, inclu­so si la gue­rra en Yemen ter­mi­na­ra en los pró­xi­mos diez años, el desa­rro­llo del país se ha que­da­do atro­fia­do para las gene­ra­cio­nes venideras.

Mien­tras Donald Trump se pre­pa­ra para dejar la Casa Blan­ca, se dis­po­ne a desig­nar a los hutíes como orga­ni­za­ción terro­ris­ta extran­je­ra (FTO, por sus siglas en inglés). No hay duda de que la manio­bra tie­ne moti­va­cio­nes polí­ti­cas por­que su obje­ti­vo no es solo aumen­tar la pre­sión sobre Irán y sus alia­dos, sino tam­bién com­pli­car los esfuer­zos del pre­si­den­te elec­to, Joe Biden, para rene­go­ciar el Acuer­do Nuclear de Irán del que Trump se reti­ró en 2018. La desig­na­ción de FTO es teme­ra­ria, ya que obs­ta­cu­li­za el tra­ba­jo de las orga­ni­za­cio­nes de ayu­da huma­ni­ta­ria que luchan por lle­var ali­men­tos y otros ser­vi­cios bási­cos a los yeme­níes en las zonas con­tro­la­das por los hutíes del nor­te, lo que agra­va­ría una situa­ción ya pre­ca­ria; más de 24 millo­nes de per­so­nas depen­den de la ayu­da para sobre­vi­vir. Ade­más, los donan­tes inter­na­cio­na­les, así como las empre­sas que se ocu­pan del trans­por­te marí­ti­mo comer­cial, no se ani­ma­rían a ope­rar en Yemen por temor a las san­cio­nes de Esta­dos Uni­dos por “tra­tar con una FTO”. La ONU ha reci­bi­do menos de la mitad de la ayu­da de 3.400 millo­nes de dóla­res que había soli­ci­ta­do este año.

Esta­dos Uni­dos tie­ne la res­pon­sa­bi­li­dad de rever­tir el peor desas­tre huma­ni­ta­rio del mun­do por­que sin su apo­yo, a par­tir de 2015, la coa­li­ción lide­ra­da por Ara­bia Sau­dí no habría podi­do inter­ve­nir en la gue­rra con­tra Yemen para res­tau­rar en el poder al pre­si­den­te Abd Rab­buh Man­sur Hadi. Duran­te su man­da­to, Trump aumen­tó aún más el apo­yo de Esta­dos Uni­dos a esa gue­rra e inclu­so vetó un pro­yec­to de ley des­ti­na­do a poner fin a la par­ti­ci­pa­ción esta­dou­ni­den­se en aquel país.

De mane­ra incon­tro­ver­ti­ble, los intere­ses de Esta­dos Uni­dos en Orien­te Medio depen­den fun­da­men­tal­men­te de la esta­bi­li­dad en el área del Gol­fo. Dada la ubi­ca­ción geo­es­tra­té­gi­ca de Yemen, no solo en tér­mi­nos de vías flu­via­les comer­cia­les cla­ve, sino tam­bién por su pro­xi­mi­dad a los alia­dos de Esta­dos Uni­dos, la volá­til situa­ción actual en el país pre­sa­gia una gra­ve ame­na­za para los intere­ses de Washington.

Si bien los comien­zos de la paz deben ser lide­ra­dos y pro­pi­cia­dos por Yemen, la admi­nis­tra­ción esta­dou­ni­den­se entran­te pue­de hacer mucho para apo­yar este pro­ce­so, comen­zan­do con la deci­sión bási­ca de cen­trar­se en la recon­ci­lia­ción nacio­nal. ¿O va a optar por una vía alternativa?

A la luz de la situa­ción actual sobre el terreno, las pers­pec­ti­vas de recon­ci­lia­ción nacio­nal pare­cen débi­les, a pesar de los esfuer­zos de la ONU. Las con­ver­sa­cio­nes de paz se han estan­ca­do y ambas par­tes están cada vez más atrin­che­ra­das en sus posi­cio­nes. Los esfuer­zos de la ONU se han vis­to tam­bién afec­ta­dos por la fal­ta de un apo­yo cla­ro y com­ple­to de Esta­dos Uni­dos. Sin embar­go, una hoja de ruta a lar­go pla­zo hacia la paz, basa­da en el enfo­que de una par­te cada vez, pue­de cam­biar todo eso.

Des­de el momen­to en que Biden entre en la Casa Blan­ca tie­ne una opor­tu­ni­dad de oro para sal­var las vidas de millo­nes de yeme­níes. En sus pri­me­ros cien días en el car­go pue­de nego­ciar un alto el fue­go dura­de­ro entre la coa­li­ción y los hutíes que se con­vier­ta en un acuer­do inte­ri­no que al menos abra el país al paso segu­ro de la ayu­da humanitaria.

A con­ti­nua­ción, la admi­nis­tra­ción de Biden pue­de cum­plir las pro­me­sas hechas duran­te el perío­do pre­vio a las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de reti­rar el apo­yo a las fuer­zas de la coa­li­ción, en tér­mi­nos de fon­dos y armas. Cabe seña­lar que Esta­dos Uni­dos tie­ne el tipo de influen­cia ade­cua­do para per­sua­dir o inclu­so coac­cio­nar a las par­tes invo­lu­cra­das en la gue­rra para que dejen de per­pe­tuar el conflicto.

Duran­te su cam­pa­ña, Biden decla­ró sin ambi­güe­da­des que se opo­nía a la par­ti­ci­pa­ción de Esta­dos Uni­dos en Yemen y ame­na­zó con cor­tar la ven­ta de armas a la coa­li­ción sau­dí. Si per­se­ve­ra, exis­te una opor­tu­ni­dad, aun­que muy limi­ta­da, de que Yemen aún se sal­ve de la des­truc­ción total. Sin embar­go, si sigue como está aho­ra, se tam­ba­lea­rá al bor­de del precipicio.

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Arha­ma Sid­di­qa tra­ba­ja actual­men­te como inves­ti­ga­do­ra en el Ins­ti­tu­te of Stra­te­gic Stu­dies de Isla­ma­bad (ISSI). Se gra­duó en la Uni­ver­si­dad de Cien­cias de la Ges­tión de Laho­re (LUMS) en 2013 con una licen­cia­tu­ra en Cien­cias Polí­ti­cas y Eco­no­mía. A con­ti­nua­ción, en 2014, com­ple­tó un doc­to­ra­do en Eco­no­mía Polí­ti­ca Inter­na­cio­nal por la Uni­ver­si­dad de War­wick. En 2017 reci­bió la beca Com­mon­wealth Pro­fes­sio­nal Fellowship, duran­te la cual tra­ba­jó en Recur­sos de Con­ci­lia­ción en el Rei­no Unido.

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