Esta­dos Uni­dos. El per­ni­cio­so lega­do mili­tar de Trump: De las gue­rras eter­nas a las gue­rras cataclísmicas

Por Michael T. Kla­re, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 14 de diciem­bre de 2020. 

Para garan­ti­zar la supe­rio­ri­dad mili­tar de EEUU en las pró­xi­mas déca­das, se incre­men­tó enor­me­men­te la inver­sión en tec­no­lo­gías emer­gen­tes como inte­li­gen­cia arti­fi­cial, robó­ti­ca, hiper­só­ni­ca y ciber­gue­rra.

En el tema mili­tar lo más pro­ba­ble es que se recuer­de a Donald Trump por su insis­ten­cia en poner fin a la par­ti­ci­pa­ción de Esta­dos Uni­dos en las «gue­rras eter­nas» del siglo XXI: las infruc­tuo­sas, impla­ca­bles y devas­ta­do­ras cam­pa­ñas mili­ta­res empren­di­das por los pre­si­den­tes Bush y Oba­ma en Afga­nis­tán, Irak, Siria y Somalia.

Des­pués de todo, como can­di­da­to, Trump se com­pro­me­tió a traer las tro­pas esta­dou­ni­den­ses a casa des­de esas temi­das zonas de gue­rra y, en sus últi­mos días en el car­go, ha pro­me­ti­do hacer al menos la mayor par­te del camino hacia ese obje­ti­vo. La obse­sión del pre­si­den­te por este tema (y la opo­si­ción de sus pro­pios gene­ra­les y otros fun­cio­na­rios sobre el tema) ha gene­ra­do una gran can­ti­dad de cober­tu­ra mediá­ti­ca y le ha hecho ser que­ri­do por sus par­ti­da­rios ais­la­cio­nis­tas. Sin embar­go, por muy intere­san­te que sea, esta foca­li­za­ción en las reti­ra­das tar­días de tro­pas de Trump oscu­re­ce un aspec­to mucho más sig­ni­fi­ca­ti­vo de lega­do mili­tar: la con­ver­sión del ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se de una fuer­za anti­te­rro­ris­ta glo­bal en una dise­ña­da para luchar en una gue­rra total, cata­clís­mi­ca y poten­cial­men­te nuclear con Chi­na y /​o Rusia.

La gen­te rara vez se da cuen­ta de que el enfo­que de Trump hacia la polí­ti­ca mili­tar siem­pre ha sido de dos caras. Inclu­so cuan­do denun­ció repe­ti­da­men­te el fra­ca­so de sus pre­de­ce­so­res en aban­do­nar esas inter­mi­na­bles gue­rras de con­tra­in­sur­gen­cia, lamen­tó su pre­sun­to des­cui­do de las fuer­zas arma­das regu­la­res de Esta­dos Uni­dos y pro­me­tió gas­tar lo que fue­ra nece­sa­rio para «res­tau­rar» su fuer­za de com­ba­te. «En una admi­nis­tra­ción Trump», decla­ró en un dis­cur­so de cam­pa­ña de sep­tiem­bre de 2016 sobre segu­ri­dad nacio­nal, las prio­ri­da­des mili­ta­res de Esta­dos Uni­dos se rever­ti­rían, con una reti­ra­da de las «gue­rras inter­mi­na­bles en las que esta­mos atra­pa­dos aho­ra» y la res­tau­ra­ción de «nues­tra incues­tio­na­ble fuer­za militar».

Una vez en el car­go, actuó para lle­var a cabo esa mis­ma agen­da, dan­do ins­truc­cio­nes a sus repre­sen­tan­tes, una suce­sión de ase­so­res de segu­ri­dad nacio­nal y secre­ta­rios de defen­sa, para que comen­za­ran las reti­ra­das de tro­pas esta­dou­ni­den­ses de Irak y Afga­nis­tán (aun­que acor­dó por un tiem­po aumen­tar los nive­les de tro­pas en Afga­nis­tán), pre­sen­tan­do a la vez pre­su­pues­tos de defen­sa cada vez mayo­res. Los gas­tos anua­les del Pen­tá­gono aumen­ta­ron cada año entre 2016 y 2020, pasan­do de 580 mil millo­nes de dóla­res al comien­zo de su admi­nis­tra­ción a 713 mil millo­nes al final, con gran par­te de ese incre­men­to diri­gi­do a la adqui­si­ción de arma­men­to avan­za­do. Se incor­po­ra­ron miles de millo­nes adi­cio­na­les al pre­su­pues­to del Depar­ta­men­to de Ener­gía para la adqui­si­ción de nue­vas armas nuclea­res y la «moder­ni­za­ción» a gran esca­la del arse­nal nuclear del país.

Sin embar­go, mucho más impor­tan­te que ese aumen­to en el gas­to en armas fue el cam­bio de estra­te­gia que lo acom­pa­ñó. La pos­tu­ra mili­tar que el pre­si­den­te Trump here­dó de la admi­nis­tra­ción Oba­ma se cen­tró en luchar la Gue­rra Glo­bal con­tra el Terro­ris­mo (Glo­bal War on Terror-GWOT), una lucha ago­ta­do­ra e inter­mi­na­ble para iden­ti­fi­car, ras­trear y des­truir a los faná­ti­cos anti­oc­ci­den­ta­les en áreas remo­tas de Asia, Áfri­ca y Medio Orien­te. La pos­tu­ra que está legan­do a Joe Biden se cen­tra casi por com­ple­to en derro­tar a Chi­na y Rusia en futu­ros con­flic­tos de «alto nivel» libra­dos direc­ta­men­te con­tra esos dos paí­ses, com­ba­tes que sin duda invo­lu­cra­rían armas con­ven­cio­na­les de alta tec­no­lo­gía a una esca­la asom­bro­sa y que fácil­men­te podrían des­en­ca­de­nar una gue­rra nuclear.

De la GWOT a la GPC (Great Power Competition)

Es impo­si­ble exa­ge­rar la impor­tan­cia del cam­bio del Pen­tá­gono de una estra­te­gia diri­gi­da a luchar con­tra ban­das rela­ti­va­men­te peque­ñas de mili­tan­tes a una diri­gi­da a luchar con­tra las fuer­zas mili­ta­res de Chi­na y Rusia en las peri­fe­rias de Eurasia.

La pri­me­ra impli­ca el des­plie­gue de tro­pas dis­per­sas de infan­te­ría y uni­da­des de las Fuer­zas de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les res­pal­da­das por avio­nes de patru­lla y dro­nes arma­dos con misi­les; la otra pre­vé la impli­ca­ción de múl­ti­ples por­ta­avio­nes, escua­dro­nes de com­ba­te, bom­bar­de­ros con capa­ci­dad nuclear y divi­sio­nes blin­da­das. De mane­ra simi­lar, en los años de GWOT, gene­ral­men­te se asu­mió que las tro­pas esta­dou­ni­den­ses se enfren­ta­rían a adver­sa­rios en gran par­te arma­dos con armas de infan­te­ría lige­ra y bom­bas case­ras, y no, como en cual­quier gue­rra futu­ra con Chi­na o Rusia, a un enemi­go equi­pa­do con tan­ques, avio­nes, misi­les avan­za­dos, bar­cos y una gama com­ple­ta de muni­cio­nes nucleares.

Este cam­bio de pers­pec­ti­va del con­tra­te­rro­ris­mo a lo que, en estos años, se cono­ce en Washing­ton como «Great Power Com­pe­ti­tion ‑Com­pe­ti­ción de gran­des poten­cias» o GPC, se arti­cu­ló ofi­cial­men­te por pri­me­ra vez en la Estra­te­gia de Segu­ri­dad Nacio­nal del Pen­tá­gono de febre­ro de 2018. «El desa­fío cen­tral para la pros­pe­ri­dad y la segu­ri­dad de Esta­dos Uni­dos», insistió,»es el resur­gi­mien­to de una com­pe­ten­cia estra­té­gi­ca a lar­go pla­zo con­tra lo cla­si­fi­ca­do por la Estra­te­gia de Segu­ri­dad Nacio­nal como poten­cias revi­sio­nis­tas», una fór­mu­la para desig­nar a Chi­na y a Rusia. (El docu­men­to uti­li­zó unas raras cur­si­vas para sub­ra­yar la impor­tan­cia de esta terminología).

Para el Depar­ta­men­to de Defen­sa y los ser­vi­cios mili­ta­res, esto sig­ni­fi­có solo una cosa: a par­tir de ese momen­to, gran par­te de lo que hicie­ran esta­ría diri­gi­do a pre­pa­rar­se para luchar y derro­tar a Chi­na y /​o Rusia en un con­flic­to de alta inten­si­dad. Como dijo el secre­ta­rio de Defen­sa Jim Mat­tis al Comi­té de Ser­vi­cios Arma­dos del Sena­do en abril, «la Estra­te­gia de Defen­sa Nacio­nal 2018 pro­por­cio­na una direc­ción estra­té­gi­ca cla­ra para que el ejér­ci­to de Esta­dos Uni­dos recu­pe­re una era de obje­ti­vos estra­té­gi­cos … Aun­que el Depar­ta­men­to con­ti­núa pro­si­guien­do la cam­pa­ña con­tra los terro­ris­tas , la com­pe­ten­cia estra­té­gi­ca a lar­go pla­zo, no el terro­ris­mo, es aho­ra el enfo­que prin­ci­pal de la segu­ri­dad nacio­nal de Esta­dos Unidos».

Sien­do este el caso, agre­gó Mat­tis, las fuer­zas arma­das de Esta­dos Uni­dos ten­drían que ser com­ple­ta­men­te reequi­pa­das con nue­vas armas des­ti­na­das al com­ba­te de alta inten­si­dad con­tra adver­sa­rios bien arma­dos. «Nues­tras fuer­zas arma­das siguen sien­do com­pe­ten­tes, pero nues­tra ven­ta­ja com­pe­ti­ti­va se ha ero­sio­na­do en todos los domi­nios de la gue­rra», seña­ló. «La com­bi­na­ción de la evo­lu­ción rápi­da de la tec­no­lo­gía [y] el impac­to nega­ti­vo en la pre­pa­ra­ción mili­tar resul­tan­te del perío­do de com­ba­te con­ti­nuo más lar­go en la his­to­ria de nues­tra nación [ha] crea­do un ejér­ci­to sobre­car­ga­do y con recur­sos insu­fi­cien­tes». En res­pues­ta, debe­mos «ace­le­rar los pro­gra­mas de moder­ni­za­ción en un esfuer­zo sos­te­ni­do para con­so­li­dar nues­tra ven­ta­ja competitiva».

En ese mis­mo tes­ti­mo­nio, Mat­tis expu­so las prio­ri­da­des de adqui­si­cio­nes que des­de enton­ces han regi­do la pla­ni­fi­ca­ción mien­tras el ejér­ci­to bus­ca «con­so­li­dar» su ven­ta­ja com­pe­ti­ti­va. Pri­me­ro vie­ne la «moder­ni­za­ción» de las capa­ci­da­des de armas nuclea­res de la nación, inclui­dos sus sis­te­mas de man­do, con­trol y comu­ni­ca­cio­nes nuclea­res; lue­go, la expan­sión de la Mari­na a tra­vés de la adqui­si­ción de un núme­ro asom­bro­so de buques de super­fi­cie y sub­ma­ri­nos adi­cio­na­les, jun­to con la moder­ni­za­ción de la Fuer­za Aérea, median­te la adqui­si­ción ace­le­ra­da de avio­nes de com­ba­te avan­za­dos; final­men­te, para garan­ti­zar la supe­rio­ri­dad mili­tar del país en las pró­xi­mas déca­das, se incre­men­tó enor­me­men­te la inver­sión en tec­no­lo­gías emer­gen­tes como inte­li­gen­cia arti­fi­cial , robó­ti­ca , hiper­só­ni­ca y ciberguerra.

Estas prio­ri­da­des ya han sido inte­gra­das en el pre­su­pues­to mili­tar y rigen la pla­ni­fi­ca­ción del Pen­tá­gono. En febre­ro pasa­do, al pre­sen­tar su pro­yec­to de pre­su­pues­to para el año fis­cal (AF) 2021, por ejem­plo, el Depar­ta­men­to de Defen­sa afir­mó : «El pre­su­pues­to del AF 2021 apo­ya la imple­men­ta­ción irre­ver­si­ble de la Estra­te­gia de Defen­sa Nacio­nal (NDS), que orien­ta la toma de deci­sio­nes del Depar­ta­men­to en la rede­fi­ni­ción de las prio­ri­da­des de los recur­sos y el des­pla­za­mien­to de las inver­sio­nes a fin de pre­pa­rar un futu­ro com­ba­te poten­cial de alto nivel”. Esta visión de pesa­di­lla, en otras pala­bras, es el futu­ro mili­tar que el pre­si­den­te Trump deja­rá a la admi­nis­tra­ción Biden.

La Mari­na a la cabeza

Des­de el prin­ci­pio, Donald Trump ha pues­to el acen­to en la expan­sión de la Mari­na como un obje­ti­vo pri­mor­dial. «Cuan­do Ronald Reagan dejó el car­go, nues­tra Arma­da tenía 592 navíos … Hoy, la Arma­da tie­ne solo 276 navíos», lamen­tó en ese dis­cur­so de cam­pa­ña de 2016. Una de sus pri­me­ras prio­ri­da­des como pre­si­den­te, afir­mó, sería recu­pe­rar su fuer­za. «Cons­trui­re­mos una Mari­na de 350 buques de super­fi­cie y sub­ma­ri­nos», pro­me­tió. Una vez en el car­go, la «Mari­na de 350 buques» (lue­go aumen­ta­da a 355 buques) se con­vir­tió en un mantra.

Al poner el acen­to en una gran flo­ta, Trump ha sido influen­cia­do has­ta cier­to pun­to por el puro espec­tácu­lo de los gran­des buques de gue­rra moder­nos, espe­cial­men­te los por­ta­avio­nes con sus dece­nas de avio­nes de com­ba­te. «Nues­tros por­ta­avio­nes son la pie­za cen­tral del pode­río mili­tar esta­dou­ni­den­se en el extran­je­ro», insis­tió mien­tras visi­ta­ba el por­ta­avio­nes casi ter­mi­na­do, el USS Gerald R. Ford, en mar­zo de 2017. «Hoy esta­mos aquí en un terreno de cua­tro acres y medio de poder de com­ba­te y terri­to­rio sobe­rano de Esta­dos Uni­dos, como no hay otro … no hay com­pe­ten­cia fren­te a este navío «.

Como era de espe­rar, los altos fun­cio­na­rios del Pen­tá­gono abra­za­ron la visión de la gran Mari­na del pre­si­den­te con un entu­sias­mo mani­fies­to. La razón: ven a Chi­na como su adver­sa­rio núme­ro uno y creen que cual­quier con­flic­to futu­ro con ese país se libra­rá en gran medi­da des­de el Océano Pací­fi­co y los mares cer­ca­nos, sien­do esa la úni­ca for­ma prác­ti­ca de con­cen­trar el poder de fue­go de Esta­dos Uni­dos con­tra las cada vez más refor­za­das defen­sas cos­te­ras de China.

El enton­ces secre­ta­rio de Defen­sa Mark T. Esper expre­só bien esta pers­pec­ti­va cuan­do, en sep­tiem­bre, con­si­de­ró a Pekín el «prin­ci­pal com­pe­ti­dor estra­té­gi­co» del Pen­tá­gono y la región del Indo-Pací­fi­co su «tea­tro prio­ri­ta­rio» en la pla­ni­fi­ca­ción de gue­rras futu­ras. Las aguas de esa región, sugi­rió, repre­sen­tan «el epi­cen­tro de la com­pe­ten­cia de las gran­des poten­cias con Chi­na» y, por lo tan­to, fue­ron tes­ti­gos de un com­por­ta­mien­to cada vez más pro­vo­ca­dor por par­te de las uni­da­des aéreas y nava­les chi­nas. Ante tal acti­vi­dad des­es­ta­bi­li­za­do­ra, «los Esta­dos Uni­dos deben estar lis­tos para disua­dir los con­flic­tos y, si es nece­sa­rio, luchar y ganar en el mar».

En ese dis­cur­so, Esper dejó cla­ro que la Mari­na de los Esta­dos Uni­dos sigue sien­do muy supe­rior a su con­tra­par­te chi­na. No obs­tan­te, afir­mó, «Debe­mos man­te­ner­nos a la van­guar­dia; debe­mos man­te­ner nues­tra supe­rio­ri­dad; y segui­re­mos cons­tru­yen­do bar­cos moder­nos para ase­gu­rar­nos de seguir sien­do la mejor mari­na del mundo».

Aun­que Trump des­pi­dió a Esper el 9 de noviem­bre por, entre otras cosas, resis­tir­se a las deman­das de la Casa Blan­ca de ace­le­rar la reti­ra­da de las tro­pas esta­dou­ni­den­ses de Irak y Afga­nis­tán, el enfo­que del exse­cre­ta­rio de Defen­sa de luchar con­tra Chi­na des­de el Pací­fi­co y los mares adya­cen­tes sigue estan­do pro­fun­da­men­te arrai­ga­do en el pen­sa­mien­to estra­té­gi­co del Pen­tá­gono y será un lega­do de los años de Trump. En apo­yo de tal polí­ti­ca, ya se han com­pro­me­ti­do miles de millo­nes de dóla­res para la cons­truc­ción de nue­vos bar­cos de super­fi­cie y sub­ma­ri­nos, lo que garan­ti­za que ese lega­do per­sis­ti­rá duran­te años, inclu­so decenios.

Haz como Pat­ton: gol­pea pro­fun­do, gol­pea fuerte

Trump dijo poco sobre lo que se debe­ría hacer res­pec­to a las fuer­zas terres­tres esta­dou­ni­den­ses duran­te la cam­pa­ña de 2016, excep­to para indi­car que las que­ría aún más gran­des y mejor equi­pa­das. Lo que sí hizo, sin embar­go, fue hablar de su admi­ra­ción por los gene­ra­les del Ejér­ci­to de la Segun­da Gue­rra Mun­dial cono­ci­dos por sus tác­ti­cas de bata­lla agre­si­vas. «Era faná­ti­co de Dou­glas MacArthur. Era faná­ti­co de Geor­ge Pat­ton», le dijo a Mag­gie Haber­man y David San­ger del New York Times en mar­zo. «Si tuvié­ra­mos a Dou­glas MacArthur hoy o si tuvié­ra­mos a Geor­ge Pat­ton hoy y si tuvié­ra­mos un pre­si­den­te que les per­mi­tie­ra hacer lo suyo, no ten­drías a ISIS (el Esta­do Islá­mi­co), ¿okay?»

El res­pe­to de Trump por el gene­ral Pat­ton ha demos­tra­do ser espe­cial­men­te suge­ren­te en una nue­va era de com­pe­ten­cia entre gran­des poten­cias, mien­tras las fuer­zas esta­dou­ni­den­ses y de la OTAN se pre­pa­ran nue­va­men­te para enfren­tar­se a ejér­ci­tos terres­tres bien equi­pa­dos en el con­ti­nen­te euro­peo, tal como lo hicie­ron duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial. En aquel enton­ces, fue al cuer­po de tan­ques de la Ale­ma­nia nazi al que los pro­pios tan­ques de Pat­ton se enfren­ta­ron en el fren­te occi­den­tal. Hoy, las fuer­zas de Esta­dos Uni­dos y la OTAN se enfren­tan a los ejér­ci­tos mejor equi­pa­dos de Rusia en Euro­pa del Este a lo lar­go de una línea que se extien­de des­de las repú­bli­cas bál­ti­cas y Polo­nia en el nor­te has­ta Ruma­nia en el sur. Si esta­lla­ra una gue­rra con Rusia, es pro­ba­ble que gran par­te de los com­ba­tes ocu­rrie­ran a lo lar­go de esta línea, con uni­da­des de la fuer­za prin­ci­pal de ambos lados invo­lu­cra­dos en com­ba­tes fron­ta­les de alta intensidad.

Des­de que ter­mi­nó la Gue­rra Fría en 1991 con la implo­sión de la Unión Sovié­ti­ca, los estra­te­gas esta­dou­ni­den­ses habían dedi­ca­do poca aten­ción al com­ba­te terres­tre de alta inten­si­dad con­tra un adver­sa­rio bien equi­pa­do en Euro­pa. Aho­ra, con el aumen­to de las ten­sio­nes Este-Oes­te y las fuer­zas esta­dou­ni­den­ses con­fron­ta­das nue­va­men­te a enemi­gos poten­cia­les bien arma­dos en lo que pare­ce cada vez más una ver­sión mili­tar de la Gue­rra Fría, ese pro­ble­ma está reci­bien­do mucha más atención.

Esta vez, sin embar­go, las fuer­zas esta­dou­ni­den­ses se enfren­tan a un entorno de com­ba­te muy dife­ren­te. En los años de la Gue­rra Fría, los estra­te­gas occi­den­ta­les gene­ral­men­te ima­gi­na­ron una com­pe­ten­cia de fuer­za bru­ta en la que nues­tros tan­ques y arti­lle­ría lucha­rían con­tra los suyos a lo lar­go de cien­tos de kiló­me­tros de líneas del fren­te has­ta que un ban­do u otro se ago­ta­ra por com­ple­to y no tuvie­ra más reme­dio que pedir la paz (o pro­vo­car una catás­tro­fe nuclear global).

Los estra­te­gas de hoy, sin embar­go, ima­gi­nan una gue­rra mucho más mul­ti­di­men­sio­nal (o «mul­ti­do­mi­nio») que se extien­de al aire y tam­bién a las zonas de reta­guar­dia, así como al espa­cio y al ciber­es­pa­cio. En un entorno así, han lle­ga­do a creer que el ven­ce­dor ten­drá que actuar con rapi­dez, dan­do gol­pes para­li­zan­tes a lo que lla­man las capa­ci­da­des C3I del enemi­go (coman­do, con­trol, comu­ni­ca­cio­nes e inte­li­gen­cia) en cues­tión de días, o inclu­so horas. Solo enton­ces las pode­ro­sas uni­da­des blin­da­das podrían ata­car pro­fun­da­men­te el terri­to­rio enemi­go y, al esti­lo de Pat­ton, ase­gu­rar una derro­ta rusa.

El ejér­ci­to de Esta­dos Uni­dos ha eti­que­ta­do esta estra­te­gia como «all-domain war­fa­re ‑gue­rra de todos los domi­nios» y supo­ne que Esta­dos Uni­dos de hecho domi­na­rán el espa­cio, el ciber­es­pa­cio, el espa­cio aéreo y el espec­tro elec­tro­mag­né­ti­co. En una futu­ra con­fron­ta­ción con las fuer­zas rusas en Euro­pa, según esta­ble­ce la doc­tri­na, el poder aéreo esta­dou­ni­den­se bus­ca­ría el con­trol del espa­cio aéreo sobre el cam­po de bata­lla, mien­tras usa misi­les guia­dos para des­truir los sis­te­mas de radar rusos, las bate­rías de misi­les y sus ins­ta­la­cio­nes C3I. El Ejér­ci­to de tie­rra lle­va­ría a cabo ata­ques simi­la­res uti­li­zan­do una nue­va gene­ra­ción de sis­te­mas de arti­lle­ría de lar­go alcan­ce y misi­les balís­ti­cos. Solo cuan­do las capa­ci­da­des defen­si­vas de Rusia se degra­da­ran por com­ple­to, ese Ejér­ci­to con­ti­nua­ría con un asal­to terres­tre, al esti­lo de Patton.

Esté pre­pa­ra­do para luchar con armas nucleares

Como ima­gi­nan los estra­te­gas de alto nivel del Pen­tá­gono, es pro­ba­ble que cual­quier con­flic­to futu­ro con Chi­na o Rusia impli­que un com­ba­te inten­so y total en tie­rra, mar y aire des­ti­na­do a des­truir la infra­es­truc­tu­ra mili­tar crí­ti­ca de un enemi­go en las pri­me­ras horas o, como mucho, días de bata­lla, abrien­do el camino para una rápi­da inva­sión esta­dou­ni­den­se del terri­to­rio enemi­go. Esto pare­ce una estra­te­gia gana­do­ra, pero solo si posee todas las ven­ta­jas en arma­men­to y tec­no­lo­gía. Si no, ¿enton­ces qué? Este es el dile­ma que enfren­tan los estra­te­gas chi­nos y rusos cuyas fuer­zas no están a la altu­ra de las esta­dou­ni­den­ses. Si bien su pro­pia pla­ni­fi­ca­ción de gue­rra sigue sien­do, has­ta la fecha, un mis­te­rio, es difí­cil no ima­gi­nar que los equi­va­len­tes chi­nos y rusos del alto man­do del Pen­tá­gono refle­xio­nen sobre la posi­bi­li­dad de una res­pues­ta nuclear a cual­quier asal­to esta­dou­ni­den­se con­tra sus ejér­ci­tos y sus territorios.

El examen de la lite­ra­tu­ra mili­tar rusa dis­po­ni­ble ha lle­va­do a algu­nos ana­lis­tas occi­den­ta­les a con­cluir que Rusia de hecho está aumen­tan­do su depen­den­cia de las armas nuclea­res «tác­ti­cas» para ani­qui­lar a las fuer­zas supe­rio­res de Esta­dos Uni­dos /​OTAN antes de que se pue­da mon­tar una inva­sión de su país (como en el siglo pre­ce­den­te, las fuer­zas esta­dou­ni­den­ses se basa­ron en ese arma­men­to para evi­tar una posi­ble inva­sión sovié­ti­ca de Euro­pa occi­den­tal). De hecho, ana­lis­tas mili­ta­res rusos han publi­ca­do artícu­los que explo­ran esa opción, a veces des­cri­ta con la expre­sión «esca­lar para deses­ca­lar» (un nom­bre inapro­pia­do si algu­na vez hubo uno), aun­que ofi­cia­les mili­ta­res rusos nun­ca han dis­cu­ti­do abier­ta­men­te tales tác­ti­cas. Aún así, la admi­nis­tra­ción Trump ha cita­do esa lite­ra­tu­ra no ofi­cial como evi­den­cia de los pla­nes rusos de emplear armas nuclea­res tác­ti­cas en una futu­ra con­fron­ta­ción Este-Oes­te y la ha uti­li­za­do para jus­ti­fi­car la adqui­si­ción de nue­vas armas esta­dou­ni­den­ses de este tipo.

«La estra­te­gia y doc­tri­na rusas… eva­lúan erró­nea­men­te que la ame­na­za de una esca­la­da nuclear o el pri­mer uso real de armas nuclea­res ser­vi­ría para ‘deses­ca­lar’ un con­flic­to en tér­mi­nos favo­ra­bles para Rusia», afir­ma la Nuclear Posture Review (Revi­sión de la Pos­tu­ra Nuclear) de 2018 de la admi­nis­tra­ción . «Para corre­gir cual­quier per­cep­ción erró­nea rusa de la ven­ta­ja … el pre­si­den­te debe tener una gama de opcio­nes [nuclea­res] limi­ta­das y gra­dua­das, inclui­da una varie­dad de medios de lan­za­mien­to y fuer­za explo­si­va equi­va­len­te». En apo­yo de tal polí­ti­ca, esa revi­sión pidió la intro­duc­ción de dos nue­vos tipos de muni­cio­nes nuclea­res: una oji­va de «bajo ren­di­mien­to» (lo que sig­ni­fi­ca que podría, por ejem­plo, pul­ve­ri­zar el Bajo Manhat­tan sin des­truir toda la ciu­dad de Nue­va York) para un misil balís­ti­co Tri­dent lan­za­do des­de un sub­ma­rino y un nue­vo misil de cru­ce­ro con armas nuclea­res lan­za­do des­de el mar .

Como en muchos de los desa­rro­llos des­cri­tos ante­rior­men­te, esta ini­cia­ti­va de Trump resul­ta­rá difí­cil de rever­tir en los años de Biden. Des­pués de todo, las pri­me­ras oji­vas de bajo ren­di­mien­to W76‑2 ya salie­ron de las líneas de mon­ta­je, se ins­ta­la­ron en misi­les y aho­ra están des­ple­ga­das en los sub­ma­ri­nos Tri­dent en el mar. Es de supo­ner que éstos podrían ser reti­ra­dos del ser­vi­cio y des­man­te­la­dos, pero esto rara vez ha ocu­rri­do en la his­to­ria mili­tar recien­te y, para hacer­lo, un nue­vo pre­si­den­te ten­dría que ir en con­tra de su pro­pio alto man­do mili­tar. Aún más difí­cil sería negar el fun­da­men­to estra­té­gi­co detrás de su des­plie­gue. Duran­te los años de Trump, la idea de que las armas nuclea­res podrían usar­se como armas de gue­rra ordi­na­rias en futu­ros con­flic­tos entre gran­des poten­cias se ha arrai­ga­do pro­fun­da­men­te en el pen­sa­mien­to del Pen­tá­gono y borrar­la no será una tarea fácil.

En medio de las dis­cu­sio­nes sobre la reti­ra­da de las fuer­zas esta­dou­ni­den­ses de Afga­nis­tán, Irak, Siria y Soma­lia, en medio de los des­pi­dos y reem­pla­zos repen­ti­nos de líde­res civi­les en el Pen­tá­gono, el lega­do más sig­ni­fi­ca­ti­vo de Donald Trump, el que podría con­du­cir no a más gue­rras eter­nas, sino a un desas­tre eterno — ha pasa­do casi des­aper­ci­bi­do en los medios de comu­ni­ca­ción y en los círcu­los polí­ti­cos de Washington.

Las y los par­ti­da­rios de la nue­va admi­nis­tra­ción e inclu­so las y los miem­bros del círcu­lo inme­dia­to de Biden (aun­que no se tra­te de sus nom­bra­mien­tos reales para los pues­tos de segu­ri­dad nacio­nal) han pre­sen­ta­do algu­nas ideas con­mo­ve­do­ras sobre la trans­for­ma­ción de la polí­ti­ca mili­tar esta­dou­ni­den­se, inclui­da la reduc­ción del papel que jue­ga la fuer­za mili­tar en las rela­cio­nes exte­rio­res de Esta­dos Uni­dos y la redis­tri­bu­ción de algu­nos fon­dos mili­ta­res para otros fines, como luchar con­tra Covid-19.

Tales ideas son bien­ve­ni­das, pero la prin­ci­pal prio­ri­dad del pre­si­den­te Biden en el área mili­tar debe ser cen­trar­se en el ver­da­de­ro lega­do mili­tar de Trump, el que nos ha pues­to en direc­ción a una gue­rra con Chi­na y Rusia, y hacer todo lo que esté a su alcan­ce para guiar­nos en una direc­ción más segu­ra y pru­den­te. De lo con­tra­rio, la expre­sión «gue­rra eter­na» podría adqui­rir un sig­ni­fi­ca­do nue­vo y mucho más sombrío.

Fuen­te: Kaos en la red – Michael T. Kla­re es pro­fe­sor sobre estu­dios de paz y segu­ri­dad mun­dial en el Ham­pshi­re Colle­ge en Amherst, Mas­sa­chu­setts. Su libro más recien­te es «The Race for What’s Left: The Glo­bal Scram­ble for the World’s Last Resour­ces (La carre­ra por lo que que­da: la lucha mun­dial por los últi­mos recur­sos del mun­do) » (2012).

Tra­duc­ción: Faus­tino Egu­be­rri para vien­to sur

Fuen­te: Kaos en la red

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