Bra­sil. Nue­vos apun­tes sobre un país a la deriva

Por Por Eric Nepo­mu­ceno. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 13 de diciem­bre de 2020.

Los núme­ros de la pan­de­mia del coro­na­vi­rus en Bra­sil son cada vez más estruen­do­sos. El total de muer­tos supera los 182 mil, el de infec­ta­dos se acer­ca a seis millo­nes 900 mil.

En los últi­mos días se man­tu­vo el total de nue­vos infec­ta­dos por enci­ma de 50 mil. Más de dos mil a cada hora. Casi 35 por minuto.

Y fren­te a seme­jan­te tra­ge­dia, ¿qué hace el gobierno del ultra­de­re­chis­ta Jair Bolsonaro?

En menos de dos sema­nas Eduar­do Pazue­llo, el gene­ral acti­vo que ocu­pa el pues­to de minis­tro de Salud del gobierno aun­que reco­noz­ca que no sabe nada salud públi­ca, anun­ció cin­co medi­das dis­tin­tas y con­tra­dic­to­rias con rela­ción a la cam­pa­ña de vacu­na­ción en Brasil.

Tar­ta­mu­deó, inse­gu­ro, en algu­nos pro­nun­cia­mien­tos, pare­ció fir­me y pre­po­ten­te en otros, pero en nin­gún momen­to fue convincente.

No expli­có, por ejem­plo, cómo pre­ten­de obte­ner las más de 400 millo­nes de jerin­gas con sus res­pec­ti­vas agu­jas para vacu­nar a los 210 millo­nes de brasileños.

No expu­so un plan con­cre­to y cla­ro de cómo será la logís­ti­ca para dis­tri­buir vacu­nas en un país de dimen­sio­nes continentales.

Anun­ció que “qui­zá en diciem­bre, pero segu­ro en enero” lle­ga­rían a Bra­sil las pri­me­ras reme­sas de la vacu­na desa­rro­lla­da por la empre­sa Pfizer.

Fue enfá­ti­ca­men­te des­men­ti­do por la far­ma­céu­ti­ca, que ade­más infor­mó, que en agos­to envió a Pazue­llo una pro­pues­ta que per­mi­ti­ría la adqui­si­ción de millo­nes de dosis de su vacu­na, y nun­ca hubo respuesta.

Mien­tras, el Ins­ti­tu­to Buta­tan, de San Pablo, empe­zó, el pasa­do jue­ves, el enva­se de la vacu­na Coro­na­vac, una aso­cia­ción con el fabri­can­te chino Sino­vac. La pers­pec­ti­va es enva­sar has­ta un millón de dosis a cada día.

Con tal anun­cio, el gober­na­dor dere­chis­ta de San Pablo, João Doria, que de alia­do pasó a enemi­go irre­ver­si­ble de Bol­so­na­ro (el man­da­ta­rio no admi­te adver­sa­rios, los trans­for­ma en enemi­gos), abrió un nue­vo fren­te de gue­rra con Brasilia.

Es que si efec­ti­va­men­te San Pablo empie­za a vacu­nar ya en enero pon­drá en relie­ve la iner­cia del gobierno nacio­nal, y tal pers­pec­ti­va lle­vó el minis­tro gene­ral a anun­ciar algo que no ten­dría cómo poner en prác­ti­ca, la lle­ga­da de la Pfizer.

Ya Bol­so­na­ro optó por man­te­ner­se al otro mar­gen, via­jan­do, pro­vo­can­do aglo­me­ra­cio­nes y ase­gu­ran­do, con­tra todas las trá­gi­cas evi­den­cias, que la pan­de­mia en Bra­sil “ya está lle­gan­do al fin”.

El man­da­ta­rio deja cla­ro a cada día que tie­ne tres focos prin­ci­pa­les de preo­cu­pa­ción: las elec­cio­nes del 2022, man­te­ner un dis­cur­so cohe­ren­te jun­to a su base de segui­do­res más incon­di­cio­na­les y pro­te­ger a sus hijos.

Los via­jes tie­nen cla­rí­si­mo carác­ter elec­to­ral. Y buen ejem­plo de los movi­mien­tos diri­gi­dos e sus incon­di­cio­na­les fue el anun­cio, con júbi­lo, de que a par­tir de enero ya no habrá impues­to para la impor­ta­ción de revól­ve­res y pis­to­las. El arma­men­tis­mo desen­fre­na­do es una de las ban­de­ras más noto­rias del clan presidencial.

Ya la bús­que­da enfá­ti­ca de medios para pro­te­ger a sus tres hijos que actúan en la polí­ti­ca – Car­los, con­ce­jal en Río; Eduardo,

Car­los y espe­cial­men­te Fla­vio están bajo rigu­ro­sa inves­ti­ga­ción judi­cial por el cri­men de con­tra­tar ase­so­res fan­tas­mas para sus res­pec­ti­vos des­pa­chos de par­la­men­tar y que­dar­se con sus suel­dos y gratificaciones.

El pasa­do jue­ves se supo, a tra­vés del sema­na­rio Épo­ca, que hubo reunio­nes entre los abo­ga­dos del hijo sena­dor con Bol­so­na­ro y sus ase­so­res más gra­dua­dos en el gabi­ne­te presidencial.

Y, más gra­ve: tam­bién la Agen­cia Bra­si­le­ña de Inte­li­gen­cia, ins­tan­cia máxi­ma del sec­tor, fue orien­ta­da a pro­du­cir infor­mes secre­tos que fue­ron repa­sa­dos a los abo­ga­dos de Fla­vio para ayu­dar en la defen­sa del acusado.

Más allá de mez­clar el inte­rés pri­va­do con el inte­rés públi­co, se tra­ta de un cri­men tipi­fi­ca­do por la legis­la­ción bra­si­le­ña. La Fis­ca­lía Gene­ral de la Repú­bli­ca ya inves­ti­ga el caso.

Una vez más, Bol­so­na­ro nie­ga todo, pese a las prue­bas concretas.

La dis­tan­cia entre la reali­dad devas­ta­do­ra vivi­da por Bra­sil y las acti­tu­des del man­da­ta­rio no hacen más que con­fir­mar que el país está cada vez más a la deri­va, acer­cán­do­se a un nau­fra­gio que pare­ce inevitable.

Itu­rria /​Fuen­te

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