Bra­sil. La nue­va ola del apren­diz de genocida

Por Eric Nepo­mu­ceno. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 6 de diciem­bre de 2020.

En un alma­cén del minis­te­rio de Salud en San Pablo están casi sie­te millo­nes de tes­teos de coro­na­vi­rus sin dis­tri­buir a pro­vin­cias y muni­ci­pios. A fines de enero ten­drán su vali­dad ago­ta­da. O sea, serán pura basu­ra. Bra­sil es, de las nacio­nes aco­sa­das por la pan­de­mia, una de las que menos apli­có tes­teos a la población.

Varios paí­ses lati­no­ame­ri­ca­nos, como Argen­ti­na, Ecua­dor, Cos­ta Rica y Chi­le, han anun­cia­do que reci­bi­rán la vacu­na fabri­ca­da por la Pfi­zer. Bra­sil no se ha pro­nun­cia­do. O mejor, de for­ma para­le­la, des­car­tó la vacu­na – que ya empe­zó a ser apli­ca­da en Gran Bre­ta­ña – por­que exi­ge ser con­ser­va­da a menos 70 grados.

Una mul­ti­tud de infec­tó­lo­gos y cien­tí­fi­cos ase­gu­ran que sí, hay con­di­cio­nes de pre­ser­var la vacu­na en fri­go­rí­fi­cos espe­cia­les. El minis­te­rio de Salud, enca­be­za­do por un gene­ral acti­vo del Ejér­ci­to, Eduar­do Pazue­llo, silencia.

A pro­pó­si­to: Pazue­llo, supues­ta­men­te espe­cia­lis­ta en logís­ti­ca, no tie­ne idea de lo que sea el ser­vi­cio públi­co bra­si­le­ño de salud, que has­ta hace un par de años era con­si­de­ra­do refe­ren­cia mun­dial. No sabe, por ejem­plo, cómo lograr al menos 400 millo­nes de jerin­gas para apli­car la vacu­na que sea.

Lo úni­co que hizo fue espar­cir mili­ta­res por todos los pues­tos de deci­sión del minis­te­rio y negar lo obvio: la gra­ve­dad del cua­dro vivi­do en el país, y que aho­ra entró en una segun­da y espe­cial­men­te vio­len­ta ola.

El mis­mo minis­te­rio de Salud des­ti­nó dos mil millo­nes de reales – casi 500 mil millo­nes de dóla­res – ini­cial­men­te diri­gi­dos a “recur­sos de emer­gen­cia” al com­ba­te al Covid a ins­ti­tu­cio­nes que tra­tan de todo, excep­to de la pan­de­mia: mater­ni­da­des, clí­ni­cas oftal­mo­ló­gi­cas, hos­pi­ta­les psiquiátricos. 

La expli­ca­ción: ninguna.

Ayer, sába­do, las uni­da­des de tera­pia inten­si­va en las clí­ni­cas pri­va­das de Rio de Janei­ro esta­ban copa­das en un 98 por cien­to. Las de salud públi­ca, 94. En San Pablo, el cua­dro era igual­men­te dra­má­ti­co: 92 por cien­to en las pri­va­das, 89 en las públicas.

En Belo Hori­zon­te, capi­tal de Minas Gerais, el cua­dro era igual­men­te asom­bro­so. Y en muchí­si­mas otras capi­ta­les brasileñas.

Al apos­tar todas sus fichas a unos pocos inmu­ni­zan­tes, el gobierno del ultra­de­re­chis­ta Jair Bol­so­na­ro (foto) empu­jó Bra­sil para el final de la cola de los pre­ten­dien­tes a la vacunación.

Entre una y otra dispu­ta, siem­pre con el ojo pues­to en las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de 2022, con el gober­na­dor dere­chis­ta de la pro­vin­cia de San Pablo, João Doria, Bol­so­na­ro puso barre­ras a una serie de vacu­nas, para con­cen­trar­se en las que fue­ron direc­ta­men­te con­tac­ta­das por su gobierno.

La vacu­na chi­na, por ejem­plo, fue des­car­ta­da por “comu­nis­ta”.

Has­ta ayer, sába­do, en todo el país, eran más de seis millo­nes y medio de infec­ta­dos – más que dos Uru­guay suma­dos – y 177 mil muertos.

En Cuba, por ejem­plo, que tie­ne poco menos de once millo­nes de habi­tan­tes, las víc­ti­mas fata­les del coro­na­vi­rus no lle­gan a 200.

Pero Bol­so­na­ro y su gobierno insis­ten en recha­zar las vacu­nas y las medi­das de ais­la­mien­to social, se nie­gan a acep­tar da gra­ve­dad y las dimen­sio­nes de la tragedia.

Has­ta en eso Bra­sil se aís­la no solo del res­to de las comar­cas de nues­tra Amé­ri­ca Lati­na, pero del mundo.

Siquie­ra en los Esta­dos Uni­dos de su ído­lo y guía, Donald Trump, se lle­gó a seme­jan­te negación.

La ver­dad es que, a esta altu­ra, es difí­cil encon­trar, en cual­quier país con peso espe­cí­fi­co en el esce­na­rio glo­bal, alguno que se com­pa­re a Bra­sil en cues­tión de absurdo.

Bol­so­na­ro enca­be­za un gobierno que no gobier­na, des­tro­za todo. Su minis­tro de Salud no hace más que dene­grir lo poqui­to que res­ta de la ima­gen de las Fuer­zas Arma­das jun­to a la opi­nión pública.

La eco­no­mía se fue al dia­blo, bien como la salud públi­ca, la edu­ca­ción, el medioam­bien­te, las cien­cias, las artes y la cul­tu­ra, todo, todo.

No se tra­ta de alar­mis­mo: es mera constatación.

Y aho­ra vie­ne la gota final: Bol­so­na­ro, el apren­diz de geno­ci­da, al mati­zar los efec­to de la peor pan­de­mia de la his­to­ria, más mor­tal inclu­si­ve que la “fie­bre espa­ño­la” de prin­ci­pios del siglo pasa­do, se hace res­pon­sa­ble, o al menos cóm­pli­ce, de 28 muer­tes a cada 24 horas.

Más de una a cada 60 minutos.

Y todo indi­ca que él quie­re más y más y más.

Itu­rria /​Fuen­te

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