Puer­to Rico. PNP: nue­va­men­te en la ruta del engaño

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano*, 4 de diciem­bre de 2020.

El Par­ti­do Nue­vo Pro­gre­sis­ta (PNP) se ha acos­tum­bra­do a gober­nar a Puer­to Rico a base de espe­jis­mos y fal­se­da­des. Así fue tam­bién su cam­pa­ña para las pasa­das elec­cio­nes del 3 de noviem­bre. El ple­bis­ci­to de esta­di­dad Sí o No, que se cele­bró jun­to a las elec­cio­nes, fue dise­ña­do para impul­sar el triun­fo del PNP en dichos comi­cios. Se tra­tó de una con­sul­ta arti­fi­cio­sa que espe­cí­fi­ca­men­te había sido recha­za­da por el Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia de Esta­dos Uni­dos, y tam­po­co con­ta­ba con el aval del Con­gre­so fede­ral, árbi­tro últi­mo en el asun­to del esta­tus de Puer­to Rico.

Como colec­ti­vi­dad, el PNP lle­va lar­go tiem­po expe­ri­men­tan­do un cre­cien­te des­gas­te. Para con­te­ner la caí­da, ha pues­to en vigor una estra­te­gia deli­be­ra­da de auto per­pe­tua­ción en el recor­ta­do poder de la colo­nia. Sus cons­tan­tes movi­das duran­te las últi­mas déca­das, han ido diri­gi­das a lograr el con­trol sos­te­ni­do de las prin­ci­pa­les ins­ti­tu­cio­nes guber­na­men­ta­les, como la Gober­na­ción, las Cáma­ras Legis­la­ti­vas, la Comi­sión Esta­tal de Elec­cio­nes (CEE) y los tri­bu­na­les- sobre todo el Tri­bu­nal Supre­mo, todo par­te de la estra­te­gia para auto per­pe­tuar­se. Este obje­ti­vo del PNP, que ha ido ganan­do terreno gra­dual­men­te, es una de las más serias ame­na­zas que con­fron­ta la frá­gil demo­cra­cia puertorriqueña.

Puer­to Rico es una colo­nia (terri­to­rio) de Esta­dos Uni­dos con uno de los más altos nive­les de endeu­da­mien­to públi­co y esca­sez de recur­sos fis­ca­les. Ade­más, care­ce de desa­rro­llo eco­nó­mi­co pla­ni­fi­ca­do y cohe­ren­te que le per­mi­ta cons­truir empleos y pros­pe­ri­dad sos­te­ni­bles para la ciu­da­da­nía. Su incen­ti­vo eco­nó­mi­co mayor son las asig­na­cio­nes de fon­dos que pro­vie­nen del gobierno de Esta­dos Uni­dos, las cua­les se han con­ver­ti­do en el recur­so prin­ci­pal para sos­te­ner la pre­sen­te estruc­tu­ra guber­na­men­tal clien­te­lis­ta y para­si­ta­ria. Esta estruc­tu­ra le sir­ve de base de empleo a per­pe­tui­dad a los mili­tan­tes más fer­vo­ro­sos de su par­ti­do, así como con­tra­tis­tas, ami­gos, cabil­de­ros, y toda una gama de lla­ma­dos “empre­sa­rios” que viven y se enri­que­cen de los fon­dos fede­ra­les que admi­nis­tra el gobierno de Puer­to Rico.

A base de ese esque­ma corrup­to e inmo­ral, el PNP ha logra­do el con­trol ins­ti­tu­cio­nal que le ha per­mi­ti­do sobre­vi­vir en el poder tras la expul­sión por el pue­blo de su últi­mo gober­na­dor elec­to, Ricar­do Ros­se­lló, la incum­ben­cia falli­da de la gober­na­do­ra actual, Wan­da Váz­quez, y la nue­va elec­ción de Pedro Pier­lui­si, un can­di­da­to débil y cues­tio­na­do que ape­nas logró 406,830 sufra­gios – un 32% de los votos tota­les de la pasa­da elec­ción. A pesar de resul­tar el par­ti­do ven­ce­dor, ni los comi­cios recien­tes ni el ple­bis­ci­to de esta­di­dad Sí o No han sido gran­des triun­fos para el PNP. Una gober­na­ción gana­da por un ínfi­mo 1.4% de los votos no es un gran recla­mo de vic­to­ria. Un Sí “a pelo”- 623, 053 votos por el Sí y 567,346 por el No, una dife­ren­cia de ape­nas 55,707 votos- no es un man­da­to con­tun­den­te, sino más bien un resul­ta­do indi­ca­ti­vo de que el pue­blo puer­to­rri­que­ño está divi­di­do por la mis­ma mitad en cuan­to a pre­fe­ren­cia de estatus.

Y todo eso, a pesar de que el PNP invir­tió muchos millo­nes de dóla­res en una cam­pa­ña de meses a favor del Sí, a tra­vés de todos los medios masi­vos. Mien­tras, el No solo con­tó con esfuer­zos muy limi­ta­dos en medios masi­vos y redes socia­les por par­te del Par­ti­do Inde­pen­den­tis­ta Puer­to­rri­que­ño (PIP) y gru­pos que abo­gan por la auto­de­ter­mi­na­ción de nues­tra nación.

Al cie­rre de estas líneas, aún no ha con­clui­do el escru­ti­nio gene­ral de votos, por lo cual las cifras fina­les del even­to elec­to­ral no se cono­ce­rán has­ta den­tro de unos días. Dado el mar­gen estre­cho de algu­nas con­tien­das, los resul­ta­dos podrían variar. Sin embar­go, ya el PNP y su gober­na­dor elec­to, Pedro Pier­lui­si, andan nue­va­men­te por la ruta del enga­ño a Puer­to Rico, pre­ten­dien­do apro­ve­char la mayo­ría legis­la­ti­va con que aún cuen­tan para legis­lar sobre nue­vos ple­bis­ci­tos, refor­zar la lla­ma­da “comi­sión de igual­dad” y ele­gir a un nue­vo gru­po de “repre­sen­tan­tes erran­tes” que, a nom­bre del pue­blo de Puer­to Rico, cami­na­rían como fan­tas­mas por los pasi­llos del Con­gre­so de Esta­dos Uni­dos, cla­man­do por una esta­di­dad con la que nadie con poder en ese recin­to se ha comprometido.

Ni Pier­lui­si ni nadie en el PNP pare­ce haber apren­di­do las lec­cio­nes del pasa­do cua­trie­nio cuan­do un pue­blo ira­cun­do cas­ti­gó con fuer­za al enton­ces gober­na­dor de su colec­ti­vi­dad, Ricar­do Ros­se­lló. Tam­po­co pare­cen tener la inten­ción de aca­tar la volun­tad del pue­blo expre­sa­da recien­te­men­te en las urnas. Tal pare­cie­ra que están cie­gos ante la reali­dad de que estas elec­cio­nes les con­vir­tie­ron en un par­ti­do de mayo­ría míni­ma, que inten­ta­rá gober­nar esta colo­nia en cri­sis, bajo la égi­da de una Jun­ta de Con­trol Fis­cal nom­bra­da por el Con­gre­sos de Esta­dos Uni­dos, y con dos ter­ce­ras par­tes del elec­to­ra­do en contra.

Por eso, segu­ra­men­te la ten­drán bien dura este pró­xi­mo cua­trie­nio. Sobre todo, si se empe­ñan en igno­rar el man­da­to elec­to­ral del pue­blo puer­to­rri­que­ño; si inten­tan gober­nar en bene­fi­cio de sí mis­mos y de intere­ses aje­nos al bien común, y si pre­ten­den des­viar recur­sos del Esta­do para tra­tar de impo­ner su ena­je­na­da agen­da ideológica.

*Fuen­te: Cla­ri­dad | Nota editorial

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