Perú. La ultra­de­re­cha pierde

Luis Pása­ra /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 1 de diciem­bre de 2020

El nue­vo pre­si­den­te de Perú, Fran­cis­co Sagas­ti, es un hom­bre de cen­tro, con bue­na for­ma­ción y amplia tra­yec­to­ria inter­na­cio­nal. De for­mas cor­dia­les, bus­ca los acuer­dos y evi­ta la con­fron­ta­ción. No obs­tan­te, como mos­tró en el dis­cur­so pro­nun­cia­do en el Con­gre­so tras asu­mir el car­go, es cla­ro y pre­ci­so en sus obje­ti­vos. A los 76 años enca­be­za­rá un gobierno que en menos de cin­co meses será res­pon­sa­ble de los comi­cios don­de se esco­ge­rá a quien a fines de julio pre­si­da el país, en oca­sión de las cele­bra­cio­nes de los 200 años de la inde­pen­den­cia de Perú.

Al ele­gir­lo, el Con­gre­so enmen­dó en cier­ta medi­da la arbi­tra­rie­dad de des­ti­tuir a Mar­tín Viz­ca­rra como pre­si­den­te de la repú­bli­ca, el 9 de noviem­bre, para reem­pla­zar­lo por el pre­si­den­te del Con­gre­so, Manuel Merino, un per­so­na­je de segun­da o ter­ce­ra línea que no esta­ba a la altu­ra de la res­pon­sa­bi­li­dad. Todo indi­ca que detrás de la vacan­cia –recha­za­da por una abru­ma­do­ra mayo­ría de encues­ta­dos– y el reem­pla­zo se halla­ba un gru­po de pre­sión de extre­ma dere­cha, la Coor­di­na­do­ra Repu­bli­ca­na que, inte­gra­do por altos jefes mili­ta­res en situa­ción de reti­ro y algu­nos civi­les que tuvie­ron figu­ra­ción públi­ca en otros tiem­pos, ha desa­rro­lla­do cam­pa­ñas de pre­sión des­de un anti­co­mu­nis­mo agre­si­vo. Tras ese gru­po se ali­nea­ron dece­nas de con­gre­sis­tas que repre­sen­tan intere­ses de gru­po y ambi­cio­nes per­so­na­les. El sec­tor empre­sa­rial apor­tó tres minis­tros al nue­vo gabi­ne­te e inme­dia­ta­men­te des­pués del gol­pe de mano, los nue­vos minis­tros ini­cia­ron una serie de cam­bios en mate­ria edu­ca­ti­va y de medio ambien­te que reve­la­ron una agen­da reaccionaria.

Pero la inten­to­na duró solo cin­co días, al ser con­tes­ta­da por mani­fes­ta­cio­nes masi­vas que se des­ple­ga­ron cada noche en todo el país, con muchos jóve­nes con­vo­ca­dos median­te las redes socia­les, sin par­ti­ci­pa­ción de orga­ni­za­ción polí­ti­ca algu­na, pero con tác­ti­cas apren­di­das de movi­li­za­cio­nes simi­la­res en Chi­le y otros paí­ses; entre ellas, la des­cen­tra­li­za­ción de las mar­chas fue cla­ve para debi­li­tar la repre­sión. El gobierno de Merino res­pon­dió con la fuer­za poli­cial y oca­sio­nó dos muer­tos y dece­nas de heri­dos. La Fis­ca­lía de la Nación ini­ció una inves­ti­ga­ción sobre la res­pon­sa­bi­li­dad del expre­si­den­te, los exmi­nis­tros y los jefes poli­cia­les en estas accio­nes, y la cade­na de man­do ya ha sido establecida.

La extre­ma dere­cha, que cuen­ta con diver­sos medios de comu­ni­ca­ción, lan­zó una cam­pa­ña de des­pres­ti­gio de las pro­tes­tas, atri­bu­yén­do­las a gru­pos sub­ver­si­vos. A este recur­so se le cono­ce en el país como “terru­queo”, un perua­nis­mo crea­do para la acción de des­pres­ti­giar a un adver­sa­rio median­te su estig­ma­ti­za­ción como cóm­pli­ce de una sub­ver­sión que, en rigor, ha sido liqui­da­da. El terru­queo no fun­cio­nó y las pro­tes­tas cre­cie­ron has­ta que Merino renun­ció el 15 de noviem­bre. Con­vo­ca­do el Con­gre­so, eli­gió a Sagas­ti dos días des­pués. Asu­mió la pre­si­den­cia del Con­gre­so Mirtha Vás­quez, 45 años, una abo­ga­da de dere­chos huma­nos que fue defen­so­ra de Máxi­ma Acu­ña, la cam­pe­si­na inter­na­cio­nal­men­te reco­no­ci­da por la exi­to­sa defen­sa de su tie­rra fren­te a la pre­po­ten­cia de una gran empre­sa minera.

Los ana­lis­tas coin­ci­den en que el talan­te del nue­vo pre­si­den­te pue­de apa­ci­guar los enco­nos, enfren­tar las urgen­cias crea­das por la pan­de­mia y la cri­sis eco­nó­mi­ca, y dar la esta­bi­li­dad que el país nece­si­ta para la cam­pa­ña elec­to­ral. Al acto de toma de pose­sión del car­go en el Con­gre­so fue­ron invi­ta­das las fami­lias de los dos jóve­nes falle­ci­dos y Sagas­ti, en nom­bre del Esta­do, pidió per­dón a ellas y a los heri­dos, a quie­nes había visi­ta­do el día anterior.

El nue­vo gabi­ne­te minis­te­rial está inte­gra­do por pro­fe­sio­na­les reco­no­ci­dos, una bue­na par­te de los cua­les tie­nen expe­rien­cia en el sec­tor públi­co. La mayo­ría no regis­tran ante­ce­den­tes par­ti­da­rios. Para el car­go de pri­mer minis­tro ha sido desig­na­da Vio­le­ta Ber­mú­dez, abo­ga­da con una tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal vin­cu­la­da a las deman­das y rei­vin­di­ca­cio­nes de la mujer.

En los ocho meses que dura­rá su man­da­to, el nue­vo pre­si­den­te y su equi­po tie­nen una ardua tarea para la cual su apa­ri­ción en el esce­na­rio ha con­ci­ta­do mucha expec­ta­ti­va; qui­zá dema­sia­da. Por­que su tarea no será faci­li­ta­da por la opo­si­ción empe­ci­na­da de la extre­ma dere­cha, dis­con­for­me con cual­quier gobierno que no sea el suyo, según un esti­lo que aho­ra se des­plie­ga en varios paí­ses. Tam­po­co está ase­gu­ra­do el apo­yo de los sec­to­res con­tes­ta­ta­rios que levan­tan el recla­mo de una asam­blea cons­ti­tu­yen­te para escri­bir un nue­vo tex­to cons­ti­tu­cio­nal, paso que se pre­sen­ta como un acto de refun­da­ción nacio­nal, sin tomar en cuen­ta que este tipo de cam­bios nor­ma­ti­vos –una doce­na de cons­ti­tu­cio­nes ha teni­do Perú– no pro­du­cen mayor impac­to en una reali­dad aque­ja­da por muchos pro­ble­mas serios.

Vein­te años atrás, con Alber­to Fuji­mo­ri hui­do del país con rum­bo a Japón, el Con­gre­so recha­zó su renun­cia envia­da median­te un fax y vacó el car­go por inca­pa­ci­dad moral. En su reem­pla­zo Valen­tín Pania­gua –un polí­ti­co de cen­tro, mode­ra­do y con­ci­lia­dor– asu­mió la pre­si­den­cia del gobierno. Con un país en con­va­le­cen­cia lue­go de diez años de dic­ta­du­ra, cin­co meses des­pués se lle­va­ron a cabo las elec­cio­nes en las que triun­fó Ale­jan­dro Tole­do. El tra­ba­jo hecho por Pania­gua y el equi­po desig­na­do por él ha sido uná­ni­me­men­te reco­no­ci­do. Si Sagas­ti logra rea­li­zar su tarea a caba­li­dad, pro­ba­ble­men­te mere­ce­rá una gra­ti­tud semejante.

FUENTE: Otra Mirada

Itu­rria /​Fuen­te

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