Nación Mapu­che. La his­to­ria de Isa­bel Catri­man. El con­flic­to terri­to­rial en Lagu­na Lar­ga, Pro­vin­cia de Chubut

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 1 de diciem­bre de 2020

En estos meses de cua­ren­te­na nacio­nal, lle­ga­ron al terri­to­rio de Isa­bel Catri­man, unos seño­res lla­ma­dos Ale­jan­dro Sama­me y Nahuel Serra dicien­do que ese cam­po les per­te­ne­cía por­que habrían com­pra­do los dere­chos de pose­sión a Luciano Free­man, hijo del falle­ci­do Lucio Free­man.

Des­de el mes de mar­zo, Isa­bel y su fami­lia están denun­cian­do alla­na­mien­tos de la poli­cía, pre­po­ten­cia de los supues­tos com­pra­do­res y tra­tos vio­len­tos de quie­nes que­da­ron en el cam­po como “cui­da­do­res” de sus intere­ses. Sin embar­go, estos hechos no se hicie­ron públi­cos has­ta que la Lof Pai­la­ko emi­tió un comu­ni­ca­do difun­dien­do lo suce­di­do los pri­me­ros días de mayo de 2020.

URGENTE, FUTALAUFKEN MEW- LOF PAILAKO 6/​5/​20 Mari Mari pu peñi, pu lam­gen ka pu wenuy, se nece­si­ta difu­sión y apo­yo de nues­tra gen­te. La papay Isa­bel Catri­man (78), está en estos momen­tos sien­do hos­ti­ga­da, insul­ta­da y ame­na­za­da para que aban­do­ne sus tie­rras, por mato­nes que lle­ga­ron el día de ayer en 4 camio­ne­tas y una casi­lla, ingre­sa­ron por la por­ta­da del Par­que los Aler­ces sien­do que rige la cua­ren­te­na decre­ta­da por el Esta­do. Estos sin­ver­güen­zas dicen haber com­pra­do esas tie­rras cer­ca­nas a las Lagu­nas Lar­ga y Mar­ti­llo. Des­de febre­ro Ale­jan­dro Sama­me (hijo de un fis­cal) y Nahuel Serra vie­nen ame­na­zan­do y hos­ti­gan­do a la Lof. Ni gen­dar­me­ría ni la poli­cía toman la denun­cia, todo lo con­tra­rio les están impi­dien­do lle­gar al terri­to­rio. En estos momen­tos se sabe que cam­bia­ron los can­da­dos de las tran­que­ras y quie­ren des­alo­jar a la papay Isa­bel y su sobrino. Pedi­mos en lo posi­ble acer­car­se y difun­dir. MARICHIWEW!!

Fui­mos has­ta la casa de Isa­bel –ubi­ca­da en tie­rras fis­ca­les, lin­de­ras al Par­que Nacio­nal Los Aler­ces, a pocos de kiló­me­tros de Esquel– para escu­char su his­to­ria. En los siguien­tes párra­fos tra­ta­mos de plas­mar los acon­te­ci­mien­tos, las cone­xio­nes entre hechos, los sen­ti­dos y los énfa­sis que Isa­bel fue entra­man­do en una con­ver­sa­ción de cua­tro horas con nosotras.

La his­to­ria de vida de Isa­bel Catri­man: “Ten­go todos los recuerdos”

Isa­bel Catri­man res­guar­da en ngtram (rela­tos ver­da­de­ros) y expe­rien­cias pro­pias las memo­rias de los Pue­blo Mapu­che y Tehuel­che trans­mi­ti­das en el seno de su fami­lia. Esta his­to­ria, ancla­da en el terri­to­rio mapu­che, ini­cia hace muchos años atrás cuan­do sus ante­pa­sa­dos defen­die­ron el terri­to­rio fren­te a la inva­sión de los ejér­ci­tos esta­ta­les. Estos recuer­dos son los que hacían llo­rar a su abue­la cuan­do con­ver­sa­ba con otras ancia­nas y los que hoy Isa­bel nom­bra como “his­to­rias tris­tes” (sobre estas nos deten­dre­mos en un pró­xi­mo trabajo). 

Remon­té­mo­nos solo unos cien años atrás en la zona de Lan­gui­neo, actual­men­te pro­vin­cia de Chu­but. Allí, y sien­do muy jóve­nes, Car­me­la Leu­fu­man (hija de Juan Leu­fu­man y Jacin­ta Cayu­lef) y Deme­cio Catri­man (hijo de Manuel Catri­man y Mer­ce­des Coli­pan) se casa­ron. Al poco tiem­po se vie­ron obli­ga­dos a migrar a la loca­li­dad de Esquel, jun­to a Mer­ce­des, la mamá de Demecio.

Se ins­ta­la­ron en una cha­cra en “el are­nal” en el Barrio Bue­nos Aires, don­de tenían sus ani­ma­les. Car­me­la y Deme­cio tuvie­ron cua­tro hijos, uno de ellos Isa­bel Catri­man. Isa­bel nació en Esquel en el año 1941 y, cuan­do sus padres se sepa­ra­ron, vivió jun­to con su madre y su abue­la pater­na en aque­lla ciu­dad. Apren­dió a hilar y tejer en telar des­de muy chi­ca, a uti­li­zar lawen (medi­ci­na mapu­che) para curar­se y a rea­li­zar cere­mo­nias. Su abue­la Mer­ce­des levan­ta­ba estas cere­mo­nias para que ella, sus her­ma­nos y fami­lia­res estu­vie­ran bien. Así recuer­da Isa­bel su infan­cia y las prác­ti­cas y cono­ci­mien­tos here­da­dos de su madre y abue­la paterna: 

Ten­go todos los recuer­dos (…) Viví mi infan­cia con mi madre ayu­dán­do­la con los hila­dos. Así nos crió mi mamá. Ella se sepa­ró de mi papá. Pasa­mos mil y una. Me fal­tó pasar por la ore­ja de la agu­ja. Ella es la que nos ense­ñó. Siem­pre hacia roga­ti­vas para noso­tros, para que siem­pre ande­mos bien. Que cuan­do ande­mos solos, Futa­chao nos levan­ta­ra el espí­ri­tu. Yo soy mapu­che tehuel­che. Mi mamá era tehuel­che, Leu­fu­man, y mi papá mapu­che. Sé hablar algu­nas pala­bras en len­gua, le entien­do, pero res­pon­der no pue­do. Mi mamá sí, pero no me ense­ñó. Cuan­do se jun­ta­ba con algu­na ancia­na no me deja­ba estar, me decía ‘anda afue­ra’. Y yo escu­cha­ba por­que me gus­ta­ba. Mi mamá can­ta­ba tayil, tan boni­to. Can­ta­ba en la casa, en la caña (rewe). Mi abue­la nos saca­ba en el mes de agos­to, me ves­tía de una polle­ra azul, y con mi mamá salía­mos. Con mi her­mano y mi papá tam­bién. Me lle­va­ba de la mano a la caña, antes de que sal­ga el sol. Y mi abue­la tay­lia­ba y mi mamá a veces se lar­ga­ba a llo­rar. Qué diría mi abue­la!? Era tan triste…

(e.p I.C., mayo 2020).

Isa­bel Catri­man tie­ne 79 años y vive des­de hace vein­te años en Lote 5, Lagu­na “El Mar­ti­llo”, zona Lagu­na Lar­ga, en las cer­ca­nías del Par­que Nacio­nal los Aler­ces. Allí lle­gó en el año 2000, jun­to con su difun­to hijo Hipó­li­to Ernes­to Colihue­que y su pri­mo Gre­go­rio Cayu­lef, cuan­do Lucio Free­man le otor­gó un per­mi­so de pala­bra para que se asien­te en aque­llas tie­rras fis­ca­les que él tam­bién ocupaba.

Cuan­do yo vine dije ‘esto es para mí’. Andar a caba­llo, toda­vía para la edad que ten­go ando a caba­llo. Re con­ten­ta, era todo para mí, y don Lucio re con­ten­to tam­bién. Muy contento 

(e.p I.C., mayo 2020).

Lucio Free­man e Isa­bel Catri­man se cono­cie­ron de muy jóve­nes en la loca­li­dad de Esquel. Free­man era leche­ro y anti­gua­men­te le encar­ga­ba teji­dos a la mamá de Isa­bel. Según lo recuer­da ella, él “era un hom­bre muy sen­ci­llo, que hacía vida de campo”: 

Don Lucio lle­ga­ba a la casa y com­pra­ba teji­dos, des­pués cono­ció a mi hijo y a mi hija y enton­ces depo­si­tó con­fian­za en mí. Y me dice ‘Anda­te para allá y esta­te tran­qui­la en el cam­po, hacé quin­ta que te gusta’ 

(e.p I.C., mayo 2020).

De esta mane­ra, Isa­bel y su fami­lia lle­ga­ron al cam­po en el que viven des­de hace ya vein­te años. 

Foto­gra­fía, gru­po Gemas, mayo 2020.

La lle­ga­da al terri­to­rio de Lagu­na Lar­ga: “Hici­mos un trato”

En el año 2000, Lucio Free­man e Isa­bel Catri­man hicie­ron un acuer­do de pala­bra: ella y su fami­lia vivi­rían en este terri­to­rio. La con­vi­ven­cia se fue basan­do en dife­ren­tes acuer­dos a tra­vés del tiem­po. Duran­te los pri­me­ros años, tro­ca­ron el tala­je de ani­ma­les –la fami­lia de Isa­bel era la úni­ca que pas­ta­ba ani­ma­les en el lugar– por la pro­vi­sión de leña –que los Catri­man Colihue­que jun­ta­ban por la zona. Unos años des­pués, los cui­da­dos mutuos entre Lucio Free­man y la fami­lia de Isa­bel se fue­ron hacien­do cada vez más informales:

Don Lucio me había traí­do a mi hijo y a mí, me tra­jo de Esquel me dice ‘yo ten­go un cam­po, lle­va a tu hijo, com­pra ani­ma­li­tos, que yo no ten­go ani­ma­les, que va a ser para vos algún día el cam­po’. Así nos tra­jo para acá con mi hijo y mi pri­mo, para que ellos cor­ta­ran leña y arre­gla­ran el alam­bre y pusié­ra­mos ani­ma­les para que yo tuvie­ra ani­ma­les para sacar­le la lana a las ove­jas, para que haga mis teji­dos. Noso­tros no fui­mos emplea­dos de él, por­que él me tra­jo y con la leña que cor­ta­ba­mos le paga­mos el tala­je para tener nues­tros animales

(entre­vis­ta a Isa­bel Catri­man en Radio Nacio­nal de Esquel, mayo 2020).

Cuan­do lle­ga­ron al terri­to­rio, se ins­ta­la­ron en un gal­pón que Free­man les pres­tó. Lue­go, y a tra­vés de un nue­vo tra­to (en este caso el true­que de teji­dos por made­ra), fue­ron cons­tru­yen­do la casa de made­ra en la que viven actualmente. 

Hici­mos un tra­to: ‘hace­me teji­dos y yo te ven­do la made­ra’, me dijo. Cuan­do lle­ga­mos, él (Lucio Free­man) tenía su casi­ta allá y había un gal­pón que esta­ba que se caía, ahí estu­vi­mos con mi hijo, ese gal­pón nos pasó a noso­tros, ahí dor­mía­mos, ahí tenía­mos una estu­fa y todo. Mi hijo cor­ta­ba leña y le paga­ba el tala­je por leña. Él arre­gló el alam­bre, todo. Arre­gla­ba con don Lucio

(e.p I.C., mayo 2020).

Duran­te estas dos déca­das, Isa­bel y su fami­lia fue­ron diver­si­fi­can­do su pro­duc­ción y sus tra­ba­jos. No solo fue­ron de a poco aumen­tan­do su hacien­da –lo que les per­mi­tió tra­mi­tar su pro­pia mar­ca y señal– sino que tam­bién cons­tru­ye­ron un corral, arma­ron la quin­ta e hicie­ron las “mejo­ras” nece­sa­rias para habi­tar en el campo: 

Así lle­gué yo aca. Vein­te años va hacer. Lle­gué con mi hijo y mi pri­mo. Esto lo alam­bró todo mi hijo para que no entren los ani­ma­les, por­que ence­rra­mos allí y ahí tene­mos para tra­ba­jar. Los ani­ma­les andan arri­ba, suel­tos. Enton­ces se man­tie­ne ese mallín lin­do, con el pas­ti­to. Aquí ten­go la quin­ta, y los perros los tene­mos ata­dos para que no anden en la quinta

(e.p I.C., mayo 2020).

El “acuer­do de pala­bra” que men­cio­na Isa­bel es una prác­ti­ca ins­ti­tu­cio­na­li­za­da y de mucho valor en el Pue­blo Mapu­che y Tehuel­che. La pala­bra pro­nun­cia­da en el mar­co de un acuer­do es prue­ba sufi­cien­te para vali­dar­lo como un con­tra­to inque­bran­ta­ble. Por eso, para Isa­bel, no hay lugar a la duda de que ese terri­to­rio le per­te­ne­ce, así como tam­po­co de su dere­cho de pose­sión: “Él me decía, ‘el día que yo des­can­se, esto va a ser para vos’. Si yo hubie­ra sido otra, le digo fír­ma­me acá, pero no”.

Cuan­do Lucio Free­man iba a pasar un tiem­po en el cam­po, se que­da­ba en una casa que tenía a cier­ta dis­tan­cia del lugar don­de tenían su casa los Catri­man Colihue­que. Al res­pec­to, Glo­ria (la hija de Isa­bel) sub­ra­ya que los que esta­ban coti­dia­na­men­te en el terri­to­rio eran Isa­bel, Gre­go­rio e Hipólito.

Lucio nun­ca vivió en el cam­po. El iba unas sema­nas, a veces iba. El vivía en la cha­cra acá (en Esquel) Cer­ca del Prin­ci­pio, en la entra­da a Esquel (…) Ahí tenía sus animales

(e.p G.C., mayo 2020).

Los víncu­los entre los pobla­do­res que com­par­tían el lote se fue­ron hacien­do cada vez más afec­ti­vos (“era un víncu­lo de amis­tad” dice Glo­ria). La con­fian­za gana­da a tra­vés del tiem­po, las reci­pro­ci­da­des mutuas, la cer­ca­nía de habi­tar en un mis­mo espa­cio terri­to­rial, y algu­nos hechos tris­tes de sus vidas (el falle­ci­mien­to de Hipó­li­to y la enfer­me­dad que pade­ció Free­man) hicie­ron que Isa­bel y Lucio fue­ran for­jan­do una rela­ción de mucho cari­ño y un tra­to como parientes: 

Cuan­do falle­ció mi hijo aquí –le dio un infar­to – , que­dé con Lucio. Hacé de cuen­ta que era un fami­liar para mí. Salía­mos los dos de a pie a reco­rrer, a ver a mis ani­ma­les. A mí me cono­ció de muy joven, yo toda­vía no me casa­ba cuan­do lo cono­cí a Lucio. Des­pués el pobre vie­ji­to se enfer­mó. Y él venía acá, se acos­ta­ba ahí y le ponía las gotas en la vis­ta, todo. Yo lo aten­día, lo cuidaba

(e.p I.C., mayo 2020).

Hipó­li­to y Gre­go­rio a caba­llo. Foto­gra­fía con­ce­di­da por la fami­lia Catri­man Colihueque.

Ances­tra­li­dad y terri­to­rio: “te levan­ta el espíritu” 

El lugar que habi­tan des­de hace vein­te años es un terri­to­rio de apro­xi­ma­da­men­te 844 hec­tá­reas que se dis­tri­bu­ye entre zonas bos­co­sas, agua­das y malli­nes. Los Catri­man Colihue­que orga­ni­za­ron el terri­to­rio sepa­ran­do a tra­vés de alam­bra­dos inter­nos un espa­cio de malli­nes, pro­te­gi­do del paso de ani­ma­les, para hacer huer­ta y tener un galli­ne­ro, mien­tras las zonas más altas del terri­to­rio que­da­ron como cam­po abier­to de pas­to­reo de vacas, ove­jas y caba­llos. Glo­ria acla­ra ade­más que, al día de la fecha, tie­nen toda la docu­men­ta­ción en regla en lo que res­pec­ta a la admi­nis­tra­ción de los animales. 

En la actua­li­dad, Isa­bel tam­bién vive del recur­so eco­nó­mi­co de la ven­ta de la lana de sus ani­ma­les y espe­cial­men­te del hila­do y teji­do, ofi­cio tra­di­cio­nal que apren­dió y here­dó de su madre. Muchos de estos encar­gos son por par­te de los veci­nos del lugar con quie­nes siem­pre ha teni­do una bue­na relación:

Ven­do mis teji­dos. Por ejem­plo, acá a Juan Anto­nio le hice vein­te pele­las que me encar­gó para los caba­llos. Armo el telar con palos como me ense­ñó mi mamá que vivía de hacer eso. Yo hago así y ven­do par­ti­cu­lar. Este hom­bre me encar­go y me había encar­ga­do más, pero con esto que pasó (la cua­ren­te­na) no pude hacer nada

(e.p I.C., mayo 2020).

Isa­bel y su fami­lia tie­nen un gran res­pe­to y ape­go por el terri­to­rio que se evi­den­cia en sus rela­tos sobre los usos y rela­cio­nes coti­dia­nas con el lugar. Isa­bel here­dó el cono­ci­mien­to de su madre y de su abue­la acer­ca de cómo rela­cio­nar­se con el terri­to­rio y cómo ir for­jan­do una rela­ción de afec­to y cui­da­do mutuo con las fuer­zas que habi­tan allí. Ella tie­ne mucho cono­ci­mien­to acer­ca de cuá­les son los lawen de su terri­to­riolos luga­res don­de cre­cen, las for­mas de sacar­los de su lugar (pidien­do per­mi­so y agra­de­cien­do) y sus usos terapéuticos. 

Acá hay mucho lawen, arri­ba, sí! Hay ñan­co nahuel, piu­ke nahuel, para­me­la, hay mucho! Los uso para las enfer­me­da­des. El ñan­co nahuel hay que pre­pa­rar­lo con raíz de nal­ca y tomar­lo sie­te días, si te hace bien, nota uno que le hace bien, dejas des­can­sar has­ta que se cura. Hay mucho lawen

(e.p I.C., mayo 2020).

Mien­tras nos seña­la su huer­ta, men­cio­na que estos cono­ci­mien­tos de su mamá y de su abue­la le per­mi­tie­ron vivir de for­ma autó­no­ma en su terri­to­rio: “Es muy impor­tan­te para mí vivir acá. Por­que yo bus­co los lawen, ten­go mis ani­ma­les y pue­do hacer mis teji­dos. Ten­go un lugar para hacer rogativas”.

En esta foto esta Hipó­li­to Ernes­to Colihue­que tra­ba­jan­do en una mar­ca­ción de ter­ne­ros en el cam­po. Foto con­ce­di­da por la fami­lia Catri­man Colihueque.

Para Isa­bel, estas rela­cio­nes se estre­chan y pro­fun­di­zan al levan­tar cere­mo­nias, las que rea­li­za como le ense­ñó su abue­la. Al lle­gar al cam­po, iden­ti­fi­có el lugar don­de debía estar el rewe (lugar sagra­do y cere­mo­nial) de su fami­lia y, des­de enton­ces, las cere­mo­nias fue­ron par­te de su vida coti­dia­na en el lugar. 

Don­de está la caña, ahí hago la roga­ti­va. En la madru­ga­da se hace. A veces vie­nen otros mapu­che, otros her­ma­nos de otros lados. En cuan­to nece­si­to, o antes igual, para no estar amar­ga­da, hago mis roga­ti­vas. Siem­pre le pido a futa­chao andar bien de salud. Esté como esté, esté nevan­do, no impor­ta, se abri­ga bien y hay que salir. Y como que levan­ta el espí­ri­tu. Te cam­bia todo. Te da más fuer­za, más for­ta­le­za. No te due­le los hue­sos, te saca todo. Pero hay que pedir

(e.p I.C., mayo 2020).

No obs­tan­te, tan­to la rela­cio­na­li­dad con su entorno –de la que depen­de la salud y el bien­es­tar de la fami­lia Catri­man Colihue­que– como la auto-sub­sis­ten­cia eco­nó­mi­ca están sien­do ame­na­za­das por el hos­ti­ga­mien­to que hoy están sufriendo: 

Aho­ra no estoy tran­qui­la, a las tres de la maña­na me levan­to. Nun­ca andu­ve mal con los veci­nos, ellos saben que yo siem­pre estu­ve acá. Pero aho­ra ando mal por­que están estos… Me pone mal. Vis­te que andan con prepotencia 

(e.p I.C., mayo 2020).

El ini­cio del con­flic­to: “nos ence­rra­ron en nues­tro pro­pio campo”

Unos meses atrás, Isa­bel pasa­ba sus días cui­dan­do de sus ove­jas, tra­ba­jan­do en la quin­ta e hilan­do y tejien­do en el telar. Según nos con­tó, esta situa­ción cam­bió por com­ple­to en febre­ro del año 2020, cuan­do Luciano Free­man –hijo de Lucio Free­man– le infor­ma a Isa­bel que tie­ne posi­bles com­pra­do­res para el cam­po, y que es muy impor­tan­te que ella fir­me unos pape­les. Ante esta impo­si­ción repen­ti­na, Isa­bel se resis­tió a fir­mar el escri­to, sabien­do que ella era par­te de ese terri­to­rio y que nadie tenía dere­chos para sacar­la de allí. 

La bús­que­da pre­po­ten­te y ansio­sa de la fir­ma de un pobla­dor o pobla­do­ra mapu­che his­tó­ri­ca­men­te ha sido emer­gen­te de un enga­ño, y del inten­to de con­ver­tir esa tra­mo­ya en docu­men­to. Por lo tan­to, Isa­bel des­con­fió. Glo­ria Colihue­que, la hija de Isa­bel, deta­lla con exac­ti­tud la cons­truc­ción de esa far­sa y el enga­ño que esta­ban que­rien­do documentar. 

Al rato me lla­ma Luciano Free­man y me dice que ten­go que ir yo a ver al abo­ga­do de él. Yo le digo que no ten­go nada que hablar con ese abo­ga­do. La cosa es que lo que que­rían que fir­me era un acuer­do para decir que ella tenía un año para irse, pero esta­ba fecha­do en febre­ro de 2019 y has­ta febre­ro de 2020. Ella si fir­ma­ba ya tenía que estar salien­do. Por eso esta­ban apu­ra­dos para que fir­me. Le que­rían hacer pasar como un acuer­do labo­ral. No corres­pon­de eso. Ade­más le ponían apro­xi­ma­da­men­te 15 años de “un víncu­lo de espe­cie”, algo así. No le ponían 20. Por­que son 20 años que mi fami­lia está ahí. Está la cons­tan­cia de SENASA que hace 20 años están en ese lugar, yo ten­go la ori­gi­nal. Ade­más hay veci­nos para comprobar

(e.p G.C., mayo 2020).

El 6 de mar­zo, Luciano Free­man vuel­ve a la casa de Isa­bel, pero esta vez con mayor pre­po­ten­cia y con amenazas:

Ellos dicen que com­pra­ron, pero es tie­rra fis­cal, dicen que com­pra­ron al hijo de Lucio Free­man (…) Yo esta­ba lim­pian­do mi quin­ta, esta­ba hecha una mona, esta­ba cose­chan­do todas mis ver­du­ras. Y Free­man, Luciano Free­man, que es el hijo de don Lucio lle­gó y me dice: ‘Buen día’, me dice Luciano, ‘hoy es el últi­mo día, dice, que veni­mos acá, tra­ji­mos una escri­ba­na y tie­ne que fir­mar a ver si pode­mos lle­gar a un acuerdo’

(e.p I.C., mayo 2020).

Al día siguien­te, el 7 de mar­zo, Glo­ria inten­ta hacer la denun­cia de los hechos en la comi­sa­ría sin nin­gún éxito.

Yo me había ente­ra­do que iba a pasar, yo hice la denun­cia y no me la toma­ron. Nun­ca se inves­ti­gó. A par­tir del 7 de mar­zo empe­cé a hacer denun­cias. El 6 de mar­zo fue esta gen­te allá a ame­na­zar a mi madre para que fir­me el papel. Y bueno, mi mamá se puso mal, se le subió la pre­sión. Yo esta­ba tra­ba­jan­do en Esquel y ella me avi­so. Fui a la comi­sa­ría 1era y me dicen que no tenían juris­dic­ción para ir has­ta allá, sola­men­te has­ta el puen­te rojo. Tie­ne que ir a Tre­ve­lin. Fui a Tre­ve­lin, en Tre­ve­lin me dicen que no, noso­tros tene­mos sola­men­te has­ta la villa. Lle­ga­mos a la villa

(e.p G.C., mayo 2020).

Según le han comen­ta­do a Isa­bel, los supues­tos nue­vos com­pra­do­res tie­nen como pro­yec­to rea­li­zar una explo­ta­ción de los recur­sos natu­ra­les en este lote lin­de­ro con el Par­que Nacio­nal Los Aler­ces, lo que trans­for­ma­ría por com­ple­to la vida que allí se desa­rro­lla, inclu­so la de los inte­gran­tes de la familia. 

Sen­ta­das en su coci­na espe­rá­ba­mos que estu­vie­ra lis­ta el agua para el mate, cuan­do ella nos empie­za a con­tar “esta his­to­ria que la tie­ne tan angus­tia­da”. Se acer­ca al alma­na­que col­ga­do en la pared, lo des­cuel­ga y nos seña­la la fecha del 5 de mayo del 2020. Ese día, Facun­do Serra (hijo de un empre­sa­rio de Esquel) y Ale­jan­dro Sama­me (vice­pre­si­den­te de la Socie­dad Rural Esquel) se pre­sen­ta­ron en su casa, jun­to con un escri­bano, para avi­sar­le a Isa­bel que eran “los nue­vos due­ños del cam­po” y para dejar cua­tro emplea­dos vigi­lan­do el lugar. Des­de ese momen­to, el deve­nir habi­tual en el terri­to­rio se vió pro­fun­da­men­te alte­ra­do por el empe­ño de estos suje­tos en que­bran­tar la deter­mi­na­ción de Isa­bel y Gre­go­rio de per­ma­ne­cer en el lugar. Isa­bel denun­cia que sufre dife­ren­tes hos­ti­ga­cio­nes de par­te de esos emplea­dos. Luciano Free­man, en com­pli­ci­dad con Serra y Sama­me, com­par­tían el mis­mo inte­rés: la fir­ma de Isa­bel y de su pri­mo cedien­do sus derechos. 

La reite­ra­ción de estos even­tos afec­tó tam­bién la salud de Isa­bel. Si bien ha enfren­ta­do con gran valen­tía cada una de las pre­po­ten­cias de esos suje­tos, en el trans­cu­rrir dia­rio en la sole­dad de su casa, se sue­le ver envuel­ta por el mie­do a “per­der todo lo que tie­ne”: “Me subió la pre­sión. Mi pri­mo se levan­tó y le dije estoy marea­da. Por­que me sube la pre­sión y empie­zo a tem­blar y no hay caso, y me pon­go furiosa”.

Esa fecha en el alma­na­que seña­la el día en el cual “que­da­ron ence­rra­dos en su pro­pio cam­po”. En el con­tex­to de ple­na cua­ren­te­na por la pan­de­mia de coro­na­vi­rus, esos hom­bres ingre­sa­ron al terri­to­rio, ins­ta­la­ron una casi­lla muy cer­ca de la casa de Isa­bel y deja­ron allí cua­tro emplea­dos con el pro­pó­si­to de hos­ti­gar y agre­dir a la familia: 

Hay dos de ellos que tra­ba­jan y otros dos que están vigi­lan­do. Están hacien­do la pla­tea para agre­gar a la casa don­de esta­ba Lucio. En una oca­sión le dije­ron a Gre­go­rio ‘todo lo que entra ten­go que atajarlo’ 

(e.p I.C., mayo 2020).

La fami­lia Catri­man Colihue­que solía cerrar las tran­que­ras de su terri­to­rio con can­da­do con el fin de que los ani­ma­les no se esca­pa­ran y no pisa­ran las zonas de mallín, de lawen y de siem­bra. En los últi­mos días, quie­nes dicen ser los nue­vos pro­pie­ta­rios no sólo cor­ta­ron los can­da­dos anti­guos, sino que ade­más pusie­ron nue­vas cade­nas y can­da­dos, dejan­do sin lla­ve y sin trán­si­to a la fami­lia Catri­man Colihueque.

Me dicen ‘seño­ra noso­tros somos los due­ños de acá y usted no tie­ne por qué poner can­da­do, no tie­ne por qué poner can­da­do’. Me dicen ‘yo cor­te el can­da­do por­que yo puse mis can­da­dos, usted no tie­ne nada que ver acá’. Me dolió tan­to esto que empe­cé a rene­gar y me dicen ‘baja el tono y calla­te la boca’. La úni­ca lla­ve la tie­nen ellos. Ellos van y vie­nen del pue­blo, suben a la laguna 

(e.p I.C., mayo 2020).

Me sien­to muy angus­tia­da y me están fal­tan­do los medi­ca­men­tos, no pue­do salir, estoy bajo lla­ve, nos cor­ta­ron tres can­da­dos y ellos man­dan más que yo. Salen al cam­po a reco­rrer y yo los ten­go que dejar humi­llar­me. Y no pue­de ser esto, sien­do que yo estoy pri­me­ro que ellos acá

(entre­vis­ta en Radio Nacio­nal de Esquel, mayo 2020).

Se suma a esta situa­ción que Glo­ria Colihue­que, úni­ca hija de Isa­bel, tie­ne, des­de abril, una “prohi­bi­ción de acer­ca­mien­to” y una “exclu­sión del hogar” de su mamá, tras dis­cu­tir con uno de los supues­tos com­pra­do­res. Tras estos hechos, Glo­ria no pudo lle­gar al terri­to­rio a cui­dar a su madre y lle­var­le pro­vi­sio­nes a su fami­lia. Esta situa­ción angus­tia aún más la vida de Isabel:

Pero cómo pue­de ser, si mi hija me vie­ne a ver a mí. Así es de terror. Me fal­ta el pas­to, el maíz para las galli­nas, la ave­na, para los ani­ma­les y no me lo pue­den traer. Si me lo iba a traer mi hija. El me quie­re mane­jar a mí

(e.p I.C., mayo 2020).

En pleno con­tex­to de ais­la­mien­to social, pre­ven­ti­vo y obli­ga­to­rio, estos pri­va­dos que cir­cu­lan libre­men­te, obli­ga­ron a Isa­bel y su pri­mo –mayo­res de 60 años– a que­dar aco­rra­la­dos en el medio del bos­que. Con el agra­van­te de estar con­tro­lan­do arbi­tra­ria­men­te quié­nes pue­den entrar o no en el terri­to­rio. Isa­bel recla­ma y hace públi­ca estas injus­ti­cias y exi­ge a la jus­ti­cia actuar inmediatamente: 

La jus­ti­cia tie­ne que hacer algo para mí tam­bién, ¿cómo van a tirar para los que tie­nen pla­ta?, y yo por­que soy pobre me quie­ren humi­llar? No, bas­ta. Yo estoy sola y no ten­go nin­gún ampa­ro. Sola­men­te mi hija. Mi hija no está pudien­do pasar, me está hacien­do fal­ta todo acá, pas­to, ali­men­to para los ani­ma­les, y a mí si se me mue­ren los ani­ma­les, quién me lo va a reco­no­cer eso? Voy a tener pura pér­di­da, no pue­de ser esto (…) Para ellos vie­ne la auto­ri­dad ense­gui­da pero para Isa­bel no hay justicia

(entre­vis­ta en Radio Nacio­nal de Esquel, mayo 2020).

Mien­tras Isa­bel esta­ba sien­do hos­ti­ga­da por los emplea­dos apos­ta­dos en el cam­po, la poli­cía de la pro­vin­cia de Chu­but reali­zó tres alla­na­mien­tos en su terri­to­rio: dos en el inte­rior de la vivien­da y uno en el exte­rior. El argu­men­to del per­so­nal de la fuer­za de segu­ri­dad fue que bus­ca­ban armas. Sin embar­go, dice Isa­bel, estos agen­tes entra­ron a la vivien­da y “revol­vie­ron sus per­te­nen­cias sin mos­trar las órde­nes judi­cia­les” correspondientes.

La pre­sen­cia del Pue­blo Mapu­che y Tehuel­che: “vinie­ron mis lam­gen, puse mi bandera” 

Isa­bel se encon­tró a sus casi ochen­ta años luchan­do en defen­sa de su terri­to­rio. Tomó enton­ces la ini­cia­ti­va de levan­tar la ban­de­ra mapu­che en el rewe que está en la entra­da de su casa y bus­có el apo­yo y la soli­da­ri­dad de otras comu­ni­da­des y orga­ni­za­cio­nes mapu­che y tehuel­che. En un con­tex­to en el que la cir­cu­la­ción de per­so­nas no es posi­ble, ha sido cen­tral para la lucha de Isa­bel el acom­pa­ña­mien­to de la Lof Pai­la­ko, una comu­ni­dad mapu­che tehuel­che cuyo terri­to­rio está casi lin­dan­do con el de Isabel. 

Esta Lof había recu­pe­ra­do terri­to­rio ances­tral en el mes de enero del 2020 en el Par­que Nacio­nal los Aler­ces. Mien­tras nos acom­pa­ña­ba has­ta la casa de Isa­bel, uno de los inte­gran­tes de la Lof Pai­la­ko, sin­te­ti­za­ba de este modo la his­to­ria de la región: 

El terri­to­rio de Isa­bel no está en Par­ques, son tie­rras fis­ca­les. A mí me con­ta­ron que acá vivían pobla­do­res mapu­che y que cuan­do lle­ga­ron los wing­ka y los fue­ron aco­rra­lan­do hacia la mon­ta­ña y muchos murie­ron de ham­bre. En esta región, el Esta­do se hizo pre­sen­te median­te la escue­la y la poli­cía fron­te­ri­za, has­ta que lo decla­ran Par­que Nacio­nal y apa­re­cen los guar­da­par­que que eran como mili­ta­res en esa época

(e.p, mayo 2020)

Los y las jóve­nes mapu­che de la comu­ni­dad Pai­la­ko están muy preo­cu­pa­dos por la situa­ción que está vivien­do esta ancia­na. A menu­do, se acer­can a su casa para pre­gun­tar­le cómo se encuen­tra y difun­den los hechos entre las orga­ni­za­cio­nes y comu­ni­da­des del Pue­blo Mapu­che y Tehuel­che (ver comu­ni­ca­dos públi­cos 1 y 2). Lue­go de esta visi­ta, Isa­bel Catri­man levan­tó cere­mo­nia en el rewe y dejó fla­mean­do, en la caña, la ban­de­ra de su pueblo. 

Foto­gra­fía, gru­po Gemas, mayo 2020.

Los emplea­dos de los empre­sa­rios se acer­ca­ron al lugar y exi­gie­ron a Isa­bel que saca­ra la ban­de­ra mapu­che por­que de lo con­tra­rio “infor­ma­rán al Juez sobre las visi­tas que reci­bía y las prác­ti­cas que rea­li­za­ba”. Cuan­do hace tres días lle­ga­mos a la casa de Isa­bel, la ban­de­ra toda­vía fla­mea­ba en su lugar.

Has­ta el momen­to de nues­tra visi­ta, habían sido muy pocas las per­so­nas con las que Isa­bel había podi­do inter­ac­tuar. De par­te de las ins­ti­tu­cio­nes esta­ta­les no hubo nin­gún tipo de inter­ven­ción ni acer­ca­mien­to, a excep­ción de la poli­cía, que ya había ido tres veces, pero para alla­nar su casa. “Acá no lle­ga nadie”, repe­tían. Las úni­cas visi­tas que reci­bían Isa­bel y Gre­go­rio eran, ade­más de las de su sobrino, las de los chi­cos y las chi­cas de la Lof Pailako. 

Isa­bel y Gre­go­rio son dos per­so­nas mayo­res que, en medio de la cua­ren­te­na, en vez de sen­tir­se res­guar­da­dos en su pro­pia casa, sien­ten mie­do por­que pasan sus días vigi­la­dos, agre­di­dos y ame­na­za­dos. Ella dijo, mien­tras llo­ra­ba en la coci­na angus­tia­da por todo lo que esta­ba pasan­do: “yo soy pobre pero tie­ne que haber una jus­ti­cia para mí”. 

El con­flic­to en tér­mi­nos jurí­di­cos: “yo soy pobre pero tie­ne que haber una jus­ti­cia para mí”

Para el 14 de mayo, cuan­do habla­mos por pri­me­ra vez con Sonia Iva­noff, la úni­ca línea de inves­ti­ga­ción que esta­ba abier­ta era la “prohi­bi­ción de acer­ca­mien­to”, lle­va­da a cabo por el juez Jor­ge Cria­do, a la hija de Isabel. 

Sonia Iva­noff, abo­ga­da espe­cia­lis­ta en dere­chos indí­ge­nas, defen­so­ra de Isa­bel, expli­ca en Radio Nacio­nal de Esquel que, a nivel judi­cial, el tras­fon­do del con­flic­to es una dispu­ta por el “dere­cho al real ocu­pan­te”. En pala­bras de la abo­ga­da, la ley de tie­rras públi­cas y tie­rras fis­ca­les en la pro­vin­cia de Chu­but, pon­de­ra y pri­vi­le­gia al “real ocupante”.

Esta­mos denun­cian­do en tér­mi­nos lega­les a estas per­so­nas que se ins­ta­la­ron en el lugar don­de habi­ta Isa­bel, por “per­tur­ba­ción de la pose­sión y des­po­jo”. No obs­tan­te, estas per­so­nas dicen ser pro­pie­ta­rias, pero aún el titu­lar nomi­nal sigue sien­do el Esta­do. Es decir, que quien ven­dió estas “mejo­ras” como una heren­cia de su padre y dere­chos here­di­ta­rios, no era ocu­pan­te real de las pose­sio­nes. Las trans­fe­ren­cias sobre mejo­ras y sesio­nes de dere­chos acor­da­dos por la Ley en tie­rras fis­ca­les tie­nen que estar auto­ri­za­dos por el IAC (Ins­ti­tu­to Autár­qui­co de Colo­ni­za­ción y Fomen­to). Esto impli­ca una segun­da cues­tión. Si el IAC auto­ri­za las ven­tas de estas tie­rras, pri­me­ro tie­ne que rea­li­zar una ins­pec­ción, la cual no fue rea­li­za­da. Segun­do, eva­luar la veri­fi­ca­ción de la tie­rra fis­cal que hizo Isa­bel Catri­man sobre el lote 5. Ter­ce­ro, ver las cons­tan­cias del expe­dien­te. Cuar­to, como Isa­bel Catri­man es par­te del Pue­blo mapu­che, el dere­cho es otro. En este pun­to es impor­tan­te que en la cons­ti­tu­ción de Chu­but, el artícu­lo 95 auto­ri­za que el Esta­do pro­vin­cial adju­di­que inclu­so a títu­lo pro­pie­dad indi­vi­dual a las fami­lias indí­ge­nas. Por tal moti­vo, el IAC debe soli­ci­tar a la Comi­sión de Tie­rras Indí­ge­nas (ver nota del dia­rio) (…) Enton­ces hay muchas irre­gu­la­ri­da­des des­de el pun­to de vis­ta admi­nis­tra­ti­vo en como obtu­vie­ron la adju­di­ca­ción de las tie­rras (…) El tener una escri­tu­ra y una auto­ri­za­ción no les da para hacer el acto que han hecho de des­po­jo. Por­que no está lega­li­za­do, no está con­fir­ma­do y no está con­va­li­da­do esa auto­ri­za­ción, esa escri­tu­ra, y esa com­pra ven­ta de la tie­rra fiscal

(S. I. entre­vis­ta en Radio Nacio­nal de Esquel, mayo 2020).

El 5 de mayo, la abo­ga­da que está defen­dien­do a Isa­bel piden una medi­da cau­te­lar des­cri­bien­do de este modo el “con­tex­to fáctico”.

De los hechos rela­ta­dos en la pre­sen­ta­ción ini­cial emer­ge: el día 05 de mayo de 2020 los denun­cia­dos Ale­jan­dro Sama­me, Facun­do Nahuel Serra, Auden­cio Díaz, Pablo Leo­nar­do Díaz, Rober­to Eduar­do Coc­co Rodrí­guez y Gas­tón Lucas Mar­chan, irrum­pie­ron en la pro­pie­dad de la Sra. Isa­bel Catri­man, rom­pie­ron el can­da­do de la tran­que­ra, diri­gién­do­se hacia ella y su gru­po fami­liar ame­na­zán­do­la con que la mata­rían y la iban a correr del terri­to­rio o ter­mi­nar muer­ta. Deja­ron allí apos­ta­dos a cua­tro hom­bres, a vein­te metros de la vivien­da, ais­lán­do­la de sus con­tac­tos y fami­lia­res quie­nes la ayu­dan al tras­la­do al pues­to sani­ta­rio “Los Aler­ces” para lle­var a cabo los con­tro­les dia­rios de pre­sión arte­rial, por ser pacien­te de alto ries­go, pade­cer hiper­ten­sión y una car­dio­pa­tía aten­di­da por el Dr. Serebrinsky

(Medi­da cau­te­lar, mayo 2020)

El 16 de este mes, la jue­za Marie­la Gon­zá­lez de la ciu­dad de Esquel apro­bó par­cial­men­te la medi­da cau­te­lar a favor de la abue­la mapu­che Isa­bel Catri­man (ver prin­ci­pa­les pun­tos). Esta medi­da prohí­be el acer­ca­mien­to al pre­dio de Lagu­na Lar­ga a Ale­jan­dro Sama­mé, Nahuel Serra, Auden­cio y Pablo Díaz, Rober­to Coc­co Rodrí­guez y Gas­tón Mar­chan. La magis­tra­da fun­da­men­ta su fallo en la con­di­ción de “mujer rural” y en la efec­ti­va ocu­pa­ción de la ancia­na en el terri­to­rio, enmar­cán­do­lo en la Con­ven­ción para la Eli­mi­na­ción de Todas las For­mas de Dis­cri­mi­na­ción con­tra la Mujer (CEDAW).

Cuan­do salió esta medi­da, con­ver­sa­mos con la hija de Isa­bel, Glo­ria Colihue­que. Ella esta­ba con­ten­ta con la dis­po­si­ción de la cau­te­lar, aun cuan­do en la coti­dia­nei­dad de su fami­lia, las con­di­cio­nes siguen sien­do adversas:

Ayer pude ir a visi­tar a mi mamá, me die­ron per­mi­so para lle­var­le ali­men­tos y medi­ca­men­tos, pero que como cam­bia­ron el can­da­do tuve que ir cami­nan­do (ese día llo­vió muchí­si­mo en Esquel). Fui cami­nan­do, nomás, cru­za­mos la pasa­re­la, has­ta la rodi­lla el agua del arro­yo, nos moja­mos todos. Le lle­va­mos ali­men­tos para ella y la medi­ca­ción sobre todo. Enci­ma el arro­yo lle­va mucha agua, vamos a ver si rein­te­gran los can­da­dos, sino no sé cómo vamos a hacer para acce­der den­tro de unas semanas

(e.p G.C, mayo 2020).

Algu­nas reflexiones

Los temo­res de Isa­bel Catri­man están lejos de haber­se disi­pa­do, así como su deter­mi­na­ción para defen­der el terri­to­rio se man­tie­ne más fuer­te que nun­ca. Acor­da­mos con Isa­bel y su fami­lia que el gru­po GEMAS con­ti­nua­ría recons­tru­yen­do los even­tos del con­flic­to y acom­pa­ñan­do a la Lof Catri­man Colihue­que para que no se trans­gi­ver­se la información. 

Has­ta la fecha, y fren­te a los rela­tos de que cita­mos en este escri­to, qui­sié­ra­mos hacer dos refle­xio­nes. Por un lado, cree­mos que es impor­tan­te sub­ra­yar la ile­ga­li­dad evi­den­te de las accio­nes lle­va­das a cabo por Free­man (hijo), Sama­me y Serra. Pero más nos preo­cu­pa la faci­li­dad con la que esas prác­ti­cas pue­den deve­nir lega­les –a tra­vés de enga­ños, arti­lu­gios y vio­len­cias– en un Esta­do que habi­li­ta cir­cui­tos de “lega­li­za­ción de enga­ños”. La his­to­ria de Isa­bel y su fami­lia ten­dría, al menos, que haber des­per­ta­do la indig­na­ción de muchos fun­cio­na­rios esta­ta­les y la ini­cia­ti­va de empren­der una inves­ti­ga­ción pro­fun­da. Algu­nos Jue­ces, fuer­zas de segu­ri­dad y empre­sa­rios o terra­te­nien­tes loca­les pare­cie­ran estar actua­li­zan­do las mis­mas redes de con­ni­ven­cia que lle­va­ron a cabo el des­po­jo del Pue­blo Mapu­che des­de prin­ci­pios del siglo XX (al res­pec­to ver aná­li­sis sobre la Lof Bue­nu­leo, S.C de Bari­lo­che, mayo 2020). 

Por otro lado, el tema es mucho más serio en un con­tex­to de emer­gen­cia sani­ta­ria, en el que las per­so­nas no pue­den cir­cu­lar libre­men­te por el terri­to­rio, en el que muchas ins­ti­tu­cio­nes están fun­cio­nan­do irre­gu­lar­men­te, en el que las fuer­zas de segu­ri­dad tie­nen un mayor poder de con­trol sobre la pobla­ción y en el que el ais­la­mien­to de dos per­so­nas mayo­res en el cam­po tie­ne otras con­se­cuen­cias. Mien­tras el Esta­do debía cui­dar las segu­ri­dad de sus ciu­da­da­nos, los ancia­nos Isa­bel y Gre­go­rio esta­ban sien­do enga­ña­dos, ame­na­za­dos, ais­la­dos y alla­na­dos en sus hoga­res. El con­flic­to en Lagu­na Lar­ga mues­tra tam­bién la des­igual­dad con la que se admi­nis­tran los per­mi­sos o los con­tro­les de cir­cu­la­ción en con­tex­to de cua­ren­te­na, pues­to que mien­tras los terra­te­nien­tes y sus emplea­dos lle­ga­ban al terri­to­rio sin difi­cul­tad, las orga­ni­za­cio­nes mapu­che y de dere­chos huma­nos y otras Lof que qui­sie­ron acom­pa­ñar y soli­da­ri­zar­se con Isa­bel y Gre­go­rio no pudie­ron acce­der al lugar.

Docu­men­tos con­sul­ta­dos:

FUENTE: Gemas Memoria

Itu­rria /​Fuen­te

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Twitter
Facebook
Telegram

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *