Mozam­bi­que. Cabo Del­ga­do: el olvi­da­do nor­te don­de el terro­ris­mo encar­na la mal­di­ción de los recursos

Por María J. Rivas, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 2 de diciem­bre de 2020.

Aldeia da Paz, una aldea a las afue­ras de Maco­mia tras reci­bir un ata­que terro­ris­ta. Foto: Mar­co Longari/​AFP. Getty Images

La pro­vin­cia más sep­ten­trio­nal de Mozam­bi­que, Cabo Del­ga­do, es esce­na­rio des­de 2017 de los ata­ques del gru­po terro­ris­ta Al Sha­baab. El gru­po siem­bra el terror entre los loca­les y tie­ne en jaque al Gobierno de la todo­po­de­ro­sa FRELIMO, que has­ta aho­ra está per­dien­do la par­ti­da. La pro­vin­cia es, ade­más, rica en recur­sos natu­ra­les. Allí se des­cu­brie­ron en 2010 enor­mes depó­si­tos de gas que pue­den con­ver­tir a Mozam­bi­que, un país que está a la cola del desa­rro­llo, en uno de los gran­des expor­ta­do­res mundiales.

De cómo una tie­rra pue­de ser el infierno y El Dora­do al mis­mo tiempo

En agos­to de este año mili­tan­tes isla­mis­tas toma­ron la ciu­dad por­tua­ria de Mocím­boa da Praia en la pro­vin­cia de Cabo Del­ga­do, situa­da al nor­te de Mozam­bi­que. La ofen­si­va, rei­vin­di­ca­da por el Esta­do Islá­mi­co, dejó dece­nas de muer­tos y puso en evi­den­cia a un Gobierno y unas Fuer­zas de Segu­ri­dad inca­pa­ces de recu­pe­rar el con­trol de la ciu­dad mien­tras los terro­ris­tas han con­ti­nua­do ata­can­do otras localidades.

Des­de su ini­cio en 2017 los ata­ques terro­ris­tas en Cabo Del­ga­do han cau­sa­do más de 2.000 víc­ti­mas, según The Armed Con­flict Loca­tion & Event Data Pro­ject (ACLED). El con­flic­to y la inse­gu­ri­dad ali­men­ta­ria de la zona tam­bién han pro­vo­ca­do, según Nacio­nes Uni­das, el des­pla­za­mien­to de más de 300.000 per­so­nas que depen­den por com­ple­to de la ayu­da humanitaria.

Situa­da en la fron­te­ra con Tan­za­nia, Cabo Del­ga­do es la pro­vin­cia más sep­ten­trio­nal de Mozam­bi­que, estan­do su capi­tal, Pem­ba, a más de 2.000 kiló­me­tros de Mapu­to. A la pro­vin­cia en la que empe­zó la lucha por la inde­pen­den­cia de Por­tu­gal se la cono­ce hoy como Cabo Esque­ci­do, un olvi­do que la ha con­ver­ti­do, y pese a ser rica en recur­sos natu­ra­les, en una de las pro­vin­cias más pobres del país.

La tie­rra que fue esce­na­rio de heroi­cas bata­llas lo es aho­ra de un fenó­meno yiha­dis­ta sin líder cono­ci­do ni rei­vin­di­ca­cio­nes con­cre­tas y sobre cuya natu­ra­le­za toda­vía se dis­cu­te. Sí pare­ce cla­ro que en su ori­gen está el pro­se­li­tis­mo pro­pio de las redes isla­mis­tas que, como en tan­tos otros luga­res, encuen­tra un exce­len­te cala­de­ro en una juven­tud sin empleo ni expec­ta­ti­vas, que mal­vi­ve en una región apar­ta­da y aban­do­na­da por el Gobierno.

Al Sha­baab (los jóve­nes), como se cono­ce al gru­po terro­ris­ta que ope­ra en Cabo Del­ga­do, sur­gió en torno a 2014 como un gru­po de jóve­nes radi­ca­li­za­dos de pobla­das bar­bas y blan­cos tur­ban­tes que exhi­bían armas blan­cas como sím­bo­lo de la yihad que pro­pug­na­ban. En sus ini­cios se hacían lla­mar Ahlu Sun­na Wal-Jamaa (adep­tos de la tra­di­ción pro­fé­ti­ca y la con­gre­ga­ción) y, según inves­ti­ga­do­res del Ins­ti­tu­to de Estu­dos Sociais e Eco­nó­mi­cos, habrían esta­do en con­tac­to con célu­las fun­da­men­ta­lis­tas de Tan­za­nia, Kenia y Soma­lia y con líde­res espi­ri­tua­les de Ara­bia Sau­dí, Libia y Sudán. Tam­bién se habla de la influen­cia de los vídeos del clé­ri­go keniano Aboud Rogo, quien ins­pi­ró a los terro­ris­tas soma­líes de Al Sha­baab, gru­po vin­cu­la­do a Al Qae­da con el que los de Cabo Del­ga­do com­par­ten nom­bre aun­que no for­man par­te de la mis­ma estructura.

Los miem­bros de Al Sha­baab se enfren­ta­ron a los líde­res islá­mi­cos tra­di­cio­na­les de Cabo Del­ga­do a los que con­si­de­ra­ban Káfir (infie­les), y estos res­pon­die­ron expul­sán­do­los de sus mez­qui­tas. Las auto­ri­da­des, aun­que fue­ron adver­ti­das de la radi­ca­li­za­ción cre­cien­te, opta­ron por no actuar y mien­tras el gru­po se orga­ni­za­ba mili­tar­men­te. Y así, de for­ma simi­lar a lo que ocu­rrió con Boko Haram en Nige­ria, el gru­po pasó de sec­ta reli­gio­sa mar­gi­nal a orga­ni­za­ción armada.

Al Sha­baab, que ini­cial­men­te reclu­ta­ba segui­do­res ofre­cién­do­les peque­ños prés­ta­mos y empleos o finan­cian­do su edu­ca­ción islá­mi­ca en el exte­rior, reali­zó su pri­mer ata­que vio­len­to en octu­bre de 2017. Des­de enton­ces los ata­ques han ido en aumen­to y el gru­po ha sem­bra­do el terror ase­si­nan­do a mili­ta­res y civi­les (a menu­do deca­pi­tán­do­los), arra­san­do aldeas, roban­do y des­tru­yen­do infra­es­truc­tu­ras. La pobla­ción huye aban­do­nán­do­lo todo, sus casas y los cul­ti­vos que son su medio de vida. Uno de los ata­ques más gra­ves tuvo lugar en Xita­xi, don­de más de 50 jóve­nes fue­ron ase­si­na­dos por, según la Poli­cía, no que­rer unir­se a los insurgentes.

En la actua­li­dad, la reali­dad es que resul­ta difí­cil cono­cer con cer­te­za lo que ocu­rre en Cabo Del­ga­do. Se han denun­cia­do varias deten­cio­nes  y des­apa­ri­cio­nes de perio­dis­tas y se acu­sa al Gobierno de haber impues­to un cie­rre infor­ma­ti­vo, aun­que este lo des­mien­te dicien­do que las difi­cul­ta­des para acce­der e infor­mar des­de la zona son con­se­cuen­cia del esta­do de gue­rra que se vive.

En 2018 el gru­po col­gó un vídeo en las redes socia­les en el que mani­fes­ta­ba su inten­ción de jurar obe­dien­cia al Esta­do Islá­mi­co, y en junio de 2019 este rei­vin­di­có por pri­me­ra vez uno de los ata­ques rea­li­za­dos en Cabo Del­ga­do, como lue­go ha hecho con otros pos­te­rio­res. Una prue­ba más de que, tras las derro­tas sufri­das en Siria e Irak, el ISIS se está vol­vien­do hacia sus filia­les en Áfri­ca, “sus pro­vin­cias”, como la de Áfri­ca Cen­tral que inclu­ye Repú­bli­ca Demo­crá­ti­ca del Con­go y Mozambique.

Los últi­mos ata­ques, como la toma de Mocím­boa da Praia, pare­cen más sofis­ti­ca­dos y mues­tran que el gru­po tie­ne más recur­sos, recur­sos que, en par­te, obten­dría de las nume­ro­sas acti­vi­da­des ilí­ci­tas de una zona don­de se dan todo tipo de trá­fi­cos (per­so­nas, heroí­na, mar­fil, made­ra, oro y pie­dras pre­cio­sas, etc.).

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FRELIMO, que gobier­na Mozam­bi­que des­de la inde­pen­den­cia y que arra­só en las cues­tio­na­das elec­cio­nes de 2019, está per­dien­do la par­ti­da con­tra Al Sha­baab. MARÍA J. RIVAS.

En el inten­to de encon­trar una expli­ca­ción a la apa­ri­ción de Al Sha­baab, algu­nos han vis­to tam­bién un fac­tor étni­co en su ori­gen y alu­den al sen­ti­mien­to de mar­gi­na­ción que tie­nen los mwa­ni que habi­tan en la zona. Los mwa­ni, en su mayo­ría musul­ma­nes, rece­lan de los cató­li­cos makon­de por la cer­ca­nía de estos al poder y sus ganan­cias. De hecho, son los makon­de, que en su momen­to apo­ya­ron a la aho­ra todo­po­de­ro­sa FRELIMO en la lucha por la inde­pen­den­cia, los que copan los altos car­gos de la Admi­nis­tra­ción y las Fuer­zas Armadas.

Hay coin­ci­den­cia en la mayo­ría de los ana­lis­tas sobre la impor­tan­cia cen­tral que tie­ne la situa­ción socio-eco­nó­mi­ca de Cabo Del­ga­do en este fenó­meno de radi­ca­li­za­ción.  Se tra­ta de una de las pro­vin­cias más rura­les y pobres del país, con tasas de anal­fa­be­tis­mo y des­em­pleo ‑espe­cial­men­te entre los jóve­nes- que están entre las más altas, y con peo­res ser­vi­cios e infra­es­truc­tu­ras. Y ello pese a ser la zona del país más rica en recur­sos natu­ra­les como, entre otros, el gas natu­ral, del que se des­cu­brie­ron en 2010 unos enor­mes depó­si­tos en la bahía de Rovu­ma que pue­den con­ver­tir a Mozam­bi­que en uno de los gran­des expor­ta­do­res mun­dia­les. Los mega­pro­yec­tos gasís­ti­cos, explo­ta­dos por mul­ti­na­cio­na­les extran­je­ras como Total, Exxon­Mo­bil y ENI, supo­nen ingen­tes inver­sio­nes y se espe­ra que vía impues­tos lle­nen las arcas del Esta­do en los pró­xi­mos años. La pro­vin­cia tie­ne, ade­más, gran­des reser­vas de rubíes que explo­ta la socie­dad Mon­te­puez (par­ti­ci­pa­da por la empre­sa bri­tá­ni­ca Gem­fields y por un vie­jo y pode­ro­so gene­ral de FRELIMO, Rai­mun­do Pachi­nua­pa).

La explo­ta­ción de esos recur­sos natu­ra­les gene­ra des­con­ten­to en la pobla­ción local por lo que supo­ne de pér­di­da de tie­rras y de medios de vida tra­di­cio­na­les. No hace mucho, la expul­sión por la fuer­za de miles de garim­pei­ros (mine­ros infor­ma­les) lle­gó a los Tri­bu­na­les bri­tá­ni­cos, con una deman­da por abu­sos gra­ves que ter­mi­nó con el pago por Gem­fields de una indem­ni­za­ción millo­na­ria. Y los bene­fi­cios que deri­van de esa explo­ta­ción lejos de ir a las comu­ni­da­des van, ade­más de a las mul­ti­na­cio­na­les, a las éli­tes de FRELIMO, no en vano  la corrup­ción es uno de los gran­des males del país. Ni siquie­ra se espe­ra que la mayo­ría de los empleos que gene­re la explo­ta­ción del gas sean para los tra­ba­ja­do­res loca­les, dada su poca cualificación.

De cómo FRELIMO, deja­da atrás su vie­ja lucha con­tra RENAMO, com­ba­te aho­ra a un nue­vo y menos cono­ci­do enemigo

En Mozam­bi­que el enfren­ta­mien­to FRELIMO-RENAMO ha sido casi una cons­tan­te des­de su inde­pen­den­cia de Por­tu­gal en 1975. La gue­rra civil, un table­ro más de la Gue­rra Fría, duró de 1977 a 1992 y cau­só cien­tos de miles de muer­tos y des­pla­za­dos. El con­flic­to resur­gió de 2013 a 2016, y fue en agos­to de 2019 cuan­do se fir­mó el últi­mo Acuer­do de Paz, el ter­cer, y se espe­ra que defi­ni­ti­vo, inten­to de aca­bar con un con­flic­to pro­pio de otras épocas.

FRELIMO, que gobier­na Mozam­bi­que des­de la inde­pen­den­cia y que arra­só en las cues­tio­na­das elec­cio­nes de octu­bre de 2019, ya no tie­ne que ocu­par­se de un vie­jo enemi­go al que le tenía toma­da la medi­da. Al Sha­baab, su nue­vo enemi­go, es más des­co­no­ci­do y tie­ne al Gobierno des­co­lo­ca­do y, de momen­to, superado.

La res­pues­ta del Gobierno a la cre­cien­te vio­len­cia terro­ris­ta del gru­po ha ido evo­lu­cio­nan­do. De qui­tar ini­cial­men­te impor­tan­cia a los ata­ques con­si­de­rán­do­los obra de ban­di­dos, se ha pasa­do a reco­no­cer la natu­ra­le­za del pro­ble­ma, aun­que insis­tien­do en ver­lo como una agre­sión exter­na. En la prác­ti­ca se ha apos­ta­do por una res­pues­ta emi­nen­te­men­te mili­tar, refor­zan­do el envío de tro­pas (poco entre­na­das y mal paga­das) y con­tra­tan­do a com­pa­ñías pri­va­das de segu­ri­dad (los mer­ce­na­rios rusos del gru­po Wag­ner habrían deja­do paso a los mer­ce­na­rios suda­fri­ca­nos del gru­po DAG), una estra­te­gia que no está dan­do resul­ta­do pues­to que los ata­ques se han mul­ti­pli­ca­do en los últi­mos meses. Ade­más, la actua­ción de las Fuer­zas de Segu­ri­dad hace tiem­po que se cri­ti­ca por su impli­ca­ción en vio­la­cio­nes gra­ves de dere­chos huma­nos. Recien­te­men­te, sal­ta­ron las alar­mas a raíz de un vídeo que cir­cu­la­ba por la Red en el que una mujer des­nu­da era gol­pea­da de mane­ra bru­tal y lue­go ase­si­na­da por hom­bres que ves­tían uni­for­mes mili­ta­res.

Por su par­te, algu­nos jue­ces encar­ga­dos de juz­gar a los terro­ris­tas recla­man al Gobierno una mejor capa­ci­ta­ción, y seña­lan que la fal­ta de prue­bas hace que muchos de los dete­ni­dos sos­pe­cho­sos de terro­ris­mo ten­gan que ser absueltos.

Lo que pare­ce ser una prio­ri­dad es que los ata­ques en Cabo Del­ga­do no afec­ten al nego­cio del gas. Tras la toma por los isla­mis­tas del puer­to de Mocím­boa da Praia, situa­do a pocos kiló­me­tros de los gran­des pro­yec­tos gasís­ti­cos que se desa­rro­llan en la loca­li­dad de Pal­ma, el pre­si­den­te Nyu­si garan­ti­zó que estos no esta­ban ame­na­za­dos. A fina­les de agos­to, se anun­ció la fir­ma de un Acuer­do entre el Gobierno y la mul­ti­na­cio­nal fran­ce­sa Total por el que se crea una fuer­za con­jun­ta para dar segu­ri­dad a los pro­yec­tos de la empre­sa en la zona, Acuer­do que para algu­nos supo­ne una pri­va­ti­za­ción de las Fuer­zas de Seguridad.

El Gobierno tam­bién aca­ba de lan­zar la Agên­cia de Des­en­vol­vi­men­to Inte­gra­do do Nor­te, en un reco­no­ci­mien­to implí­ci­to de que la raíz pro­fun­da de la vio­len­cia está en la pobre­za y la fal­ta de opor­tu­ni­da­des. Se tra­ta de un ambi­cio­so plan de más de 700 millo­nes de dóla­res orien­ta­do al desa­rro­llo eco­nó­mi­co de las pro­vin­cias del nor­te y con el que se pre­ten­de, entre otros obje­ti­vos, pro­mo­ver el empleo de los jóve­nes de la zona.

En los últi­mos tiem­pos, el país está vol­vién­do­se cada vez más hacia la comu­ni­dad inter­na­cio­nal en bus­ca de ayu­da. El pre­si­den­te Nyu­si habla­ba hace poco en la ONU de la nece­si­dad de la coope­ra­ción inter­na­cio­nal con­tra el terro­ris­mo en tan­to que ame­na­za trans­na­cio­nal, aun­que sin men­cio­nar la posi­bi­li­dad de una inter­ven­ción extran­je­ra en el país.

Al asu­mir en agos­to la pre­si­den­cia de la Comu­ni­dad de Desa­rro­llo del Áfri­ca Aus­tral (SADC, por sus siglas en inglés), Nyu­si puso el foco en com­ba­tir el terro­ris­mo de for­ma con­jun­ta por los paí­ses que la inte­gran. En la actua­li­dad, aun­que SADC insi­núa estar pre­pa­ran­do algún tipo de inter­ven­ción en el país no está cla­ro si esta lle­ga­rá ni tam­po­co si será de tipo mili­tar, ana­lis­tas como Alex Vines creen que hay poca volun­tad por par­te de Mozam­bi­que y de sus veci­nos para una inter­ven­ción exter­na for­mal. Sí pare­ce nece­sa­ria una mayor cola­bo­ra­ción de la veci­na Tan­za­nia (sepa­ra­da ape­nas de Cabo Del­ga­do por una fron­te­ra muy poro­sa), en espe­cial en el ámbi­to de la inte­li­gen­cia y para el cor­te de líneas de abas­te­ci­mien­to a los insur­gen­tes. Qui­zás Tan­za­nia se impli­que más de con­fir­mar­se que Al Sha­baab es el res­pon­sa­ble de un ata­que recien­te a una pobla­ción tan­za­na situa­da al otro lado del río Rovu­ma, que sepa­ra las fron­te­ras de los dos países.

Mozam­bi­que tam­bién aca­ba de soli­ci­tar la ayu­da de la Unión Euro­pea para luchar con­tra el terro­ris­mo, pidien­do apo­yo logís­ti­co y capa­ci­ta­ción téc­ni­ca, ade­más de ayu­da huma­ni­ta­ria para las per­so­nas desplazadas.

De momen­to, no pare­ce que el pro­ble­ma de la insur­gen­cia que sacu­de el nor­te de Mozam­bi­que vaya a resol­ver­se fácil­men­te. La solu­ción ten­drá que ser tan com­ple­ja como lo es el pro­ble­ma, con medi­das como la capa­ci­ta­ción de las Fuer­zas Arma­das ‑tam­bién en mate­ria de dere­chos huma­nos- y la mejo­ra de sus con­di­cio­nes, la for­ma­ción de los jue­ces, el incre­men­to de los esfuer­zos de inte­li­gen­cia y el esta­ble­ci­mien­to de una mayor coope­ra­ción con los paí­ses veci­nos. Pero para la solu­ción defi­ni­ti­va serán nece­sa­rias, por enci­ma de todas las demás, actua­cio­nes que ata­jen la pobre­za y la des­igual­dad en la zona.

Fuen­te: https://​www​.esglo​bal​.org/​c​a​b​o​-​d​e​l​g​a​d​o​-​e​l​-​o​l​v​i​d​a​d​o​-​n​o​r​t​e​-​d​e​-​m​o​z​a​m​b​i​q​u​e​-​d​o​n​d​e​-​e​l​-​t​e​r​r​o​r​i​s​m​o​-​e​n​c​a​r​n​a​-​l​a​-​m​a​l​d​i​c​i​o​n​-​d​e​-​l​o​s​-​r​e​c​u​r​s​os/, Rebe­lión.

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