Pen­sa­mien­to crí­ti­co. Mien­tras par­te de Cen­troa­mé­ri­ca se aho­ga, par­te de Sura­mé­ri­ca mue­re de sed

Por Ollan­tay Itzam­ná. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 28 de noviem­bre de 2020.

“Mi casa se ha que­da­do bajo el agua… Con mi fami­lia nos refu­gia­mos en una comu­ni­dad veci­na que nos die­ron un lugar­ci­to, pero allí don­de nos ins­ta­la­mos apa­re­ció un naci­mien­to de agua. Enton­ces, nue­va­men­te esta­mos bus­can­do dón­de encon­trar casa…” Es el rela­to de mi ami­go Mario Yat, maya q’echí, padre de dos hijas, en Cam­pur, Car­chá, Alta Vera­paz, a 300 Km de la ciu­dad capi­tal de Guatemala.

Los hura­ca­nes Eta e Iota, hicie­ron estra­gos en la ya difí­cil vida coti­dia­na de indí­ge­nas y cam­pe­si­nos de Cen­troa­mé­ri­ca. El pue­blo Cam­pur, don­de vivían alre­de­dor de 3500 per­so­nas q’echís, aho­ra, es una lagu­na cuya agua, lejos de bajar de nivel, con­ti­núa subien­do. Inclu­so cuan­do los hura­ca­nes ya se mar­cha­ron hace algu­nos días atrás.

Sus habi­tan­tes, refu­gia­dos en las mon­ta­ñas ale­da­ñas, se trans­por­tan hacia la úni­ca pun­ta carre­te­ra, nave­gan­do por enci­ma de sus casas, igle­sias, escue­las, en lan­chas que antes des­co­no­cían. Hace unos días atrás, Car­los Quip, se aho­gó en su inten­to de cru­zar Cam­pur, los bom­be­ros buzos encon­tra­ron su cuer­po en el segun­do piso de una casa bajo agua…

No sólo que las fami­lias indí­ge­nas lo per­die­ron todo, sino que no exis­te mayor apo­yo por par­te del gobierno cen­tral para dre­nar la lagu­na con maquinaria.

Sobre­abun­dan­cia de llu­vias en Cen­troa­mé­ri­ca, sequía en Suramérica

Mien­tras las abun­dan­tes pre­ci­pi­ta­cio­nes plu­via­les últi­mas aho­gan a cen­te­na­res de per­so­nas en Cen­troa­mé­ri­ca, en Amé­ri­ca del Sur, otros tan­tos, se mue­ren de sed y de ham­bre por­que no hay llu­vias. Ocu­rre al mis­mo tiem­po, en el mis­mo Continente.

En los fér­ti­les valles don­de flo­re­cie­ron las impo­nen­tes civi­li­za­cio­nes ayma­ras y que­chuas, aho­ra, cen­te­na­res de per­so­nas, sobre todo niños/​as, pere­gri­nan en los pol­vo­rien­tos cerros “cla­man­do el retorno de las gotas de llu­via a sus dei­da­des en sus pro­pios idiomas”.

Según publi­ca­cio­nes de la NASA, Sura­mé­ri­ca vive, en 2020 la segun­da sequía más infer­nal del pre­sen­te mile­nio. Ello expli­ca los recien­tes dan­tes­cos incen­dios fores­ta­les en La Amazonía.

Las tie­rras de las civi­li­za­cio­nes mayas y las tie­rras de las civi­li­za­cio­nes andi­nas son dife­ren­tes, no sólo en hidro­me­teo­ro­lo­gía, sino en su fer­ti­li­dad. Pero, aho­ra, la con­duc­ta errá­ti­ca de Madre Llu­via, her­ma­na a ambos terri­to­rios en la des­gra­cia com­par­ti­da. Aquí mori­mos aho­ga­dos, y allá mue­ren de sed. ¿Por qué ocu­rre esto? ¿Irre­den­to desig­nio divino? NO.

La Madre Tie­rra per­dió el con­trol de su auto­re­gu­la­ción de tem­pe­ra­tu­ra. Mien­tras en el mar Atlán­ti­co y El Cari­be se incre­men­ta el calor eva­po­ran­do el agua y acti­van­do hura­ca­nes, gene­ran­do cuan­tio­sas llu­vias que lle­gan hacia Cen­troa­mé­ri­ca, en el Océano Pací­fi­co las bajas tem­pe­ra­tu­ras evi­tan la eva­po­ra­ción del agua, y oca­sio­nan ausen­cia de llu­vias. Por ejem­plo, el fenó­meno de La Niña aca­ba de comen­zar en Sura­mé­ri­ca, y gene­ra­rá llu­vias en la par­te nor­te de La Ama­zo­nía y sequía en la par­te más al sur.

Hace un año atrás, como en estos meses, acom­pa­ñé las penu­rias de las fami­lias maya q’echís que pade­cían una sequía infer­nal en Alta Vera­paz, Gua­te­ma­la. En ese enton­ces, ante la muer­te de ríos y lagu­nas, sin llu­vias, fami­lias mayas pere­gri­na­ban, can­de­las y copal en mano, hacia sus recin­tos sagra­dos para pedir el retorno del agua a sus dei­da­des. ¡Jamás creían que un año des­pués, en los mis­mos meses, la llu­via les arre­ba­ta­ría todo lo que tenían!

Cuan­do era niño, corrí por cami­nos y sen­de­ros empi­na­dos del Suran­dino cla­man­do en que­chua el retorno de la llu­via que tar­da­ba en lle­gar… Es una his­to­ria de nun­ca aca­bar, pero que sí aca­ba muchas veces con noso­tros… ¿Cómo expli­car esto? ¿Qué hacer para prevenir?

Tan­to en Amé­ri­ca del Sur, como Cen­troa­mé­ri­ca, a los impac­tos mate­ria­les y sim­bó­li­cos que legó la pan­de­mia del COVID19, se incre­men­tan las con­se­cuen­cias inima­gi­na­bles de la con­duc­ta del agua en las con­di­cio­nes y medios de vida de las fami­lias indí­ge­nas y cam­pe­si­nas sin Esta­do, ni seguros.

Los gobier­nos y esta­dos de los paí­ses impac­ta­dos por estos reite­ra­dos fenó­me­nos leta­les no tie­nen la capa­ci­dad, ni la volun­tad polí­ti­ca, para res­pon­der, mucho menos para pre­ve­nir o miti­gar dichos impactos.

Gobier­nos como el de Gua­te­ma­la, Hon­du­ras, Perú, Bra­sil…, aho­ga­dos en escán­da­los de corrup­ción… asig­nan los pre­su­pues­tos públi­cos para pro­te­ger al sec­tor pri­va­do empre­sa­rial… A los pro­duc­to­res agrí­co­las, indí­ge­nas o no, sólo les que­da seguir cla­man­do cle­men­cia al lejano Cie­lo que tar­da en escuchar.

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