Nues­tra­mé­ri­ca. En Perú y Gua­te­ma­la devo­ra­ron la honestidad

Por José A. Amesty R. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 28 de noviem­bre de 2020.

En el trans­cur­so de pocas sema­nas, han explo­ta­do dos nacio­nes, una sud­ame­ri­ca­na y otra cen­tro­ame­ri­ca­na, pro­duc­to de los altos índi­ces de corrup­ción, entre otras; en las altas, medias y bajas esfe­ras de sus gobier­nos, Perú y Guatemala.

Lo iró­ni­co, es que sus pre­si­den­tes, afir­ma­ron algu­na vez, en el caso de Ale­jan­dro Giam­mat­tei: “per­si­ga­mos la mal­di­ta y asque­ro­sa corrup­ción”; en el caso de Mar­tín Viz­ca­rra: “que se inves­ti­gue todo, inclu­so aque­llas denun­cias que ya fue­ron archi­va­das”. Es obvio, que no pudie­ron, o se deja­ron lle­var por la des­com­po­si­ción social, polí­ti­ca, eco­nó­mi­ca, entre otras, aun­que era su ban­de­ra polí­ti­ca al lle­gar al gobierno.

Eche­mos un vis­ta­zo a algu­nos datos, sobre la corrup­ción en estos dos paí­ses, aun­que lo que da es ver­güen­za; sin extra­ñar­nos, que haya nue­vos casos pron­ta­men­te, ya que al pare­cer los gobier­nos de dere­cha en Ame­ri­ca Lati­na están echan­do aguas, y la corrup­ción los está engullendo.

En el caso del pre­si­den­te peruano Mar­tín Viz­ca­rra, fue des­ti­tui­do por el Con­gre­so Nacio­nal por “inca­pa­ci­dad moral per­ma­nen­te”, pero lo sar­cás­ti­co es que ese Con­gre­so Nacio­nal, más de 60 de sus par­la­men­ta­rios, tie­nen denun­cias en la Fis­ca­lía, algu­nos tie­nen sen­ten­cia pro­ba­da, y están espe­ran­do la deci­sión del Con­gre­so, para que se levan­te su inmu­ni­dad parlamentaria.

Vea­mos que la moción de des­ti­tu­ción del man­da­ta­rio, fue apro­ba­da por 105 votos a favor, 19 en con­tra y cua­tro abs­ten­cio­nes, superan­do amplia­men­te los 87 nece­sa­rios, al cie­rre de una sesión ple­na­ria de casi ocho horas.

Entre quie­nes vota­ron por sacar al pre­si­den­te estu­vie­ron los legis­la­do­res del Fuji­mo­ris­mo, con una lar­ga his­to­ria vin­cu­la­da a la corrup­ción, y que sabo­rea­ron su ven­gan­za, con­tra el hom­bre que les hizo per­der su mayo­ría en el Par­la­men­to, y apo­yó los pro­ce­sos anti­co­rrup­ción que lle­va­ron a pri­sión a su jefa Kei­ko Fujimori.

Tam­bién vota­ron su des­ti­tu­ción legis­la­do­res del ultra­na­cio­na­lis­ta, Unión por el Perú, cuyo prin­ci­pa­les par­la­men­ta­rios están acu­sa­dos de corrup­ción, y que es diri­gi­do des­de la cár­cel por el ex mili­tar Antau­ro Huma­la ‑her­mano el expre­si­den­te Ollan­ta- en pri­sión des­de 2004, por la muer­te de cua­tro poli­cías, duran­te la toma de una comi­sa­ría en un frus­tra­do inten­to de derro­car al expre­si­den­te Ale­jan­dro Toledo.

Asi­mis­mo, los legis­la­do­res de Pode­mos Perú, par­ti­do diri­gi­do por un empre­sa­rio que se ha hecho millo­na­rio con el nego­cio de uni­ver­si­da­des de baja cali­dad, y que fue dete­ni­do acu­sa­do de haber sobor­na­do magis­tra­dos, para lograr la irre­gu­lar ins­crip­ción de su par­ti­do, que res­pon­de a una sec­ta evangélica.

Lo cier­to es, que las denun­cias de corrup­ción son un fla­ge­lo que ha afec­ta­do, al menos, a los últi­mos seis gober­nan­tes perua­nos: Alber­to Fuji­mo­ri, Ale­jan­dro Tole­do, Ollan­ta Huma­la, el sui­ci­da­do Alan Gar­cía, Pedro Pablo Kuczyns­ki, Mar­tín Viz­ca­rra; sin incluir los recien­tes Manuel Merino y Fran­cis­co Sagasti.

Lo cier­to tam­bién es que, las enti­da­des que con­for­man el Esta­do peruano, están, des­de hace muchos años, en un pro­ce­so de degra­da­ción (de la cla­se domi­nan­te), que arras­tra a toda la socie­dad hacía su deba­cle e invia­bi­li­dad como país, cuya cla­se diri­gen­te es inca­paz de resol­ver, y quie­nes no se dan cuen­ta de este pro­ce­so de degra­da­ción social, que pone en jaque a todo su estra­to social, pero que las­ti­mo­sa­men­te el pue­blo peruano, aun heri­do por años de embru­te­ci­mien­to, opre­sión y repre­sión, sin direc­ción polí­ti­ca algu­na, no pue­de capi­ta­li­zar a su favor, esta con­di­ción revolucionaria.

Un caso emble­má­ti­co de corrup­ción en Amé­ri­ca Lati­na, y del cual no esca­pa Perú, son las denun­cias, inves­ti­ga­cio­nes y con­fe­sio­nes de eje­cu­ti­vos del gru­po empre­sa­rial Ode­brecht, quien invo­lu­cra a gober­nan­tes, fun­cio­na­rios y empre­sa­rios perua­nos, ya que entre el 2005 y el 2014, efec­tuó sobor­nos por 29 millo­nes de dóla­res, a cam­bio de los cua­les obtu­vo más de 143 millo­nes de bene­fi­cio, fechas y cifras que figu­ran en un infor­me del Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia de EEUU, y que de acuer­do a las nor­mas del país del nor­te, Ode­brecht debe­rá pagar una mul­ta de más de 3,5 mil millo­nes de dóla­res, por haber entre­ga­do 788 millo­nes de dóla­res, en sobor­nos para obte­ner con­tra­tos del sec­tor público.

Algu­nos his­to­ria­do­res del Perú, sitúan la corrup­ción des­de una pers­pec­ti­va ideo­ló­gi­ca de la corrup­ción (corrup­ción estruc­tu­ral), y cuya expre­sión mejor ela­bo­ra­da es: “ha roba­do, pero ha hecho obras”, refi­rién­do­se a los man­da­ta­rios y fun­cio­na­rios públi­cos peruanos.

En este sen­ti­do, la pro­pia narra­ción de la his­to­ria repu­bli­ca­na perua­na, a tra­vés de tex­tos y no pocos tra­ta­dos de his­to­ria, para la edu­ca­ción supe­rior, ha con­tri­bui­do con la ideo­lo­gía de la jus­ti­fi­ca­ción del robo ofi­cial, del soborno admi­nis­tra­ti­vo y de todo tipo de manio­bras para apo­de­rar­se de millo­nes del pre­su­pues­to nacio­nal, en cada nivel gubernamental.

Cla­ro, en las últi­mas déca­das esta ideo­lo­gía, como per­cep­ción fal­sea­da de la reali­dad, se ha exten­di­do y sofis­ti­ca­do en los pro­ce­sos polí­ti­cos elec­to­ra­les, des­de las elec­cio­nes gene­ra­les a la pre­si­den­cia, has­ta las regio­na­les y municipales.

Hay, pues, enton­ces, según algu­nos his­to­ria­do­res, una corrup­ción de ori­gen his­tó­ri­co, que ha ido con­for­ma­do esa lacra ideo­ló­gi­ca de la corrup­ción. Pero la corrup­ción en el Perú, no tie­ne sola­men­te un ori­gen his­tó­ri­co. Es la mis­ma estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca y social impe­ran­te la que repro­du­ce esa heren­cia his­tó­ri­ca. El con­te­ni­do patri­mo­nia­lis­ta del Esta­do, el carác­ter mar­ca­da­men­te pri­va­ti­za­do de ese apa­ra­to de domi­nio de unas cla­ses sobre otras, diri­ge y pro­mue­ve la ten­den­cia a apro­piar­se de todo lo que sea posi­ble en cuan­to se asu­me una posi­ción de poder.

Y en este sen­ti­do, para aca­bar con la corrup­ción, los cam­bios jurí­di­cos no bas­tan, como lo pro­pu­so, en algún momen­to, el can­di­da­to a la pre­si­den­cia Ollan­ta Huma­la, espe­cial­men­te la no pres­crip­ti­bi­li­dad de los deli­tos de hur­to en agra­vio del Esta­do, y la no apli­ca­ción de los pri­vi­le­gios peni­ten­cia­rios a estos delin­cuen­tes de cue­llo y corbata.

Estas pro­pues­tas son impor­tan­tes, pero insu­fi­cien­tes para ter­mi­nar con el fla­ge­lo que corroe al vie­jo Esta­do peruano, que requie­re una remo­ción total de su actual estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca y social.

Y qué decir de Gua­te­ma­la y la corrup­ción. Ini­cia­mos con un dato nada liviano, suce­di­do el año pasa­do, en rela­ción a la des­com­po­si­ción de la socie­dad guatemalteca.

Las auto­ri­da­des de Gua­te­ma­la, impi­die­ron el ingre­so al país (2019) de un inte­gran­te, de la Comi­sión Inter­na­cio­nal Con­tra la Impu­ni­dad en Gua­te­ma­la (CICIG), el colom­biano Yilen Oso­rio, esta Comi­sión Anti­co­rrup­ción, patro­ci­na­da por la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das ONU, está inves­ti­gan­do a varios inte­gran­tes del gobierno, inclui­do el pre­si­den­te, Jimmy Mora­les, y su her­mano (Samuel Mora­les), que nie­gan todo tipo de acu­sa­cio­nes. Oso­rio diri­ge una inves­ti­ga­ción por pre­sun­ta corrup­ción, en la que esta­rían invo­lu­cra­dos entre otros tam­bién el vice­pre­si­den­te del Con­gre­so, Feli­pe Alejos.

Jimmy Mora­les, fue pre­si­den­te de la Repú­bli­ca de Gua­te­ma­la, entre el 14 de enero de 2016 y el 14 de enero de 2020, tras ser elec­to en las elec­cio­nes gene­ra­les de 2015.

Por supues­to, acti­vis­tas huma­ni­ta­rios y auto­ri­da­des indí­ge­nas ances­tra­les, repu­dia­ron la reten­ción de Oso­rio, ade­más una vein­te­na de orga­ni­za­cio­nes y muni­ci­pa­li­da­des indí­ge­nas, cali­fi­ca­ron de “ver­gon­zo­sa” esa deci­sión de rete­ner al inves­ti­ga­dor colombiano.

La pre­mio Nobel de la Paz de 1992, Rigo­ber­ta Men­chú, pidió ayer a la comu­ni­dad inter­na­cio­nal con­de­nar la reten­ción del inves­ti­ga­dor de la CICIG.

En los últi­mos 11 años, la Comi­sión indi­vi­dua­li­zó nume­ro­sos casos de corrup­ción que invo­lu­cra­ron a más de 600 per­so­nas en Guatemala.

En resu­men, Jimmy Mora­les, es con­si­de­ra­do como el peor pre­si­den­te de la Gua­te­ma­la “demo­crá­ti­ca”, deja un país deso­la­do por la des­igual­dad, el empo­bre­ci­mien­to y el pac­to de corruptos.

Le suce­de, Ale­jan­dro Giam­mat­tei, quien según opi­na­do­res, no impli­ca­rá mayo­res cam­bios para Gua­te­ma­la, más que el aumen­to del auto­ri­ta­ris­mo, la repre­sión y la con­ti­nui­dad del “pac­to de corruptos”.

Con un 57,95% del elec­to­ra­do gua­te­mal­te­co, obtu­vo la vic­to­ria pre­si­den­cial Giam­mat­tei, en medio de unas elec­cio­nes carac­te­ri­za­das por el inter­ven­cio­nis­mo, el law­fa­re y el por­cen­ta­je más alto de abs­ten­cio­nis­mo en la his­to­ria, el 61,41%.

Lle­ga al gobierno gua­te­mal­te­co, con acu­sa­cio­nes en torno, pri­me­ro, a la intro­mi­sión de la Cor­te de Cons­ti­tu­cio­na­li­dad para eli­mi­nar de la con­tien­da elec­to­ral a Thel­ma Alda­na y a Zury Ríos, lo que posi­bi­li­tó el camino elec­to­ral para Giam­mat­tei y San­dra Torres, de la Unión Nacio­nal de la Espe­ran­za (UNE), y segun­do, Ale­jan­dro Giam­mat­tei es cono­ci­do por la masa­cre en el Pavón en 2006. Fue direc­tor del Cen­tro Penal cuan­do se lle­va­ron a cabo una serie de ase­si­na­tos, los cua­les serían demos­tra­dos por la Comi­sión Inter­na­cio­nal Con­tra la Impu­ni­dad en Gua­te­ma­la CICIG, como par­te de una polí­ti­ca de lim­pie­za social y mano dura.

Giam­mat­tei, duran­te la cam­pa­ña elec­to­ral, se encon­tró rodea­do por mili­ta­res y por per­so­nas acu­sa­das de corrup­ción. Ade­más, en dis­tin­tos momen­tos, Ale­jan­dro Giam­mat­tei alar­deó sobre su tono auto­ri­ta­rio y la mano dura es una, de sus pro­me­sas de campaña.

Fue extra­ño, que duran­te un via­je a Tai­wán, los nom­bra­mien­tos de la rama secu­ri­ta­ria, fue­ran hechos por los mili­ta­res, sin su presencia.

A su vez, como si fue­ra poco, diver­sas car­te­ras del Esta­do, se encuen­tran en manos de ex ase­so­res del Ban­co Mun­dial (BM) y el Ban­co Inter­ame­ri­cano de Desa­rro­llo (BID). Todo pare­ce indi­car que en Gua­te­ma­la segui­rá rei­nan­do el neo­li­be­ra­lis­mo blin­da­do por el Ejército.

Una per­la en su ges­tión, es que se suma la impu­ni­dad como polí­ti­ca de Esta­do, don­de Jimmy Mora­les fue jura­men­ta­do como par­te del Par­la­men­to Cen­tro­ame­ri­cano (PARLACEN). Brin­dán­do­le a Mora­les la inmu­ni­dad par­la­men­ta­ria. De momen­to, por don­de se vea, las expec­ta­ti­vas sobre cam­bio en Gua­te­ma­la son prác­ti­ca­men­te nulas. Y ello es una mala noti­cia para quie­nes viven en Gua­te­ma­la y en toda Centroamérica.

Final­men­te, hemos cono­ci­do las últi­mas infor­ma­cio­nes, que tras la apro­ba­ción del pre­su­pues­to neo­li­be­ral para 2021, mani­fes­tan­tes incen­dian el Con­gre­so Nacio­nal y exi­gen la renun­cia del pre­si­den­te Giam­mat­tei, cuyo pre­su­pues­to no pre­vé aumen­tos en las par­ti­das de salud y edu­ca­ción, y tam­po­co en las des­ti­na­das a com­ba­tir la pobre­za y la des­nu­tri­ción infantil.

El pre­su­pues­to de casi 12.800 millo­nes de dóla­res, un 25% más abul­ta­do que el de este año 2020. La mayo­ría de los fon­dos, están diri­gi­dos a infra­es­truc­tu­ras para bene­fi­ciar al sec­tor privado.

El 60% de la pobla­ción, de casi 17 millo­nes de habi­tan­tes de Gua­te­ma­la, la mayo­ría indí­ge­nas, vive en la pobre­za y la des­nu­tri­ción infan­til afec­ta a casi el 50% de los niños meno­res de cin­co años. Ade­más, varias enti­da­des eco­nó­mi­cas y ana­lis­tas advier­ten que es un ries­go que un ter­cio del pre­su­pues­to sea finan­cia­do por deuda.

Asi­mis­mo, el Con­gre­so había apro­ba­do prés­ta­mos por más de 3.800 millo­nes de dóla­res, para aten­der la pan­de­mia, aun­que solo se con­ce­die­ron menos del 15% de esos recur­sos, que no se usa­ron en temas de salud.

Los mani­fes­tan­tes, lle­na­ron la pla­za cen­tral, fren­te al anti­guo pala­cio de gobierno en la capi­tal, por­tan­do ban­de­ras azul y blan­co del país, y pan­car­tas con lemas como “No más corrup­ción”, “Fue­ra Giam­mat­tei” y “Se metie­ron con la gene­ra­ción equivocada”.

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