Cuba. Fidel en la Escue­la de Ofi­cia­les de Mili­cias en Matan­zas hace 60 años: “Uste­des han sido la vanguardia”

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 24 de noviem­bre de 2020.

En este nue­vo ani­ver­sa­rio de la par­ti­da físi­ca del Coman­dan­te Fidel Cas­tro se hace inevi­ta­ble recor­dar­lo como lo que fue siem­pre: un gue­rre­ro de mil bata­llas, un ejem­plo de lucha y un estra­te­ga polí­ti­co, mili­tar e ideo­ló­gi­co, pero sobre todo un revo­lu­cio­na­rio que dio ejem­plo de vivir como se pien­sa y pen­sar todos los días en la feli­ci­dad de su pueblo.

Pla­ya Lar­ga, el 17 de abril de 1961. Foto: Pren­sa Latina/​Sitio Fidel Sol­da­do de las Ideas.

Para pre­pa­rar a los cua­dros de man­dos de los bata­llo­nes de de las Mili­cias Nacio­na­les Revo­lu­cio­na­rias (MNR) nació con mucha fuer­za la Escue­la de Ofi­cia­les de Mili­cias de Matan­zas, con el Capi­tán José Ramón Fer­nán­dez Álva­rez al fren­te, más cono­ci­do por el Galle­go Fer­nán­dez. Sus alum­nos hicie­ron his­to­ria en las are­nas de Pla­ya Girón duran­te el arte­ro ata­que mer­ce­na­rio de abril de 1961.

El aval más recor­da­do por los pri­me­ros alum­nos es haber subi­do el Pico Tur­quino. El entre­na­mien­to gene­ral abar­có infan­te­ría, arme, desar­me, prác­ti­cas de gue­rra de gue­rri­llas, sabo­ta­jes, lan­za­mien­tos de cóc­te­les molo­tov, pri­me­ros auxi­lios, capa­ci­ta­ción cívi­ca, así como cur­sos especiales.

El 24 de noviem­bre de 1960 Fidel apa­re­ció en el acto de gra­dua­ción. Entre los asis­ten­tes se encon­tra­ba Raúl Cas­tro Ruz; Juan Almei­da Bos­que, quien des­de sep­tiem­bre esta­ba como Jefe de Ope­ra­cio­nes de las mili­cias en la pro­vin­cia de Matan­zas, y el Coman­dan­te Ser­gio del Valle. Tam­bién se encon­tra­ban el enton­ces capi­tán Roge­lio Ace­ve­do, quien era Direc­tor Nacio­nal de este tipo de escue­la (en Moa y Pinar del Río se crea­ron otros cen­tros con simi­la­res acti­vi­da­des de índo­le militar).

Los invi­ta­dos, gra­dua­dos y la repre­sen­ta­ción de sec­to­res revo­lu­cio­na­rios, entre ellos obre­ros, estu­dian­tes, cam­pe­si­nos, inte­lec­tua­les, pro­fe­sio­na­les, etc…, pudie­ron reci­bir el men­sa­je del ora­dor principal.

Entre los 536 res­pon­sa­bles de mili­cias y segun­dos tenien­tes gra­dua­dos, estu­vo la pre­sen­cia de 15 muje­res mili­cia­nas. Los gra­dua­dos ase­gu­ra­ban la orga­ni­za­ción de las MNR; los bata­llo­nes se colo­ca­ban en las pri­me­ras líneas de com­ba­te, inclu­yen­do los del sexo femenino.

En 1996, al cum­plir­se 35 años de la vic­to­ria de Pla­ya Girón, Fidel dijo: “Tra­to de ima­gi­nar­me por un ins­tan­te, el momen­to aquel en que el bata­llón de res­pon­sa­bles de mili­cias de esta his­tó­ri­ca escue­la mar­cha­ba hacia los com­ba­tes de Pla­ya Girón y no se detu­vo has­ta tomar aquel pun­to cul­mi­nan­te, cla­ve, deci­si­vo en la Bata­lla de Girón”.

A las cua­tro de la tar­de de aquel 1961 el fue­go se cua­dru­pli­có: ame­tra­lla­mien­to, roc­kets y bom­bas. Pudo haber mie­do, pero el patrio­tis­mo inyec­tó el valor en cir­cuns­tan­cias muy difí­ci­les. Con pos­te­rio­ri­dad los tan­ques, la arti­lle­ría de cam­pa­ña y anti­aé­rea fue­ron apa­re­cien­do. Has­ta el ama­ne­cer del día 18 –entre las cin­co o seis de la maña­na- fue­ron sus­ti­tui­dos por otros bata­llo­nes fres­cos. Regre­sa­ron a Pál­pi­te y lue­go al cen­tral Aus­tra­lia para con­ti­nuar con nue­vas misiones.

Los alum­nos de la Escue­la Nacio­nal de Res­pon­sa­bles de Mili­cias tuvie­ron el gran méri­to de impe­dir que el enemi­go se apo­de­ra­ra de Pál­pi­te.
Según Fidel, en ese lugar fue don­de per­die­ron la gue­rra los mer­ce­na­rios. A con­ti­nua­ción, el dis­cur­so pro­nun­cia­do por Fidel Cas­tro en el acto de gra­dua­ción de los Res­pon­sa­bles de Mili­cia, en la pro­vin­cia de Matan­zas, el 24 de noviem­bre de 1960. 

Fidel Cas­tro y José Ramón Fer­nán­dez, enton­ces direc­tor de la Escue­la de Res­pon­sa­bles de Mili­cias, el 25 de noviem­bre de 1960. Foto: Libo­rio Noval /​Sitio Fidel Sol­da­do de las Ideas

Este acto sen­ci­llo tie­ne para la Revo­lu­ción un gran valor. En pri­mer lugar, es la pri­me­ra vez en nues­tra patria, y tam­bién pode­mos decir es la pri­me­ra vez en Amé­ri­ca, que un gru­po nume­ro­so de obre­ros cuba­nos reci­be su cer­ti­fi­ca­do de gra­dua­ción de res­pon­sa­bles de mili­cia, que quie­re decir de ofi­cia­les de la milicia.

Y no es un cer­ti­fi­ca­do que se otor­ga fácil­men­te. Comen­zó el cur­so hace apro­xi­ma­da­men­te cin­co meses, y comen­zó en la Sie­rra Maes­tra, comen­zó en el pico Tur­quino. Esta Revo­lu­ción comen­zó en la Sie­rra Maes­tra, y así tam­bién las maes­tras volun­ta­rias, las bri­ga­das juve­ni­les, los res­pon­sa­bles de mili­cia, y a todos cuan­tos que­ra­mos pasar por la prue­ba del rigor y del esfuer­zo, comien­zan por la Sie­rra Maestra.

Los sol­da­dos de las colum­nas espe­cia­les de com­ba­te del Ejér­ci­to Rebel­de, deben esca­lar diez veces el pico Tur­quino. Y los hom­bres que quie­ran ingre­sar de nue­vo, es decir, como nue­vos ingre­sos en el Ejér­ci­to Rebel­de, deben esca­lar vein­te veces el pico Tur­quino. Y hay jóve­nes que lle­van ya más de ocho meses —ya que ade­más de los 20 picos deben estar un año en la Sie­rra Maes­tra, y sin cobrar — , que tie­nen ya 15 escalaciones.

Antes no era así, antes se bus­ca­ba un padrino; lle­ga­ban los hom­bres con car­tas de reco­men­da­ción para ser sol­da­dos y, natu­ral­men­te, no sur­gían de entre los mejo­res. Si noso­tros hicié­se­mos lo mis­mo, no ten­dría­mos bue­nos com­ba­tien­tes, bue­nos sol­da­dos de la patria; si noso­tros invi­tá­se­mos a todos los que quie­ran, ocu­rri­ría lo mismo.

Para esco­ger a los mejo­res es nece­sa­rio la selec­ción del esfuer­zo. Noso­tros tam­bién invi­ta­mos a todos los que quie­ran, a todos los que quie­ran subir vein­te veces el Pico Tur­quino para ser sol­da­dos. Y lo mis­mo hemos hecho con los maes­tros volun­ta­rios, y lo mis­mo hemos hecho con las bri­ga­das juve­ni­les, y lo mis­mo hemos hecho con los ofi­cia­les de la milicia.

Hacia el Pico se diri­gie­ron más de 800; un núme­ro con­si­de­ra­ble no pudo pasar la prue­ba, pero muchos la pasa­ron. Sin embar­go, los hubo que pudie­ron pasar la prue­ba del Pico Tur­quino, y no pudie­ron pasar la prue­ba de la Escue­la de Res­pon­sa­bles de Mili­cia, don­de los com­pa­ñe­ros han esta­do más de tres meses, y en oca­sio­nes has­ta mes y medio, sin ver a sus fami­lia­res. Muchos de estos com­pa­ñe­ros tie­nen espo­sas y tie­nen hijos y, sin embar­go, se impu­sie­ron ese sacri­fi­cio, y ese sacri­fi­cio, muchas veces, es más duro de pasar que cual­quier otro sacri­fi­cio de orden físico.

Y así fue­ron selec­cio­nán­do­se, cada cual con su pro­pio esfuer­zo. Fue­ron auto­de­pu­rán­do­se, y al final que­da­ron, de más de ocho­cien­tos y tan­tos res­pon­sa­bles, 536, que son los que hoy se gra­dúan de ofi­cia­les de la milicia.

Han pasa­do la prue­ba y han apren­di­do; no solo fue una selec­ción, sino que fue tam­bién un apren­di­za­je. Y lo que han apren­di­do ya se obser­va en los bata­llo­nes y en las uni­da­des de mili­cia que hemos orga­ni­za­do. La pre­sen­cia de los alum­nos de la escue­la, cuan­do toda­vía no eran más que alum­nos, con­tri­bu­yó extra­or­di­na­ria­men­te a la orga­ni­za­ción de las tan­tas y tan­tas com­pa­ñías de mili­cia, que en los días en que pare­cía y era efec­ti­va­men­te más inmi­nen­te, o al menos, más inme­dia­to el peli­gro, se orga­ni­za­ron para defen­der al país de la agresión.

Y los com­pa­ñe­ros res­pon­sa­bles de esa orga­ni­za­ción expre­sa­ron, en nume­ro­sas oca­sio­nes, su apre­cio y su elo­gio al tra­ba­jo de los alum­nos de la escue­la que esta­ban ayu­dan­do a orga­ni­zar las com­pa­ñías, por­que don­de­quie­ra que lle­ga­ban ellos se comen­za­ba a obser­var inme­dia­ta­men­te la dis­ci­pli­na, el orden y la organización.

Por eso, aun antes de fina­li­zar el cur­so fue nece­sa­rio uti­li­zar los ser­vi­cios de esos com­pa­ñe­ros. Y unos pasa­ron a las bate­rías de caño­nes anti­tan­ques, otros pasa­ron a las bate­rías anti­aé­reas, otros pasa­ron a las bate­rías de mor­te­ros de dis­tin­tos calibres.

Se ve que están aquí los com­pa­ñe­ros de la Bate­ría de Mor­te­ros 82. Sí, ya sé que ayer hicie­ron prác­ti­cas y die­ron en el blanco.

Y así, aun antes de fina­li­zar el cur­so, ya se iban espe­cia­li­zan­do en deter­mi­na­das armas, y con­ti­nua­rán especializándose.

Fidel dia­lo­ga con los mili­cia­nos e impar­te las órde­nes de com­ba­te en Pla­ya Girón, el 17 de abril de 1961. Foto: Sitio Fidel Sol­da­do de las Ideas.

Sig­ni­fi­ca mucho para el avan­ce de la orga­ni­za­ción de las fuer­zas para defen­der a la patria, la pre­sen­cia de 536 gra­dua­dos en esta escue­la. Noso­tros sabe­mos muy bien lo que eso sig­ni­fi­ca, por­que nos hemos vis­to enfren­ta­dos a la tarea de orga­ni­zar a los com­ba­tien­tes a lo lar­go de toda la isla, sin con­tar con cua­dros mili­ta­res para esa orga­ni­za­ción. No es lo mis­mo movi­li­zar 1 000 hom­bres, que movi­li­zar 10 000 hom­bres, y no es lo mis­mo movi­li­zar 10 000 hom­bres que movi­li­zar equis cien­tos de miles de hom­bres. Y no se orga­ni­za fácil­men­te un pelo­tón de com­ba­te; inclu­so una escua­dra de com­ba­te requie­re man­do y requie­re pre­pa­ra­ción; lo requie­re más toda­vía un pelo­tón, más toda­vía una com­pa­ñía, más toda­vía un bata­llón, más toda­vía un fren­te de combate.

Una com­pa­ñía, sim­ple­men­te para ense­ñar­la a com­ba­tir, requie­re tiem­po y requie­re apren­di­za­je; no es lo mis­mo una com­pa­ñía de hom­bres sin entre­na­mien­to y sin direc­ción, lo cual no sería más que un con­glo­me­ra­do de hom­bres sin fuer­za, a una com­pa­ñía de hom­bres orga­ni­za­dos, en la cual la fuer­za de los hom­bres, es decir, de los indi­vi­duos, se mul­ti­pli­ca. Una com­pa­ñía bien orga­ni­za­da de com­ba­tien­tes, con moral, con razón, y razón y moral quie­ren decir valor, una com­pa­ñía de hom­bres valien­tes, bien man­da­da, bien orga­ni­za­da y bien entre­na­da, pue­de com­ba­tir con­tra 20 com­pa­ñías que no ten­gan igual orga­ni­za­ción que ella.

Pero si esas fuer­zas que se le opon­gan, ade­más de dis­ci­pli­na y de orga­ni­za­ción, de man­do y de entre­na­mien­to, care­cie­ran de moral y de razón, una com­pa­ñía de com­ba­tien­tes con moral y con razón, y ade­más con dis­ci­pli­na, con man­do y con entre­na­mien­to, se pue­de enfren­tar, ¿saben a cuán­tas com­pa­ñías que no estu­vie­ran en las mis­mas con­di­cio­nes de moral, de razón y de dis­ci­pli­na, y aun si tuvie­ran algu­na dis­ci­pli­na y no tuvie­ran moral ni razón, saben a cuán­tas pue­de enfren­tar­se una com­pa­ñía de com­ba­tien­tes, dis­ci­pli­na­da, con valor y con razón? A todas las que quieran.

Y no es esta una sim­ple afir­ma­ción. Los hechos lo han demos­tra­do en la his­to­ria de nues­tro país más de una vez. Las fuer­zas espa­ño­las supe­ra­ban, muchas veces, el núme­ro de las fuer­zas cuba­nas, y esta­ban, ade­más, mejor ali­men­ta­das, mejor ins­trui­das, mejor arma­das. Y lue­go, en la lucha recien­te, todas las fuer­zas envia­das con­tra un núcleo peque­ño de com­ba­tien­tes, fue­ron inú­ti­les, y cuan­do comen­za­ron a librar­se las gran­des bata­llas de la Revo­lu­ción, en el orden mili­tar, el núme­ro mayor de hom­bres que noso­tros logra­mos reu­nir fren­te a cer­ca de 8 000 sol­da­dos, fue­ron 300 hom­bres armados.

¡Ah!, si esos hom­bres, ade­más, hubie­sen esta­do bien arma­dos, hubie­sen teni­do la opor­tu­ni­dad de apren­der el mane­jo de las armas, hubie­sen teni­do la opor­tu­ni­dad sus jefes de adqui­rir la pre­pa­ra­ción que uste­des han adqui­ri­do, enton­ces, qui­zás habrían bas­ta­do con 150 hom­bres en vez de 300.

Es decir que una sola com­pa­ñía pue­de enfren­tar­se a un núme­ro ili­mi­ta­do de enemi­gos, si esa com­pa­ñía está bien orga­ni­za­da, bien arma­da, bien man­da­da, y tie­ne, sobre todo, razón y moral para luchar.

Hemos teni­do que enfren­tar­nos a la tarea de orga­ni­zar al pue­blo, de entre­nar al pue­blo y de armar al pue­blo. Sin embar­go, al mis­mo tiem­po hemos teni­do que ir pre­pa­ran­do a los ins­truc­to­res y a los jefes; hemos ido salien­do ade­lan­te exi­to­sa­men­te, pero solo si se medi­ta bien sobre lo que ese esfuer­zo sig­ni­fi­ca, se podría com­pren­der la tarea realizada.

Y si los enemi­gos de la patria ata­ca­ran hoy a nues­tro país, no encon­tra­rían la mis­ma resis­ten­cia que habrían encon­tra­do hace tres meses, o hace un mes, o hace quin­ce días, por­que si ata­ca­ran hoy, se encon­tra­rían fren­te a ellos equis núme­ro de bata­llo­nes per­fec­ta­men­te arma­dos, equis núme­ro de bate­rías de mor­te­ros de dis­tin­tos cali­bres, equis núme­ro de bate­rías anti­aé­reas, equis núme­ro de caño­nes y equis núme­ro de etcé­te­ra, etcé­te­ra, etcétera.

Pero sobre todo, se encon­tra­rían con algo mucho más difí­cil de ven­cer, con algo mucho más difí­cil de enfren­tar: ¡Con quie­nes mane­jan esos equis núme­ros de las dis­tin­tas armas; se encon­tra­rían que esas armas no están en manos de un gru­po de pri­vi­le­gia­dos, se encon­tra­rían que esas armas no están en manos de hom­bres blan­dos, se encon­tra­rían con que esas armas no están en manos de hom­bres que se han acos­tum­bra­do a vivir en la abun­dan­cia y en el lujo, no están en manos de hom­bres que nun­ca hayan pasa­do trabajo!

Uste­des han sido la vanguardia

Lue­go de la vic­to­ria en Girón. Foto: Archivo.

Esas armas están en manos de hom­bres que han sabi­do lo que es pasar tra­ba­jo toda su vida, en manos de hom­bres que saben lo que es el sacri­fi­cio, en manos de hom­bres que saben lo que es la vida dura, en manos de hom­bres que no fue­ron los pri­vi­le­gia­dos de ayer, sino, ¡los opri­mi­dos de ayer y los pri­vi­le­gia­dos de hoy!

Es decir, del tra­ba­ja­dor, del cam­pe­sino, del hom­bre humil­de del pue­blo, que ayer cuan­tas veces veía un fusil lo veía con­tra él, lo veía fren­te a él, fren­te a sus aspi­ra­cio­nes, fren­te a sus dere­chos, fren­te a su dig­ni­dad. Esos fusi­les esta­ban apun­tan­do hacia él, man­te­nién­do­los a todos uste­des, man­te­nien­do a todo el pue­blo, man­te­nien­do a cien­tos de miles de hom­bres, man­te­nien­do a millo­nes de cuba­nos, en la opre­sión, en la humi­lla­ción, en la explotación.

Tener un arma era algo prohi­bi­do para el pue­blo. ¿Por qué un obre­ro, o un cam­pe­sino, o un estu­dian­te, o un pro­fe­sio­nal, iba a tener un arma? ¿Para qué un artis­ta, un poe­ta, un escul­tor, un escri­tor, iba a tener un arma? Las armas esta­ban en manos de unos pocos, y las armas eran prohi­bi­das, es decir, no se prohi­bían las armas para evi­tar actos ile­ga­les, no se prohi­bían las armas para evi­tar robos a mano arma­da, no se prohi­bían las armas para evi­tar crímenes.

Nun­ca hubo menos crí­me­nes en nues­tra patria, y nun­ca hubo más armas en manos de nues­tro pue­blo; nun­ca hubo menos robo en la his­to­ria de nues­tra patria, y nun­ca hubo, sin embar­go, más hom­bres arma­dos en nues­tra patria.

Las armas se prohi­bían, sen­ci­lla­men­te, para que el pue­blo no tuvie­ra acce­so a ellas, y los gru­pos pri­vi­le­gia­dos man­te­ner sobre el pue­blo la domi­na­ción, man­te­ner la ile­ga­li­dad, man­te­ner el impe­rio de la fuer­za de una mino­ría sobre la inmen­sa mayo­ría del país, man­te­ner al pue­blo en la escla­vi­tud y en la humi­lla­ción. Por eso, las armas esta­ban prohi­bi­das para el pue­blo, y las prohi­bían con todo el celo de quie­nes sabían que el día que el pue­blo tuvie­ra armas, era que ese día habría des­apa­re­ci­do para siem­pre la opre­sión y la explo­ta­ción en el país, por­que enton­ces no era posi­ble que una mino­ría des­ar­ma­da impu­sie­ra sus pri­vi­le­gios sobre una mayo­ría armada.

Y el con­cep­to que tenían de la nación no es el con­cep­to cabal de la nación. Para ellos, la nación era una mino­ría: para ellos, la patria era una mino­ría; para ellos, la liber­tad era de una mino­ría. Ellos tenían la liber­tad de explo­tar, de humi­llar, de per­se­guir y de mal­tra­tar a la mayo­ría. Para ellos, el res­to del pue­blo no exis­tía, el res­to de la nación no exis­tía. La nación no era el todo, la nación no era el con­glo­me­ra­do de todos los cuba­nos; la tie­rra y la rique­za de la nación no era la tie­rra y la rique­za para el bien de todos.

El dis­fru­te de los bie­nes que la nación crea, que los bra­zos tra­ba­ja­do­res de la patria crean, no era para el dis­fru­te de todos, ni mucho menos para el dis­fru­te de los que la pro­du­cían. Las rique­zas y el fru­to del tra­ba­jo de la nación eran, prin­ci­pal­men­te, para aque­llos que nun­ca habían suda­do la cami­sa, que no eran capa­ces de pro­du­cir un solo bien mate­rial para la patria.

Por eso, las armas esta­ban prohi­bi­das. Y cuan­do arma­ban a alguien, no arma­ban a un obre­ro hon­ra­do, no arma­ban a un obre­ro revo­lu­cio­na­rio, ¡arma­ban a un gángs­ter o a un pan­di­lle­ro para impo­ner el terror entre los tra­ba­ja­do­res y entre el pue­blo! No les entre­ga­ban las armas y el man­do a los que eran capa­ces de esca­lar vein­te veces el pico más alto de Cuba; no les entre­ga­ban el man­do, ni las armas, a los obre­ros que pasa­sen por las duras prue­bas que han pasa­do uste­des; no les entre­ga­ban las armas a los que esca­la­ban, les entre­ga­ban las armas a los que “tre­pa­ban”, a los que se arras­tra­ban; les entre­ga­ban las armas y el man­do no a los mejo­res, sino a los peo­res, a los más mise­ra­bles; no a los más vir­tuo­sos, sino a los más corrom­pi­dos; no a los más revo­lu­cio­na­rios, sino a los más rene­ga­dos; no a los más patrio­tas, sino a los más ven­di­dos al extran­je­ro o ven­di­dos al pode­ro­so privilegiado.

Y lo que la Revo­lu­ción ha hecho de entre­gar­les las armas y el man­do a los mejo­res, a los más vir­tuo­sos, a los más lim­pios, a los más revo­lu­cio­na­rios, a los más abne­ga­dos, a los más patrio­tas, lo dice todo de nues­tra Revo­lu­ción más que nin­gu­na otra pala­bra. Lo que la Revo­lu­ción ha hecho es la garan­tía, defi­ni­ti­va y para siem­pre, de que la jus­ti­cia ha de impe­rar defi­ni­ti­va­men­te en nues­tro país, y que nues­tro pue­blo mar­cha­rá hacia ade­lan­te victoriosamente.

¿Quién lo duda? ¿Quién duda de que nues­tro país ven­ce­rá todos los obs­tácu­los? ¿Quién duda de que inclu­so los esta­mos ven­cien­do sobre la mar­cha? ¿Y quién duda de que sobre la mar­cha, quién duda… y quién duda de que sobre la mar­cha, mar­chan­do vic­to­rio­sa­men­te y ven­cien­do los obs­tácu­los, el pue­blo y la Revo­lu­ción son cada día más fuer­tes? ¿Quién duda de que la Revo­lu­ción es hoy mucho más pode­ro­sa de lo que era hace un año? ¿Y quién duda de que los pasos son más seguros?

Fidel impar­te ins­truc­cio­nes a los com­ba­tien­tes revo­lu­cio­na­rios duran­te la inva­sión de las tro­pas mer­ce­na­rias diri­gi­das por el gobierno esta­dou­ni­den­se, el 17 de abril de 1961. Foto: Sitio Fidel Sol­da­do de las Ideas.

Noso­tros recor­da­mos hoy que un día, cuan­do lle­ga­mos a la capi­tal de la repú­bli­ca, des­trui­das las fuer­zas que sos­te­nían a la tira­nía, diji­mos que nos sen­tía­mos igual que cuan­do había­mos des­em­bar­ca­do en las pla­yas de Belic; que todo para noso­tros esta­ba por delan­te; que todo para noso­tros esta­ba por apren­der; que, al fin y al cabo, había­mos ido apren­dien­do sobre la mar­cha. Y hoy tam­bién, pró­xi­mo a cum­plir­se el segun­do ani­ver­sa­rio de aquel des­em­bar­co en la patria libe­ra­da, y el cuar­to ani­ver­sa­rio, por­que aun­que nos parez­ca que haya trans­cu­rri­do mucho tiem­po, aun cuan­do nos parez­ca, al ver las cosas y las reali­da­des que hoy la Revo­lu­ción ha crea­do, aun cuan­do nos parez­ca, al ver la obra de la Revo­lu­ción, que ha trans­cu­rri­do mucho tiem­po, toda­vía no se ha cum­pli­do el cuar­to ani­ver­sa­rio de aquel día en que un gru­po de hom­bres, muchos de los cua­les die­ron su vida en el camino, des­em­bar­ca­ron en aque­llas playas.

Hoy pode­mos decir que nos acom­pa­ña la expe­rien­cia de dos años de tra­ba­jo, des­pués de la gue­rra; nos acom­pa­ña lo que hemos podi­do apren­der en estos 24 meses. Y en nin­gún tiem­po los hom­bres y los pue­blos apren­den como se apren­de en una Revo­lu­ción, y, sobre todo, en una Revo­lu­ción como esta, que ha teni­do que hacer­se fren­te a tan pode­ro­sos enemi­gos; una Revo­lu­ción como esta, que ha teni­do que avan­zar fren­te a los obs­tácu­los pues­tos en nues­tro camino por quie­nes en este con­ti­nen­te tie­nen enca­de­na­dos a los pue­blos, por quie­nes en este con­ti­nen­te man­tie­nen en la peor explo­ta­ción y en la más cri­mi­nal mise­ria a millo­nes y millo­nes de hombres.

Y todo el poder de ese impe­rio, pues­to con­tra noso­tros, país peque­ño, pues­to con­tra la Revo­lu­ción de los humil­des, por los humil­des y para los humil­des, se ha estre­lla­do. Y el pue­blo, en la lucha ha apren­di­do; y noso­tros, en la lucha hemos apren­di­do; y por eso no nos sen­ti­mos hoy como el pri­mer día, cuan­do des­em­bar­ca­mos, sino nos sen­ti­mos hoy como nos sen­tía­mos dos años des­pués de haber des­em­bar­ca­do en las mon­ta­ñas de la Sie­rra Maestra.

Ha apren­di­do nues­tro pue­blo, y hemos ido apren­dien­do tam­bién noso­tros. Y con esa expe­rien­cia, con más fe toda­vía, segui­re­mos hacia ade­lan­te. No dor­mi­dos sobre los lau­re­les, por­que a pesar de lo que hemos avan­za­do, sim­ple­men­te esta­mos empezando.

Fidel reco­rre Pla­ya Girón con el Capi­tán Jose R. Fer­nán­dez (a su dere­cha), 17 de abril de 1961. Foto: Perió­di­co Granma/​Fidel Sol­da­do de las Ideas.

Y uste­des tam­bién, com­pa­ñe­ros, los que hoy reci­ben el hon­ro­so diplo­ma que han reci­bi­do en esta escue­la, que era la últi­ma, o el últi­mo cuar­tel de regi­mien­to en con­ver­tir­se en escue­la, y por no dejar de con­ver­tir­se en escue­la, ¡se con­vir­tió en escue­la de ofi­cia­les de mili­cia! Ese hon­ro­so diplo­ma sig­ni­fi­ca que están empe­zan­do; las veces que esca­la­ron el Tur­quino y los meses que estu­vie­ron en esta escue­la, sig­ni­fi­can que están empe­zan­do: lo que han apren­di­do, sig­ni­fi­ca que están empe­zan­do, y que por delan­te les que­dan muchas mar­chas. Antes iban como alum­nos, antes iban en las filas, y aho­ra mar­cha­rán al fren­te; pero les que­dan por delan­te muchas mar­chas. Les que­da por delan­te mucho por apren­der; salen de una escue­la, y entran en otra; salen de una uni­dad, y entran en otra; salen de un tra­ba­jo, y entran en otro.

Uste­des son, hoy, ofi­cia­les de mili­cia. El gra­do que tie­nen es el más bajo: el gra­do de uste­des es el de sub­te­nien­tes de la mili­cia. Por enci­ma de uste­des, no hay nadie en la mili­cia con más gra­dos. Es peque­ño, pero son los pri­me­ros; y en la mili­cia no habrá fácil­men­te capi­ta­nes; en la mili­cia no habrá fácil­men­te coman­dan­tes; en la mili­cia hay que empe­zar por las escue­las para ser ofi­cia­les. Pero en esta escue­la no se gana más que ese gra­do; los demás gra­dos son toda­vía más difí­ci­les de ganar, ¡los demás gra­dos hay que ganár­se­los con méri­tos extra­or­di­na­rios, en el estu­dio, o en el tra­ba­jo, o en el combate!

Y aun­que man­den una bate­ría, o una com­pa­ñía, o un bata­llón, segui­rán sien­do segun­dos tenien­tes de la mili­cia. Por ahí hubo algu­nos que ya se lla­ma­ban has­ta “coman­dan­tes de la mili­cia”; ¡mili­ciano coman­dan­te, no hay nin­guno!; ¡mili­ciano capi­tán, no hay nin­guno!; ¡mili­ciano pri­mer tenien­te, no hay nin­guno! Mili­cia­nos pue­de haber mane­jan­do bate­rías de mor­te­ros, chi­qui­tos y gran­des, bate­rías de caño­nes, o bata­llo­nes, pero los man­dan con el gra­do de segun­do tenien­te; por­que los gra­dos aquí ten­drán que ser el resul­ta­do, úni­ca y exclu­si­va­men­te, del méri­to ver­da­de­ro, y para que así sea hemos empe­za­do des­de los primeros.

Y así será en toda la isla. Pero recuer­den que uste­des han sido los pri­me­ros; uste­des han sido la van­guar­dia; en uste­des se sem­bró la pri­me­ra semi­lla; con uste­des se plan­ta­ron los pri­me­ros árbo­les. Y uste­des, cada uno de uste­des, lle­va sobre sí esa res­pon­sa­bi­li­dad; cada uno de uste­des lle­va sobre sí el pres­ti­gio de todos. Por­que cuan­do uno de uste­des falle, cuan­do uno de uste­des actúe mal, no dirán que fue “fulano”, sino dirán que fue un ofi­cial de la mili­cia; y cuan­do la con­duc­ta de cual­quie­ra de uste­des no fue­se una con­duc­ta dig­na, no cae­rá el des­cré­di­to sobre nin­guno de uste­des en par­ti­cu­lar, cae­rá sobre todos, y cae­rá sobre los primeros.

Lle­ven en su men­te ese sen­ti­do de la res­pon­sa­bi­li­dad y del deber; ten­gan pre­sen­te el pres­ti­gio que van ganan­do y, sobre todo, ten­gan pre­sen­te la fe y la con­fian­za que la nación pone en uste­des, la segu­ri­dad que la nación sien­te en uste­des, y el honor que para la cla­se obre­ra sig­ni­fi­can uste­des, ¡y el honor que para uste­des mis­mos, obre­ros, hom­bres humil­des del pue­blo, que hoy ascien­den en el cari­ño, en la con­fian­za y en la fe de la patria, sig­ni­fi­can ustedes!

Itu­rria /​Fuen­te

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