Afga­nis­tán. Dego­lla­mien­tos de meno­res, ase­si­na­tos de muje­res y tor­tu­ras de campesinos

Resu­men Medio Orien­te, 22 de noviem­bre de 2020-.

Este jue­ves, el jefe de la Fuer­za de Defen­sa de Aus­tra­lia (FDA), Angus Camp­bell, pre­sen­tó un infor­me del ins­pec­tor Gene­ral de las FDA, Paul Bre­re­ton, sobre ase­si­na­tos de no com­ba­tien­tes, per­pe­tra­dos por las Fuer­zas Espe­cia­les del país en Afga­nis­tán entre los años 2005 y 2016.

En total, la inves­ti­ga­ción veri­fi­có 39 casos de eje­cu­cio­nes delic­ti­vas e iden­ti­fi­có a 25 mili­ta­res vin­cu­la­dos a estos actos, cali­fi­ca­dos por Camp­bell como «posi­ble­men­te el epi­so­dio más ver­gon­zo­so en la his­to­ria mili­tar de Aus­tra­lia». No obs­tan­te, la ver­sión difun­di­da al públi­co inclu­ye indi­cios de que tal prác­ti­ca podría haber sido emplea­da más ampliamente.

El infor­me de Bre­re­ton cita dos repor­tes de la soció­lo­ga aus­tra­lia­na Samantha Cromp­voets, basa­dos en entre­vis­tas que «muchos miem­bros del Coman­do de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les y par­tes intere­sa­das exter­nas» le con­ce­die­ron bajo con­di­ción de anonimato.

«Psi­có­pa­tas abso­lu­tos. Y los criamos»

Tras exa­mi­nar los rela­tos de los sol­da­dos, la soció­lo­ga indi­có que, según sus obser­va­cio­nes, las tro­pas aus­tra­lia­nas come­tie­ron en Afga­nis­tán «un gran núme­ro de ase­si­na­tos ile­ga­les».

Un esce­na­rio de ase­si­na­to de civi­les des­cri­to por la inves­ti­ga­do­ra tie­ne que ver con el alla­na­mien­to de aldeas. Según sus infor­man­tes, cuan­do los cam­pe­si­nos corrían del heli­cóp­te­ro en el momen­to de las incur­sio­nes aéreas, los sol­da­dos dis­pa­ra­ban con­tra ellos, matan­do no solo a hom­bres, sino tam­bién a muje­res y niños. Pos­te­rior­men­te las agre­sio­nes, cali­fi­ca­das por uno de los inter­lo­cu­to­res de Cromp­voets como «masa­cres san­cio­na­das», se jus­ti­fi­ca­ban con excu­sas plau­si­bles. Por ejem­plo, se decía que en el momen­to de ser aba­ti­das las víc­ti­mas «esta­ban corrien­do […] a sus escon­di­tes de armas».

Informe de Brereton

Infor­me de Brereton

Correr se con­ver­tía en una sen­ten­cia de muer­te, inclu­so para muje­res y niños, y las accio­nes de la per­so­na muer­ta se regis­tra­ron como «manio­bras tác­ti­cas» hacia una posi­ción de dis­pa­ro o un pre­sun­to escon­di­te de armas

Lue­go del asal­to ini­cial, la aldea se acor­do­na­ba, y los hom­bres y chi­cos eran lle­va­dos a una casa. «Allí serían ata­dos y tor­tu­ra­dos por las Fuer­zas Espe­cia­les, a veces duran­te días. Cuan­do las Fuer­zas Espe­cia­les se iban, los hom­bres y los niños eran encon­tra­dos muer­tos: con dis­pa­ros en la cabe­za o con los ojos ven­da­dos y dego­lla­dos«, seña­la el infor­me de la Defen­sa australiana.

Una par­te de las atro­ci­da­des con­tra la pobla­ción civil podría expli­car­se por la exis­ten­cia de una com­pe­ten­cia sobre el núme­ro de enemi­gos aba­ti­dos y por la mani­pu­la­ción de la lis­ta de indi­vi­duos desig­na­dos para ser cap­tu­ra­dos o liqui­da­dos por la Coa­li­ción inter­na­cio­nal (JPEL, del inglés ‘Joint Prio­rity Effects List’). Algu­nas víc­ti­mas podían ser aña­di­das al índi­ce ya des­pués de la muer­te median­te una «retro­in­ge­nie­ría» de esta «lis­ta de ase­si­na­tos san­cio­na­dos», indi­có Crompvoets.

En otras situa­cio­nes, los mili­ta­res tra­ta­ban de des­ha­cer­se de las evi­den­cias de sus crí­me­nes. El infor­me cita el ase­si­na­to de dos ado­les­cen­tes afganos:

Miem­bros del Regi­mien­to de Ser­vi­cio Aéreo Espe­cial con­du­cían por una carre­te­ra y vie­ron a dos chi­cos, de 14 años, que deci­die­ron que podrían ser sim­pa­ti­zan­tes de los tali­ba­nes. Se detu­vie­ron, regis­tra­ron a los chi­cos y los dego­lla­ron. El res­to de la tro­pa tuvo que «lim­piar el des­or­den», lo que impli­có embol­sar los cuer­pos y arro­jar­los a un río cercano.

El ase­si­na­to de los chi­cos des­ar­ma­dos, que, según la inves­ti­ga­do­ra, no fue un hecho ais­la­do, sir­vió para que sus per­pe­tra­do­res «obtu­vie­ran un nom­bre» y aumen­ta­ran su auto­ri­dad entre sus compañeros.

«Los mucha­chos sim­ple­men­te tenían esta sed de san­gre. Psi­có­pa­tas. Psi­có­pa­tas abso­lu­tos. Y los cria­mos», cita el infor­me de Bre­re­ton a un infor­man­te. Lo que qui­so decir real­men­te sigue des­co­no­ci­do: casi todo el párra­fo que con­clu­ye con estas pala­bras está censurado.

«Común­men­te cono­ci­do«

Aun­que el infor­me no cues­tio­na la cre­di­bi­li­dad del repor­te de Cromp­voets, rea­li­za­do por encar­go de los pro­pios mili­ta­res, es poco pro­ba­ble que las entre­vis­tas se uti­li­cen para cas­ti­gar a los delin­cuen­tes uniformados.

A dife­ren­cia de los inves­ti­ga­do­res pro­pia­men­te dichos, la soció­lo­ga tenía como obje­ti­vo no bus­car a los res­pon­sa­bles, sino eva­luar la mag­ni­tud y deter­mi­nar las for­mas de crí­me­nes de gue­rra rea­li­za­dos por las tro­pas aus­tra­lia­nas en el país asiá­ti­co. El infor­me indi­ca: «La doc­to­ra Cromp­voets […] no iden­ti­fi­ca a nin­gún per­pe­tra­dor o uni­dad invo­lu­cra­da. Más bien, des­cri­bió la infor­ma­ción que reci­bió como ‘una gran can­ti­dad de esce­na­rios vagos y sin nom­bre’ en con­ver­sa­cio­nes que carac­te­ri­zó como ‘fue­ra de regis­tro’«.

Ade­más, casi todos los infor­man­tes nega­ron haber par­ti­ci­pa­do en las atro­ci­da­des que des­cri­bie­ron, cali­fi­cán­do­las de «algo común­men­te cono­ci­do» entre los sol­da­dos. Solo un inter­lo­cu­tor con­fe­só ser tes­ti­go de un crimen.

Cues­tión de responsabilidad

En cuan­to a los deli­tos con­cre­tos reve­la­dos por la inves­ti­ga­ción, sus per­pe­tra­do­res enfren­ta­rán los car­gos corres­pon­dien­tes. Ade­más, será disuel­to el segun­do escua­drón del Regi­mien­to de Ser­vi­cio Aéreo Espe­cial, anun­ció el jefe de la Fuer­za de Defen­sa de Aus­tra­lia, Angus Campbell.

El infor­me, sin embar­go, exo­ne­ra a la jefa­tu­ra del Ejér­ci­to de la res­pon­sa­bi­li­dad de los ase­si­na­tos. Bre­re­ton no encon­tró «prue­bas» de que mili­ta­res de alto ran­go tuvie­ran cono­ci­mien­to de los homi­ci­dios ile­gí­ti­mos, dado que los sol­da­dos ocul­ta­ron las eje­cu­cio­nes para evi­tar el escrutinio.

Entre tan­to, un vete­rano de la uni­dad, Michael von Berg, seña­ló a The Guar­dian que la res­pon­sa­bi­li­dad de los crí­me­nes debe ser exten­di­da al man­do mili­tar y polí­ti­co del país.

«No hay for­ma, si eres un buen ofi­cial, de que no sepas lo que está pasan­do con tu tro­pa, escua­drón o regi­mien­to», dijo el exmi­li­tar, que com­ba­tió en Vietnam.

«Mi opi­nión per­so­nal es que esto debe­ría lle­gar a la cima, al pri­mer minis­tro y al Gabi­ne­te», resal­tó y acu­só a los altos ofi­cia­les de encar­gar a las tro­pas de éli­te «tareas bási­cas de infan­te­ría», para las que no esta­ban preparadas.

Fuen­te: RT

Itu­rria /​Fuen­te

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