Pen­sa­mien­to crí­ti­co. No es bro­ma, es violencia

Por Adria­na Ville­gas Bote­ro. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 18 de noviem­bre de 2020.

En un come­dor hay dos seño­res, un niño y una niña. Los hom­bres con­ver­san con el niño delan­te de la niña y de su madre, quien está de pie, sir­vién­do­le café a los caba­lle­ros. Lo que ellos le dicen al niño es “Lo enten­dis­te ¿no? Aho­ra grá­ba­te esto: defi­ni­ti­va­men­te mujer que no *** es hom­bre”. Jaja­ja­ja­ja­ja… Des­pués de las risas el otro adul­to dice: “por eso es que las matan”. Vie­nen más risas entre los dos hom­bres que actúan como si la niña y su madre no exis­tie­ran. El chi­co escu­cha paralizado.

El video no inclu­ye la pala­bra que cual­quie­ra pue­de com­ple­tar por haber­la oído infi­ni­dad de veces: “mujer que no jode es hom­bre”. La esce­na hace par­te de una cam­pa­ña de Uni­cef que se lla­ma “No es bro­ma, es vio­len­cia”. Salió el fin de sema­na pasa­do, con oca­sión de la cele­bra­ción del Día Inter­na­cio­nal de la Niña, y al final trae una leyen­da que dice: “La vio­len­cia de géne­ro afec­ta a niños, niñas y ado­les­cen­tes. Edú­ca­los sin violencia”.

Vi este men­sa­je el lunes fes­ti­vo al final de la tar­de. Casual­men­te un rato des­pués mis veci­nos sol­da­dos salie­ron a tro­tar y a can­tar. Mi hija y yo los escu­cha­mos des­de mi habi­ta­ción y lo que oímos no nos gus­tó: no fue bro­ma, fue violencia.

Hacia las 7:30 p.m. del lunes fes­ti­vo un gru­po del Bata­llón Aya­cu­cho tro­tó 60 vuel­tas en una calle cerra­da. Sé la can­ti­dad por­que al cru­zar por un pun­to gri­ta­ban: “van 25, fal­tan 35”, y lue­go “van 26, fal­tan 34”. El espa­cio entre cada con­teo lo lle­na­ron con can­tos en los que los reclu­tas repe­tían en coro lo que gri­ta­ba su jefe: su dra­go­nean­te, su cabo, su sar­gen­to, su tenien­te, su capi­tán, su mayor, su coro­nel, su gene­ral. Da igual.

El vecin­da­rio ente­ro oyó al pelo­tón. Can­ta­ron sobre los bigo­tes de Luci­fer, matar delin­cuen­tes, la sed de san­gre sub­ver­si­va, la gue­rra, el betún de las botas, “sube sube gue­rri­lle­ro, que en la cima yo te espe­ro con gra­na­das y mor­te­ros”, “los hom­bres cuan­do ven un buen tra­se­ro” y “taca t ca taca taca taca taca ta”. Izquier, 2, 3, 4.

Un minu­to antes de morir /​Escu­ché la voz de mi novia /​Que con voz de perra me decía /​Si te mue­res se lo doy al poli­cía.
Por­que yo soy, ja, soy, ja, el vam­pi­ro negro /​Yo nun­ca tuve madre, ni nun­ca la ten­dré /​Si algu­na vez yo tuve con mis manos la ahor­qué. /​Yo nun­ca tuve novia, ni nun­ca la ten­dré, /​Si algu­na vez yo tuve, los ojos le saqué.
Cuan­do se mue­ra mi sue­gra /​que la entie­rren boca aba­jo /​por si se quie­re salir /​que se vaya más aba­jo. /​Con los hue­sos de mi sue­gra /​voy a hacer una esca­le­ra /​pa´ bajar a su tum­ba /​y patear su cala­ve­ra. /​Con los pelos de mi sue­gra /​voy a hacer un estro­pa­jo /​pa´tallarle a su hija /​el ombli­go y más abajo.

Mien­tras los oía recor­dé a la niña embe­ra de 12 años vio­la­da por sie­te sol­da­dos en Pue­blo Rico, Risa­ral­da, hace 4 meses. La Pro­cu­ra­du­ría dijo esta sema­na que tie­ne prue­bas de que los sol­da­dos lla­ma­ron a otros por celu­lar para invi­tar­los a par­ti­ci­par de su bar­ba­rie. Pen­sé en ella y en las víc­ti­mas de los 118 inte­gran­tes del Ejér­ci­to inves­ti­ga­dos por deli­tos sexua­les con­tra meno­res de edad des­de 2016.

No es bro­ma, es vio­len­cia.
No son casos ais­la­dos.
No son man­za­nas podridas. 

Fuen­te original

Itu­rria /​Fuen­te

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