Sáha­ra Occi­den­tal. Nar­co­trá­fi­co, mili­cias y resi­lien­cia: El Guer­gue­rat, inva­di­da por Marruecos

Resu­men Medio Orien­te, 14 de noviem­bre de 2020-.

DAVID BOLLERO

Des­de el pasa­do 21 de octu­bre un nutri­do gru­po de civi­les saha­rauis blo­quea el paso fron­te­ri­zo de El Guer­gue­rat que comu­ni­ca el Sáha­ra Occi­den­tal con Mau­ri­ta­nia. El obje­ti­vo del blo­queo es doble, por un lado, vol­ver a lla­mar la aten­ción inter­na­cio­nal sobre la dra­má­ti­ca situa­ción que vive el pue­blo saha­raui des­de hace 45 años y, por otro, fre­nar el trá­fi­co ile­gal de mer­can­cías –inclui­do el nar­co­trá­fi­co- que tie­ne lugar en este paso fron­te­ri­zo que, según el Fren­te Poli­sa­rio, incum­ple los acuer­dos alcan­za­dos en el mar­co de la ONU.

El Guer­gue­rat, como suce­de con el res­to del Sáha­ra Occi­den­tal, no per­te­ne­ce legal­men­te a Marrue­cos. La dife­ren­cia, ade­más, resi­de en que ni siquie­ra el rei­no alaui­ta lo asu­me suyo, pues­to que según los acuer­dos mili­ta­res a los que lle­ga­ron ambas par­tes la región se encuen­tra en la lla­ma­da zona de sepa­ra­ción. De hecho, dichos acuer­dos úni­ca­men­te esta­ble­cen cua­tro pun­tos en los que se pue­de pasar de un lado a otro del lla­ma­do «Muro de la Ver­güen­za» y El Guer­gue­rat no es uno de ellos, tal y como ha recor­da­do estos días el Fren­te Poli­sa­rio al jefe de la MINURSO (Misión de la ONU para el Refe­rén­dum en el Sáha­ra Occi­den­tal, Colin Stewart.

A pesar de ello, este paso fron­te­ri­zo se ha con­ver­ti­do en una ruta habi­tual que uti­li­zan, inclu­so, los pes­que­ros espa­ño­les que des­car­gan sus cap­tu­ras en la ciu­dad mau­ri­ta­na de Nua­di­bú y des­de allí la trans­por­tan en camio­nes por todo el Sáha­ra Occi­den­tal y Marrue­cos has­ta la penín­su­la. Según las auto­ri­da­des saha­rauis, el trá­fi­co de mer­can­cías, muchas de ellos fru­to del expo­lio ile­gal al que está sien­do some­ti­do el Sáha­ra Occi­den­tal, no pasa nin­gún tipo de con­trol ni ins­pec­ción adua­ne­ra ante la pasi­vi­dad inter­na­cio­nal y el inte­rés del Gobierno marroquí.

El pasa­do 6 de sep­tiem­bre se cum­plie­ron 29 años de la fir­ma de alto al fue­go que ponía fin a 16 años de gue­rra entre el Fren­te Poli­sa­rio y Marrue­cos. Pese a que en 1991 el «Muro de la Ver­güen­za» de 2.700 kiló­me­tros de lon­gi­tud ya par­tía en dos el Sáha­ra Occi­den­tal, con más de sie­te millo­nes de minas anti­per­so­na en sus ale­da­ños, cuan­do entró en vigor el alto el fue­go, esta región con­ti­nua­ba sien­do legal­men­te un terri­to­rio uni­fi­ca­do. El man­te­ni­mien­to del muro se adop­tó como una mera medi­da de sepa­ra­ción entre ambos ejér­ci­tos en espe­ra de la cele­bra­ción del refe­rén­dum de auto­de­ter­mi­na­ción. De aque­llo han pasa­do casi tres déca­das y 45 años des­de que el pue­blo saha­raui fue des­po­ja­do de su tie­rra.

Un extre­mo que ha veni­do sien­do rati­fi­ca­do en pos­te­rio­res encuen­tros, como es el caso de la ter­ce­ra ron­da de con­ver­sa­cio­nes direc­tas cele­bra­das en Lis­boa, Por­tu­gal, el 29 de agos­to de 1997, en la que se sub­ra­ya que «el pre­sen­te acuer­do en modo alguno cam­bia­rá, afec­ta­rá o alte­ra­rá de nin­gu­na mane­ra las fron­te­ras del Sáha­ra Occi­den­tal reco­no­ci­das inter­na­cio­nal­men­te y no ser­vi­rá de pre­ce­den­te para adu­cir que ha habi­do cam­bios o alte­ra­cio­nes en ellas». A pesar de ello, perió­di­ca­men­te Marrue­cos inten­ta exten­der sus domi­nios hacia el sur.

Dos déca­das de provocación

La polé­mi­ca con este paso no es nue­va. En el recuer­do más recien­te, se encuen­tran las movi­li­za­cio­nes que tuvie­ron lugar en 2016, cuan­do Marrue­cos inten­tó asfal­tar en este pun­to la pis­ta de tie­rra que se aden­tra hacia Mau­ri­ta­nia. El Fren­te Poli­sa­rio denun­ció enton­ces la vio­la­ción del alto el fue­go, cir­cuns­tan­cia que en un prin­ci­pio nega­ron tan­to Marrue­cos como la MINURSO, has­ta que la agen­cia de noti­cias Asso­cia­ted Press fil­tró un docu­men­to con­fi­den­cial de la ONU en el que se des­ta­pa­ba que, efec­ti­va­men­te, Marrue­cos había come­ti­do tal infracción.

Con todo, no fue has­ta febre­ro de 2017 cuan­do Marrue­cos deci­dió reti­rar sus tro­pas, apa­gán­do­se así los tam­bo­res de gue­rra. Dos meses des­pués, en la reso­lu­ción 2351 de 28 de abril el Con­se­jo de Segu­ri­dad, afir­ma­ba que «la recien­te cri­sis en la zona de sepa­ra­ción de Guer­gue­rat plan­tea cues­tio­nes fun­da­men­ta­les rela­cio­na­das con el acuer­do de alto el fuego».

Sin embar­go, la inten­ción por par­te de Marrue­cos de cons­truir una carre­te­ra no comen­zó en 2016. Es pre­ci­so remon­tar­se casi dos déca­das atrás, al 2001, cuan­do tal y como se deta­lla en el infor­me del secre­ta­rio gene­ral Kofi Annan S/​2001/​398, «el 15 de mar­zo de 2001, las auto­ri­da­des mili­ta­res marro­quíes infor­ma­ron a la MINURSO de sus pla­nes de comen­zar a cons­truir una carre­te­ra asfal­ta­da en el ángu­lo sudoc­ci­den­tal del Sáha­ra Occi­den­tal, a tra­vés de la zona de sepa­ra­ción de 5 kiló­me­tros, has­ta pene­trar en Mau­ri­ta­nia cer­ca de Nouadhibou».

Vio­la­ción del acuer­do militar

Según seña­la aquel infor­me, el repre­sen­tan­te espe­cial de enton­ces, William Eagle­ton, así como el res­pon­sa­ble de la MINURSO, el gene­ral Clau­de Buze, «advir­tie­ron a sus con­tac­tos civi­les y mili­ta­res marro­quíes de que la pro­pues­ta cons­truc­ción de la carre­te­ra plan­tea­ba cues­tio­nes difí­ci­les y entra­ña­ba acti­vi­da­des que podrían cons­ti­tuir vio­la­cio­nes del acuer­do de cesa­ción del fuego».

Des­de enton­ces, el Fren­te Poli­sa­rio denun­cia que no sólo se vio­la el acuer­do del alto al fue­go que entró en vigor el 6 de sep­tiem­bre de 1991 (se aca­ban de cum­plir 29 años) y con el que se ponía fin a 16 años de gue­rra, sino tam­bién el Acuer­do Mili­tar núme­ro 1. Este últi­mo docu­men­to, sus­cri­to entre el Fren­te Poli­sa­rio y la MINURSO en diciem­bre de 1997 y entre Marrue­cos y la MINURSO en enero de 1998, vie­ne a com­ple­men­tar el del alto el fuego.

Los acuer­dos mili­ta­res divi­den el Sáha­ra Occi­den­tal en cin­co zonas: dos zonas res­trin­gi­das (25 kiló­me­tros al este del Muro de la Ver­güen­za y 30 kiló­me­tros al oes­te del mis­mo), otras dos zonas de res­tric­ción par­cial que abar­can el res­to del Sáha­ra Occi­den­tal y una zona de sepa­ra­ción de 5 kiló­me­tros de ancho al este del Muro, en la que se encuen­tra El Guer­gue­rat, don­de la que la entra­da de per­so­nal o equi­po del Real Ejér­ci­to de Marrue­cos se con­si­de­ra una vio­la­ción de los acuerdos.

El Fren­te Poli­sa­rio denun­cia aho­ra el des­plie­gue de un con­tin­gen­te de la Gen­dar­me­ría Real marro­quí ves­ti­dos como civi­les, así como la pre­sen­cia en la zona de altos man­dos mili­ta­res del rei­no alaui­ta, lo que supo­ne otro gra­ve incum­pli­mien­to del alto el fue­go y abre toda­vía más la posi­bi­li­dad de «una nue­va gue­rra total en la región», según el repre­sen­tan­te legí­ti­mo del pue­blo saharaui.

Los hechos recuer­dan dra­má­ti­ca­men­te a otra trá­gi­ca efe­mé­ri­de que tie­ne lugar este mes de noviem­bre: los diez años de la masa­cre de Gdeim Izik, el des­man­te­la­mien­to del cam­pa­men­to de pro­tes­ta pací­fi­ca levan­ta­do a las fue­ras de El Aaiún, que dejó tras de sí la muer­te del saha­raui de 14 años Nayem Elgarhi, ade­más de una lar­ga lis­ta de pre­sos polí­ti­cos que se enfren­tan a penas de pri­sión de 20 y 30 años y de cade­na per­pe­tua, y tor­tu­ras a manos de Marruecos.

De cris­pa­ción en crispación

Los gran­des enfren­ta­mien­tos en El Guer­gue­rat han veni­do siem­pre aso­cia­dos a polé­mi­cas para­le­las al con­flic­to cen­tral, esto es, el incum­pli­mien­to del Dere­cho Inter­na­cio­nal por par­te de Marrue­cos que con­ti­núa ocu­pan­do ile­gal­men­te un terri­to­rio que no le pertenece.

En 2016, el cli­ma enton­ces ya esta­ba cris­pa­do, no sólo por­que a prin­ci­pios de año los sol­da­dos marro­quíes hubie­ran mata­do a tiros a Ash­mad Dju­li, un pas­tor saha­raui que reu­nía a su gana­do en las inme­dia­cio­nes del «Muro de la Ver­güen­za», sino por­que el enton­ces secre­ta­rio gene­ral de la ONU, Ban Ki-moon, deci­dió visi­tar el Sáha­ra Occi­den­tal antes de fina­li­zar su man­da­to. Esta visi­ta y el haber cali­fi­ca­do de «ocu­pa­ción» la pre­sen­cia de Marrue­cos en esta región pro­pi­cia­ron que Marrue­cos expul­sa­ra a 73 miem­bros de la MINURSO.

El tér­mino «ocu­pa­ción» cris­pó a Moha­med VI a pesar de que, en ple­na gue­rra y aún con su padre Has­san II al fren­te del rei­no, la Asam­blea de la ONU se pro­nun­cia­ba en estos mis­mos tér­mi­nos. En su Reso­lu­ción 3437 de 21 de noviem­bre de 1979 y «habien­do exa­mi­na­do a fon­do la cues­tión del Sáha­ra Occi­den­tal», la ONU reafir­ma­ba «el dere­cho inalie­na­ble del pue­blo del Sáha­ra Occi­den­tal a la libre deter­mi­na­ción», reco­no­cien­do la «legi­ti­mi­dad de la lucha que libra para lograr el ejer­ci­cio de ese dere­cho con­for­me a lo pre­vis­to en las reso­lu­cio­nes per­ti­nen­tes de las Nacio­nes Uni­das y de la Orga­ni­za­ción de la Uni­dad Afri­ca­na». Ade­más, la reso­lu­ción tam­bién deplo­ra­ba pro­fun­da­men­te «la agra­va­ción de la situa­ción, como con­se­cuen­cia de la per­sis­ten­te ocu­pa­ción del Sáha­ra Occi­den­tal por Marrue­cos y de la amplia­ción de esa ocu­pa­ción al terri­to­rio recien­te­men­te eva­cua­do por Mauritania».

Una MINURSO ineficaz

Por otro lado, este cli­ma de cris­pa­ción en modo alguno se ha vis­to reba­ja­do con la últi­ma reno­va­ción del man­da­to de la MINURSO, el pasa­do 30 de octu­bre. En dicha reno­va­ción, ni siquie­ra se hace men­ción al refe­rén­dum de auto­de­ter­mi­na­ción que, como su pro­pio nom­bre indi­ca, es para lo que fue crea­da esta misión de paz. Ade­más, con­ti­núa sien­do la úni­ca misión de paz de la ONU que, pese a las soli­ci­tu­des reite­ra­das del Fren­te Poli­sa­rio, no con­tem­pla garan­ti­zar el res­pe­to de los Dere­chos Humanos.

A medi­da que han pasa­do los años, la pasi­vi­dad de las Nacio­nes Uni­das con esta cues­tión ha pro­vo­ca­do el des­alien­to del pue­blo saha­raui, al que ya no le satis­fa­ce que el orga­nis­mo inter­na­cio­nal expre­se su «pro­fun­da preo­cu­pa­ción por las cons­tan­tes penu­rias que pade­cen los refu­gia­dos saha­rauis y su depen­den­cia de la asis­ten­cia huma­ni­ta­ria exter­na». Hechos denun­cia­dos repe­ti­da­men­te, como que los mis­mos vehícu­los de la MINURSO lle­ven matrí­cu­las marro­quíes no sugie­ren impar­cia­li­dad, según que­dó refle­ja­do en el infor­me del secre­ta­rio gene­ral Ban Ki-moon sobre la situa­ción rela­ti­va al Sáha­ra Occi­den­tal S/​2015/​246, en el que se indi­ca que «la per­cep­ción de la impar­cia­li­dad de la MINURSO y de las Nacio­nes Uni­das sigue vién­do­se afec­ta­da por el hecho de que los vehícu­los de la MINURSO cir­cu­len con pla­cas de matrí­cu­la marro­quíes al oes­te de la ber­ma [el Muro]». Un hecho que, inclu­so, se ha podi­do ver estos días en El Guer­gue­rat, pese a que el com­pro­mi­so de Marrue­cos con la MINURSO para cam­biar todas estas pla­cas por las de la ONU data de 2014.

Han que­da­do muy atrás infor­mes, ante­rio­res inclu­so a la reso­lu­ción 690 del Con­se­jo de Segu­ri­dad que esta­ble­ció defi­ni­ti­va­men­te la MINURSO, como los del secre­ta­rio gene­ral Javier Pérez de Cué­llar, el S/​22464 y el S/​21360, ambos de 1990, en los que ya defi­nía el come­ti­do de esta misión de paz y las fases del refe­rén­dum con el que «el pue­blo del Sáha­ra Occi­den­tal ele­gi­rá libre y demo­crá­ti­ca­men­te entre la inde­pen­den­cia y la inte­gra­ción con Marrue­cos» o, inclu­so, se deta­lla­ba el modo en que había de rea­li­zar­se el cen­so, tenien­do «dere­cho de voto todos los natu­ra­les del Sáha­ra Occi­den­tal, de 18 años de edad o más, que estén ins­cri­tos en el cen­so efec­tua­do por las auto­ri­da­des espa­ño­las en 1974 y que se encuen­tren actual­men­te en el Terri­to­rio o fue­ra de 61 en carác­ter de refu­gia­dos o por otra razón», con­ce­dien­do a los pre­sos «una amnis­tía gene­ral y completa».

En la actua­li­dad y pese a las con­ti­nuas denun­cias de orga­nis­mos inter­na­cio­na­les como Amnis­tía Inter­na­cio­nal o Demo­cracy Now!, Marrue­cos vio­la los dere­chos huma­nos en el Sáha­ra Occi­den­tal y expul­sa a acti­vis­tas y perio­dis­tas que tra­tan de docu­men­tar tales abusos

Fuen­te: publi​co​.es

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